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Fronteras imaginarias

Yo soy tú y lo que yo veo es a mí David Gilmour, músico británico.


 

En una de sus escenas más conmovedoras, la película Cloud Atlas (2012) muestra a Rufus Sixsmith y Robert Forbisher, dos de sus protagonistas, en el interior de una elegante habitación en la que se exhiben decenas de figuras de porcelana impecablemente escoradas.

 

Retador, Forbisher deja caer la fina pieza que tiene en sus manos, al tiempo que el espectador escucha su voz explicar a Sixsmith, quien es su pareja sentimental: “ahora entiendo que los límites entre el ruido y el sonido son convenciones; todos los limites son convenciones, esperando ser trascendidos”. El ser humano tiene, efectivamente, la capacidad necesaria para superar cualquier norma social que limite sus capacidadades o sus derechos.

 

En días recientes, un grupo de científicos de la Universidad de Harvard dio a conocer su observación de ondas de gravedad producidas cuando el universo tenía apenas un billón de billón de billones de segundo de vida. De confirmarse, este descubrimiento abonaría en una medida no menor a la confirmación de la llamada Teoría de la Inflación, postulada hace más de 30 años por el científico del MIT Alan Guth (The New York Times, 22/04/2014).

 

De acuerdo a Guth, poco después haber iniciado su existencia, el universo sufrió una repentina expansión que desenvolvió el tiempo y el espacio a una velocidad mayor que la de a luz. La inflación reforzaría, a su vez, la posibilidad de que el universo sea tan sólo uno entre muchos –multiverso-, situación que terminaría por eliminar finalmente cualquier noción de límite que podamos concebir y nos haría aún más pequeños de lo que ya sabemos que somos.

 

No sería la primera vez, y ciertamente tampoco la última, que el ser humano cambia su perspectiva dentro del cosmos. La más famosa de todas es, sin duda, la que debemos a Copérnico, quien en su libro publicado en 1543, postuló que tanto la tierra –otrora centro del universo- como los demás planetas giran en realidad alrededor del sol. Desde entonces, diversos giros copernicanos se han producido. Gracias a procesos de investigación marcados por una actitud colaborativa y escéptica, un grupo de personas dedicadas a la ciencia se ha encargado de ampliar, una y otra vez, las posibilidades de la existencia dentro de la patente inconmensurabilidad del ser.

 

Nuestra vida consciente, al menos como la conocemos, es finita. También lo es nuestra comprensión de la realidad. Quizás esto tenga algo que ver con nuestra obsesiva necesidad de limitar nuestra concepción de la existencia misma a la unidad mínima individual y de cerrar lo más posible nuestro entorno en busca de seguridad y de certidumbre. Sin embargo, ni siquiera esta última representa una cápsula aislada. Los descubrimientos acontecidos en el campo de la física cuántica y de la astrofísica en el último siglo no sólo revelan que todo lo existente está hecho, en el último de los términos de lo mismo, sino que prueban que, a nivel cuántico, cada cosa está conectada con la totalidad del universo.

 

Sin embargo, nuestra resistencia a vernos en el otro nos divide, dejando el campo abierto para los procesos de alienación indispensables para la explotación y cosificación de unos seres humanos por otros –siempre minoritarios. En sociedades como la nuestra en las que continúa creciendo el importantísimo reconocimiento a la dignidad de plantas y de animales, tendríamos que preguntarnos por qué no se ha avanzado a la misma velocidad en el reconocimiento de la humanidad compartida con el otro.

 

La película Cloud Atlas se encarga, justamente, de borrar las artificiosas fronteras con las que los habitantes de este planeta nos empeñamos en fragmentarnos. Quizás por ello, en un movimiento que a mi juicio es brillante, cada uno de sus actores principales encarna -sin importar edad, raza, sexo, creencia, preferencia sexual o condición socioeconómica- a un personaje diferente en cada una sus seis tramas. A través de acontecimientos en diferentes épocas y lugares, pero que tienen como eje conductor el devenir humano a través de los mismos, los límites convencionales son rebasados y las barreras artificiales que nos dividen son ahogadas por un incontenible espíritu humano que une en la diferencia y que se revela en todo esplendor.

 

“Uno puede trascender cualquier convención si tan sólo primero puede concebir hacerlo. En momentos como este puedo sentir tu corazón latiendo tan claramente como siento el mío, y sé que la separación es una ilusión; mi vida ese extiende mucho más allá de las limitaciones de mi yo”, enuncia la voz de Forbisher, al tiempo que él y Sixsmith, dos víctimas de las convenciones limitativas, materializan su giro copernicano haciendo pedazos las piezas de porcelana que les rodean y derribando las estanterías que las sostienen.

 

La pulverización de lo cerrado no sólo obliga a la inclusión de lo humano a abrirse ante la totalidad de posibilidades infinitas, sino que ofrece una inmejorable oportunidad para orientar el sentido de la humanidad a la luz de la comprensión del lugar de la conciencia y su relación con los otros dentro de un todo inconmensurable, tanto en lo micro y como en lo macro.

 

Buscando rebasar sus límites, el ser humano se ha llegado a la conclusión de que en el todo del que formamos parte no hay realmente separación sustancial. Los límites convencionales son artificiales, nos cierran sobre nosotros mismos y exaltan diferencias que, ahora sabemos, son fronteras imaginariasesperando ser trascendidas. asalgadoborge@gmail.com @asalgadoborge

 

*Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida.

 

 Fecha de publicación en el Diario de Yucatán: 30/03/2014

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Una historia sin final

Uno se forma siempre ideas exageradas de lo que no conoceAlbert Camus, escritor y premio Nobel de literatura francés.


 

 

A estas alturas del partido, cuando la derrota ya es evidente, pocas dudas parecen quedar sobre la irracionalidad y los terribles efectos de la mal llamada “guerra contra las drogas”. El oscurantismo parece, afortunadamente, estar llegando a su fin.

 

El debate emergente ya no puede girar en entorno a la pertinencia de mantener o no la fallida estrategia bélica, sino que debe centrarse en la necesidad de identificar, mediante criterios científicos, la auténtica naturaleza del problema de las drogas para poder así definir criterios que permitan diseñar un esquema que atienda necesidades reales y que resulte verdaderamente conveniente para los ciudadanos de los países que lo implementen.

 

Por principio de cuentas, es importante, con el fin de no caer generalizaciones sin sustento, conocer el tamaño del consumo de drogas en nuestro país, cifra de cuya media el sureste no se distancia de forma importante. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Adicciones , uno de los instrumentos más serios y confiables con que contamos, en 2011 1.8% de los adultos y 1.3% de los jóvenes entre 12 y 17 años consumió algún tipo de droga; sólo 0.7% de los consumidores son adictos –es decir, han perdido su autonomía- a alguna sustancia (ENA, 2011). De acuerdo a una estadística dada a conocer por la ONU y publicada por la revista The Economist (06/08/2013), México se encuentra entre los países con menor consumo de mariguana per cápita.

 

Dicho lo anterior, me parece un hecho de la mayor relevancia que una de las drogas más consumidas en Yucatán -aunque la ENA revela que es altamente probable que su uso mo esté por arriba del de las anfetaminas, la cocaína o la mariguana- sean los inhalantes (Resistol, thinner…); productos adquiribles legalmente cuya misión principal no tiene nada que ver con la ingesta de su contenido.

 

Existen al menos dos ángulos desde los cuales se puede enfocar este problema: de acuerdo a la ENA (2011), los inhalantes son la droga que inicia su consumo a una edad menor. Por una parte es posible postular que la disponibilidad y el bajo precio de los inhalantes les ha convertido en un productos accesibles para gente sin recursos y para jóvenes.Aunque me parece que lo anterior tiene muchas posibilidades de ser cierto, considero que el consumo de este tipo de sustancias obliga a plantear una disyuntiva que le rebasa: siguiendo la lógica de la prohibición a las drogas ¿deberíamos prohibir la venta de Resistol o de thinner? ¿Cuánto tiempo pasaría para que aparezcan sustancias que les sustituyan?

 

La circunstancia local descrita revela una de los más grandes escollos a los que se enfrentan las políticas prohibicionistas a nivel mundial: en mercados con mayor poder adquisitivo que el mexicano han proliferado las llamadas “drogas de diseñador”; sustancias que pueden ser adquiridas legalmente a través de internet debido a que sus recetas son alteradas por sus productores cada vez que las autoridades las enlistan como prohibidas (“The Economist”, 10/08/2013). Claramente, estamos ante una historia destinada a nunca acabar.

 

A pesar de ser legales, los inhalantes , al igual que, las elusivas “drogas de diseñador”, son menos consumidos que algunas drogas consideradas como ilegales; pero pueden ser mucho más peligrosos que éstas. Ante semejante escenario, parece claro que la estrategia más efectiva para combatir el consumo de drogas -no debe sorprender a nadie- es la educación. Un claro ejemplo de ello es que en Estados Unidos se ha reducido el consumo del tabaco, una droga legal sumamente dañina, a la mitad y sin un solo arresto (“The New York Times”, 19/07/2009).

 

La verdadera prevención es la información; pero, para ser efectiva, ésta debe ser confiable y de calidad. Los estudios científicos sobre los perniciosos efectos del tabaco fueron fundamentales para despertar conciencia entre buena parte de sus usuarios actuales o potenciales. En este sentido, por citar otro ejemplo paradigmático, el debate generado en algunos países sobre la conveniencia o inconveniencia de legalizar la mariguana ha generado un análisis muy serio sobre todas las implicaciones de esta droga.

 

Así, es posible afirmar que el uso frecuente de mariguana puede producir efectos negativos como irritabilidad, mala memoria o atrofia de las capacidades motrices y que ésta no debe ser fumada por menores de edad (“Scientific American”, 06/2013); pero también se sabe que apenas 10% de quienes la fuman desarrollan algún tipo de adicción (“The New York Times”, 19/07/2014), que su legalización no ha llevado a más crímenes (“The Washington Post”, 26/03/2014) , que ésta es empleada como sustituto del alcohol y que es menos dañina que éste, tanto para el usuario como para terceros (“The Lancet” 2010; 376: 1558–65).

 

No es casualidad que en una proporción de 5 a 1 los norteamericanos consideren más peligroso al alcohol que a que la marihuana (“The Washington Post”, 2/04/2014). A lo anterior es preciso agregar que el alcohol –y no la mariguana como suele pensarse- es la principal puerta para el consumo de otras sustancias de quienes acuden a algún centro de tratamiento (ENA, 2011).

 

Claramente, lo legal puede ser más peligroso que lo ilegal. Por menos de cinco pesos (Diario de Yucatán, 01/04/2014), el día de hoy es posible comprar drogas sumamente dañinas en cualquier ferretería y el alcohol, la droga más consumida, es paradójicamente una de las más peligrosas del mundo. Las prohibiciones incongruentes no sólo deterioran la credibilidad de quienes buscan prevenir el consumo de drogas sino que podrían orillar a los potenciales consumidores –cuyos motivos pueden ser tan diversos como las drogas mismas- a emplear alguna droga altamente adictiva o con efectos irreversibles.

 

Ante tal escenario, considero que es momento de dejar de lado las generalizaciones alegres, de cambiar argumentos políticos por argumentos científicos y de poner entre paréntesis cualquier prejuicio para estudiar, sustancia por sustancia, el potencial adictivo de cada droga y el peligro específico que su usuario representa para terceros. asalgadoborge@gmail.com @asalgadoborge

 

La información sobre este tema es tan abundante como interesante. En aras de ser congruente con lo aquí planteado, pongo a disposición del lector, en la versión electrónica de este artículo, las fuentes empleadas para sustentar lo dicho en el mismo.

 

http://www.scientificamerican.com/magazine/sa/2013/06-01/

 

 

*Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán el 6 de abril de 2014: http://yucatan.com.mx/editoriales/una-historia-sin-final

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