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Salarios de hambre: la soga en el cuello

Algunas personas tienen la perturbadora capacidad de encontrar en la humillación de un ser humano desdichado un momento divertido. En días pasados un académico, una funcionaria y un empresario consideraron simpático fotografiarse junto a un hombre en condición de calle mientras uno de ellos –el empresario-  sostenía, a manera de correa, el extremo de una cuerda atada alrededor del cuello del indigente. Es difícil decidir qué resulta más lastimoso, el semblante cabizbajo y la actitud resignada del sometido hombre harapiento, la firme pose de amo del sujeto que lo exhibe como perro o las sonrisas burlonas en los rostros de los bien vestidos y enfiestados testigos de la escena.

Los informes dados a conocer en días pasados por Coneval y Oxfam ayudan a comprobar la incómoda intuición de que esta fotografía, capturada en Tijuana, es lastimosamente representativa. La información publicada por el Coneval muestra que entre 2012 y 2014 la pobreza aumentó en México y que el factor central detrás de este incremento son los bajos ingresos. 63.8%  de los mexicanos se encuentra en la categoría de pobreza por ingresos y en los últimos 30 años el salario ha sufrido en nuestro país una depreciación de 80%.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/31-07-2015/37502

El PRI no ganará en 2018

En 2015 el PRI ha sido, de nueva cuenta, el partido más votado de México. Hay quienes, decepcionados, sostienen la marea roja priista luce indetenible rumbo al 2018 y que es un pésimo presagio que, a pesar de los escándalos y de las tragedias, los mexicanos hayan optado por brindar de nueva cuenta su confianza al partido del presidente. La tesis de este texto va en sentido contrario: gracias a la jornada electoral del fin de semana pasado han quedado expuestos elementos que permiten anticipar que el PRI difícilmente retendrá la presidencia en las próximas elecciones.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/12-06-2015/35723

¿La píldora roja o la píldora azul?

La realidad aumentada y la realidad virtual ya no pertenecen al mundo de la ciencia ficción. Tecnologías que permiten este tipo de experiencias estarán pronto disponibles en el mercado y gradualmente se irán volviendo accesibles para un creciente número de consumidores dispuestos a pagar por ellas. En años recientes gigantes tecnológicos como Google y Microsoft han hecho cuantiosas inversiones para desarrollar aparatos que ofrecerán a sus usuarios la posibilidad de sumergirse en una realidad diferente a la única que hasta hoy conocemos.

Nuestra realidad se verá aumentada en buena medida gracias a la red de sensores presentes en los aparatos “inteligentes” que conforman el internet de las cosas. Los artefactos con acceso a internet suelen presentarnos actualmente los datos que registran o que reciben a través de pantallas bidimensionales. Pero una combinación entre el crecimiento exponencial en el número disponible de aparatos con sensores y el perfeccionamiento de tecnologías para traducir los datos recopilados a estímulos sensoriales no visuales permitirá percepciones de otra naturaleza.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/22-05-2015/34896

Nos hace falta tomar menos Tecate

No veo televisión. Tampoco me gusta el box. Por eso cuando el hashtag #tehacefaltavermasbax se convirtió en trending topic en Twitter el sábado pasado, inicialmente no pude entender de qué se trataba. Movido por mi curiosidad, pocos segundos después conocí la nueva campaña machista de la cerveza Tecate.

Desde hace varios años la empresa cervecera Cuauhtémoc-Moctezuma promociona su marca Tecate discriminando abiertamente a las mujeres mexicanas. Apenas en 2013 los espectaculares de la campaña “Es fácil ser hombre” mostraron en sus versiones tituladas “Buffet”, “prima” y “hermana” a mujeres cosificadas presentadas como objetos al servicio de los hombres. Estos anuncios tuvieron que ser retirados por la cervecería después de que una petición en la plataforma Change.org recopilara más de 10,000 firmas en su contra. Hace apenas unas cuántas semanas el Senado aprobó una ley que prohíbe la publicidad que denigre al género femenino.

Pero este año Cuauhtémoc-Moctezuma no se lanzó abiertamente contra las mujeres. En 2015 esta empresa ha optado por despreciar, a través de la publicidad de Tecate en cadena nacional, a aquellos hombres que no resultan ser lo suficientemente machos; es decir, a los individuos de sexo masculino que exhiben comportamientos estereotipados como propios del género femenino.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/08-05-2015/34401

México: fábrica de esclavos

Un esclavo es un individuo privado de su libertad por la acción de otra persona o por alguna fuerza que le somete. En tanto que es una privación, la esclavitud sólo puede ser entendida como antítesis de la libertad; es decir, como lo opuesto a la posibilidad de un individuo de autodeterminarse.

Ahora sabemos que, contrario a lo que las añejas tesis escolásticas sostenían, la libertad es en realidad una meta inalcanzable. Determinados en buena medida por nuestra propia naturaleza, y por nuestra constitución y experiencias personales, los individuos sólo podemos ser parcialmente libres. No importa lo que hagamos, siempre encontraremos elementos externos –el mundo- o internos –nuestras pasiones- que fungirán como límites infranqueables que restrinjan nuestro poder de obrar. Todos somos, por lo tanto, en alguna medida esclavos. Lo anterior no inutiliza nuestros esfuerzos por alcanzar la mayor libertad posible, pero sí revela lo compleja que resulta la lucha en pos de nuestro humano anhelo de ser libres.

En este contexto, resulta de la mayor importancia la estructura que un gobierno logre ofrecer a sus ciudadanos para que éstos puedan protegerse y ampliar, hasta donde alcancen, su margen de libertad.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/01-05-2015/34175

“Sin querer queriendo”

En la industria cultural desaparece tanto la crítica como el respeto: a la crítica le sucede el juicio pericial mecánico, y al respeto el culto efímero por la celebridadMax Horkheimer y Theodor Adorno, filósofos alemanes.


Las figuras icónicas partidas suelen ser inmediatamente idealizadas por el imaginario colectivo, adquiriendo sus triunfos y talentos un aura que confiere a todo cuestionamiento un tufo sacrílego. De ahí que el momento más impopular para hacer un análisis crítico de la influencia social de un adorado personaje popular es cuando éste recién ha fallecido. De ahí que resulte indispensable no dejar de hacerlo.

 

El pasado viernes falleció uno de los grandes ídolos de la televisión mexicana. Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, fue guionista, actor, director y productor de un exitosísimo programa cómico que inició en 1970 y cuyos personajes y frases célebres forman parte de la cultura popular mexicana. 25 años de transmisión ininterrumpida, e innumerables repeticiones en el canal más visto del par de cadenas que integran el duopolio televisivo, garantizan que muy pocos mexicanos no le conozcan. Ha muerto Roberto Gómez, un ser humano. Sus familiares y amigos deben estar tristes, pero sus seguidores pueden estar tranquilos. No han muerto, ni morirán, sus adorados personajes, quienes vivirán, para bien o para mal, en el imaginario colectivo o en el torrente de retransmisiones que seguramente seguirá a su fallecimiento y que se extenderá por muchos años más.

 

Pero la popularidad, o las alegrías brindadas a millones de mexicanos que agigantaron a Chespirito no deben hacer que se pierda de vista todo lo que su enorme sombra contribuyó a ocultar. En un contexto diferente, uno con diversas opciones para el televidente, con medios libres y con gobiernos democráticos, lo que un actor cómico hubiera dicho o dejado de decir resultaría prácticamente intrascendente. Si la naturaleza de su programa cobra relevancia social y política es porque Chespirito fue parte clave en un proyecto televisivo diseñado para entretener, anestesiar o distraer a millones de personas.

 

Se podrá argumentar en su defensa que probablemente Gómez Bolaños nunca tuvo la intención directa de contribuir a este proceso; pero es indudable que lo hizo. Sea por candidez, por indiferencia, con conocimiento de causa o “sin querer queriendo”, Chespirito fue un engrane del sistema enajenante de Emilio Azárraga Milmo; una pieza principal de la auto bautizada “televisión para jodidos” de un auto declarado “solado del PRI”.

 

La inocencia individual de la parte no lo exime de su responsabilidad de las acciones del todo al que es inherente cuando su pertenencia a éste es voluntaria. En este sentido, Chespirito y sus personajes fueron una importante vitrina en la que se exhibía, como en tantos otros programas de Televisa –particularmente en las telenovelas-, un mundo en el que la pobreza material es romantizada, en el que se invita indirectamente aceptar la realidad como inmutable y en el que no hay noción de la injusticia. Si la miseria no es impedimento para la autorealización, ¿por qué cuestionarla?. Si un niño cuya casa es un barril puede ser feliz, ¿quién es el televidente para levantar la voz y exigir que la realidad sea distinta?

 

La posibilidad de movimiento real también queda aniquilada con la fuerza de la repetición, que conduce siempre al mismo sitio. En este sentido, Chespirito instauró en México una “escuela” de humor con formato circular, y por tanto cerrado, en el que la trama deja su lugar a la infinita repetición de un puñado de líneas simpáticas en todas las ocasiones permitidas por las configuraciones posibles de un pequeño grupo de espacios físicos y personajes determinados.

 

Cuando la ventana por la que se mira la realidad resulta ser la falsa imagen representada en un cuadro, cuando las palabras que se escuchan son las mismas de ayer y son también las que se escucharán mañana , cuando la sintaxis y conceptos del lenguaje han quedado pulverizados, cuando todo es siempre lo mismo, la pasividad del televidente queda finalmente garantizada. Los programas y personajes de Chespirito formaron parte de un consorcio cuyas intenciones en este sentido siempre han sido muy claras.

 

Durante casi tres décadas, Chespirito fue parte del sistema del PRI, aunque en las tres últimas elecciones presidenciales, ya con su programa fuera del aire, hizo campaña a favor de los candidatos del PAN. En 2012 el comediante incluso agradeció a Felipe Calderón, sin aparente sarcasmo o visos cómicos – el humor negro nunca fue lo suyo -,por todos los “éxitos” de su gobierno (CNN, 28/11/2014), aunque no explicó con mayor detalle a qué logros se refería exactamente.

 

Incluso el último aliento de Chespirito tendrá implicaciones políticas. Su muerte se ha producido en uno de los momentos más delicados de la historia moderna de nuestro país, por lo que algunos medios la aprovecharán como un espectacular distractor que desvíe la atención de la audiencia ante la tremenda crisis de legitimidad del actual gobierno federal, situación que ha desencadenado una importante ola de protestas y de represiones.

 

El fallecimiento de Gómez Bolaños será absorbido y procesado por la televisión en el mismo formato y con la misma intención con que fue incorporada su vida. La partida del ser humano conmoverá al público al ser presentada como la muerte de sus personajes y la pantalla chica dedicará largos homenajes al “Chavo” y compañía, quienes, siguiendo un recorrido tan circular como el de sus historias, terminarán, sin querer queriendo, por hacer su último gran servicio a Televisa y al presidente.

 

asalgadoborge@gmail.com

 

@asalgadoborge

 

asalgadoborge.wordpress.com

 

http://yucatan.com.mx/editoriales/opinion/la-relevancia-de-chespirito

Sin querer queriendo

Discutamos el salario mínimo

En los primeros tres minutos se hizo el universo. Precisamente todo está pasando aquí y ahora. –Gustavo Cerati, músico argentino.


 

El debate sobre si es conveniente aumentar el salario mínimo en México puede ser enfocado a través dos interrogantes con perspectivas complementarias: ¿sería justo incrementar por decreto el salario mínimo?. ¿Sería útil, para la mayoría de los mexicanos, que éste se eleve?

 

13% de las personas ocupadas en México, formal o informalmente, ganan el salario mínimo. [1]En 20 años este salario ha experimentado en México una pérdida de su poder de compra real de 29%. Dos parámetros ayudan a entender lo que esta merma significa en la vida de un trabajador. El primero es la canasta básica. Desde 1995 el precio de la canasta básica ha aumentado 192.4% más que el salario mínimo. El salario mínimo actual debería de ser de $98.72 tan sólo para mantener el nivel de vida que tenía la población urbana de 1995[2]. El segundo parámetro es la Canasta Alimenticia Recomendable, que desde 1987 a la fecha tiene un crecimiento acumulado de 4,773%. El salario tan sólo ha crecido 940% en el mismo período.[3]

 

Es evidente que dejar el salario a merced del libre mercado ha sido contraproducente para los trabajadores mexicanos peor pagados. El mercado regula ineficientemente el salario porque las relaciones humanas involucradas en los contratos y despidos son mucho más complejas que los mercados de bienes físicos.[4] De acuerdo a un análisis elaborado por la UNAM, un trabajador que gana el salario mínimo en México genera el valor de su sueldo con sólo laborar 9 minutos; lo que produce en el resto de su jornada de trabajo (7 horas con 51 minutos), se queda en las arcas del gobierno y las empresas[5]. Los trabajadores de bajos ingresos no carecen de las habilidades necesarias para desempeñar sus trabajos, sino del poder de negociación para presionar por una mejor repartición de las utilidades que están ayudando a generar.[6]

 

La relación entre patrones y trabajadores se caracteriza por un natural estira y afloja. Los primeros quieren un trabajo más productivo a un menor precio, mientras que los segundos quieren una mejor remuneración por el tiempo que dedican a su trabajo. El muy superior poder –económico y político- del capital empresarial es contrarrestado por la capacidad de negociación de los siempre más numerosos trabajadores agrupados en sindicatos. Empero, en México apenas 10% de los trabajadores pertenecen a algún sindicato [7] y buena parte de estas organizaciones se encuentra en manos de líderes corruptos que, en vez de velar por el bienestar de sus trabajadores, se conforman con vender al mejor postor su capacidad de pastorear a sus agremiados. El aumento al salario mínimo, estándar laboral fundamental diseñado para proteger a los trabajadores, es una política de la mayor importancia para compensar su evidente impotencia en la defensa de sus mejores intereses[8].

 

No existe evidencia que a los aumentos de productividad laboral sigan aumentos en el salario de los trabajadores: las pruebas apuntan a lo contrario. En México, lo sabemos muy bien: mientras más ha subido nuestra productividad, más han bajado, en términos reales, nuestros salarios. Entre 1998 y 2013 productividad aumentó 15%, pero sólo 3 industrias de 22 mantienen un crecimiento de sus salarios por arriba del crecimiento de su productividad [9]. Esto significa que el salario mínimo en 2014 debería rondar los 100 pesos[10]. Tal parece que, tal como señalan algunos economistas norteamericanos, el problema con el mercado de los salarios bajos no es la calidad de los trabajadores, sino la calidad de los trabajos[11] que podría deberse, en parte, a nuestro capitalismo de cuates y a la poca inversión en investigación y tecnología.

 

Es correcto afirmar que existe una relación entre salario y productividad; pero, de acuerdo al premio Nobel en economía Joseph Stiglitz, ésta fluye en sentido inverso al que normalmente se supone. La teoría denominada “Salario eficiente” postula que mientras más se le pague a un trabajador, éste resultará más productivo, se sentirá más leal a la compañía (hay menos deserciones) y trabajará más duro para mantener su empleo[12]. Las compañías pagarán más a algunos de sus trabajadores –es cierto- ; pero lo que los negocios “pierden” temporalmente por pagar un mayor salario es compensado, con creces, con la menor deserción de su planta laboral, con la mayor productividad de sus empleados y, finalmente, con mayores utilidades para los accionistas de estas empresas[13] .

 

Aumentar el salario mínimo no sólo es justo, sino que también es racional. Las empresas yucatecas resultarían, en este sentido, beneficiadas del aumento en los salarios mínimos. Valdría la pena preguntarnos si, siguiendo la misma lógica, no sería posible afirmar que un aumento importante en el salario mínimo contribuiría también a abatir la informalidad haciendo más atractivos los trabajos en la economía formal.

 

A pesar de que su salario mínimo tiene un poder de compra real mucho mayor que el mexicano, en los últimos meses los estadounidenses también han discutido el aumento de este estándar. La única preocupación que es considerada genuinamente relevante para la mayoría de los economistas norteamericanos tiene que ver con la posibilidad de que incremento a su salario mínimo genere despidos ante la imposibilidad inicial de algunas empresas de adaptarse a sus nuevos gastos[14]. Sin embargo, de acuerdo a Paul Krugman –otro premio Nobel en economía-, este incremento no sólo no generaría despidos, sino que elevaría significativamente el nivel de vida de los trabajadores. Krugman presenta y compara casos reales como evidencias para respaldar su posición[15] .

 

Existe un acuerdo casi unánime entre economistas de que elevar el salario mínimo reduciría la pobreza –principalmente la alimentaria- y la desigualdad[16]. Recientemente un grupo de más de 600 reconocidos economistas, que incluye a siete premios Nobel, enviaron una carta a Barack Obama en la cual aseveraban que el incremento al salario mínimo en Estados Unidos estimularía a su economía al incrementar el consumo. Las empresas tienden a compensar los costos iniciales del aumento salarial siendo más productivas o congelando las prestaciones de sus más altos ejecutivos y no encareciendo sus productos o despidiendo a sus trabajadores peor pagados[17] .

 

Todo parece indicar que un aumento al salario mínimo en México sería tan justo como útil, pero todos los argumentos merecen ser escuchados y este debate apenas ha comenzado.

 

 

asalgadoborge@gmail.com @asalgadoborge

 

https://asalgadoborge.wordpress.com/

 

 

*Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en ética. Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida.

 Discutamos el salario mínimo.pdf

 

 

[1] http://www.maspormas.com/opinion/columnas/salario-minimo-y-democracia-en-mexico-por-ppmerino

[2] http://www.animalpolitico.com/blogueros-democratas-deliberados/2014/08/06/arriba-el-salario/

[3] http://cam.economia.unam.mx/el-salario-minimo-en-mexico-de-la-pobreza-la-miseria-perdida-del-78-66-del-poder-adquisitivo-del-salario-reporte-de-investigacion-117/

[4] http://www.nytimes.com/2013/02/18/opinion/krugman-raise-that-wage.html?pagewanted=print

[5] http://www.jornada.unam.mx/2012/05/07/economia/023n1eco

[6] http://economix.blogs.nytimes.com/2013/12/04/the-minimum-wage-and-the-laws-of-economics/

[7] http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2014/08/71822.php

[8] http://www.nytimes.com/2014/02/09/opinion/sunday/the-case-for-a-higher-minimum-wage.html?_r=0

[9] http://www.paradigmas.mx/productividad-y-salarios-en-la-industria-mexicana/

[10] http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/aumentar-el-salario-minimo-es-reconocer-la-productividad-laboral.html

[11] http://economix.blogs.nytimes.com/2013/12/04/the-minimum-wage-and-the-laws-of-economics/

[12] http://www.nytimes.com/2014/02/09/opinion/sunday/the-case-for-a-higher-minimum-wage.html?_r=0

[13] http://www.nytimes.com/2014/02/28/opinion/business-and-the-minimum-wage.html

 [14] http://www.washingtonpost.com/opinions/harold-meyerson-a-higher-minimum-wage-may-actually-boost-job-creation/2014/05/21/463bd80e-e112-11e3-9743-bb9b59cde7b9_story.html

[15] http://www.nytimes.com/2013/12/02/opinion/krugman-better-pay-now.html?pagewanted=print

[16] http://www.washingtonpost.com/blogs/wonkblog/wp/2014/01/04/economists-agree-raising-the-minimum-wage-reduces-poverty/

[17] http://www.nytimes.com/2014/02/28/opinion/business-and-the-minimum-wage.html

 

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