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Elefante en la sala

Lo leí en un meme:

Hija: Papá, soy de izquierda y estoy a favor del pueblo.

Papá: ¿Cómo vas en la escuela?

Hija: Tengo puro 10.

Papá: ¿Y tu amiga?

Hija: Ella apenas alcanza el 6.

Papá: ¿Por qué no le dices al profesor que le ponga 8 a ambas?

Hija: ¿Cómo crees? Yo estudio mucho y ella es una irresponsable.

Papá: ¡Bienvenida a la derecha!

 

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Del impreso: Elefante en la sala

Elefante en la sala

Frente al Frente

La palabra emergencia puede ser empleada en al menos dos sentidos. El más común de éstos es (1) el asociado con peligro, urgencia o desastre. Entendida así, nuestro país lleva ya siglos en estado de emergencia. México es, al menos desde la colonia, un país repleto de pobres y con problemas estructurales como el neoextractivismo, la desigualdad o la persistente predemocracia. Sin embargo, el empujón final al precipicio de la emergencia ocurrió cuando Felipe Calderón decretó su irracional “guerra contra el narco”, una política continuada por Enrique Peña Nieto.

En el mismo sentido, emergencia es lo que tantos mexicanos experimentamos antes, durante y en la jornada electoral de 2012, cuando, apoyado en estrategias inmorales o ilegales de sobra conocidas, el triunfo de Peña Nieto se antojaba inevitable. En este mismo espacio, como en muchos otros, se dijo y se justificó que, dadas las credenciales de Peña como gobernador, y conociendo al grupo político que lo respaldó originalmente, lo único que podíamos esperar de su presidencia era un agravamiento de la cadena de errores y horrores de su antecesor y probable aliado electoral panista. Y, en efecto, los cinco años de presidencia peñista han sido años de emergencia.

Pero el término emergencia puede ser empleado en un segundo sentido; a saber, (2) acción o efecto de brotar o salir a la superficie. Este tipo de emergencia es ubicua: la vida emergió de los océanos, la mariposa emerge del capullo o el sol emerge todas las mañanas. En el mismo sentido, a inicios del siglo XX un grupo de filósofos británicos incluso planteó una radical o concepción “fuerte” de emergencia: cuando la realidad alcanza ciertos niveles de complejidad, algunos fenómenos que no pueden ser predichos con base en hechos previos y que no se derivan exclusivamente de ellos “aparecen” en la naturaleza.

Actualmente, muy pocos filósofos naturalistas aceptan la emergencia “fuerte” sin restricciones; este tipo de emergencia es teóricamente disputable y no hay evidencias empíricas que la respalden. Sin embargo, la noción de que de la complejidad pueden aparecer fenómenos novedosos puede ser encontrada en estados de cosas sociales. En primer lugar porque, aunque supervienen en lo natural, los hechos sociales no son, al menos en la práctica, reducibles explicativa u ontológicamente a lo físico. En segundo lugar, y más importante para efectos del presente análisis, porque algunos estados de cosas sociales parecen “brotar” con un nivel de novedad no explicable por las suma de las propiedades de los entes que los conforman.

Como 2012, 2018 será un año de emergencia; pero, a diferencia de 2012, es probable que el próximo año nos encontremos ante el segundo tipo de emergencia. Hasta hace algunas semanas, la victoria de Morena en la elección presidencial de 2018 parecía prácticamente segura. En casi todas las encuestas, el partido de Andrés Manuel López Obrador sacaba un importante trecho de ventaja a sus más cercanos competidores. El odio acumulado por el PRI, la increíble pero real posibilidad de que el PAN postule a Margarita Zavala y un PRD desahuciado aseguraban que sólo un error del tabasqueño podría privarlo de llegar a la presidencia. Así, Morena podía apostar a la inmovilidad.

Pero todo cambió con la constitución del —mal— llamado Frente Ciudadano por México; una coalición integrada por el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano que, si todo sigue su curso, presentará a un mismo candidat@ presidencial. La conformación de esta alianza ha cambiado drásticamente el panorama electoral rumbo a 2018; por ejemplo, llama la atención que en mediciones que antes punteaba Morena, ahora este partido y el Frente aparecen prácticamente empatados. Esto es, por principio de cuentas nos podemos ir olvidando de la reedición de la contienda Calderón-AMLO de 2006, ya que el Frente reduce significativamente las posibilidades de que la esposa de Felipe Calderón represente a este partido en la boleta electoral del próximo año.

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