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Vacuna contra la conspiración contra la vacuna

Millones de mexicanas y mexicanos podrán acceder pronto a la vacuna contra el SARS-CoV-2. Sin embargo, es previsible que un número importante de personas termine optando por no vacunarse.

Quienes rechazarán la vacuna lo harán, en buena medida, porque se explican la pandemia a través de alguna narrativa conspiracionista. Alrededor del 45% de las personas que viven en nuestro país consideran que es probable o verdadero que el coronavirus SARS-CoV-2 haya sido planeado, creado y esparcido alrededor del mundo por intereses poderosos ocultos. Casi el 15% cree que es probable o verdadero que la Covid-19 sea un engaño planeado y difundido por poderosos intereses y, en consecuencia, consideran que esta enfermedad no existe realmente.

Para ambos grupos, la pandemia es una “plandemia”. Desde esta perspectiva vacunarse puede resultar inconsecuente o incluso peligroso.

No contamos actualmente con una cura contra éstas y otras lecturas conspiracionistas de la pandemia. Por desgracia, distintos estudios muestran que, una vez que una persona cree en alguna teoría de conspiración, resulta muy complicado que esa persona abandone su creencia en esa teoría. Esto se debe al sesgo de confirmación -la tendencia a buscar sólo información que confirme lo que se cree- y al carácter no falsificable de las teorías conspirativas.

También es un hecho bien documentado que el conspiracionismo es una condición que suele agravarse. Debido al ecosistema cerrado donde se esparcen a través de internet -normalmente Reddit o grupos de Telegram, Whastapp o Faceboook-, una teoría de conspiración sirve de “puerta” hacia una larga cadena de conspiraciones que pretenden explicar otros eventos.

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Esto significa que es casi imposible “curar” a quienes ya creen firmemente en la “plandemia” y evitar así su descenso a la realidad alternativa conspiracionista. La buena noticia es que existen formas de proteger o “vacunar” a las personas antes de que sean infectadas por el pensamiento conspirativo.

Para ver cómo es posible generar y distribuir esta “vacuna”, empecemos notando que las personas propensas a aceptar la “plandemia” creen que están en posesión de información que ha escapado al resto de la población. Esto no sólo les hace sentir en control de una situación realmente descontrolada, sino que les brinda un sentido de autoconfort y de autoimportancia que se refleja en las siguientes actitudes:

(1) Suelen considerar que, debido su grado de originalidad o novedad, su postura no es compartida por otras personas. Bajo esta óptica la gente “común y corriente” no acepta las historias de la “plandemia” porque éstas no tienen precedentes.

(2) Normalmente se autoperciben como razonadores profundos y reflexivos. Es debido a su superior poder de razón que puedan atar cabos y entender lo que otros apenas pueden empezar a ver.

(3) Con frecuencia afirman que su postura desafía a las élites. Si las mayorías no ven la verdad, es porque aceptan lo que dicen universidades, prensa y otras instituciones colonizadas por la élite dominante.

La identificación de estas actitudes es relevante, pues permite construir narrativas para prevenir su desarrollo. Revisemos cómo es esto posible para cada una de las actitudes mencionadas.

1. La “plandemia” tiene muy poco de original

La primera narrativa consiste en notar que es un hecho bien documentado que, a lo largo de la historia, las pandemias o enfermedades contagiosas han sido un caldo de cultivo perfecto para las teorías de conspiración. Desde luego, actualmente estas enfermedades tienen explicaciones científicas, curas y vacunas. La aparición de explicaciones basadas en conspiraciones alrededor de la Covid-19 no es sorprendente. Quienes las aceptan se están colocando del lado incorrecto de la historia.

Tampoco son novedosas las principales historias detrás de la “plandemia”. En realidad, estamos ante ideas recicladas. Por ejemplo, en 2015 surgió la teoría de que el Zika, en ese entonces una enfermedad desconocida y riesgosa para parte de la población, había sido producida por la modificación genética de mosquitos en laboratorios ordenada secretamente por gobiernos, con el fin de convertirlos en armas. ¿Suena familiar?

En 1890, durante la expansión de la primera irrupción global de la influenza llamada “Gripe Rusa”, parte del público aceptó la idea de que esta enfermedad había sido causada por una nueva tecnología, la energía eléctrica, y que los beneficiarios de este desarrollo lo sabían perfectamente. En aquel entonces no había torres de 5G, pero sí torres de energía eléctrica.

Esto no es todo. Culpables favoritos como los “Illuminati” o los judíos han estado presentes desde hace siglos. Por ejemplo, la fiebre amarilla de finales de los 1700 fue achacada al primer grupo. A mediados del año 1340, un buen número de personas explicó la Peste Negra postulando que había sido causada por judíos que envenenaron pozos. Cientos fueron quemados vivos en represalia.

Nadie en su sano juico cree actualmente que alguno de los eventos anteriores haya sido causado intencionalmente por poderes ocultos. Un poco de perspectiva histórica es suficiente para notar lo ridículo que suena repetir, literalmente, las mismas historias probadas falsas y sin sentido en pleno siglo XXI.

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2. Creer en la “plandemia” no muestra gran capacidad de razón. Lo contrario es cierto.

Teorías como la “plandemia” aceptan la explicación más superficial de un fenómeno cuya magnitud no se alcanza a dimensionar. Esto se debe, en buena medida, a la ausencia de conocimiento del recorrido de la historia de las ideas y de la ciencia. Es decir, al intento de sacar conclusiones sin recursos intelectuales sólidos.

El ejemplo más claro es que las teorías de conspiración atribuyen la causa de eventos a la intención o voluntad oculta de un grupo poderoso. La idea de fondo es el sesgo de proporcionalidad: los fenómenos poderosos no se explican sin un grupo poderoso operando tras bambalinas.

Pero creer en la intención de algo detrás de toda causa -es decir, en causas finales- implica regresar al menos 400 años en el tiempo. Desde Aristóteles hasta el inicio de la modernidad se pensó que los objetos tenían causas finales. Con la introducción del mecanicismo en los 1600 estas causas fueron desterradas. Dado que todo el mundo material era explicable por los choques e interacciones de partículas, no había espacio para oscuras “intenciones” en los objetos ni era necesario recurrir a ellas para explicar su comportamiento.

Es evidente que, para un ser humano promedio, el mecanicismo es mucho más complicado de entender que los movimientos de átomos invisibles sin instrumentos o su interacción. Esto es, a medida que las explicaciones se volvieron cada vez más sofisticadas -y correctas- éstas resultaron incompresibles para más personas. En consecuencia, la modernidad trajo consigo la expansión de teorías de conspiración en voz de quienes buscaban explicar todo a través de las fácilmente entendibles causas finales, aunque sea fuera de los objetos.

Del mismo modo, para quienes no conocen de historia y encuentran incomprensibles las explicaciones técnicas dadas desde distintos ámbitos de la academia, es más fácil y reconfortante apelar a causas finales ocultas que a la posibilidad, por ejemplo, de una mutación genética producto de cadenas causales en un murciélago o en un pangolín que, como consecuencia de otras cadenas causales, ha terminado expandiéndose por todo el mundo en los seres humanos.

Cuartoscuro

3. Creer en la “plandemia” no desafía a las élites que mueven al mundo.

Quienes creen en la “plandemia” aciertan al afirmar que existen grandes intereses en el mundo. También dan en el clavo cuando apuntan que, en muchos sentidos, la ideología suele permear desde las élites hasta los estratos socioeconómicos más bajos.

El problema es que su falta de equipaje intelectual hace que esta premisa básica de la teoría crítica se convierta en un dardo que no alcanza a pegar en el blanco. Y es que resulta de un simplismo grotesco colocar a todas las instituciones, incluidas a todas las universidades y toda la prensa, como peones de las élites.

Consideremos, por ejemplo, el caso de The Guardian. Para quienes creen en la “plandemia” este periódico británico sería un instrumento de las élites que han planeado la pandemia. Pero The Guardian ha publicado los reportajes más demoledores en contra de élites globales, como el espionaje masivo de la NSA Estados Unidos o una lista de las personas -incluidos algunos de los más grandes capitalistas- que evaden impuestos en paraísos fiscales. Este tipo de periodismo es, por ende, una de las más auténticas y valientes críticas contra las élites.

Suponer que The Guardian, un medio que se ha ganado la credibilidad y respeto con base en su rigor y su independencia, opera a favor de un grupo secreto, o que está manejado por individuos alienados o desinformados, implica no haber leído nunca ese periódico o no conocer mínimamente su trayectoria y las de quienes lo hacen posible. Lo mismo aplica para otras instituciones que, aunque imperfectas, no son tontas ni serviles. Es más, buena parte de las críticas más importante contras las élites han surgido de personas que trabajan para estas instituciones.

La ideología es un fenómeno real y hay grandes intereses intentando mover al mundo. Pero el simplismo de historias como la “plandemia” termina siendo instrumental para los intereses contra las élites a las que supuestamente se está desafiando, pues desvía la atención de su poder y de sus muy reales mecanismos de opresión para colocarla en un espantapájaros. Más funcional para las élites, imposible.

Conclusión

La “plandemia” está bien asentada en México. Una parte importante de quienes viven en nuestro país no se vacunarán por creer que la pandemia ha sido planeada por intereses ocultos. Por desgracia, no existe cura contra el conspiracionismo.

La buena noticia es que sí existe una “vacuna” contra el pensamiento conspirativo implicado en la “plandemia”. Para ello, es necesario llegar a las personas con una narrativa informativa capaz de blindarles de ese pensamiento.

En este artículo he revisado, con base en las características de quienes suelen creer en teorías de conspiración, tres elementos que pueden ayudar en este sentido: mostrar que creer en la “plandemia” no es original, que no implica una capacidad de razón sofisticada y que no desafía a las élites.

Fcebook: Antonio Salgado Borge
Twitter: @asalgadoborge

Fuentes:

1. https://docs.cdn.yougov.com/msvke1lg9d/Globalism2020%20Guardian%20Conspiracy%20Theories.pdf 
2. https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2020/12/campaign-against-vaccines-already-under-way/617443/?fbclid=IwAR16HNiDTWtVolK7ZqdrPQU-e61c0CeyOATwsS6ZX1a37vZ8Sq92qgjK0lQ 
3. https://www.theguardian.com/world/2020/oct/26/survey-uncovers-widespread-belief-dangerous-covid-conspiracy-theories 
4. https://www.newyorker.com/culture/cultural-comment/pandemics-go-hand-in-hand-with-conspiracy-theories 
5. https://www.newstatesman.com/science-tech/coronavirus/2020/04/why-pandemics-create-conspiracy-theories 
6. https://www.dw.com/en/latest-conspiracy-theories-repeat-old-stories/a-53603358 
7. https://www.forbes.com/sites/alexknapp/2020/05/15/the-original-plandemic-unmasking-the-eerily-parallel-conspiracy-theories-behind-the-russian-flu-of-1889/?sh=6c9c3f7750d5 
8. https://theconversation.com/coronavirus-and-conspiracies-how-the-far-right-is-exploiting-the-pandemic-145968 
9. https://www.theguardian.com/media/2020/jun/01/covid-19-misinformation-pro-trump-and-qanon-twitter-bots-found-to-be-worst-culprits

Tercia de coaliciones

Uno de los temas políticos del momento tiene que ver con las alianzas electorales. Aunque algunos detalles todavía están en el aire, dos bandos principales han asomado en el horizonte. Pero también hay un jugador emergente y más pequeño que busca aprovechar esta coyuntura para presentarse como el diferente. En este artículo argumentaré que estas uniones, al menos como se presentarán en 2021, son intentos de obtener pedazos de poder a cualquier costo.

PRIANRD

La coalición entre el PRI, el PAN y el PRD. De acuerdo con el dirigente nacional del PAN, el acuerdo preliminar para esta coalición implica que estos tres partidos presentarán candidatos en común más de cien distritos electorales. En este esquema, el PAN pondría los candidatos de 61 distritos, el PRI de 53 y el PRD de 44. Además, se estudia emplear un formato similar para las gubernaturas de Baja California, Baja California Sur, San Luis Potosí, Tlaxcala, Zacatecas, Colima, Nayarit, Sonora, y Michoacán (SinEmbargo, 07/12/2020).

Dos son las principales críticas a esta alianza. En primer lugar, es evidente que ésta se ha producido única y exclusivamente por fines pragmáticos. La idea de fondo es evitar que Morena arrase el próximo año —como lo hizo en 2018— y quitarle la mayoría en la cámara de diputados. Y es que, guste o no, la aprobación del presidente sigue siendo alta y todas las encuestas ponen a Morena muy por arriba de cualquier otro partido.

La segunda es que, aún si ponemos el tema ideológico entre paréntesis, los aliancistas no han podido o querido presentar un modelo de país; un programa en común que le diga al electorado qué ofrecen más allá de frenar a Morena y llevarnos de vuelta en términos políticos al México pre-2018.

Lo que es peor, la alianza implica que el PAN, surgido para combatir al PRI y rival electoral histórico en entidades como Yucatán, ahora tendrá que explicar por qué ha decidido aliarse con el partido que han presentado, no sin razones, como la encarnación de la corrupción. Hasta hace apenas unas semanas muchos panistas criticaban a Morena por supuestamente aliarse con el PRI y les llamaban despectivamente el PRIMOR. ¿Qué dirán ahora?

Pero ni la ideología, ni la falta de proyecto o modelo de país, ni el evidente corto circuito discursivo han sido suficientes para impedir esta alianza. De acuerdo con Marko Cortés, el dirigente nacional del PAN, 70% de los militantes de su partido están de acuerdo con ella. Es decir, lo importante es preservar posiciones o quitárselas a Morena.

Morena-PT-PVEM-PES

En la otra esquina, aunque más informe, se encuentra la coalición Morena-PT-PVEM-PES. Dado que estos cuatro partidos compitieron juntos en 2018, y considerando que en los hechos este grupo consiste en Morena y sus satélites, no es ninguna sorpresa que vuelvan a competir juntos en 2021.

El PVEM, el PT y el PES bailarán al son que les toque Morena. La condición de una figura central y distintos satélites, en combinación con el clarísimo proyecto de nación de AMLO y de Morena —puede gustar o no, pero poca duda puede haber de que es claro—, evita a esta alianza las críticas de falta de proyecto o modelo que enfrenta la alianza rival.

Pero no evita las críticas en el sentido ideológico o en el sentido del discurso. En el sentido ideológico, Morena arrastra al conservadorismo antiderechos del PES y al izquierdismo rupestre del PT. Al tenerlos como aliados formales, el partido del presidente se ve obligado a cederles espacios o a no confrontar directamente lo impresentable.

El sentido discursivo también implica un corto circuito. El PVEM es un partido francamente impresentable incluso para los estándares de la partidocracia mexicana —y vaya que esos estándares son bajos—. El “Verde” ha sido manejado como un negocio familiar dedicado a la venta de espacios y apoyos legislativos al mejor postor. Este partido, junto al PT, han cobijado casos de corrupción y postulado a candidatos impresentables. El discurso anticorrupción del presidente hará agua mientras camine de la mano de semejantes aliados.

MC et al

Las dos principales opciones para el electorado son, entonces, alianzas impresentables. En este contexto, destaca el anuncio de un partido de que no participará en alianza alguna. Movimiento Ciudadano (MC) ha afirmado públicamente que, al menos en 2021, competirá solo e impulsará un proyecto llamado “Evolución Mexicana”.

De acuerdo con Clemente Castañeda, su presidente en el papel, éste será el caso porque “en MC queremos construir un nuevo trato con las y los mexicanos, que rompa con las prácticas del pasado que tanto daño le han hecho a México. De cara a la elección federal de 2021, no vamos en alianza con ningún partido, porque representan ese pasado que no queremos”.

Según Castañeda, “la Evolución Mexicana es incompatible con lo que representan la clase política tradicional y los partidos políticos de siempre. La Evolución Mexicana la vamos a imaginar y a construir con las personas. Sólo con ellas existe la posibilidad de pensar en un país diferente”.

Para mostrar que esta “Evolución” va en serio, MC se ha acercado a organizaciones de la sociedad civil, como Ahora. Emilio Álvarez Icaza, senador independiente y líder de Ahora, dijo que aceptaba sumarse este proyecto porque busca dejar atrás el cochupo y terminar con la impunidad.

Todo lo anterior suena muy bien. El problema es que es difícil ver cómo esto puede ser cierto cuando MC ha cedido franquicias locales a grupos políticos con serias acusaciones de cochupo o corrupción y que, por ende, se han convertido en sus entidades en signos de la impunidad.

El caso de Yucatán es un clarísimo botón de muestra. Dante Delgado, el dueño de MC, decidió recientemente incorporar a Ivonne Ortega. Esto no es todo, Delgado claramente dio la franquicia de su partido en el estado a esta exgobernadora. De esta forma, el equipo de Ortega ya tomó control de toda la estructura local, motivó la renuncia de quienes antes estaban ahí y convirtió a MC en Yucatán, de facto, en el PRI de Ivonne Ortega con otro color y otras siglas. Al menos en algunos estados, la “Evolución Mexicana” es en realidad una “Involución Mexicana”.

En este contexto, es difícil creer el discurso de combate a la corrupción e impunidad de MC. Pero tampoco es claro que no hará alianza. El PRI de Ortega lo que se hace llamar MC en Yucatán, tiene todavía extensiones importantes en el PRI al que la exgobernadora renunció hace unos años. También tiene intereses en común con el PAN local, que actualmente es manejado por el gobernador Mauricio Vila.

De esta forma, en 2021 MC terminaría en los hechos operando a favor, y probablemente en coordinación, con el PAN y en coordinación con parte del PRI -aquella que aún responde a los intereses de Ortega. El que esto no se anuncie formalmente no lo vuelve menos real.

Conclusión

En 2021 las mexicanas y mexicanos deberán elegir electoralmente entre una de las grandes coaliciones formales o una pequeña alianza informal. En este artículo he argumentado que ninguna de estas coaliciones o alianzas es presentable; es decir, que ninguna opera funcionalmente a favor de las personas que busca representar.

Este escenario no sólo empobrece el panorama electoral, sino que puede contribuir a incrementar el desencanto democrático que existe en nuestro país. La única luz de esperanza está colocada en las figuras destacables y rescatables de los partidos implicados. Por fortuna, las hay. Por desgracia, no es del todo claro que éstas terminen apareciendo en las boletas o incidiendo en sus partidos el próximo año.— Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

¿Endeudando se llega a Roma?

Diario de Yucatán,17-05-2020

El gobierno de Mauricio Vila busca que el Congreso le autorice contratar un préstamo de $1,728 millones para enfrentarse a la emergencia generada por la pandemia. Estos recursos adicionales se sumarían a los $1,500 millones de ampliación presupuestal solicitados por el gobernador hace menos de dos meses, y a los $2,620 millones de deuda contratada para el programa Yucatán Seguro.

El resultado es que, en menos de dos años de administración, el actual gobierno habría elevado la deuda de Yucatán, de $3,927 millones pasaríamos a $9,300. Más lo que se acumule, claro está, durante los cuatro años que le restan al actual gobierno. El artículo de hoy estará dedicado a analizar una serie de objeciones a este préstamo.

Objeciones débiles

(1) Pedir prestado es malo. Aunque tentadora, esta premisa está fundamentalmente equivocada. Hay distintos, buenos motivos por los que se puede recurrir a esquemas de esta naturaleza. Por ejemplo, tanto a gobiernos como a empresas o a individuos adquirir un préstamo les puede permitir desarrollar proyectos o afrontar situaciones complicadas presentes.

En el caso de los gobiernos, el dinero solicitado ni siquiera tiene que ser financieramente productivo directa o inmediatamente. Esto es, un gobierno puede solicitar un préstamo multimillonario para financiar el desarrollo de su sistema educativo o para generar un sistema de renta básica universal, a sabiendas de que el retorno de la inversión será indirecto y a largo plazo.

Es fácil ver que la contratación de créditos puede abrir las puertas a cambios sociales sustanciales, mejorando así las posibilidades de desarrollo humano de una población. La emergencia generada por la pandemia generará condiciones dramáticas que el gobierno tiene la responsabilidad de atajar. Y, al menos en principio, solicitar recursos adicionales para estos fines se antoja razonable.

(2) Yucatán debe mucho. Si bien es cierto que contratar el crédito incrementaría drásticamente nuestra deuda, también es verdad que Yucatán es actualmente de los estados con menor deuda pública como porcentaje de sus participaciones federales (25.2%). Este porcentaje contrasta notablemente con el de otras entidades, como Quintana Roo (201%), Nuevo León (198%) o Chihuahua (96%) [“IMCO”, 11/03/2020]. Yucatán también es uno de los estados con menor deuda pública como porcentaje de su Producto Interno Bruto estatal. Mientras que nuestro estado rebasa apenas el 1%, el promedio nacional es de 2.9% [“México ¿Cómo vamos?”, 2019].

Esta comparación ayuda a notar que Yucatán puede solicitar nuevos préstamos sin superar el promedio nacional o sin generar condiciones críticas o irresolubles. No es lo mismo contratar nuevos préstamos cuando uno está ahogado en deuda que cuando lo que se debe es relativamente manejable. En este sentido, la objeción a la solicitud del gobierno estatal es débil cuando ésta se basa exclusivamente en el aumento en la cantidad que se debe.

Objeciones fuertes

(1) El pasado. El endeudamiento general de los estados en México ha crecido en promedio 11.3% anual en los últimos años. Este fenómeno se ha caracterizado por lo que Verificado.mx ha llamado un “monumental lazo entre deuda y corrupción”. Así, “en un país en el que la mitad de la población vive en la pobreza, ocho exgobernadores dejaron a sus entidades con endeudamientos récord y siete de ellos son actualmente perseguidos por la justicia acusados por desvíos que en conjunto alcanzan casi los 100 mil millones de pesos” (Verificado.mx, 28/08/2017).

Algunos gobernadores se han volcado a pedir prestado porque sus ambiciones son ilimitadas. Dos groseros casos sobradamente conocidos son los de Humberto Moreira en Coahuila y César Duarte en Chihuahua.

Pero también hay gobernadores que podrían haber solicitado préstamos multimillonarios para catapultar sus carreras políticas. Quizás el caso más notable sea el de Rafael Moreno Valle, en Puebla. Este exgobernador aspiraba construir su carrera a la Presidencia y no reparó en derrochar recursos en obras faraónicas y en promoción de su imagen. La idea de fondo es que endeudando se llega a Roma.

¿Ha exhibido Yucatán este tipo de “monumentales lazos”? La respuesta es un rotundo “sí”. Ivonne Ortega heredó una deuda del gobierno de Patricio Patrón de de apenas 311 millones de pesos, y la elevó a ¡$2,011 millones! La exgobernadora soñaba entonces con la Presidencia. Rolando Zapata, durante un gobierno que permitió la multiplicación de empresas fantasmas, elevó aún más esta deuda entre aplausos de cámaras empresariales, llevándola a $3,927 con el pretexto del oscuro programa “Escudo Yucatán” —criticado en su momento en este mismo espacio en una serie de cuatro artículos en coautoría con el doctor Rodrigo Llanes—.

Los antecedentes son claramente lamentables. Ninguno de estos endeudamientos generó mejoras en las posibilidades de desarrollo humano de la mayoría de las personas que habitan el estado. Tampoco hubo mejoras notables en salud, educación, reducción de la pobreza, reducción de la desigualdad o seguridad.

El título de un artículo que escribí durante el quinquenio de Ivonne Ortega es tan válido ahora como entonces: “Tanto para nada”.

(2) El presente. Alguien podría alegar que lo pasado, pasado; que las condiciones presentes no se parecen en nada a las condiciones de sexenios anteriores. Es decir, que Yucatán puede garantizar actualmente que no terminaremos con 50% más de deuda y exactamente los mismos indicadores negativos que hoy arrastramos. Pero a ello se tiene que responder que la forma en que el gobierno de Mauricio Vila ha canalizado recursos en lo que llevamos de la pandemia no es buen antecedente.

La lista de apoyos individuales incluyó a personas que no los requerían o vinculadas con gobiernos municipales o estatales. Otra lista de créditos a empresas en la que el gobierno fungió como “facilitador” incluyó a personas estrechamente vinculadas con la administración de Vila.

El gobierno tampoco ha hecho público un plan de acción detallado y puntual donde se justifique qué corresponderá a quién y para qué, y las razones detrás de esta lógica. Sus silencios mandan el mensaje de que la rendición de cuentas sale sobrando. A ello hay que sumar que el gobierno local ha mostrado aversión o desprecio al combate a la corrupción y una notable disposición a la promoción de la imagen del gobernador.

Este contexto representa una objeción muy seria a poner en estos momentos en sus manos los recursos multimillonarios provenientes de un préstamo. Si así se van a administrar los recursos obtenidos través de una nueva deuda, es mejor no contratarla.

(3) El futuro. Otra objeción, vinculada con la anterior, es que resulta evidente que los contrapesos para garantizar que los controles necesarios para que los recursos sean administrados adecuadamente no están actualmente en su lugar. Se supone que el Congreso local tendría que establecer estos controles. Pero, en su lugar, hasta ahora hemos sido testigos de un teatro lamentable.

Por una parte, el PRI está dividido en dos grupos. El primero está dispuesto a firmar y aceptar sin ver; quiere que se apruebe el préstamo a toda costa. Este grupo está acompañado por Movimiento Ciudadano y el Partido Verde. El segundo busca negarse a firmar a como dé lugar; es decir, intenta que el gobierno del estado no logre acceder a recursos adicionales. Este segundo grupo podría caminar de la mano de Morena.

Al menos por el momento, ninguno de los grupos ha empujado y detallado públicamente una lista de requisitos que el gobierno tendría que cubrir para que se le abra la puerta al préstamo que ha solicitado.

Por su parte, los panistas locales están felices jugando a ser el PRI que tanto criticaban. Su talento mímico parece ser nato. Un cartón de la inagotable cantera de Tony Peraza, publicado ayer en esta misma página, muestra a Ivonne Ortega diciendo: “Recuerdo cuando yo era la facilitadora de mis amigos y los priistas me aplaudían y me aprobaban endeudar al estado… y los panistas me criticaban”. El título de este cartón es “El mando al revés”.

Y es que resulta francamente esquizofrénico el intercambio de posiciones entre panistas y priistas. Me pregunto qué pensarían Carlos Castillo Peraza o Víctor Correa Rachó al ver al PRI pidiendo transparencia y rendición de cuentas al PAN, y a los legisladores panistas convertidos en zombis levantadedos intentando sellar la orden del gobernador y evadiendo controles democráticos mínimos.

Lo importante aquí es que no parece haber en el Congreso de Yucatán la independencia y voluntad necesarias para lograr que el gobierno acceda a recursos y para forzar al gobierno a usar estos recursos adecuadamente.

Conclusión

La contratación de préstamos no es mala en sí misma; se trata de un recurso válido para un gobierno que busca generar desarrollo humano. Dado que la deuda de Yucatán es relativamente manejable, el importe solicitado, aunque astronómico, no es suficiente para descartar el préstamo.

Sin embargo, nuestro estado tiene en el contexto nacional, así como en los gobiernos de Ivonne Ortega y de Rolando Zapata terribles antecedentes de deuda pública devorada por la corrupción o promoción personal del gobernante en turno. Nada parece indicar que en este sexenio haya las condiciones necesarias para evitar este despilfarro. Lo que es peor, el Congreso del estado no puede o no quiere establecer controles rigurosos necesarios para cambiar esta circunstancia.

En el escenario ideal, Yucatán contrataría el préstamo, este dinero sería administrado con controles estrictos y terminaría invertido en proyectos destinados a mejorar la calidad de vida de quienes más lo necesitan. En un escenario intermedio, la deuda terminaría bloqueada por motivos partidistas. En el peor escenario, el préstamo se contrataría y se pondría a disposición del gobierno estatal sin candados o vigilancia. Esto es, terminaría, como los préstamos anteriores, comprometiendo el bienestar futuro de la mayoría y llenando los bolsillos o las ambiciones de algunas de las personas que hoy lo exigen o aplauden sin reservas.— Edimburgo, Reino Unido.

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Pandemia y normalidad

Diario de Yucatán, 19-04-2020.

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La exasperación de quienes desean que termine la crisis por la pandemia global para poder regresar a una “normalidad” es comprensible. Sin embargo, es importante reconocer que esa “normalidad” añorada tiene sus días contados.

Hay al menos dos formas de mostrar que el tornado generado por el Covid-19 nos dejará en un mundo distinto al que conocimos.

Cambios sociales

(1) La primera es porque la pandemia está alterando radicalmente la forma como interactuamos. Con aproximadamente la mitad de las personas que habitan este planeta ejerciendo alguna forma de “sana distancia” o “encierro”, buena parte de las interacciones se han mudado a formatos online. Aunque es evidente que las herramientas para ello ya existían, también lo es que la pandemia las ha potenciado exponencialmente.

Para ilustrar los alcances de este potenciamiento, vale la pena repasar algunas de las manifestaciones más visibles de este fenómeno. Una de éstas tiene que ver con la forma en que cuidamos nuestra salud física y mental. Y es que buena parte de la gente que acudía a gimnasios o centros de ejercicio les ha sustituido por clases o rutinas en línea: personas que nunca se habían ejercitado desde casa, ahora lo están haciendo. En consecuencia, los videos y canales de “gurús” del fitness han incrementado dramáticamente sus vistas.

También se ha registrado un incremento en la búsqueda y compra en línea de pesas y otras herramientas para hacer ejercicio. Lo mismo ocurre con centros de meditación o dedicados al crecimiento mental. A partir de la pandemia la más famosa aplicación dedicada a este tema, Headspace, multiplicó por veinte su número de usuarios sólo en marzo (“MIT Technology Review”, 20/03/2020). Esto ha generado preocupación en la industria del bienestar físico y mental, pues bien podría ser el principio del final de sus gimnasios o centros como los conocemos.

Otro cambio radical generado por la pandemia tiene que ver con la forma en que adquirimos bienes. Productos que solían adquirirse en supermercados o tiendas convencionales ahora son comprados en internet. La industria de comprar en línea ha sido de las grandes ganadoras desde principios de este año. El gigante Amazon ha consolidado su aplastante dominancia y ha tenido que contratar 100,00 nuevos trabajadores para atender la demanda de sus servicios.

Amazon está aplastando a toda competencia, controlando todos los mercados que encuentra a su paso y amasando capital económico y político. El valor de sus acciones se ha incrementado cientos de miles de millones de dólares. (“The New York Times”, 18/04/2020). Individuos que nunca habían comprado en línea actualmente lo hacen. Y bien podría ser el caso que a partir de ahora continúen haciéndolo.

Finalmente, la comunicación interpersonal también ha sido alterada. Actividades que antes eran consideradas primordialmente “presenciales”, desde fiestas hasta reuniones de trabajo, clases o sesiones de psicoterapia, ahora ocurren en línea.

Esto se refleja en el crecimiento increíble en el número usuarios de la aplicación Zoom, un software para video llamadas que hasta hace unos meses era aburrido y dedicado casi exclusivamente a llamadas de trabajo. Zoom ha pasado de 10 millones de usuarios de video diarios a un promedio diario de ¡200 millones! (“Reuters”, 02/04/2020). Y con ello, Zoom ha tenido que hacer frente a problemas severos en aspectos como los grados de privacidad y seguridad que ofrece a sus usuarios.

Lo importante para efectos de este análisis es que todo parece indicar que, al menos en parte, estos fenómenos podrían mantenerse incluso una vez que haya sido controlada la pandemia. A su vez, esto representará cambios en la forma como concebimos nuestras actividades sociales. Esta nueva “normalidad” será, sobre todo para la gente de clase media o alta, en buena medida distinta a la pasada.

Política y economía

(2) La segunda forma en que se puede mostrar que el mundo no será el mismo tras el paso del Covid-19 tiene que ver con las transformaciones económicas y políticas derivadas de este coronavirus. Es indisputable que la pandemia generará crisis y depresiones económicas, dejando en su camino a millones de personas en la pobreza y a otras más en condiciones de vida miserables. Lo que está en duda es si esta crisis significará el decaimiento de las instituciones y políticas económicas o su renacimiento.

Cuando se le preguntó su pronóstico al respecto, el historiador Francis Fukuyama declaró que, aunque las crisis son oportunidades para renacimiento institucional, aún es pronto para saber si este será el caso. Este profesor de la Universidad de Stanford puso como ejemplo la crisis de 2008 —también conocida como “la Gran Recesión”—. Esta crisis no derivó en renacimiento sino en una decadencia institucional que, como es bien sabido, jugó un papel fundamental en el deterioro del tejido social que explica el ascenso de figuras como Donald Trump en 2016. Pero es evidente que este resultado no era predecible ocho años antes.

Lo que busca Fukuyama ilustrar con este ejemplo es que sería un error esperar que se note a corto plazo, como si se tratase de las ruinas producidas por un temblor, lo que se ha caído y lo que ha quedado en pie. A ello tenemos que sumar que se estima que los “cierres” o “políticas de sana distancia” tendrán que repetirse gradualmente hasta que no se encuentre una vacuna. Es decir, aún cuando se “levante” la cuarentena o el encierro actual, es muy probable que vengan otros en el futuro.

Hay, sin embargo, dos enfoques preliminares principales que las élites políticas o económicas han empezado a anunciar:

(a) Por un lado, hay quienes lo único que desean es regresar a “la normalidad económica” lo antes posible. En occidente, esta lista incluye a Donald Trump o a gobernantes que quieren mantener un modelo económico idéntico o similar al neoliberal. Esto es, individuos que desean que el Estado continué empequeñeciendo y que sea orientado principalmente a concesionar a grandes empresas la locomotora económica y política de las naciones.

Este enfoque implica continuar excavando en el túnel en el que nos hemos metido. Si algo ha probado la pandemia es la importancia de contar con verdaderos “Estados de Bienestar” capaces de garantizar el acceso a salud de calidad. Pero el “Estado de Bienestar” ha sido destruido, principalmente, por proyectos políticos que ponen por delante los intereses de grandes capitales.

Además, la idea de “seguir como si nada” fue, en términos generales, la receta que se aplicó después de la crisis de 2008. Sus resultados en términos de desigualdad, destrucción del ejido social, deterioro del nivel de vida de las clases medias están a la vista. Esto es, de seguir este camino, la humanidad cambiará radicalmente acelerando algunas de sus tendencias más negativas.

(b) Por otra parte, hay quienes, como el presidente francés Emmanuel Macron, consideran que la pandemia tendría que motivarnos a dejar atrás la “normalidad”. Para Macron, esta crisis es “un evento existencial para la humanidad que cambiará la naturaleza de la globalización y la estructura del capitalismo global”.

Macron espera que “el trauma de la pandemia acerque a las naciones para ayudar a los más débiles”, que este cataclismo “impulse a los gobiernos a priorizar vidas humanas sobre el crecimiento económico, y que abra una oportunidad para taclear desastres ambientales e inequidades sociales que ya están amenazando la estabilidad del orden mundial” (“Financial Times”, 16/04/2020).

No hace falta ser fan de Macron para coincidir con su diagnóstico. Para que esto ocurra, es indispensable contar con Estados tan fuertes como democráticos, capaces de destinar cantidades importantes de recursos a la construcción de instituciones y servicios verdaderamente públicos. Si este escenario llega a materializarse, los enormes daños humanos y económicos de la pandemia habrán sido de alguna forma respetados y dignificados. Lo ocurrido será entonces un fondo desde el que rebotaremos hacia un renacimiento institucional urgente y necesario.

En conclusión, aunque es temprano para saber a ciencia cierta dónde nos dejará el tornado que ha generado la pandemia, no lo es para notar que nos esperan cambios importantes en los próximos años. Y que la naturaleza de estos cambios se está construyendo desde ahora.— Edimburgo, Reino Unido.

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Antonio Salgado Borge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

Líbranos México

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Líbranos México de la reelección, abierta o disfrazada. De que una persona sin trayectoria, méritos o talentos conocidos, otros que ser la esposa de un expresidente, pueda convertirse en una fachada para que éste pueda usar la Constitución como tapete y soñar con un segundo sexenio. De que quien aspira a ser tu primera presidenta no sea una de las muchas destacadas mujeres independientes o feministas que tanto se han preparado y luchado para alcanzar los sitios que hoy ocupan.

De que esta pareja no considere problemático publicar una fotografía de él, en primer plano saludando con la banda presidencial cruzada en el pecho, y ella, detrás, acompañada con la frase “volveremos —en plural— a Palacio Nacional”. De que en este intento de regreso sea él quien, desde el principio, haya llevado y siga llevando la voz cantante, y de pensar que esto cambiaría en caso de que la pareja alcance sus objetivos. De la tentación de aplaudir el abierto intento de reelección de uno y de rasgarnos las vestiduras ante la posibilidad, negada hasta el cansancio, de la reelección de otro.

De que ese intento de reelección se haya buscado, “haiga sido como haiga sido”, en primera instancia con miles de firmas falsas rechazadas por el INE y, en segunda, a través de asambleas patito llenas de acarreados. De que pensar que lo que así ha nacido puede ser distinto en el gobierno. De todo esto, líbranos México.

Líbranos México del cinismo. De que el hombre que montó una guerra donde no la había, transformando a un lugar pacificado en uno de los más violentos del mundo, se sienta con la autoridad moral para dar recomendaciones en materia de violencia. De que aquel acusado con pruebas sólidas de haber favorecido a un cartel pueda criticar con la mano en la cintura el supuesto favoritismo del actual gobierno hacia ese mismo cartel.

De que el individuo que llevó al poder adquisitivo de las mayorías a desplomarse en 42%, el mismo que encareció la canasta básica y que con sus políticas favoreció a empresas sobre trabajadores, se presente como el que frenará esta caída. De que el hombre que multiplicó a los pobres y “logró” un PIB acumulado de 1.96% se jacte de conocer como hacer crecer una economía. De que quien incrementó tu endeudamiento externo pontifique sobre el manejo responsable de la economía. Líbranos México.

Líbranos México de los corruptos. De abrirle las puertas a quien se rodeó de personajes señalados por corrupción grosera; a quien, de acuerdo con Verificado.mx, permitió que naciera la “estafa maestra”, asignó contratos a empresas irregulares y se relacionó con el mega escándalo de Odebretch. De ser gobernados de nuevo por aquel que gastó mil cuatrocientos millones de pesos en un monumento inútil que debía costar 400.

Del regreso al gobierno del hombre que “no vio” la corrupción escandalosa de los integrantes más encumbrados de su gabinete; particularmente, aquello de lo que se acusa a Genaro García Luna y a su círculo de colaboradores más cercanos. De quien aparece prominentemente señalado de conocer y alentar todo esto en investigaciones como las de la periodista Anabel Hernández. De que una persona que dejó pasar el saqueo grotesco pueda, sintiéndose libre de culpa, jugar al juez implacable del uso que la actual administración hace, para bien o para mal, de los recursos disponibles. De estas posibilidades, líbranos México.

Líbranos México de la escasez de alternativas. De una oposición cuyos referentes históricos son dos partidos que se encuentran moralmente hundidos. De partidos que no pueden reconocer los gravísimos asuntos que propiciaron su declive en las urnas; incapaces de transformarse; regenteados por corruptos y sin proyectos alternativos.

De seguir con esos mismos partidos que por un lado alertan alarmados del supuesto desastre del partido en el gobierno, pero que, por el otro, viven dedicados a esperar su caída.

De continuar financiando a partidos probadamente fracasados que han permitido que el partido de un expresidente, igualmente fracasado, pueda convertirse en una alternativa ante un gobierno posiblemente fracasado. De esos mismos partidos que no han sido capaces de formar liderazgos, plantear proyectos de nación, elaborar planes de acción o motivar a las personas. De quienes en ruinas apuestan por llegar al poder a través de la cooptación o sembrando miedo.

De Alito Moreno, de Marko Cortez, de Diego Fernández de Ceballos, de Carlos Salinas, de Luis Videgaray, de Ulises Ruiz, de Javier Lozano, de Dante Delgado, de Cuauhtémoc Blanco, de los líderes evangélicos metidos en política, de Manuel Velasco, etcétera, etcétera. De todos ellos, líbranos México.

Líbranos México del peor conservadurismo. De la posibilidad del regreso de un proyecto que promete reeditar acciones de derecha rancias y probadamente fallidas; que va por más guerra, por barrer bajo el tapete los derechos de las mujeres, de la comunidad Lgbti o de los pueblos indígenas.

De pensar irreflexivamente que el ayer fue mejor que el ahora. De la desmemoria que implica ver a los años transcurridos entre 2006 y 2012 como una época dorada, en lugar de aceptar que parte de la tragedia presente no se explica sin lo ocurrido entonces. De la facilidad con que el repudio generado por el primer año de un gobernante, justificado o no, puede hacer a algunos añorar un sexenio que terminó repudiado por las mayorías en las urnas.

De una derecha secuestrada por quienes no conocen el centro ni lo moderno; de quienes buscan combatir el populismo de otros con su propio populismo. De quienes emocionan a todas las fuerzas reaccionarias con el olor rancio que despide lo que se cocina en su caldera. De todo lo anterior, líbranos México.—Edimburgo, Reino Unido

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Antonio Salgado Borge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

La política del pararrayos

Diario de Yucatán, .

 

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Andrés Manuel López Obrador no mintió cuando dijo que, ante la violencia contra las mujeres, no está metiendo la cabeza en la arena o evadiendo su responsabilidad; que la suya no es la “política del avestruz”. En este tema, como en otros, AMLO parece estar haciendo lo opuesto, adoptando lo que bien podría llamarse la “política del pararrayos”.

La función de un pararrayos consiste en interceptar rayos y evitar que éstos dañen la estructura de un edificio. Dado que los rayos suelen impactar el objeto más alto en una zona, esto se logra en parte a través de una vara metálica, normalmente de cobre, que es colocada en la parte más alta de la construcción. La descarga recibida es canalizada través de unos cables que unen la vara con el suelo. Así, la estructura, y quienes se encuentran dentro de ésta, permanecen a salvo.

Cuando se trata de asuntos adversos, en lugar de meter la cabeza en la arena, el presidente busca absorber el impacto en lo personal para evitar daños a su proyecto. La idea es que su enorme popularidad le permitiría absorber, sin mayor riesgo, descargas que de otra forma podrían afectar a su gobierno. En este sentido, parte fundamental de esta estrategia pasa por alzar la mano y por personalizar todos los cuestionamientos.

Hasta hace unos días, la “política del pararrayos” había permitido al presidente contrarrestar la fuerza mediática de sus adversarios políticos, que a través de redes de bots, algunos medios o algunos periodistas buscan crear una narrativa de pánico.

En el otro extremo, claro está, una red semejante opera en apoyo al actual gobierno. Lo importante aquí es que, guste o no la estrategia, poniendo el foco de atención en su persona el presidente había podido sostener la voz cantante y contener el efecto de las cargadas mediáticas en su contra.

Pero la “política del pararrayos” terminó fulminando al presidente esta semana. AMLO buscó a toda costa absorber en su persona el efecto de la indignación y de las protestas por la persistencia de la impresionante violencia contra las mujeres en México —particularmente la gran movilización articulada alrededor del feminicidio de la pequeña Fátima—.

Sin embargo, en esta ocasión algo salió muy mal; la respuesta del presidente a esta emergencia no sólo no la desarticuló, sino que generó la peor crisis a la que su gobierno se ha enfrentado hasta ahora. Hay al menos tres factores que explican por qué este es el caso.

(1) El primero tiene que ver con que la violencia contra las mujeres es un problema tan real y concreto como extendido. De acuerdo con cifras oficiales, entre 2015 y 2019 ocurrieron más de 3,500 feminicidios, y entre 2013 y 2018 el porcentaje de mujeres que dice sentirse inseguras pasó de 74.8% a 82.1% (Envipe, 2018). Según el Inegi, 3 de cada 10 mujeres han sufrido acoso callejero y 66.1% de las mujeres han sufrido alguna vez en su vida agresiones de tipo sexual, física o laboral. Apenas el año pasado 15,849 mujeres fueron violadas en México (“El País”, 18/01/2020).

Plantear un problema de esta magnitud en términos de intentos de opacar sus proyectos o de golpearle políticamente a un presidente es ofensivo. Al mal encauzar una demanda genuina y bien fundamentada, AMLO, el primer presidente con un gabinete paritario, terminó replicando la indiferencia machista a la que se enfrentan millones de mujeres.

Al hablar del uso político del tema que hacen sus adversarios, dibujó un escenario en términos de una lucha entre hombres centrada en su persona, reproduciendo así el androcentrismo que tanto daño ha hecho a México y al mundo.

En este sentido, la periodista Carmen Aristegui, con la entereza y contundencia que le son características, pidió públicamente al presidente “no equivocarse en el tema de la violencia contra las mujeres y entender que el paro feminista convocado para el próximo 9 de marzo no es un intento golpista contra su gobierno o una acción de la derecha. Es ofensivo decir que el paro de mujeres quiere derrocarlo” (“Aristegui Noticias”, 21/02/2020).

Desde luego, alguien podría decir que los rivales políticos del presidente han buscado colgarse del malestar y achacarle a AMLO una tragedia que se cocinó durante sus propios gobiernos. Esto, desde luego, es cierto —la desmemoria de Felipe Calderón y la del PAN, son, particularmente, de pena ajena—. Pero a ello se puede responder que es normal en una democracia que los rivales políticos busquen capitalizar el descontento —probablemente lo mismo estaría ocurriendo en sentido contrario—.

Lo importante aquí es separar dos elementos: (a) estamos ante una verdadera emergencia que el gobierno debe atender de inmediato y (b) al encarar esta emergencia como lo ha hecho, el presidente sólo ha logrado colgarse sobre los hombros un costo político adicional al que naturalmente le correspondía.

(2) El segundo factor que explica el fracaso de la “política del pararrayos” tiene que ver con la narrativa que el presidente empleó para aludir a los orígenes del problema. Cuando AMLO admitió que la emergencia es real, la relacionó directamente con el desastre social generado por el neoliberalismo.

Este desastre, claro está, es un hecho y la descomposición del tejido social que el neoliberalismo ha generado no está en duda. Esto es, tal como escribió la periodista y ensayista Susan Crowley, “el Presidente no se equivocó al responsabilizar al neoliberalismo como causante de un montón de crímenes, entre ellos los feminicidios”. Pero, tal como Crowley nota, “el problema es que, en su obstinación y ganas de tener la razón, dejó de lado que el origen de los crímenes en contra de las mujeres obedece a muchas causas.” (“Sinembargo.mx”, 21/02/2020).

Entre estas causas es posible incluir al machismo endémico que concibe a las mujeres como individuos sin agencia social, económica y sexual. También al terror que los avances de la lucha feminista por la igualdad generan en algunos hombres, que se manifiesta en parte en intentos de control de la arena pública.

Reducir el asunto al neoliberalismo es ofensivo, en primer lugar, porque manda el mensaje de que raíces muy reales, aquellas que millones de mujeres viven en carne propia, no están siendo arrancadas. Tal como planteó Isabel Orizaga en Animal Político, estamos ante “una realidad que exige a la sociedad y sobre todo a las autoridades informarse para poder desarmar este sistema jerárquico y discriminatorio que mantiene a las mujeres, nada más y nada menos que la mitad de nuestra población, presas de las formas más aberrantes de violencia y apelando una y otra vez a su derecho a vivir”.

Pero también lo es porque si el neoliberalismo es lo que mantiene este problema entonces el “fin del neoliberalismo” tendría que ser el fin del problema. Y como el gobierno de AMLO se identifica como “no-neoliberal”, entonces el problema termina con ellos. Pero es evidente que las cosas no son tan fáciles.

(3) El tercer factor que explica la crisis generada por la “política del pararrayos” pasa por el grado excesivo de responsabilidad que, para bien y para mal, atribuye al gobierno federal. El problema es que la trágica reacción institucional ante la violencia machista rebasa, por mucho, al gobierno de la república. En México el machismo institucionalizado no hace gran distinción entre gobiernos federal y estatales. Ejemplo de ello es la impunidad cercana al 100% en casos de violación o hasta en feminicidios. También hay que incluir en esta lista la revictimización o la venganza que sufren buena parte de las mujeres que denuncian a sus agresores. El resultado: 99.7% de delitos de violencia sexual contra mujeres no se denuncia (“Expansión”, 22/01/2020).

Al poner el foco de la atención en su persona, el presidente se lo está quitando, por ejemplo, a aquellos gobernadores que, como el de Yucatán, que prefieren guardar silencio ante la tragedia que viven las mujeres en sus estados. Es decir, con su estrategia AMLO aceptó cargar en lo individual un costo político que tendría que ser compartido. También les quitó responsabilidad a los poderes Judicial y Legislativo. Finalmente, marginó a organizaciones de la sociedad civil que tendrían que ser sus aliadas.

Los tres factores anteriores ayudan a explicar por qué la “política del pararrayos” terminó fulminando a AMLO esta semana. La equivocación principal del presidente fue intentar utilizar una estrategia que le había funcionado para transformar una protesta enorme y genuina, un drama cotidiano para millones de mujeres, en un asunto político centrado en su persona. Pero el presidente no vio venir la fuerza de la descarga. Una fuerza que, a partir de ahora, tendrá que respetar y atender con más cuidado.— Edimburgo, Reino Unido.

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Antonio Salgado Borge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

 

Renovarse o Morir

Cuando Enrique Peña Nieto estaba en campaña, dijo que su ejemplo a seguir era Adolfo López Mateos. Probablemente intentando replicar la fórmula de ese presidente de mediados del siglo XX, Peña colocó a dos “columnas” para sostener su proyecto: Luis Videgaray —y su grupo—, a cargo de lo relacionado con economía y hacienda pública, y Miguel Ángel Osorio Chong —y su grupo—, a cargo de las tareas políticas de gobernación.

 

Cinco años después, los contrastes son evidentes: mientras que López Mateos, con sus grandes defectos, se retiró de la presidencia gozando de una gran aprobación, Peña se va como el presidente mexicano más repudiado del que se tenga registro; López Mateos era el presidente orador, Peña batalla para conectar sus oraciones; los años de López Mateos fueron parte de una época “dorada” en materia económica y de orgullo nacional —el desarrollo estabilizador—, mientras que en el actual sexenio se han pronunciado los efectos del neoliberalismo salvaje y la desesperanza. Pero un contraste adicional parece estar en gestación; uno no anticipado, pero dirigido intencionalmente por el propio presidente: su despedida.

 

Lo más probable es que el PRI no retenga la presidencia en 2018. La corrupción será el tema que defina la elección presidencial del próximo año, y los escándalos del gobierno federal y gobiernos estatales pasarán factura al PRI. De acuerdo con una encuesta de María de Las Heras, 51% de los mexicanos considera que el PRI es el partido más asociado con la corrupción, 43% piensa que es el partido más deshonesto y 43% piensa que es el más irresponsable (“Aristegui Noticias” 08/08/2017). Además, una encuesta elaborada por “Reforma” (20/07/2017) revela que apenas dos de cada 10 mexicanos aprueban la gestión del gobierno de Peña Nieto y ocho de cada 10 considera que “las cosas se le están saliendo de control; es decir, que el presidente “no tiene las riendas del país”.

 

El presidente podrá no tener las riendas del país, pero lo cierto es que aún sujeta firmemente las riendas de su partido. La semana pasada, el PRI llevó a cabo, en el marco de su Asamblea, diversas mesas de trabajo que incluyeron la definición de criterios y modificaciones rumbo a 2018. Para los priistas, quizás el más relevante de todos los asuntos a debatir era la apertura o no de los “candados” que impedían que su canditat@ fuera un individuo “externo” sin al menos 10 años de militancia en ese partido.

 

De esta forma, se formaron dos grupos claramente identificables: aquellos a favor de permitir que una persona “simpatizante” o de preferencia tecnócrata y “ciudadan@” pudiera representar a su partido, y aquellos que preferían un militante “tradicional” apoyado por “las bases” priistas. Peña Nieto impulsaba la primera de estas opciones pues esta abriría la puerta a que personas como José Antonio Meade —secretario de Hacienda y más cercano al PAN que al PRI— termine obteniendo la candidatura. El segundo grupo, representado visiblemente por Ivonne Ortega y Ulises Ruiz, buscaba probablemente que la candidatura quedara en manos de militantes como Osorio Chong, Manlio Fabio Beltrones o, en una de esas, la propia Ortega. Pero a diferencia de López Mateos, que eligió como su sucesor a intolerante y radical secretario de gobernación por encima de su exitoso secretario de hacienda, Peña Nieto parece haber optado por el grupo de los tecnócratas —que no exitosos— por encima del de los políticos duros —probablemente aún menos exitosos—.

 

Así, días antes de la reunión, en una entrevista para el periódico digital “Sinembargo.mx”, Ivonne Ortega amenazó: “Si la élite del PRI impone a su candidato en 2018, las bases le darán la espalda”. La élite, claro, es el grupo cercano al presidente; las bases, desde luego, los sectores que respaldan a Ortega. El impresentable Ulises Ruiz siguió la misma línea y en un discurso en Campeche exclamó: “¡La militancia ya está hasta la madre de las imposiciones y de que no se le respete, ahora queremos quitar requisitos y abrir el partido, ¿a quién?, si tenemos militantes, hombres y mujeres, que pueden representarnos, ¿por qué quitar esos requisitos y ofender a la militancia?”. (“Proceso”, 10/08/2017).

 

Pero exclamaciones o no, Ortega y Ruiz fueron derrotados rotundamente. Peña Nieto tuvo la suficiente fuerza para abrir la puerta al grupo de tecnócratas y “simpatizantes ciudadanos” relacionados con el PRI. Si bien lo anterior no es suficiente para que la persona que aparecerá en las boletas salga de este grupo, la modificación efectuada sí es una condición necesaria para que esto ocurra. Claro, no se puede perder de vista que esto no garantiza que el perfil elegido finalmente sea uno presentable.

 

En este contexto, resulta muy revelador que algunos de los principales referentes intelectuales del PRI, que los hay, se hayan manifestado públicamente a favor de este cambio y de otro tipo de proyecto. Así, por ejemplo, la doctora en historia y exgobernadora de Yucatán Dulce María Sauri dijo en una entrevista a “Reforma” (09/08/2017) que el perfil del candidato presidencial de su partido debe ser “una persona honorable, tanto en su vida familiar como en su desempeño público, y que sea capaz —desde la plataforma del PRI— de innovar lo necesario, que sepa reconocer lo que funciona de aquello que se ha hecho mal, para cambiarlo… si nos equivocamos, a la vuelta está un candidato o candidata poco competitivo o atractivo a la mayoría de la ciudadanía sin partido”; y que “el compromiso más sólido que el PRI puede tomar como resultado de esta asamblea es echar a andar el Sistema Nacional Anticorrupción, a nivel nacional y estatal”.

 

Si bien los últimos años no han sido los principales actores dentro de su partido, a nadie debe sorprender la existencia de este tipo de perfiles dentro del PRI. Recordemos que, a pesar de todos sus vicios de sobra conocidos y analizados, el PRI no siempre estuvo en manos de la banda de trogloditas que, para desgracia de su partido y de México, en años recientes han ocupado las primeras planas de periódicos locales o nacionales. Y sí. Una posibilidad real es que la crisis dentro del PRI, y probable derrota en 2018, han orillado a Enrique Peña Nieto a apelar a la razón y buscar que su partido “no se equivoque” seleccionando al candidato “menos competitivo”, cosa que hubiera ocurrido en caso de que este hubiera emergido de “la militancia”.

 

Los motivos exactos y puntuales que han llevado al presidente a tomar esta decisión son inescrutables. Sin embargo, sí es posible entender que con su proyecto encallado y con su partido en riesgo de pasar de la presidencia a la irrelevancia, las simpatías del presidente se hayan alejado de la generación que hundió al país —y al propio presidente— y que su intención se hubiera alineado finalmente a la de aquellos priistas más respetados o con mayores facultades de discernimiento. Para desgracia de los mexicanos, esto está ocurriendo en 2017 y no en 2012.

 

A estas alturas, lo hecho, hecho está y un triunfo del PRI en la elección presidencial de 2018 sería una pésima noticia para México —como están las cosas, incluso es posible cuestionar si el PRI merece sobrevivir más allá de 2018 —. La democracia asume la capacidad de evaluar, premiar y castigar de los electores. Cualquier gobierno que presente indicadores como los que lega Peña Nieto —o como los que legó Felipe Calderón— no merecería el premio de la confianza o de la continuidad en ninguna democracia medianamente funcional.

 

Sin embargo, lo anterior no nos debe impedir distinguir que si el PRI, por el motivo que sea, decidiera presentar un candidato verdaderamente “honorable”, si optara por dar espacio a sus figuras más respetables o si apoyara en los hechos causas ciudadanas a las que ha dado la espalda —como el Sistema Nacional Anticorrupción—, este partido estaría obligando en automático al frente PAN-PRD y a Morena a elevar sus estándares y presentar individuos o proyectos más serios y genuinamente transformadores. Sin importar las razones del PRI, de una competencia de esta naturaleza los mexicanos sólo podemos salir ganando.— Edimburgo, Reino Unido.

 

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Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM)

Batallas de Yucatán

La democracia presupone la posibilidad de que existan individuos autónomos, capaces de conocer sus propios intereses y de decidir libremente quiénes son las personas ideales para representarles. Para alcanzar cualquiera de los tres estadios anteriores se requiere de un elemento fundamental: información.

Evidentemente los seres humanos somos incapaces de estar en más de un lugar a la vez y de percibir más allá de lo que nos permiten nuestros sentidos. Estas limitaciones naturales son parcialmente compensadas gracias a los medios de comunicación, a través de los cuales nos enteramos de lo que no se nos aparece directamente. Dependemos, por lo tanto, de la prensa libre —impresa, electrónica o digital— para obtener la información que nos lleve al ejercicio pleno de nuestros derechos democráticos.

El pasado 2 de mayo, Hernán Casares Cámara, reportero de Diario de Yucatán, fue agredido en la ciudad de Mérida frente a policías estatales por un grupo de 25 personas. Casares Cámara, periodista con más 30 años de trayectoria, investigaba los movimientos en una bodega donde decenas de personas cargaban una camioneta con material que serviría para la actual campaña del PRI. Yucatán es gobernado por este partido.

Por el momento, ninguna autoridad ha dado una explicación satisfactoria sobre lo ocurrido. Se ha asegurado que la bodega no es propiedad del PRI —aunque en realidad es completamente irrelevante quién es el propietario del inmueble que probablemente se renta a terceros—, pero el colectivo Mayaleaks recientemente dio a conocer unas fotografías de personas con camisetas de este partido moviendo bolsas en el interior de la bodega. Debido a la importancia que el ataque de hace unos días reviste, medios nacionales, internacionales e importantes organizaciones de la sociedad civil han dado cobertura a este indignante atropello.

Yucatán es uno de los estados más seguros de la república y dista mucho de tener los niveles de violencia o de represión que caracterizan a otras entidades; pero todo parece indicar que existe un grupo de personas dispuestas a censurar el ejercicio del periodismo independiente a través del uso de la fuerza. Vale la pena recordar que no es la primera vez que un reportero de Diario de Yucatán es agredido.

Es bien sabido que en México ser periodista es una tarea de altísimo riesgo. De acuerdo con el informe anual publicado por “Freedom House” (2015), nuestro país es una de las 65 naciones, de las 190 evaluadas, que no tiene libertad de prensa. En la última década, que comprende el sexenio completo de Felipe Calderón (PAN) y lo que llevamos del sexenio de Peña Nieto (PRI), la libertad de prensa en México ha disminuido. Esto no es todo. Otro importante informe, el de la organización “Reporteros sin Fronteras” (2015), revela que México se encuentra entre los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.

Los ataques contra periodistas son asuntos de interés público. De acuerdo con el doctor Sergio Aguayo Quezada, en gran medida el desarrollo democrático de Yucatán es superior al de otros estados porque desde hace casi un siglo existe un medio fuerte  —el Diario de Yucatán— capaz de fungir como contrapeso del gobierno estatal y de la prensa a su servicio. En este contexto, la impunidad de la agresión a Hernán Casares sería una pésima señal de que, por una parte, el poder político en Yucatán es capaz de atacar al medio más importante de la región sin que exista ninguna consecuencia por ello. De mantenerse impune esta agresión, sus implicaciones para libertad de prensa y para el futuro de la democracia en Yucatán serían sumamente negativas.

También es indispensable no perder de vista la humanidad de los sujetos agredidos. El trabajo de Hernán Casares, que tiene en su haber un Premio Nacional de Periodismo, está conformado por importantes investigaciones incisivas y críticas. Si un periodista con este perfil trabajando para este medio puede ser atacado impunemente, entonces ningún periodista yucateco puede sentirse seguro.

El periodismo lo hacen los periodistas y éstos son, de suyo, una “subespecie” muy particular. El pasado viernes  José Gil Olmos, reportero de la “Revista Proceso”, presentó “Batallas de Michoacán”, su más reciente libro, en la ciudad de Mérida. Gil Olmos ha dedicado los últimos años de su carrera a investigar estallidos de violencia en México, como las autodefensas y las guerrillas. Desafiando amenazas directas, riesgos y, de acuerdo con su testimonio, incluso intentos de soborno, este reportero se ha mantenido firme en su línea independiente y crítica. Sin las investigaciones que él y otros periodistas han realizado sobre estos fenómenos, los mexicanos sabríamos muy poco de ellos.

Uno de los momentos más altos de su interesante plática fue cuando se le preguntó qué le motivaba a seguir adelante a pesar de todas las adversidades y de lo poco lucrativa que resulta en términos económicos su profesión. Don José respondió, palabras más, palabras menos, que claramente no era el dinero lo que le movía. Tampoco sus hijos, pues dijo que no tiene. Lo que echa a andar a este hombre son “los hijos de los demás”; es decir, le mueve una cosmovisión humanista que le lleva a poner al bien común como causa de vida.

En un mundo en el que las ganancias económicas fungen como el fin único alrededor del cual se articulan todos los medios, para algunas personas resultará incomprensible una concepción semejante de la existencia humana. Incluso hay muchos seudoperiodistas que viven de la publicidad gubernamental, de los sobornos o del vil chantaje. En este sentido, la existencia de personas capaces de entender que su profesión no es una mercancía y dispuestas a defender el libre ejercicio de la misma es hoy para nuestra sociedad un activo invaluable.

Los gobernantes verdaderamente democráticos tienen la obligación de proteger al periodismo y a los seres humanos en los que se encarna, sin importar lo críticos que puedan ser el medio o el individuo que lo ejercen. En ocasiones la agresión puede provenir del propio Estado y entonces la sociedad hace bien en exigir el castigo a los funcionarios agresores. Si embargo, también podría darse el caso de que ésta sea producida por terceros. Cuando esto ocurre, el Estado se convierte, en caso de estancarse en la inacción, en cómplice.

La demanda de justicia ante los ataques al periodismo trasciende tanto al periodista como al medio. Tal como lo afirmara Carmen Aristegui al ser censurada por MVS y, muy probablemente, por el gobierno federal, este tipo de batallas son, en realidad, por la libertad. El día de hoy lo mínimo que nos toca a los yucatecos es hacer visible nuestra solidaridad con Hernán Casares y con Diario de Yucatán. Al defender su libertad estamos defendiendo también la nuestra. La presente y la futura.

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Batallas de Yucatán

Candidatos mercancías

Los partidos políticos han empezado una disputa por el voto de los mexicanos y es claro que el exhibicionismo publicitario será una de sus principales estrategias para convencer a aquellos electores aún indecisos.

Apenas han transcurrido dos semanas de campaña y el país ya está tapizado de espectaculares, de posters y de anuncios móviles que muestran caras, slogans y colores. La radio y la televisión, saturados de brevísimos spots en los que apenas alcanza a colarse alguna frase montada sobre la onda de melodías originales o piratas. Una foto del siempre sonriente candidato abrazando a alguno de sus “buenos amigos”, de preferencia una persona con alguna condición de vulnerabilidad -los políticos suelen encontrar su amistad particularmente estimulante-, un ritual coronado por un bailoteo populachero rodeado de los extáticos fans y gloriosos mítines controlados de principio a fin generan una imagen que se difundirá durante los próximos días para demostrar al público la cercanía del político con el pueblo en aras de sellar la venta del “producto”.

La publicidad política proyecta a los candidatos y a los partidos como mercancías –igual que cajas de cereal o papel higiénico- y asume que los votantes son potenciales clientes. Esta analogía mercantil no es del todo irracional. El capitalismo como la democracia comparten la base común de que seres humanos concebidos como libres pueden competir por obtener la preferencia de otros seres humanos igualmente libres. Este principio es válido para la dinámica de mercado implicada en cualquier actividad comercial y lo es también para la campaña de cualquier candidato.

Al menos en la teoría, tanto el capitalismo como la democracia tienen como uno de sus puntos más brillantes el presupuesto de que los seres humanos somos por nacimiento iguales y que nada nos debe impedir desarrollarnos libremente hasta donde queramos o podamos. A la dinámica deberían supervenir beneficios económicos y políticos adicionales para una sociedad. En el capitalismo la libre competencia debería significar que cualquiera que se esfuerce y se distinga por la calidad o por el precio de su producto terminará siendo premiado mediante el éxito económico. También los consumidores deben ganar al obtener buenos productos a precios bajos. En la democracia esta dinámica significa que los partidos han de competir presentado las mejores propuestas, a los candidatos con mejor perfil y trayectoria más confiable. Por su parte, los electores deberían obtener el beneficio de contar con los mejores gobernantes y los mejores proyectos.

Esta analogía se fractura, empero, cuando consideramos que las democracias modernas no están fundamentadas en la selección de un producto para consumo personal sino en el reconocimiento efectivo de la existencia del conflicto social o político, es decir, la manifestación del enfrentamiento entre demandas sociales-intereses contrapuestos procedentes de distintos actores políticos grupales. Estas demandas son llevadas a la arena electoral por los partidos políticos, quienes representan intereses, asumen demandas sociales e intermedian entre el sistema social y el sistema político (“La delimitación del concepto de partido político”, Trotta, 2012). Los partidos también deberían de racionalizar los conflictos sociales agrupando opiniones individuales en torno a un número limitado de opciones ideológicas.

En la presente contienda electoral los partidos políticos mexicanos deberían entonces, si pretenden ser útiles a la sociedad, racionalizar y explicitar nuestros conflictos sociales y no limitarse venderse, como los productos que pueblan las repisas de un supermercado, con base en empaques, caras, fotos o logos llamativos. Tampoco sirven a la democracia los eventos controlados repletos de clientelas sometidas; representaciones teatrales que fungen como las vitrinas del producto-candidato y que por tanto son inútiles para contraponer o enfrentar argumentos.

Estamos aún a muy buen tiempo de revindicar a dos formatos principales que pueden, contribuir a que, aunque sea mínimamente, los partidos políticos en campaña cumplan con su función como explicitadores y racionalizadores del conflicto sociopolítico. El primero de ellos son los debates –nótese la letra “s” final -. Cada debate debería de caracterizarse por una confrontación abierta y flexible que permita a los candidatos el tiempo suficiente para desarrollar sus propuestas y también para criticar las del adversario. En este sentido, la utilidad de los debates que organizarán los distintos organismos electorales dependerá en gran medida del formato que se termine pactando. Los candidatos no tendrían por qué rehuir a esquemas que permitan el rebate y la confrontación civilizada.

Además de la calidad de los debates, resulta de la mayor importancia su cantidad. No existe ningún motivo democrático para que los candidatos no acepten debatir en tantos foros como sean invitados. La prioridad de la campaña de un candidato genuinamente democrático –es decir, que no se considera un mero producto- no puede ser tomarse fotos abrazado de personas de la tercera edad, sino desarrollar sus propuestas y argumentos con tanto detalle como el tiempo se los permita. Se supone que a nuestros políticos no les motiva el dinero o el poder, sino la articulación de un proyecto. De cada enfrentamiento real de propuestas se debería de producir la mejora de las mismas y una audiencia mucho más informada.

Un segundo formato que contribuiría a explicitar el conflicto social son los foros con público organizados por universidades o medios independientes –esto excluye automáticamente a Televisa y a TV Azteca- donde los candidatos puedan exponer sus propuestas, pero donde también se puedan ver retados intelectualmente. De acuerdo a la más reciente Envud (2012) a mayor nivel educativo corresponde un mayor interés en asuntos políticos.  Las universiddes constituyen, por tanto, un ambiente ideal para este tipo de eventos,  al contar con audiencias más participativas, críticas e informadas que el promedio de los ciudadanos. Este tipo de esquema es particularmente valioso porque las respuestas a las preguntas del moderador y de audiencia pueden ser articuladas posteriormente como parte de proyectos integradores que permitirían al electorado, a través de su difusión en medios de comunicación indepedientes, comparar a profundidad todas las plataformas.

Si bien es cierto que las campañas políticas se montan en los mismas estrategias y en la misma estructura industrial mediática sobre la que se articulan las campañas promocionales de productos y servicios, mal haríamos en aceptar que esto legitima automáticamente que los partidos y los candidatos se transformen en mercancías. La actitud que cada candidato asuma durante la campaña nos revelará si estamos ante un ser humano dispuesto trabajar por la democracia o ante un producto empaquetado que pertenece más bien a la repisa de un supermercado y que, como tal, es inerte, igual a los de su serie de producción y desechable; es decir, ante un medio diseñado con el único fin de obtener nuestro dinero.

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Cumbres desbarrancadas

Los alumnos del último año de preparatoria del Instituto Cumbres de la ciudad de México nunca imaginaron el revuelo que causaría el video que encargaron y protagonizaron con motivo de su ceremonia de graduación.

 

El escándalo que provocaron fue de tal magnitud, que apenas unos días después de que empezara a circular su corto promocional en internet la Dirección de esta exclusiva escuela -privada y sólo para varones- tuvo que aclarar públicamente que el video en cuestión “de ningún modo representa los valores y principios del colegio, los alumnos, familias y egresados” y que “la dirección del colegio no tenía conocimiento del contenido”. ¿Qué es lo que resultó tan ofensivo de un video preparatoriano para los millones de mexicanos que han visto sus imágenes?

 

La trama del video referido es la siguiente: un grupo de jóvenes estudiantes del Instituto Cumbres se prepara para su graduación. Los actores son alumnos reales. Uno de los requisitos indispensables para montar la fiesta es contar con compañía femenina, por lo que los estudiantes deciden convocar, mediante anuncios en forma de volantes, a todas las chicas interesadas a participar en un casting con el fin de seleccionar al puñado de privilegiadas que habrán de acompañarles en esta ceremonia.

 

Aparentemente los muchachos ejercen una fuerza de atracción gravitacional sobre las mujeres, porque las siguientes imágenes muestran a un ejército de desbocadas jóvenes buscando hacerse de un lugar en el evento mediante dos formatos complementarios. Algunas de ellas persiguen a los protagonistas del video en calles, bares y hasta en el interior de sus domicilios. En cada escena se presentan atmósferas, lugares y bienes materiales que representan los lujos y la estética propios del estatus económico de los graduandos.

 

El video muestra también a un segundo grupo de emocionadas jovencitas formadas en una fila esperando su turno para participar en la audición. Vestidos con elegantes trajes, y sentados en sendas sillas, cinco de los estudiantes del Instituto Cumbres, acompañados por dos mayordomos y por un leopardo a manera de mascota, observan desfilar una por una a las aspirantes, quienes bailan en solitario para ellos buscando afanosamente ser las seleccionadas. Claramente el nombre de este juego es poder: poder sobre otros seres humanos subordinados, poder sobre la naturaleza, poder sobre la mujer.

 

Para entender plenamente la dimensión de lo que se presenta en este video es preciso acudir a algunas de las categorías empleadas por el académico mexicano Ricardo Raphael en su más reciente libro titulado “Mirreynato, la otra desigualdad” (Planeta, 2015). La figura del Mirrey ha cobrado especial relevancia en nuestra sociedad en años recientes, por lo que vale la pena esbozar un intento de definición, de ninguna forma estático u omnicomprensivo, de este concepto. Un Mirrey es un ser humano joven del sexo masculino que posee una gran fortuna -muchas veces heredada- que disfruta exhibiendo su superior estatus económico mediante el derroche en lujos y para quien ser sólo es posible a través de aparecer ante otros mediante su superior tener. Los Mirreyes viven para demostrar que son Mirreyes.

 

Un elemento central en la figura del Mirrey, claramente identificado por Ricardo Raphael, es su marcado machismo. Este académico revela que la mayoría de los más altos puestos directivos en México aún son ocupados por hombres y que entre los multimillonarios mexicanos que han amasado fortunas en vida figuran muy pocas mujeres. Mientras que en los estratos económicos medios de nuestra sociedad las mujeres han venido ganando espacios y autonomía, en sus esferas más altas muchas de ellas siguen siendo concebidas como floreros.

 

La compañera del Mirrey, mejor conocida como Lobuki -derivado de “loba”- olfatea al Mirrey y busca acceder a su “estilo de vida”. De acuerdo con Raphael, el Mirrey es consciente de su interés, pero acepta. Su relación con su pareja es, a fin de cuentas, un contrato en el cual el hombre se compromete a dar bienes materiales y la mujer, relegada a un mero papel de objeto, accede a dar acompañamiento social, a procrear y criar hijos, y a fungir como un maniquí que portará bienes como ropa, joyas y bolsos que finalmente confirmarán el estatus del propio Mirrey en la sociedad. El video de los estudiantes del Cumbres tan sólo hace patente esta lógica de forma gráfica.

 

Desde luego que el Mirrey no tiene que limitarse siendo fiel a su pareja “oficial”. A mayores límites menor poder, por lo que parte de la ostentación mirreynal estriba en ser capaz de tener y de exhibir ante terceros la mayor cantidad posible de parejas temporales. Dentro del círculo machista esto no sólo no representa problema alguno, sino que es aplaudido, respetado y envidiado. El “table-dance” o los “viajes de solteros” son los templos en el que este pacto queda sacralizado.

 

Afortunadamente son cada vez más las mujeres y los hombres universitarios que luchan contra este ridículo y anacrónico formato. En mi trabajo como profesor y director en la Universidad Marista de Mérida he tenido la oportunidad de compartir clases con cientos de brillantes estudiantes universitarias que cursan una carrera buscando realizarse por medio de su profesión, que no conciben no ser autosuficientes y que de ninguna forma estarían dispuestas a regalar su voluntad a un tercero. También he podido convivir con muchos hombres que reconocen en sus compañeras a seres humanos tan o más capaces que ellos y que no las concebirían, bajo ninguna circunstancia, como trofeos o como objetos.

 

Como parte de uno de los cursos que me toca impartir, los estudiantes leen los capítulos 2 y 4 del libro “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz. En este texto, el premio Nobel de literatura mexicano analiza cómo el machismo mexicano termina haciendo de la mujer un ser sin voluntad y sin capacidad de acción; un ídolo alrededor del cual se danza, pero que no desea, que no busca y que nunca propone. La mujer descrita por Paz es entonces un ser humano incompleto y mochado.

 

Semestre tras semestre el debate sobre este texto paciano me resulta tan enriquecedor como revelador. Suelen ser las mujeres las que más participan y quienes se hacen presentes con la fuerza y con la argumentación propias de quien no está dispuesto a reproducir un formato sexista en su generación. Ellas tienen voluntad, tienen inteligencia, tienen capacidad. No me cabe la menor duda de que muchas de las estudiantes de hoy aparecerán en la sociedad como agentes autónomos y libres que transformarán positivamente a nuestra sociedad. Nunca nadie se ha atrevido a pedir la palabra para contradecirlas.

 

De no entenderse en toda su insensata ridiculez, el formato sexista mirreynal puede ser tomado como ejemplo por jóvenes de clases medias y medias-altas. La carga ideológica machista y materialista que fluye como una cascada emanada desde las cumbres socioeconómicas de nuestra sociedad es contenible, pero para ello hace falta identificarla y criticarla públicamente. En este sentido es una excelente noticia que un video tan vulgar como el referido haya sido condenado por tantos mexicanos. Sólo en la medida en que los Mirreyes sean sujetos al escarnio y al repudio explícito de nuestra sociedad será posible derrocar a su nefasto régimen.- Mérida, Yucatán.

 

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