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¡Otra tierra!

Cualquiera que conozca la existencia de otros planetas seguramente ha imaginado la posibilidad de que exista vida fuera de la Tierra.  Las fantasías populares son inagotables y en ellas suelen aparecer seres extraterrestres con fenotipos diversos, integrando sociedades disímiles y habitando mundos de toda clase.

Si bien es cierto que la vida no tendría por que estar supeditada a la existencia de condiciones similares a las que han permitido su surgimiento en nuestro planeta, también lo es que si estas condiciones fueran encontradas en otro planeta, algún tipo de vida también podría estar presente en éste. Consecuentemente, muchos astrónomos se han dedicado a buscar insistentemente planetas similares a la Tierra fuera de nuestro sistema solar.

El avance tecnológico necesario para llevar a cabo esta empresa ha propiciado que la detección de exoplanetas sea relativamente reciente. Hace apenas veinte años los humanos obtuvimos registros del primero, pero sus características eran muy distintas a las de la Tierra . Desde entonces, el número de exoplanetas se han multiplicado al millar, aunque ninguno había mostrado las condiciones necesarias para la vida como la conocemos, mismas que están determinadas no sólo por las características del planeta en cuestión, sino por las de la estrella que éste orbita.

Pero esta historia dio un espectacular y maravilloso giro ayer cuando la NASA anunció eldescubierto de Kepler 452b, un planeta ubicado a 1, 400 años luz de nosotros, rocoso como el que habitamos, con una masa 1.6 veces superior a la de nuestra Tierra y que orbita a su sol cada 384 días terrestres; es decir, que está ubicado en una zona considerada por los científicos como “habitable” debido a las temperaturas que en ella se alcanzan.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/24-07-2015/37222

Intensa-Mente: viaje en un barco sin capitán

Los análisis de Intensa-Mente, la nueva película de Disney-Pixar, han rebasado los espacios donde normalmente suelen reseñarse las producciones cinematográficas del momento. No es para menos. La conmovedora trama de esta cinta de dibujos animados parece urdida con un telar compuesto por importantes descubrimientos científicos recientes y corrientes filosóficas revindicadas que desafían, en más de un sentido, a una concepción del ser humano aún popular en el mundo occidental.

La película narra la historia de Riley, una chica estadounidense de 11 de años de edad que se muda junto con sus padres de Minnesota a San Francisco. La cinta inicia con el nacimiento de Riley e inmediatamente nos transporta al interior de la mente de esta niña. Ahí, aparece la figura de una joven luminosa que se presenta como Alegría, quien se dirige a una consola que tiene un único – enorme-  botón. Cada vez que Alegría lo aprieta, el bebé Riley ríe. Unos segundos después aparece otra joven, azulosa y con aspecto melancólico, que Alegría presenta a los espectadores como Tristeza. El nuevo personaje acciona el botón de la consola y propicia que Riley llore. Un segundo después ambas  empiezan a disputarse el control del único botón disponible. A Alegría y a Tristeza se suman poco después tres personajes más: Disgusto, Temor y Enojo. Con ellos deben compartir la consola original cuyo tamaño y cantidad de botones crecen paralelamente a la edad de Riley,

Cada uno de estos cinco personajes corresponde a una de las seis emociones consideradas como emociones universales –sólo faltó Sorpresa-  por ser compartidas por los humanos y otros animales. La película da perfecta cuenta de ello mostrando en diversas ocasiones las emociones de personas que se relacionan con Riley e incluso, hacia el final y de manera periférica, las de un perro y un gato. El papel de las emociones en la naturaleza ha sido estudiado por varios filósofos, psicólogos y neurólogos, entre los que destaca Antonio Damasio, director del Instituto de Cerebro y Creatividad de la Universidad del Sur de California .

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http://www.sinembargo.mx/opinion/03-07-2015/36447

Reflejo plutoniano

Reflejo plutoniano

Después de 17 años de planeación la nave “New Horizons” fue lanzada al espacio en 2006. Su misión: explorar Plutón, sus lunas y los objetos cercanos a ellos. 9 años han transcurrido desde que dio inicio este largo viaje, y muy pronto, desde los confines de nuestro sistema solar, recibiremos información e imágenes espectaculares inéditas.

El próximo 14 de julio “New Horizons” (“Nuevos Horizontes”) estará a tan sólo 13,000 kilómetros de Plutón, distancia que para estándares astronómicos es corta. ¿Por qué reviste tanta importancia la llegada de esta nave a su destino principal?

El lugar que nos autoatribuimos en el cosmos ha cambiado en la medida en que se ha modificado la imagen que tenemos del universo. El trabajo de Copérnico y Galileo, desafiante en su época aniquiló al geocentrismo, mito de que la tierra se encontraba en centro del sistema solar; Newton probó contundentemente que todo lo existente en la tierra y en el espacio es regido por las mismas leyes; Darwin nos ubicó como un eslabón más en una cadena evolutiva de la que surgió toda la vida en la tierra; la mecánica cuántica de Planck reveló que todo lo existente surge de las mismas partículas y Hubble nos amplió exponencialmente el tamaño del universo percatarse de que nuestra galaxia es tan sólo una entre cientos de miles de millones. Todos estos descubrimientos pulverizaron, fuera y dentro de la tierra, muchas de las más importantes fronteras en su tiempo

Plutón es, en más de un sentido, una nueva frontera para el ser humano. Este pequeño planeta, localizado a cuatro y medio años luz de la tierra, es difícil de observar incluso con los telescopios más poderosos. No debe extrañar que haya sido descubierto apenas en 1930. Su órbita es pronunciadamente elíptica y su extensión es tal que este planeta tarda 248 años en darle la vuelta al sol; es decir, un año en Plutón equivale a 248 años en la tierra.

En su honor, la comunidad científica se vio obligada, en 2006, a depurar la definición de planeta. Como consecuencia de la deliberación generada por esta polémica entre científicos, Plutón fue degradado, después de contar los votos de los expertos, a la categoría de “planeta enano” por no lograr, como debe hacerlo todo planeta que se precie de serlo, “limpiar todo su vecindario” atrayendo residuos espaciales con su fuerza de gravedad.

Es por ello que se puede considerar a Plutón el último de los planetas del sistema solar o el primero de una serie de 2,000 objetos que forman parte del “Cinturón de Kuiper”; una masiva cinta conformada por astros de diferentes tamaños y cualidades que marca los fines de nuestro sistema planetario. Pero los objetos que pertenecen al “Cinturón de Kuiper” distan mucho de ser aburridos o irrelevantes. En realidad, son los remanentes de la formación de los 8 planetas que conforman nuestro sistema solar. Esto significa que tanto en este oscuro “planeta enano” como en sus lunas podríamos encontrar explicaciones sobre la formación de nuestro propio planeta y del origen de mucho de lo que aquí experimentamos.

Desde luego que “New Horizons” también tomará registros de las cinco lunas conocidas de Plutón, lo que permitirá conocer su composición y características. No se descarta que puedan aparecer nuevos satélites en este proceso. Una de sus lunas más espectaculares es Caronte; el único objeto en el sistema solar en el que se ha encontrado amonio en estado sólido. Se espera que esto pueda generar mucha actividad en el paisaje de este satélite plutoniano.

Pero Plutón mismo es enigmático. Con apenas 2,370 kilómetros de diámetro -es decir, significativamente más pequeño que nuestra luna-, y compuesto 70% por roca y 30% por hielo, este astro no pertenece a la categoría de planetas rocosos – integrada por Mercurio, Venus, Marte y Tierra- ni de los gigantes de gas –Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno- que constituyen los dos tipos principales en nuestro sistema solar. Parte del interés que despierta la misión “New Horizons” es que por primera vez el ser humano tendrá la oportunidad de explorar de cerca al único planeta perteneciente a un tercer tipo.

El paisaje que encontraremos en Plutón es un misterio para los científicos. Si bien se sabe que hielo conformado por metano, nitrógeno y monóxido de carbono crean patrones cambiantes en su superficie(“New Scientist”, 13/06/2015), una cosa es conocer sus constituyentes principales y otra tener imágenes de su orografía y de sus fenómenos atmosféricos. En esta misión se buscarán incluso signos que puedan indicar que este planeta contiene un océano de agua líquida y, por tanto, condiciones para el desarrollo de la vida como la conocemos.

Apenas hace unos días la NASA dio a conocer un video grabado a través de la cámara de larga distancia de esta nave en la que se observa a Caronte orbitar a Plutón (“Scientific American”, 13/02/2015). Estamos cada día más cerca. En 2019 “New Horizons” dejará su destino original y explorará algún otro objeto del cinturón de Kuiper. Algunos científicos consideran que es altamente probable que ahí se descubran nuevos “planetas enanos”. Una vez concluida su misión, la sonda emprenderá un viaje interestelar en cuyo camino terminará de consumir la energía que le quede.

Para entonces los seres humanos habremos comprobado, una vez más, lo lejos que podemos llegar cuando se combinan el pensamiento libre, la capacidad de asombro y la curiosidad humanas que nos permiten formularnos preguntas trascendentales sobre la condición de todo lo que existe en este universo. También habremos conocido, un poco mejor, a nuestro vecindario espacial y a nuestro propio planeta; nuevos conocimientos en los que podremos reflejarnos para ver y entender mejor nuestro lugar en el cosmos.

¿La píldora roja o la píldora azul?

La realidad aumentada y la realidad virtual ya no pertenecen al mundo de la ciencia ficción. Tecnologías que permiten este tipo de experiencias estarán pronto disponibles en el mercado y gradualmente se irán volviendo accesibles para un creciente número de consumidores dispuestos a pagar por ellas. En años recientes gigantes tecnológicos como Google y Microsoft han hecho cuantiosas inversiones para desarrollar aparatos que ofrecerán a sus usuarios la posibilidad de sumergirse en una realidad diferente a la única que hasta hoy conocemos.

Nuestra realidad se verá aumentada en buena medida gracias a la red de sensores presentes en los aparatos “inteligentes” que conforman el internet de las cosas. Los artefactos con acceso a internet suelen presentarnos actualmente los datos que registran o que reciben a través de pantallas bidimensionales. Pero una combinación entre el crecimiento exponencial en el número disponible de aparatos con sensores y el perfeccionamiento de tecnologías para traducir los datos recopilados a estímulos sensoriales no visuales permitirá percepciones de otra naturaleza.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/22-05-2015/34896

Vida extraterrestre

Es bien sabido que la ubicación de cualquier objeto es fijada siempre en relación a otro objeto. Para determinar la posición de algo en el espacio es preciso contar con al menos un punto de referencia que permita al observador establecer la distancia entre ambos puntos. La misma lógica aplica al momento de buscar el lugar del ser humano en el cosmos.

En días recientes se dio a conocer que el robot Curiosity encontró indicios de agua salada en Marte. Durante años se ha fantaseado sobre la posibilidad de que este planeta vecino, que en el pasado presentaba un paisaje muy distinto al que actualmente conocemos, albergara agua en estado líquido o sólido. Ahora sabemos que Marte tiene capas de agua sólida –hielo- en sus polos y muy probablemente agua líquida salada debajo de su superficie.

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¿Feliz cumpleaños, Charles Darwin?

Todo es creación, nada es evolución. Hasta hoy ningún simio se ha convertido en hombre, ni en África ni en ningún zoológico”, escribió Pablo*, un usuario de Facebook a quien no le pareció nada simpático un cartón conmemorativo del 206 aniversario del nacimiento de Charles Darwin que compartí en esta red social. Supuse que para aclarar una concepción de la evolución tan borrosa como la de Pablo bastaría con un poco de información, por lo que di respuesta a su comentario adjuntando un par de links hacia artículos que sobre este tema publicaron sendas revistas de divulgación científica. Fui ingenuo. Ni las fuentes ni su contenido le parecieron relevantes.

 

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http://www.sinembargo.mx/opinion/20-02-2015/31947

 

 

A través del multiverso

Mi vida se extiende mucho más allá de las limitaciones de mi yoDavid Mitchell, escritor inglés


Las celebraciones de fin de año son un inmejorable pretexto para desear a nuestros seres queridos un próspero año nuevo y para extenderles nuestros mejores deseos. También son motivo perfecto para reflexionar sobre el estado presente de nuestras vidas y para soñar, aunque sea secretamente, con un futuro más promisorio, lleno de éxitos y de metas cumplidas.

 

Pocas cosas son tan humanas como anhelar lo mejor para nosotros y para los nuestros. De alguna forma todos intuimos que los eventos en nuestras vidas siempre se pueden materializar en mejores o peores versiones de la forma en la que se nos presentan.

 

Gracias a nuestra capacidad de imaginar somos capaces de trascender el tiempo y el espacio actual para soñar con ilimitadas posibilidades. De esta forma nos llenamos de esperanzas y de temores, y podemos planear las medidas necesarias para intentar incidir en nuestro incierto destino de acuerdo con el escenario que nos resulte más atractivo.

 

Sin embargo, existe una revolucionaria teoría científica, una que ha venido ganando importante aceptación en años recientes, que genera una serie de interrogantes trascendentales y que exige una revisión radical de nuestro sentido de la esperanza, de nuestra libertad y de la responsabilidad que se deriva de nuestras acciones.

 

Como es bien sabido, todo lo que existe en el universo está compuesto fundamentalmente por partículas cuánticas, invisibles a simple vista y mucho más pequeñas que los átomos, cuya naturaleza incluye propiedades increíbles como poder estar en más de un lugar al mismo tiempo.

 

La posible ubicación de cada una de estas partículas es, literalmente, infinita; pero más increíble aún resulta su cualidad de adquirir una posición fija cuando son medidas -vistas- por el ser humano.

 

Dado que la realidad que conocemos está irrevocablemente compuesta por este tipo de partículas, lo anterior significa que el orden de cosas en el mundo actual es tan sólo una de las versiones posibles de una serie de combinaciones virtualmente ilimitadas ocurriendo todas al mismo tiempo. De ahí que esta teoría de universos paralelos se conozca también como teoría del multiverso.

 

El ser humano, desde luego, está compuesto por las mismas partículas fundamentales que el resto del universo, por lo que además de la actual versión de nuestra propia vida existirían universos paralelos en los que nuestra versión actualmente existente sería distinta y en los que, por ejemplo, este artículo no ha sido escrito o está siendo publicado en sábado en lugar de domingo, o en los que el lector ejerce una profesión diferente a la que actualmente desempeña.

 

Para complejizar aún más el panorama, las implicaciones de este tipo de multiverso distan mucho de ser rígidas y cobran especial relevancia para la libertad implícita en nuestra existencia humana.

 

Si bien es cierto que hay quienes consideran que esta teoría vuelve nuestras vidas aún más insignificantes ante el universo y que estamos ante un nuevo baño de humildad para el ser humano -siguiendo una secuencia de cubetazos que incluye los descubrimientos de Galileo y de Darwin-, también es posible, como postula Rowan Hooper en un texto publicado en la revista “New Scientist” (27-09-2014) afirmar que junto con los alcances del universo se han ampliado los alcances del ser humano.

 

En un multiverso como el descrito cada acción que ejercemos abriría una nueva serie de posibilidades que tendrían repercusiones para nuestros “yos” en universos paralelos.

 

Por ejemplo, si un individuo fumador -supongamos que se llama Pedro- decidiera dejar este vicio el día de hoy, crearía una nueva ramificación en el multiverso con todas las versiones posibles para su vida como no fumador. De esta forma, su decisión tendría consecuencias trascendentales no sólo para su persona y para su familia en este universo, sino para otros “Pedros” actualmente existentes en universos paralelos, por lo que Pedro debería evitar dañarles de la misma forma en que evita dañar a otras personas.

 

Otra repercusión que se deriva del multiverso es la muerte del sentido de esperanza. En el contexto descrito cada acción abre una serie de posibilidades paralelas, pero la suerte no tendría nada que ver en ellas; si acaso, como postulara Baruch Spinoza, el aura de misterio e incertidumbre ante lo futuro que de acuerdo con este filósofo holandés genera tanto el miedo como la esperanza se derivaría de nuestra incapacidad de conocer todas las posibilidades que se seguirían necesariamente de la acción ejecutada.

 

En un escenario de esta naturaleza ya no hay lugar para la pasividad derivada de la falsa esperanza o desesperanza. Por el contrario, lejos de imponer la pesada losa del inmovilizante fatalismo sobre nuestras espaldas, el concepto de multiverso reivindica la acción y destila trascendencia. Y es que a través de las infinitas ramificaciones causales del multiverso, la actividad humana derivada de la imaginación que busca transformar las condiciones materiales e intelectuales de nuestra existencia cobra un nuevo e infinitamente más extenso sentido.-  San Francisco, California.

 

asalgadoborge@gmail.com

 

@asalgadoborge

 

asalgadoborge.wordpress.com

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

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Stephen Hawking y el fin de la humanidad

Sabemos que los procesos de evolución aleatoria pueden producir una inteligencia de nivel humano porque ya lo han hecho antes al menos una vezNick Bostrom, filósofo sueco


 

Una advertencia de Stephen Hawking no es algo que uno pueda tomar con ligereza y menos aún cuando se trata de una alerta sobre el fin de la especie humana.

 

En días pasados, este reconocido astrofísico británico alertó al mundo sobre los peligros de la inteligencia artificial, tecnología que a su juicio eventualmente se volverá autoconsciente y terminará por eliminar y reemplazar a los seres humanos en el planeta. A pesar de que el mensaje de Hawking no es novedoso, la prominencia del mensajero ha producido que el tema ocupe las primeras planas de un buen número de medios alrededor del mundo.

 

Desde 1956 parte de la comunidad científica y filosófica ha venido pronosticando el inminente ascenso de la inteligencia artificial —creada en 1940— y debatiendo los alcances de ésta; pero hasta hace muy poco para el gran público este tipo de proyecciones parecían más producto de un arrebato demencial que un análisis serio. El tiempo le ha dado la razón a los científicos y a los filósofos. Con el correr de los años, muchas de las más aventuradas predicciones sobre la inteligencia artificial se han materializado. Pero un estallido aún más espectacular está por producirse; uno que hará palidecer las capacidades de los robots industriales, de los automóviles que se conducen solos y de los sistemas operativos más avanzados de nuestro tiempo.

 

Se estima que entre 2025 y 2040 las máquinas habrán alcanzado la misma capacidad y velocidad de procesamiento que el cerebro humano. Es evidente que la ficción ha alcanzado la realidad más rápido de lo esperado y que importantes amenazas y oportunidades se nos abren con su llegada. Una muy buena idea de sus alcances se configura en la respuesta a una interrogante que, como suele ocurrir con tantas otras, por básica ha sido dejada de lado: ¿por qué no nos dimos cuenta antes?

 

En su influyente libro “Race against the machine” (Carrera contra la máquina), Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee ofrecen dos conceptos clave para responder a esta pregunta. El primero es la Ley de Moore —bautizada así en honor a Gordon Moore, cofundador de Intel— que originalmente postulaba que la capacidad de los microprocesadores se duplica cada 12 meses. En su versión actualizada y comprobada esta ley establece que la capacidad de las máquinas medida en términos de velocidad de procesadores y la mejora de los algoritmos se duplica cada 18 meses.

 

El segundo concepto ofrecido por Brynjolfsson y McAfee, estrechamente vinculado con el primero, puede ser llamado “sigilo de la multiplicación exponencial” —el término es propuesto por el autor de esta columna— y es explicado por Kevin Drum (“The Observer”, 13/05/2013) tomando como ejemplo un famoso y enorme lago norteamericano llamado Lago Michigan. Drum propone efectuar un experimento mental como caso análogo y proporcional al desarrollo de la Inteligencia Artificial. El experimento de Drum consiste en suponer, por principio de cuentas, que estamos en 1940 —año en que da inicio a la inteligencia artificial— y que podemos vaciar por completo el contenido del lago Michigan.

 

Después debemos imaginar que se nos pide llenar el espacio vaciado de nuevo, pero se nos impone para ello una regla: podemos empezar el día uno vertiendo en el lecho vacío el agua contenida en un vaso —aproximadamente 30 mililitros—. A partir de ese momento podemos regresar cada 18 meses a depositar el doble de la cantidad depositada la vez inmediata anterior; es decir, 60 ml la segunda vez, 120 ml la tercera y así sucesivamente.

 

En 1970, 30 años después de haber iniciado este proceso, habríamos depositado apenas el equivalente al agua de una piscina casera. En 2000, otros 30 años después, apenas habríamos logrado cubrir toda la superficie con una delgada capa de agua de apenas un par de centímetros de altura. Sin embargo, siguiendo la misma lógica, en el año 2020 ya habríamos logrado una profundidad de 12 metros, y para 2040 ya habríamos terminado de llenar el lecho vacío.

 

El punto de Drum es que, con base en la Ley de Moore, durante los primeros 70 años parecería que hay grandes avances; pero en los últimos 15 años, aparentemente de la nada, habríamos terminado el trabajo. De manera análoga al experimento mental del Lago Michigan, la capacidad de solución de problemas de las máquinas de 2040 será comparable a la de un ser humano y parecerá haber ocurrido de repente.

 

Las máquinas con inteligencia artificial sustituirán trabajos humanos que considerábamos irreemplazables y diversos sistemas autónomos —autorreparables y autoprogramables— comenzarán a convivir con nosotros. El problema es que, a diferencia de lo que ocurre con las personas, las máquinas continuarán duplicando su poder cada 18 meses. Si el ascenso de la inteligencia artificial nos tomará por sorpresa, es en buena medida porque éste ha sido tan silencioso como veloz y constante.

 

Stephen Hawking sabe que, como consecuencia natural de la Ley de Moore, la inteligencia artificial se encuentra a punto de entrar en la fase de crecimiento exponencial y que los seres humanos no estamos preparados para lidiar con las consecuencias de este acelerado proceso.

 

Su pronóstico, claramente fatalista, no es, empero, el único disponible. También hay quienes aseguran que a los seres humanos terminará por ocurrirles algo similar a lo que les ha ocurrido a los gorilas —las máquinas inteligentes no nos aniquilarán, pero tampoco nos necesitarán— y quienes consideran que por más inteligente que sea una máquina, ésta jamás podrá desarrollar una conciencia similar a la humana y que, por lo tanto, estará siempre subordinada a nuestras necesidades.

 

En este momento lo único seguro es que los seres humanos muy pronto tendremos entre nosotros nuevos e insospechados compañeros. Por ahora sigue en nuestras manos la determinación del papel que queremos que éstos jueguen en nuestra sociedad. De continuar produciendo más y mejores máquinas en automático, y sin encausar este proceso, en unos años quizás ya no tengamos la oportunidad de decidir o descubramos que los papeles se han invertido. En este sentido, sería una muy mala idea tirar la advertencia de Hawking en un saco roto.

 

*Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM).

 

 

@asalgadoborge

 

antoniosalgadoborge@gmail.com

 

 

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Stephen Hawking y el fin de la humanidad

A través del universo

El hombre puede conocer; por lo tanto, puede ser libreKarl Popper, filósofo austriaco


A principios del siglo XIX el egiptólogo inglés William John Bankes emprendió un viaje a Egipto, país donde descubrió, justo a las afueras de las ruinas del templo de Isis ubicado en la isla de Philae, un enorme obelisco rosado en cuya superficie de granito se encontraban dos series de palabras, una grabada en griego antiguo y otra en jeroglíficos egipcios.

 

El interés de Bankes en este artefacto fue tal que ordenó su inmediato traslado a Inglaterra, donde se dedicó a estudiar sus inscripciones bilingües. El explorador se percató entonces de que entre las palabras griegas se encontraba la que representaba el nombre de Cleopatra y, después de un arduo trabajo, pudo ubicar un jeroglífico egipcio al que identificó como su equivalente.

 

El descubrimiento de Bankes fue fundamental para “romper” el hasta entonces misterioso código de los jeroglíficos egipcios y para entender así las inscripciones en el obelisco de Philae y muchos otros artefactos con grabados egipcios, entre los que figura la piedra de Rosetta.

 

Dos siglos después, los seres humanos hemos dado un paso fundamental en nuestro objetivo de descifrar otro lenguaje, uno muchísimo más complejo y fundamental que el egipcio. La semana pasada, después de 10 años de haber iniciado una travesía a través de nuestro sistema solar, la nave Rosetta pudo cumplir su misión de depositar una sonda llamada Philae en la superficie de un cometa ubicado a más de 500 millones de kilómetros de la Tierra. Su misión: “Abrir el cerrojo y liberar los secretos ocultos dentro de su helado cofre de más de 4,600 millones de años” (ESA, 2014).

 

Explicar el origen del agua en el planeta Tierra contiúa siendo problemático. Conocemos con detalle el proceso que ha dado origen a la vida, pero no el origen algunos de los elementos primigenios que le permitieron florecer en nuestro planeta. Por eso es tan relevante estudiar cometas, objetos que se han formado a distancias muy lejanas al Sol y que, debido a sus bajas temperaturas, han mantenido las condiciones prevalecientes cuando el sistema solar y la Tierra nacieron, incluida la presencia de los bloques básicos de la vida. Philae acompañará a un cometa -67P/Churyumov–Gerasimenko-  en su ruta hacia el Sol y registrará la evolución que se presenta en su anfitrión en su trayecto. Durante el viaje, la sonda taladrará en la superficie del cometa en busca de elementos que puedan dar pistas del origen de la galaxia, de la Tierra y de la vida en nuestro planeta.

 

Sin importar los resultados que la Misión Rosetta obtenga -Philae ha entrado en un período de reposoindefinido por falta de energía-, su hazaña constituye un impresionante triunfo de la mente humana. Apenas en el siglo XVII la cosmovisión dominante establecía a la Tierra como centro físico del universo y al ser humano como centro conceptual de todo lo existente. Resulta increíble que estos animales racionales que veían en cada cometa un dios o una señal divina hayan logrado colocar con una precisión fuera de serie en la “cabeza” de un objeto con forma de pato de goma y del tamaño de Central Park que surca el espacio jupiteriano a más de 60,000 kilómetros por hora, una caja de apenas dos metros de extensión cuyo peso es, debido a la gravedad del cometa, el equivalente al de una hoja de papel en la Tierra.

 

Sin embargo, por desgracia, en varias partes del mundo se está produciendo un reflujo conservador que amenaza seriamente el futuro de proyectos como la Misión Rosetta y de importantes líneas de investigación científica. Para no irnos muy lejos, en las más recientes elecciones estadounidenses el Partido Republicano obtuvo la mayoría de los escaños en el Senado; triunfo con el que ha asegurado el control de ambas cámaras. Así, tenemos representantes, senadores y gobernadores republicanos que “no creen” en el cambio climático, que buscan retirar la teoría de la evolución de los libros de texto, que aseguran que la edad real de la Tierra es 5,000 años o que pretenden rasurar el presupuesto destinado a ciencia e investigación por considerarlo superficial.

 

El torrente de pensamiento libre del que se nutren las mentes curiosas e inquisitivas que han permitido el espectacular desarrollo científico no es inagotable. La civilización occidental no sería la primera -probablemente tampoco la última- en levantar el hacha de la ignorancia para destruir su desarrollo intelectual y construirse prisiones ideológicas con sus restos. Parte de lo que ha generado que históricamente el pensamiento científico sea tan vulnerable es que éste no ha sido nunca accesible a mayorías impedidas.

 

Es por ello que, además de indagar en los qués, los por qués y los cómos de todo lo existente, la ciencia no puede rehuir a dos tareas fundamentales íntimamente ligadas; a saber, la responsabilidad de que no cuestionar el statu quo implica, aunque sea indirectamente, ser partícipes en su preservación, y el compromiso de generar consecuentemente la base técnica necesaria para aliviar y prevenir parte importante del sufrimiento y de la miseria, intelectuales y materiales, de millones de seres humanos.

 

La Misión Rosetta es nuestro más reciente logro en una larga serie de intentos de entender nuestra posición en el cosmos a través del desciframiento de su lenguaje. Un espectacular recordatorio de que cada nuevo descubrimiento astronómico que nos empequeñece físicamente nos demuestra a su vez lo grandiosas que nuestras mentes pueden llegar a ser. Un recordatorio, también, de que la probada capacidad de la humanidad de dar la espalda a los logros de su propio espíritu no sólo no debe ser subestimada, sino que debe ser permanentemente contenida.

 

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@asalgadoborge

 

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

 

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A través del universo

El “internet de las cosas”

Lo que ve una persona depende tanto de a qué mira como también de qué le ha enseñado a ver su experiencia visual y conceptual previaThomas Kuhn, filósofo de la ciencia estadounidense.


 

La mudanza gradual de las telecomunicaciones y de los mercados al ciberespacio ha generado que la cantidad de actividades en línea, el tiempo que dedicamos a éstas y sus efectos en el mundo físico sean cada vez mayores.

 

Por el momento, el mundo “real” y el mundo “virtual” convergen, casi exclusivamente, en las pantallas de computadoras, de teléfonos celulares o de tabletas. Apenas 1% de las cosas que podrían contar con una conexión a internet están equipadas hoy con la tecnología necesaria para acceder a esta red (“The Guardian”, 25/10/2013), por lo que la mayor parte de nuestras actividades cotidianas ocurren offline. Empero, dado que la intensidad del explosivo proceso de hiperinflación cibernética dista mucho de haber disminuido, podemos afirmar que el mundo “virtual” pronto se hará omnipresente en nuestras vidas. Es cuestión de tiempo para que el restante 99% de los aparatos que podrían tener, y que actualmente no tienen, acceso a internet alcancen a sus más avanzados hermanos “inteligentes”.

 

Este proceso está en marcha y tiene nombre. El “internet de las cosas” –o internet de todo- es el neologismo empleado para denominar a la red conformada por aparatos inteligentes que, equipados con sensores, detectan eventos relacionados con su uso y crean un registro histórico de cada una de las actividades para las cuales han sido diseñados. Los artefactos que integran el “internet de las cosas” están también interconectados, por lo que comparten información y reaccionan de forma sincronizada ante eventos específicos. Se estima que para 2020 habrá en el mundo 30 mil millones de dispositivos equipados con capacidades para relacionarse entre sí de forma interactiva y para recolectar datos de sus usuarios humanos (“Mother Jones” 25/04/2014).

 

La posibilidad de que nuestros aparatos transmitan por medio de internet información que hasta el día de hoy es, a grandes rasgos, confidencial abre la puerta para simplificar o mejorar parte de nuestra vida. Así, un cepillo de dientes eléctrico podría recabar información sobre posibles caries en los molares que limpia y presentar al usuario un reporte cada determinado tiempo, o un aire acondicionado modificar la temperatura de una sala en función de su registro de la temperatura de los cuerpos presentes en ella.

 

Pero el “internet de las cosas” no se queda en las capacidades de registro o de diagnóstico de los artefactos que le conforman. Dado que sus objetos estarán conectados entre sí a través de una plataforma –sistema operativo o lenguaje compartido- en común, estos productos podrán intercambiar información que les permita operar de forma coordinada. Con un simple comando de voz como “cine” las luces de una sala de televisión podrían atenuarse, las cortinas descender, la televisión encenderse y la plataforma de videos en línea preferida de su propietario sintonizarse en una película sugerida de acuerdo a sus gustos. Los exponentes más avanzados de este tipo de sistema son Google Glass y el automóvil sin conductor, artefacto que se encuentra actualmente en desarrollo.

 

A pesar de potenciales comodidades y beneficios como los descritos líneas arriba, un escenario donde la presencia del “internet de las cosas” es la norma dista mucho de ser utópico. Es lógico suponer que, con la llegada de esta tecnología, el proceso de datificación –tomar todos los aspectos del mundo y convertirlos en datos- al que actualmente son sometidas todas nuestras actividades en línea crecerá exponencialmente. A estas alturas, para pocos es un secreto que tanto gobiernos como algunas grandes empresas constantemente recolectan e interpretan los metadatos –registros omnicomprensivos de datos- que pueden obtener de los ciberanutas. La perspectiva de un mundo en el que la mayoría de los aparatos con los que interactuamos datifiquen permanentemente nuestras acciones reduciría, al mínimo, nuestro cada vez más estrecho margen de privacidad.

 

También se verán afectadas nuestras capacidades de evaluación y de análisis. Una de las más importantes funciones de los artefactos conectados al “internet de las cosas” es su facultad de anticipar los deseos y necesidades humanos antes de que seamos conscientes de los mismos o, incluso, antes de que éstos se generen. De esta forma, un sensor en el jardín de una casa puede detectar que es momento de podar el césped basado en un registro histórico de podas anteriores y, gracias a esta detección, mandar una alerta al teléfono móvil del propietario del predio o enviar directamente una alerta de servicio a una empresa dedicada a la jardinería.

 

Pero considero que el mayor riesgo que el “internet de las cosas” conlleva es la pérdida de parte importante de la libertad humana. Si existe un registro de nuestros metadatos, las empresas que los han archivado pueden conocer y predecir nuestros patrones de conducta. Dado que estas empresas son también los fabricantes de los productos con sensores y con acceso a internet, es fácil predecir que estas compañías orientarán el consumo de sus clientes generando alertas o cursos de acción sugeridos para anticipar sus juicios. Empero, si las opciones sugeridas a un individuo se circunscriben a las características del perfil generado por sus metadatos, y su proceso de evaluación ha sido maquilado previamente por una o varias empresas, su posibilidad de cambio autónomo, de romper sus propios paradigmas o de abrir los ojos a lo diferente, momentos triunfales del espíritu humano, se reduciría de forma importante.

 

El “internet de las cosas” crece velozmente y el ritmo de su galope no amainará en un futuro cercano. Por el momento, su evolución encuentra su estadio más adelantado a nivel industrial; pero en meses recientes algunas de las compañías más importantes del mundo han invertido miles de millones de dólares (“The Guardian”, 9/04/2014) en la adquisición de aquellas empresas que han logrado establecer algún tipo vinculación inteligente para sus productos en hogares.

 

Las casas y los espacios públicos serán gradualmente poblados por aparatos inteligentes. Predecir con exactitud el abanico completo de las consecuencias que el “internet de las cosas” generará a su paso es una tarea irrealizable. Por el momento, lo que sí podemos hacer es tratar de entender nuestra relación con la tecnología presente para, a partir de esta base de comprensión, analizar las amenazas o a las oportunidades que su indetenible onda expansiva traerá a nuestras vidas.

 

 

asalgadoborge@gmail.com @asalgadoborge

asalgadoborge.wordpress.com

*Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM).

 

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