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Intensa-Mente: viaje en un barco sin capitán

Los análisis de Intensa-Mente, la nueva película de Disney-Pixar, han rebasado los espacios donde normalmente suelen reseñarse las producciones cinematográficas del momento. No es para menos. La conmovedora trama de esta cinta de dibujos animados parece urdida con un telar compuesto por importantes descubrimientos científicos recientes y corrientes filosóficas revindicadas que desafían, en más de un sentido, a una concepción del ser humano aún popular en el mundo occidental.

La película narra la historia de Riley, una chica estadounidense de 11 de años de edad que se muda junto con sus padres de Minnesota a San Francisco. La cinta inicia con el nacimiento de Riley e inmediatamente nos transporta al interior de la mente de esta niña. Ahí, aparece la figura de una joven luminosa que se presenta como Alegría, quien se dirige a una consola que tiene un único – enorme-  botón. Cada vez que Alegría lo aprieta, el bebé Riley ríe. Unos segundos después aparece otra joven, azulosa y con aspecto melancólico, que Alegría presenta a los espectadores como Tristeza. El nuevo personaje acciona el botón de la consola y propicia que Riley llore. Un segundo después ambas  empiezan a disputarse el control del único botón disponible. A Alegría y a Tristeza se suman poco después tres personajes más: Disgusto, Temor y Enojo. Con ellos deben compartir la consola original cuyo tamaño y cantidad de botones crecen paralelamente a la edad de Riley,

Cada uno de estos cinco personajes corresponde a una de las seis emociones consideradas como emociones universales –sólo faltó Sorpresa-  por ser compartidas por los humanos y otros animales. La película da perfecta cuenta de ello mostrando en diversas ocasiones las emociones de personas que se relacionan con Riley e incluso, hacia el final y de manera periférica, las de un perro y un gato. El papel de las emociones en la naturaleza ha sido estudiado por varios filósofos, psicólogos y neurólogos, entre los que destaca Antonio Damasio, director del Instituto de Cerebro y Creatividad de la Universidad del Sur de California .

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http://www.sinembargo.mx/opinion/03-07-2015/36447

A través del universo

El hombre puede conocer; por lo tanto, puede ser libreKarl Popper, filósofo austriaco


A principios del siglo XIX el egiptólogo inglés William John Bankes emprendió un viaje a Egipto, país donde descubrió, justo a las afueras de las ruinas del templo de Isis ubicado en la isla de Philae, un enorme obelisco rosado en cuya superficie de granito se encontraban dos series de palabras, una grabada en griego antiguo y otra en jeroglíficos egipcios.

 

El interés de Bankes en este artefacto fue tal que ordenó su inmediato traslado a Inglaterra, donde se dedicó a estudiar sus inscripciones bilingües. El explorador se percató entonces de que entre las palabras griegas se encontraba la que representaba el nombre de Cleopatra y, después de un arduo trabajo, pudo ubicar un jeroglífico egipcio al que identificó como su equivalente.

 

El descubrimiento de Bankes fue fundamental para “romper” el hasta entonces misterioso código de los jeroglíficos egipcios y para entender así las inscripciones en el obelisco de Philae y muchos otros artefactos con grabados egipcios, entre los que figura la piedra de Rosetta.

 

Dos siglos después, los seres humanos hemos dado un paso fundamental en nuestro objetivo de descifrar otro lenguaje, uno muchísimo más complejo y fundamental que el egipcio. La semana pasada, después de 10 años de haber iniciado una travesía a través de nuestro sistema solar, la nave Rosetta pudo cumplir su misión de depositar una sonda llamada Philae en la superficie de un cometa ubicado a más de 500 millones de kilómetros de la Tierra. Su misión: “Abrir el cerrojo y liberar los secretos ocultos dentro de su helado cofre de más de 4,600 millones de años” (ESA, 2014).

 

Explicar el origen del agua en el planeta Tierra contiúa siendo problemático. Conocemos con detalle el proceso que ha dado origen a la vida, pero no el origen algunos de los elementos primigenios que le permitieron florecer en nuestro planeta. Por eso es tan relevante estudiar cometas, objetos que se han formado a distancias muy lejanas al Sol y que, debido a sus bajas temperaturas, han mantenido las condiciones prevalecientes cuando el sistema solar y la Tierra nacieron, incluida la presencia de los bloques básicos de la vida. Philae acompañará a un cometa -67P/Churyumov–Gerasimenko-  en su ruta hacia el Sol y registrará la evolución que se presenta en su anfitrión en su trayecto. Durante el viaje, la sonda taladrará en la superficie del cometa en busca de elementos que puedan dar pistas del origen de la galaxia, de la Tierra y de la vida en nuestro planeta.

 

Sin importar los resultados que la Misión Rosetta obtenga -Philae ha entrado en un período de reposoindefinido por falta de energía-, su hazaña constituye un impresionante triunfo de la mente humana. Apenas en el siglo XVII la cosmovisión dominante establecía a la Tierra como centro físico del universo y al ser humano como centro conceptual de todo lo existente. Resulta increíble que estos animales racionales que veían en cada cometa un dios o una señal divina hayan logrado colocar con una precisión fuera de serie en la “cabeza” de un objeto con forma de pato de goma y del tamaño de Central Park que surca el espacio jupiteriano a más de 60,000 kilómetros por hora, una caja de apenas dos metros de extensión cuyo peso es, debido a la gravedad del cometa, el equivalente al de una hoja de papel en la Tierra.

 

Sin embargo, por desgracia, en varias partes del mundo se está produciendo un reflujo conservador que amenaza seriamente el futuro de proyectos como la Misión Rosetta y de importantes líneas de investigación científica. Para no irnos muy lejos, en las más recientes elecciones estadounidenses el Partido Republicano obtuvo la mayoría de los escaños en el Senado; triunfo con el que ha asegurado el control de ambas cámaras. Así, tenemos representantes, senadores y gobernadores republicanos que “no creen” en el cambio climático, que buscan retirar la teoría de la evolución de los libros de texto, que aseguran que la edad real de la Tierra es 5,000 años o que pretenden rasurar el presupuesto destinado a ciencia e investigación por considerarlo superficial.

 

El torrente de pensamiento libre del que se nutren las mentes curiosas e inquisitivas que han permitido el espectacular desarrollo científico no es inagotable. La civilización occidental no sería la primera -probablemente tampoco la última- en levantar el hacha de la ignorancia para destruir su desarrollo intelectual y construirse prisiones ideológicas con sus restos. Parte de lo que ha generado que históricamente el pensamiento científico sea tan vulnerable es que éste no ha sido nunca accesible a mayorías impedidas.

 

Es por ello que, además de indagar en los qués, los por qués y los cómos de todo lo existente, la ciencia no puede rehuir a dos tareas fundamentales íntimamente ligadas; a saber, la responsabilidad de que no cuestionar el statu quo implica, aunque sea indirectamente, ser partícipes en su preservación, y el compromiso de generar consecuentemente la base técnica necesaria para aliviar y prevenir parte importante del sufrimiento y de la miseria, intelectuales y materiales, de millones de seres humanos.

 

La Misión Rosetta es nuestro más reciente logro en una larga serie de intentos de entender nuestra posición en el cosmos a través del desciframiento de su lenguaje. Un espectacular recordatorio de que cada nuevo descubrimiento astronómico que nos empequeñece físicamente nos demuestra a su vez lo grandiosas que nuestras mentes pueden llegar a ser. Un recordatorio, también, de que la probada capacidad de la humanidad de dar la espalda a los logros de su propio espíritu no sólo no debe ser subestimada, sino que debe ser permanentemente contenida.

 

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@asalgadoborge

 

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

 

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A través del universo