Archivos por Etiqueta: Derechos humanos

¿El fin justifica los medios?

La noticia sobre un enfrentamiento en el que perdieron la vida 42 presuntos delincuentes y un policía federal en Tanhuato ha reavivado la discusión sobre la forma en operan nuestros cuerpos de seguridad cuando se trata de enfrentar criminales.

Contra las diversas voces que han señalado que los antecedentes más inmediatos obligan a tomar la versión oficial con reservas, que es muy sospechoso un saldo tan favorable para la policía y que no debemos descartar ninguna posibilidad, han surgido otras que acusan a los escépticos de defender a los delincuentes antes que a los policías federales o al ejército.

Es una falacia pensar, como lo ha expresado Ricardo Alemán en El Universal, que quienes están a favor de los derechos de los seres humanos venidos a delincuentes están necesariamente en contra de la tarea de los cuerpos policiacos o los detestan con “un odio maniqueo”.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/29-05-2015/35178

Felipe Calderón, el devaluador imperdonable

Felipe Calderón está de vuelta. Aprovechando los reflectores de la actual campaña electoral, este ex presidente panista se ha dejado ver en varias ciudades de la república apoyando a diversos candidatos del PAN, quienes lo pasean y presumen con el orgullo propio del equipo que exhibe el trofeo de un campeonato.

Calderón ha asegurado que, a diferencia de los ex presidentes priistas, él sí puede dar la cara y hacer campaña por su partido. Sus correligionarios han tomado esta postura como un dogma y han empezado a circular en honor al político resucitado textos y memes en los que se le califica como “uno de los mejores presidentes”, se le atribuyen dos o tres logros –pagó la mitad de la deuda que dejó el PRI, por ejemplo- o se hace referencia a lo mucho que en el México actual se “extraña” a este ex presidente.

En realidad Calderón está en su derecho de hacer campaña, el PAN en su derecho de aceptarlo y los panistas, ya sea por ignorancia, por conveniencia o por fe genuina, en su derecho a endiosarlo. El problema es que sus exultaciones y sus mantras parecen estar encontrando eco en parte de nuestra sociedad, nublando la memoria sobre la realidad de la gestión calderonista y produciendo, por lo tanto, su injusta idealización.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/15-05-2015/34640

Nos hace falta tomar menos Tecate

No veo televisión. Tampoco me gusta el box. Por eso cuando el hashtag #tehacefaltavermasbax se convirtió en trending topic en Twitter el sábado pasado, inicialmente no pude entender de qué se trataba. Movido por mi curiosidad, pocos segundos después conocí la nueva campaña machista de la cerveza Tecate.

Desde hace varios años la empresa cervecera Cuauhtémoc-Moctezuma promociona su marca Tecate discriminando abiertamente a las mujeres mexicanas. Apenas en 2013 los espectaculares de la campaña “Es fácil ser hombre” mostraron en sus versiones tituladas “Buffet”, “prima” y “hermana” a mujeres cosificadas presentadas como objetos al servicio de los hombres. Estos anuncios tuvieron que ser retirados por la cervecería después de que una petición en la plataforma Change.org recopilara más de 10,000 firmas en su contra. Hace apenas unas cuántas semanas el Senado aprobó una ley que prohíbe la publicidad que denigre al género femenino.

Pero este año Cuauhtémoc-Moctezuma no se lanzó abiertamente contra las mujeres. En 2015 esta empresa ha optado por despreciar, a través de la publicidad de Tecate en cadena nacional, a aquellos hombres que no resultan ser lo suficientemente machos; es decir, a los individuos de sexo masculino que exhiben comportamientos estereotipados como propios del género femenino.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/08-05-2015/34401

Cumbres desbarrancadas

Los alumnos del último año de preparatoria del Instituto Cumbres de la ciudad de México nunca imaginaron el revuelo que causaría el video que encargaron y protagonizaron con motivo de su ceremonia de graduación.

 

El escándalo que provocaron fue de tal magnitud, que apenas unos días después de que empezara a circular su corto promocional en internet la Dirección de esta exclusiva escuela -privada y sólo para varones- tuvo que aclarar públicamente que el video en cuestión “de ningún modo representa los valores y principios del colegio, los alumnos, familias y egresados” y que “la dirección del colegio no tenía conocimiento del contenido”. ¿Qué es lo que resultó tan ofensivo de un video preparatoriano para los millones de mexicanos que han visto sus imágenes?

 

La trama del video referido es la siguiente: un grupo de jóvenes estudiantes del Instituto Cumbres se prepara para su graduación. Los actores son alumnos reales. Uno de los requisitos indispensables para montar la fiesta es contar con compañía femenina, por lo que los estudiantes deciden convocar, mediante anuncios en forma de volantes, a todas las chicas interesadas a participar en un casting con el fin de seleccionar al puñado de privilegiadas que habrán de acompañarles en esta ceremonia.

 

Aparentemente los muchachos ejercen una fuerza de atracción gravitacional sobre las mujeres, porque las siguientes imágenes muestran a un ejército de desbocadas jóvenes buscando hacerse de un lugar en el evento mediante dos formatos complementarios. Algunas de ellas persiguen a los protagonistas del video en calles, bares y hasta en el interior de sus domicilios. En cada escena se presentan atmósferas, lugares y bienes materiales que representan los lujos y la estética propios del estatus económico de los graduandos.

 

El video muestra también a un segundo grupo de emocionadas jovencitas formadas en una fila esperando su turno para participar en la audición. Vestidos con elegantes trajes, y sentados en sendas sillas, cinco de los estudiantes del Instituto Cumbres, acompañados por dos mayordomos y por un leopardo a manera de mascota, observan desfilar una por una a las aspirantes, quienes bailan en solitario para ellos buscando afanosamente ser las seleccionadas. Claramente el nombre de este juego es poder: poder sobre otros seres humanos subordinados, poder sobre la naturaleza, poder sobre la mujer.

 

Para entender plenamente la dimensión de lo que se presenta en este video es preciso acudir a algunas de las categorías empleadas por el académico mexicano Ricardo Raphael en su más reciente libro titulado “Mirreynato, la otra desigualdad” (Planeta, 2015). La figura del Mirrey ha cobrado especial relevancia en nuestra sociedad en años recientes, por lo que vale la pena esbozar un intento de definición, de ninguna forma estático u omnicomprensivo, de este concepto. Un Mirrey es un ser humano joven del sexo masculino que posee una gran fortuna -muchas veces heredada- que disfruta exhibiendo su superior estatus económico mediante el derroche en lujos y para quien ser sólo es posible a través de aparecer ante otros mediante su superior tener. Los Mirreyes viven para demostrar que son Mirreyes.

 

Un elemento central en la figura del Mirrey, claramente identificado por Ricardo Raphael, es su marcado machismo. Este académico revela que la mayoría de los más altos puestos directivos en México aún son ocupados por hombres y que entre los multimillonarios mexicanos que han amasado fortunas en vida figuran muy pocas mujeres. Mientras que en los estratos económicos medios de nuestra sociedad las mujeres han venido ganando espacios y autonomía, en sus esferas más altas muchas de ellas siguen siendo concebidas como floreros.

 

La compañera del Mirrey, mejor conocida como Lobuki -derivado de “loba”- olfatea al Mirrey y busca acceder a su “estilo de vida”. De acuerdo con Raphael, el Mirrey es consciente de su interés, pero acepta. Su relación con su pareja es, a fin de cuentas, un contrato en el cual el hombre se compromete a dar bienes materiales y la mujer, relegada a un mero papel de objeto, accede a dar acompañamiento social, a procrear y criar hijos, y a fungir como un maniquí que portará bienes como ropa, joyas y bolsos que finalmente confirmarán el estatus del propio Mirrey en la sociedad. El video de los estudiantes del Cumbres tan sólo hace patente esta lógica de forma gráfica.

 

Desde luego que el Mirrey no tiene que limitarse siendo fiel a su pareja “oficial”. A mayores límites menor poder, por lo que parte de la ostentación mirreynal estriba en ser capaz de tener y de exhibir ante terceros la mayor cantidad posible de parejas temporales. Dentro del círculo machista esto no sólo no representa problema alguno, sino que es aplaudido, respetado y envidiado. El “table-dance” o los “viajes de solteros” son los templos en el que este pacto queda sacralizado.

 

Afortunadamente son cada vez más las mujeres y los hombres universitarios que luchan contra este ridículo y anacrónico formato. En mi trabajo como profesor y director en la Universidad Marista de Mérida he tenido la oportunidad de compartir clases con cientos de brillantes estudiantes universitarias que cursan una carrera buscando realizarse por medio de su profesión, que no conciben no ser autosuficientes y que de ninguna forma estarían dispuestas a regalar su voluntad a un tercero. También he podido convivir con muchos hombres que reconocen en sus compañeras a seres humanos tan o más capaces que ellos y que no las concebirían, bajo ninguna circunstancia, como trofeos o como objetos.

 

Como parte de uno de los cursos que me toca impartir, los estudiantes leen los capítulos 2 y 4 del libro “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz. En este texto, el premio Nobel de literatura mexicano analiza cómo el machismo mexicano termina haciendo de la mujer un ser sin voluntad y sin capacidad de acción; un ídolo alrededor del cual se danza, pero que no desea, que no busca y que nunca propone. La mujer descrita por Paz es entonces un ser humano incompleto y mochado.

 

Semestre tras semestre el debate sobre este texto paciano me resulta tan enriquecedor como revelador. Suelen ser las mujeres las que más participan y quienes se hacen presentes con la fuerza y con la argumentación propias de quien no está dispuesto a reproducir un formato sexista en su generación. Ellas tienen voluntad, tienen inteligencia, tienen capacidad. No me cabe la menor duda de que muchas de las estudiantes de hoy aparecerán en la sociedad como agentes autónomos y libres que transformarán positivamente a nuestra sociedad. Nunca nadie se ha atrevido a pedir la palabra para contradecirlas.

 

De no entenderse en toda su insensata ridiculez, el formato sexista mirreynal puede ser tomado como ejemplo por jóvenes de clases medias y medias-altas. La carga ideológica machista y materialista que fluye como una cascada emanada desde las cumbres socioeconómicas de nuestra sociedad es contenible, pero para ello hace falta identificarla y criticarla públicamente. En este sentido es una excelente noticia que un video tan vulgar como el referido haya sido condenado por tantos mexicanos. Sólo en la medida en que los Mirreyes sean sujetos al escarnio y al repudio explícito de nuestra sociedad será posible derrocar a su nefasto régimen.- Mérida, Yucatán.

 

asalgadoborge@gmail.com

 

@asalgadoborge

 

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Las babas del diablo

Cuando el legislador estadounidense Mike Ritze decidió promover y patrocinar la colocación de un monumento representativo de los “10 mandamientos” a las afueras del palacio de gobierno de su estado, nunca imaginó que terminaría contribuyendo indirectamente a una causa satanista.

 

Ritze, representante republicano del estado de Oklahoma, pudo instalar su donación en una plaza pública aprovechando una de las muchas leyes que, redactadas y aprobadas por sus homólogos conservadores, han sido diseñadas para promover el papel del Estado como “facilitador de la expresión religiosa”. Ahora los satanistas quieren hacer exactamente lo mismo. Aprovechando este marco legal el Templo Satánico ha ofrecido la donación de un monumento de más dos metros de altura que representa a una criatura con cabeza de cabra y alargados cuernos sentada sobre un enorme sillón. De acuerdo a Doug Mesner, uno de los fundadores de este templo, su estatua sería amistosa con los niños ya que incluiría un pentagrama interactivo y la posibilidad de sentarse sobre ella.

 

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http://www.sinembargo.mx/opinion/03-04-2015/33345

Criticamos, luego existimos

Las opiniones y costumbres falsas ceden gradualmente ante los hechos y los razonamientos; pero para que los hechos y razones produzcan alguna impresión sobre el espíritu, es necesario que se les presenteJohn Stuart Mill, filósofo inglés


Uno de los principales errores que comenten los enemigos de la crítica es reducirla a su sentido más vulgar. Para sus detractores, ésta es casi exclusivamente sinónimo de agresión y ataque personal. Se equivocan. La crítica a temas y personajes de interés público no debe ser concebida como un asunto personal, inútil u ofensivo. Por el contrario, en el presente texto se argumentará que la cantidad y constancia de la crítica pública es un factor determinante para la calidad de una democracia.

 

En su sentido filosófico y más poderoso, la crítica encarna una de las características más luminosas de la mente humana; una potencialidad que nos distingue de otras especies y que consiste en nuestra capacidad de juzgar las cosas con base en una serie de principios determinados. Evidentemente, no se puede criticar aquello que no se conoce, por lo que la crítica presupone, por principio de cuentas, un conocimiento previo, aunque sea mínimo, del tema que será criticado. A pesar de que puede parecer una auténtica perogrullada, este principio básico y fundamental suele perderse de vista. Es por ello que no debe dejar de ser reiterado: para criticar algo es necesario, cuando menos, saber de su existencia.

 

Pero la crítica no se limita al conocimiento o descripción de un suceso, sino que implica también un juicio sobre aquello que se conoce. Un juicio es la afirmación o negación de una idea determinada; un posicionamiento personal derivado de una operación de nuestro entendimiento consistente en comparar una cosa con otra o una cosa con una serie de estándares preestablecidos. La utilidad que la crítica reviste para el funcionamiento de un régimen democrático sólo queda completamente clarificada cuando la crítica forma parte de lo que el filósofo alemán Emmanuel Kant denominó “uso público de la razón”, que consiste en la libertad de exponer y defender un argumento enfrente de otros.

 

Parte fundamental que se hace a la crítica es que ésta es, en sí misma, insuficiente para producir una mejora en los hechos. Frases de la especie “de nada sirve la crítica si no hay acción” y “los mexicanos somos muy buenos para criticar” constituyen lugares comunes en la sociedad mexicana, pero son falsas. Del proceso explicado anteriormente se deriva que la crítica es ya en sí misma una acción. Las acciones intelectuales no son menos acciones que las acciones físicas. Incluso hay quienes piensan que las acciones intelectuales son más valiosas ya que anteceden a las físicas y representan más dignamente al ser humano. Ni qué decir de la crítica pública que requiere no sólo una acción interna, sino de una externa -su expresión-.

 

La crítica pública es una acción fundamental para una democracia por dos motivos.

 

En primer término, ésta constituye una fuente continua de mejora en el campo de las ideas y un requisito fundamental para la corrección de errores y para el progreso del ser humano. En la arena política, la crítica pública permite que las diferentes ideas sean contrastadas y que los ciudadanos puedan evaluar qué argumento les resulta más convincente -una especie de proceso de selección natural de las ideas-. En segundo lugar, la crítica pública representa para las élites económicas y políticas la constatación de que sus abusos y errores no pasan inadvertidos; de que existe un sector de la sociedad consciente e inconforme dispuesto a hablar públicamente de aquello que no le parece y, por ende, de difundir los argumentos que sustentan su inconformidad y de convencer a terceros.

 

En el debate público los conflictos sociales se hacen explícitos, situación que permite que sean conocidos por más personas que, a su vez, pueden emitir un juicio público o privado sobre aquello de lo que se han enterado. Esto representa presión para las élites, que tendrán que, cuando menos, relajar estructuras extractivas y adoptar posiciones más inclusivas si pretenden evitar su caída. Es así como funcionan las democracias de los países más desarrollados.

 

Nuestro problema no es “que nos quedemos en la crítica”, sino que no tenemos aún una sociedad lo suficientemente crítica. Si Felipe Calderón puede recibir más de un millón de pesos al mes como pensión, si José Murat puede tener millones de dólares en propiedades en Estados Unidos, si los mexicanos con cuentas millonarias en Suiza pueden no ser investigados, si las televisoras pueden dictar el son al que bailan los legisladores y si millones de pesos pueden ser derrochados en Yucatán en hospitales sin concluir y en los estudios fantasmas de un tren fantasma es porque la mayoría de los mexicanos y de los yucatecos ni siquiera está al tanto de estos eventos.

 

Para que este tipo de indignantes aberraciones dejen de ser la norma en nuestro sistema político, es necesario que los individuos ajenos a lo público detonen una reacción en cadena pasando a ser parte de la masa crítica de nuestra sociedad. En una democracia cuando la masa -conformada por personas- se vuelve masa crítica, deja de ser masa y se transforma en ciudadanía. Mientras nuestra masa no sea lo suficientemente crítica lo más probable es que cualquier cambio en nuestro sistema sea meramente estético y que la estructura de explotación vigente sea preservada por quienes lleguen al poder. Es esto lo que ha venido ocurriendo en cada cambio de régimen desde la conquista y es esto exactamente lo que ocurrió con la llegada del PAN a la presidencia.

 

Lo mejor que podemos hacer por nuestra democracia es no buscar soluciones mágicas, violentas o confiar en la bondad de un partido o candidato determinado, sino alentar el proceso de formación de una masa crítica haciendo uso de nuestra razón pública y propiciando que cada vez más personas se materialicen y existan en la arena política. Si bien es cierto que una formación de esta naturaleza no se da de un día para otro, ésta constituye el único camino seguro para la construcción de una verdadera democracia.

 

La buena noticia es que en estos momentos los mexicanos nos encontramos en una coyuntura que ha permitido el surgimiento de una ciudadanía que critica y participa en lo público como nunca. Una sociedad en la que existe una importante masa enajenada y sin interés en lo público es una sociedad dócil y servil. Una sociedad conformada mayoritariamente por un público informado y crítico representa una fuerza política, social y electoral que amenaza seriamente al estado de cosas que han construido para sí los ganadores de nuestro sistema extractivo.

 

Para estos últimos un pueblo que no critica será siempre un pueblo que no existe.- Mérida, Yucatán.

 

Criticamos luego existimos

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Vigilados desde adentro

La soledad, que es la condición que sostenía al individuo contra y más allá de la sociedad, se ha hecho técnicamente imposibleHerbert Marcuse, filósofo alemán


Uno de los derechos humanos más ultrajados en el siglo XXI es el derecho a la privacidad. El surgimiento de nuevas tecnologías, y con ellas de pretextos para emplearlas en labores de vigilancia y registro de actividades de individuos, hacen técnica y legalmente posible que tanto gobiernos como empresas tengan acceso a todo tipo de información sobre la vida privada de millones de personas. En las próximas semanas el Estado mexicano intentará quedarse con una mayor rebanada de este suculento pastel.

 

De acuerdo con el periódico “Reforma”, pronto “el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) fijará las reglas que deberán seguir los operadores del sector a fin de cumplir con las solicitudes de intervenciones que hagan las dependencias de seguridad”. De esta forma, “Llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos y búsquedas en internet, entre otras comunicaciones de voz y datos de los mexicanos, podrán ser revisados por el Gobierno”. Para aumentar aún más las suspicacias, uno de los puntos más polémicos de este proyecto es que no queda claramente definido qué tipo de autoridad podrá acceder a nuestra información ni bajo qué circunstancias específicas podrán hacerlo.

 

Tal parece que una vez más el gobierno federal lucrará con el miedo mítico y con el terror derivados de la creciente violencia desatada por la guerra al tráfico de drogas en nuestro país. Con el pretexto la prevención de delitos y la salvaguarda de la seguridad de los mexicanos, derechos y libertades fundamentales serán nuevamente vulnerados.  Existen al menos un par de elementos muy concretos que obligan a mirar con serias sospechas el establecimiento de reglas como las que podría fijar el IFT.

 

En primer término, no existe en este momento en el público una plena conciencia de lo que ceder nuestra información personal a las diversas compañías de telecomunicaciones o financieras implica. Empero, a diferencia del usuario promedio,  las empresas que se dedican a recabar datos personales de los consumidores sí que se dan perfecta cuenta del valor del producto que tienen en sus manos.

 

La información que las empresas privadas recaudan de sus clientes es cada vez más valiosa y voluminosa. Existen dos maneras principales por las que las compañías obtienen datos de los consumidores: la primera es a través de sus propios medios -llenado de formularios, por ejemplo-. La segunda es mediante la compra de esta información a terceros; es decir, a empresas que son invisibles para la mayoría de los individuos y que se dedican exclusivamente a recolectar su información personal para luego vendérsela al mejor postor. La compañía Blu Kay es una compañía de este tipo y tiene una base de datos con perfiles de mil millones de personas, cada uno de los cuáles contiene al menos 50 atributos del individuo datificado (“The Economist”, 13/09/2014).

 

Las grandes compañías tienen en su poder información valiosísima que emplean para maximizar sus ventas mediante estrategias de publicidad dirigida. Esto constituye, de suyo, una invasión a la privacidad de miles de millones de individuos y a largo plazo un auténtico riesgo para su libertad personal. Este escrito no se detendrá en este punto -abordado en textos anteriores y que seguirá siendo analizado en este mismo espacio en un futuro-; pero sí es necesario subrayar que con el advenimiento del “internet de las cosas” prácticamente todos los aparatos eléctricos reaccionarán ante la presencia de sus usuarios y tendrán conexión a internet, por lo que la cantidad de datos recopilados en las bases conocidas como metadatos se incrementará exponencialmente.

 

Con la tecnología actual el gobierno podría exigir a compañías privadas nuestros metadatos que incluyen registros de información de a quiénes enviamos mensajes por teléfono celular o las características de nuestros círculos de amigos y familiares. Pero, bajo la misma lógica y considerando la evolución tecnológica esperada, estos datos podrían llegar a succionarse en tiempo real desde el momento mismo en que se generan, de forma tal que cada uno de nuestros electrodomésticos conectados al “internet de las cosas” sería una ventana abierta por la cual se nos podría vigilar permanentemente.

 

Las señales de alarma se intensifican si a lo anterior agregamos que toda esta información no se quedaría en las empresas que la recopilan, sino que pasaría a manos de nuestras autoridades. Basta recordar que en México la PGR responde al presidente en turno, que nuestra historia de espionaje estatal es vastísima y que, bajo el amparo de la irracional “guerra contra el narco”, nuestras autoridades han venido justificando sin rubor un creciente número de violaciones a derechos humanos (“Human Rights Watch”, 2011), entre las cuales se debe incluir la vigilancia y el espionaje “preventivos”. Me parece que sería ingenuo pensar que contamos con alguna garantía de que nuestros metadatos no puedan ser empleados con fines políticos, coercitivos o represivos.

 

En segundo lugar, es evidente que la capacidad actual  de nuestras autoridades de salvaguardar la información que ellas mismas recaban es, por decir lo menos, muy cuestionable. Una investigación del periódico “El Universal” (19/04/2010) comprobó que en 2010 en el mercado de Tepito en la ciudad de México se vendía, por apenas US$12,000, 160GB divididos en tres memorias externas entre cuyo contenido figuraban bases de datos en manos del gobierno como la lista completa del padrón del IFE, el registro nacional de vehículos, el registro completo de licencias de conducir y listados de policías del país con la dirección y fotografía de cada agente “entre otros”.

 

Es la misma autoridad que ha fallado en conservar sus bases de datos -disponibles ilimitadamente lo mismo para grupos criminales que para vendedores por catálogo- la que ahora pretende obligar a las empresas a brindarle acceso ilimitado a las suyas. Bajo el estado presente de cosas no existe ninguna garantía para los ciudadanos de que será adecuadamente resguardada. Lo que sí podemos anticipar es que muchas manos adicionales tendrían acceso a datos muy delicados y que la posibilidad de que éstos sean vendidos o malempleados será mayor que la actual, que ya es lo suficientemente alta.

 

A pesar de que el IFT ha aclarado que aún no existe una versión final de los lineamientos en materia de seguridad y de justicia, lo que sabemos hasta ahora es lo suficientemente preocupante como para exigir el respeto pleno de nuestro derecho fundamental a la privacidad. El sentido de una resolución de esta naturaleza no sólo es de la mayor relevancia para nuestra privacidad presente, sino que nos revelará si nuestras instituciones pretenden sentar las bases para la protección de los mexicanos o si lo que quieren es forjar una llave maestra que les permita, “por nuestra propia seguridad”, vigilarnos desde el interior de nuestras casas.- Mérida, Yucatán.

 

asalgadoborge@gmail.com

 

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

 

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Charlie y su fábrica de libertad

Se puede someter a un hombre vivo y reducirlo al estado histórico de cosa. Pero si muere rehusando, reafirma una naturaleza humana que rechaza el orden de cosasAlbert Camus, filósofo francés


El mortal ataque contra el periódico francés Charlie Hebdo representa en realidad un atentado contra la libertad de expresión en todo el mundo. Característica fundamental de las auténticas democracias liberales, y bien escaso fuera de los países occidentales más desarrollados, la libertad de opinar y criticar es constantemente amenazada por fuerzas absolutistas que no ven en las ideas de otros una oportunidad de corregir los propios errores, sino una amenaza.

 

Charlie Hebdo es un irreverente semanario que a través de creativos editoriales gráficos satiriza sin distinción a representantes de autoridades civiles y religiosas. Fueron precisamente los cartones dedicados al profeta Mahoma los que podrían haber desencadenado la furia de un puñado de hombres enmascarados que, embriagados por su intolerante fanatismo, acribillaron a balazos a cartonistas, editores y trabajadores del rotativo, probablemente con el fin de intimidar a los medios occidentales e influir en la forma en que éstos tratan al Islam.

 

Crudo, lacerante y hasta ofensivo, Charlie Hebdo encarna el espíritu de la libertad de expresión llevado hasta su manifestación más completa. La acidez de sus críticas no debe asustarnos. En la tradición liberal no hay verdades absolutas ni idea definitivas y, aunque las hubiera, de cualquier forma no podríamos estar seguros de ellas ya que nosotros somos nuestros propios jueces. Todo ser humano se equivoca y la única fuente de mejora es la corrección constante de nuestros errores por parte de terceros. Siguiendo esta lógica es como hemos hilvanado nuestros principales logros como especie y cómo algunas naciones han logrado sus sociedades abiertas.

 

Defensor de los valores de la ilustración, en su texto “Sobre la libertad” (1859), el filósofo inglés John Stuart Mill dedica un capítulo a exponer la importancia de la libertad de pensamiento y de expresión. Mill asegura que incluso “las creencias de la humanidad que cuentan con mayores garantías no poseen más protección que una invitación constante al mundo entero a demostrar su falta de fundamento”; dar por cierta una proposición o idea sin escuchar a quienes piensan diferente equivale a autoerigirnos como jueces infalibles de nuestros propios pensamientos. Consecuentemente, todos los seres humanos tenemos el derecho irrestricto de exponer nuestras ideas -toda idea es una afirmación- y de criticar o contradecir libremente las de otros, incluso si esto les ofende.

 

Suponer que lo ofensivo de un comentario puede ser motivo para su censura es abrir las puertas a la cancelación de opiniones divergentes. Bajo esta premisa, cualquier autoridad podría pedir que se dejen de publicar comentarios negativos en su contra aludiendo posibles daños a su frágil y sensible persona. En un mundo de libertades, algunas de las cuales pueden contraponerse, se deben defender siempre las más generales y fundamentales. Y pocas pueden ser más importantes que la posibilidad de dar nuestra opinión; así sea la única que vaya en sentido contrario al de la mayoría o se hieran con ésta algunas susceptibilidades. Es por ello que la sanción a lo ofensivo -siempre circunstancial y subjetivo- nunca debe ser legal ni mucho menos física, sino social.

 

El atentado contra Charlie Hebdo es lamentado y condenado en todo el mundo. Esta tragedia nos ha explicitado de la forma más cruda posible la necesidad de defender, a toda costa, a la libertad de expresión y a sus actuales artesanos. A los mexicanos, nos recuerda que en nuestro país la libertad de expresión es minada sistemáticamente y que tenemos una difícil lucha pendiente en casa. México es, de acuerdo con la organización Reporteros Sin Fronteras (2014), uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo -el 152  de 180 – seguido inmditamente por Iraq y apenas por debajo de Angola, Túnez, Afganistán o Palestina.

 

Existen dos vías principales por los que la libertad de expresión es sofocada en México. La primera consiste en agresiones físicas no muy distintas a la empleada en París, pero debido a su origen, mucho más silenciosas y frecuentes. De acuerdo con un informe de la organización Artículo 19 (18/03/2014), las agresiones contra periodistas en nuestro país son cosa de todos los días y van en aumento. En 2013 se incrementaron en 59 % con respecto al año anterior. Sesenta por ciento de los ataques contra periodistas en México son cometidos por funcionarios de distintos niveles de gobierno. Es decir, en diversos estados de la república ejercer el periodismo independiente es literalmente jugarse la vida.

 

La segunda vía por la que se limita la libertad de expresión en México consiste en la grosera cantidad de dinero que nuestros gobiernos emplean para promocionar el cumplimento de sus obligaciones o, de plano, para engañar a los ciudadanos mediante la difusión de mentiras con fines electorales. De acuerdo con el periódico “Reforma” (6/01/2015), el gobierno federal gastó en publicidad en 2014 ¡$1,908 millones! De esta forma se asegura de obtener opiniones favorables y de mantener a un buen número de medios en los que se anuncia. En muchos estados, sobre todo en los que no cuentan con un medio independiente fuerte -como lo es, por ejemplo, el Diario de Yucatán- , las voces críticas no encuentran espacios y quedan limitadas a las redes sociales o a medios con poca participación de mercado.

 

Todo parece indicar que en México el principal peligro para la libertad de expresión son nuestras propias autoridades. Los fundamentalistas que pretenden extinguir las críticas no son un puñado de extremistas desquiciados, poco representativos y creyentes en una utopía teocrática, sino los usufructuarios de una muy particular utopía cleptocrática en cuyo nombre se ha erigido el sistema que marca el rumbo de toda una nación. El resultado es el mismo: la imposición de la imagen de una realidad unidimensional, la extinción de una libertad fundamental indispensable para la construcción de otras capacidades humanas básicas y una de las partes más luminosas de nuestro espíritu permanentemente ahogada.

 

Excurso

 

El pasado 8 de enero falleció don Julio Scherer García, considerado por muchos como el periodista mexicano más importante del siglo XX y uno de los más grandes defensores de la libertad de expresión en nuestro país. Scherer fundó en 1976 la revista “Proceso”, catedral desde entonces del periodismo mexicano crítico e independiente, y un referente indispensable para el autor de esta columna. Descanse en paz.- Mérida, Yucatán.

 

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

 

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Charlie y su fábrica de libertad

¿El ocaso del “policía guerrero”?

Todo lo bueno que no está acompañado de un sentir moralmente bueno no es más que pura hojarasca y lentejuela miserableImmanuel Kant, filósofo alemán


 

Los asesinatos a manos de agentes policíacos de Michael Brown en Missouri y de Eric Garner en Nueva York son tan sólo los dos casos más sonados de la brutalidad que caracterizó a parte de las fuerzas del orden en Estados Unidos durante 2014.

 

Tanto Brown como Garner, hombres negros viviendo en zonas marginadas, iban desarmados. Los dos se habían rendido mucho antes de ser abatidos. Brown falleció baleado -con todo y tiro de gracia- y Garner murió por asfixia. Antes de morir, Garner pudo decir al policía cuyas manos sujetaban su cuello, al menos 10 veces, “no puedo respirar”. Otros cinco policías atestiguaron el incidente; ninguno intervino para evitarlo. Un delito menor fue su único crimen: vender cigarrillos sueltos en la calle.

 

Desde 2006, las corporaciones policíacas estadounidenses han recibido 1.9 millones de dólares en aportaciones para armamento desde el Pentágono, cifra que palidece en comparación a lo que éstas han invertido de forma independiente comprando equipo a manufactureros particulares (“Mother Jones”, 23/10/2014). El número de ataques de equipos SWAT -Armas Especiales y Tácticas, por sus siglas en inglés- pasó de 3,000 en 1980 a 50,000 en 2014 (“The Economist”, 13/12/2014).

 

Los encargados de la seguridad interna en nuestro vecino del norte, de forma paralela a lo que ocurre en México, han armado hasta los dientes a las policías locales aislándolas de la sociedad de la que emergieron y generando una nueva e intimidante figura conocida, debido a su equipamiento y tácticas militares, como “policía guerrero”. En este contexto, los dos policías implicados en los asesinatos de Brown y de Garner han sido exonerados de toda culpa, so pretexto de actuar de acuerdo con las reglas de su profesión.

 

La justificada indignación que estas tragedias han generado en la sociedad norteamericana ha cobrado vida a través de intensas y nutridas protestas en Missouri y Nueva York. A pesar del tiempo transcurrido, sus efectos políticos distan mucho de haberse diluido. Apenas hace unos días un par de policías neoyorquinos fueron asesinados a sangre fría cuando se encontraban a bordo de su patrulla por un demente que había anunciado sus intenciones previamente en redes sociales justificando sus planes como un cobro de venganza por estos casos. Actualmente los mandatarios y jefes policíacos de estas entidades se enfrentan al reto de hacer malabares entre los reclamos de sus electores y la fidelidad de sus cuerpos policíacos.

 

Sin embargo, los efectos de estos incidentes han rebasado las esferas locales y producido que muchos estadounidenses pongan en tela de juicio los indicadores de “efectividad” policial y en entredicho la forma paramilitar, violenta y sesgada que caracteriza a la operación de las policías en su país. Muchos de los abatidos por policías son minorías asustadas de sus supuestos protectores o enfermos mentales que son sometidos a tiros como consecuencia de su errático comportamiento y la política de disparar a todo lo que no se rinda seguida religiosamente por los agentes que acuden imponer el orden.

 

En México la figura del “policía guerrero” es cada vez más común. Justificándose en la demencial y contraproducente guerra contra las drogas iniciada por Felipe Calderón y continuada por Enrique Peña Nieto, antes y en lugar de trabajar en modelos de policías comunitarias, en mejoras salariales o en reformas estructurales contra la corrupción la mayoría de las corporaciones policíacas se ha volcado a adquirir armamento. En su informe titulado “Más allá del gasto militar: en búsqueda de un concepto para entender la militarización en México”, la Asociación Civil “México vía Berlín” sugiere que la creciente militarización en las policías mexicanas es en realidad una política deliberada que implica un presupuesto ascendente año tras año.

 

Si en Estados Unidos el saldo de la paramilitarización policial es la tragedia, en México es el completo desastre. La actual coyuntura en nuestro vecino del norte, causa eficiente y causa final de muchas de las políticas públicas en nuestro país, debería consecuentemente generar un cambio de paradigma en la forma en que entendemos la función de nuestras policías. Para ello, se nos presenta la inmejorable oportunidad de aprovechar los diagnósticos surgidos al calor de terribles acontecimientos de Missouri y Nueva York.

 

En su edición del 13 de diciembre de 2014, el semanario británico “The Economist” lista tres grandes cambios necesarios para revertir “lo que ha salido mal con la policía en Estados Unidos”: transparencia para conocer a cuántas personas mata la policía, rendición de cuentas para despedir a los malos elementos y, sobre todo, revertir la militarización, privilegiando el entrenamiento por encima del armamento.

 

Por su parte, David Dante Troutt, preocupado por el sesgo policiaco, menciona en la revista norteamericana “The Nation” (10/12/2014) algunos factores operativos que podrían ayudar a construir confianza ciudadana en sus policías: los agentes deben llevar en su uniforme videocámaras que graben todas sus acciones -aunque sin transparencia y rendición de cuentas esto terminaría por servir para muy poco-, los policías deben ser entrenados para no deshumanizar al público al que deben servir y se deben nombrar fiscales ciudadanos externos que auditen la labor policiaca.

 

No obstante, y por encima de todo, dado que el problema principal es de origen, éste debe atajarse desde sus bases. Es por ello que en un excelente artículo publicado en “The Washington Post” (14/08/2014), Radley Balko postula la necesidad de un cambio de enfoque general en la policía estadounidense: su principal función no debe ser imponer el orden, sino preservar los derechos de sus ciudadanos; “en estricto sentido académico preservar el orden y garantizar los derechos son la misma cosa, operacionalmente son enfoques radicalmente diferentes de la función policial”.

 

Paradójicamente, la respuesta de la policía ante las protestas ha sido consistente con el paradigma que los indignados demandan cambiar. Centenares de manifestantes han sido arrestados violentamente en meses recientes en diversos estados de la unión americana. Algo similar -aunque en una versión mucho más burda- ha ocurrido con muchos indignados mexicanos durante el presente sexenio, prueba parcial de que seguimos nuestra propia versión de un esquema policiaco represor.

 

En Estados Unidos, algunas autoridades empiezan a dar señales de cordura. Steve Anderson, jefe de policía de Nashville, ordenó a sus efectivos comprar café y galletas para todos los manifestantes pacíficos y Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, ha buscado revertir tácticas intimidatorias empleadas por su cuerpo de policía y ha tomado una complicadísima decisión al optar por ponerse del lado de sus gobernados antes que respaldar incondicionalmente a sus agentes.

 

Desgraciadamente, dado el estado actual de cosas, la versión mexicana de este tipo de reacciones está muy lejos de presentarse y todo parece indicar que, al menos en el presente sexenio, habrá muy pocos obstáculos en nuestro tránsito hacia la barbarie.- San Francisco, California.

 

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¿El ocaso del %22policía guerrero?%22

Canto boliviano, lamento mexicano

El provenir es la única especie de propiedad que los amos conceden de buena gana a los esclavosAlbert Camus, filósofo francés


A Enrique Peña Nieto el sonido de las campanas navideñas debe resultarle tan hermoso como el tintineo que escucha el boxeador que termina su segundo round contra las cuerdas.

 

2014 concluye con un malestar social sin precedentes. Las más recientes encuestas indican que tanto la presidencia como los principales actores del sistema político han perdido legitimidad. La confianza de los mexicanos en sus instituciones se encuentra en un punto crítico. Dentro de esta cascada de desprestigio, el presidente ha sido el político cuya imagen ha resultado, con justa razón, más deteriorada. Del ejecutivo se percibe corrupción, insensibilidad o incapacidad. En un acto por demás simbólico, muchos mexicanos comprarán y romperán esta navidad una “peñata”; que no es otra cosa que una piñata con la forma del presidente Peña Nieto.

 

A estas alturas tenemos, por un lado, un país que se cae en pedazos entre protestas y levantamientos y, por el otro, una pérdida total de confianza de los ciudadanos en el presidente, en los partidos políticos, en los legisladores o en la policía. A pesar de ello, la mayor parte de nuestra clase política ha reaccionado limitándose a apostar por sus usuales estrategias de negación o de divergencia. Claramente, quienes hoy usufructúan con nuestro sistema piensan que es posible “aguantar” esta tempestad y que las aguas regresarán, como suelen hacerlo con el tiempo, a su cauce. Pero en esta ocasión, se equivocan.

 

Alguna vez leí –soy incapaz de recordar la fuente- que la democracia no consiste en convencer a los adversarios de pensar igual, sino de convencerlos a actuar en el mismo sentido aunque los intereses que les muevan sean distintos. Lo primero que habría que hacer, si pretendemos salir de nuestro actual marasmo, es redefinir el problema mexicano de forma tal que a todos los implicados se les vuelva clara la urgencia de su solución. Me parece posible, en este sentido, conceptualizar a la corrupción, la violencia, la pobreza y a muchos de los factores que han puesto la viabilidad de este país en jaque como ramificaciones de una aberración cuya definición pasa, como toda definición lo hace, por la delimitación de sus causas.

 

Desde la conquista nuestro país no ha logrado deshacerse de una concepción errónea del progreso, misma que es inmejorablemente explicada por el filósofo español Reyes Mate: “el problema es saber si hacemos del progreso el objetivo de la humanidad, o de la humanidad el objetivo del progreso”. Los mexicanos nos hemos regido por la primera de estas opciones, y el ángel de nuestra historia –como dijera Walter Benjamin- contempla las ruinas de la opresión y del sufrimiento del pasado mientras es impulsado por el huracán del supuesto progreso.

 

El progreso ha adquirido diferentes formas a lo largo de la historia. Éste se trata hoy de competir, de exportar y de crecer como lo hace el primer mundo. Evidentemente, no hay nada de ilegítimo en estas metas, pero la situación luce distinta cuando, para alcanzarlas, se reduce a la mayoría de la población a la categoría de combustible; de instrumento desechable al cual se le puede explotar, mal pagar, silenciar o despojar en nombre del bienestar material que acerca estéticamente el entorno de un reducido número de mexicanos a cierta imagen de civilización. Siguiendo la misma lógica hacia afuera, nuestro país se ha convertido en instrumento de grandes capitales o naciones extranjeras. El salvajismo con que este modelo ha consumido a millones de mexicanos es tal que se ha vuelto insostenible.

 

Contrario a lo que puede parecer, una auténtica redefinición estructural no es ni irracional ni inalcanzable. Un experimento interesante es el actual gobierno de Evo Morales en Bolivia. A pesar de su pequeño tamaño y de lo limitado de su infraestructura, Bolivia es un ejemplo que parece demostrar, con éxito, que es posible concebir al ser humano como centro del progreso y no como combustible del mismo.

 

El resultado está a la vista: esta nación sudamericana es una de los pocos países del mundo donde, en los últimos años, la desigualdad se ha reducido en lugar de ampliarse. La pobreza se ha reducido en 43% y la pobreza extrema en 25%, el salario real ha aumentado en 87.7% y el crecimiento económico ha sido sostenido. A pesar de que la mayoría de las utilidades de los bancos y de las empresas petroleras privadas son para el gobierno, Bolivia ha logrado retener y atraer grandes inversiones sin perder soberanía y ha recuperando bienes públicos que estaban en manos de particulares. Como consecuencia de todo lo anterior, la luna de miel entre el pueblo boliviano y su clase política –encabezada por Morales- se mantiene.

 

Lo que los mexicanos necesitamos no es consumir más eficientemente nuestro “combustible”, sino transitar a un modelo de país en el que los seres humanos sean el objetivo principal del progreso. Soy consciente de que una visión de esta especie difícilmente vendrá, en estado puro, de la mayoría de nuestra clase política. Es por ello que lo que se debe señalar a quienes carecen de coraje moral es que el combustible se ha desbordado, y que estamos en un escenario límite en el que cualquier fricción con el pueblo podría terminar de incendiar a todo el país.

 

Mientras que Bolivia mira hacia 2015 con fundado optimismo cantando al mundo el sueño boliviano, México se encuentra al borde del colapso entonando al unísono un cada vez más estruendoso lamento mexicano. En este contexto, y dado el papel que la ciudadanía atribuye a las instituciones en este desastre, nuestra clase política se jugará el próximo año su supervivencia.

 

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@asalgadoborge

 

*Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida.

 

Publicado originalmente en: http://yucatan.com.mx/editoriales/opinion/canto-boliviano-lamento-mexicano

Canto boliviano, lamento mexicano

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