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¿Opresiones análogas?

Diario de Yucatán, 28/06/2020

El movimiento antirracista en Estados Unidos es encabezado por la comunidad afroamericana. La fuerza en su discurso y manifestaciones refleja la rabia y la frustración de personas que han sido históricamente oprimidas, y que no están dispuestas a aceptar que este siga siendo el caso. En este contexto, hace unos días se me hizo la siguiente pregunta: si las personas mayas en Yucatán han sido también discriminadas y oprimidas, ¿por qué entonces no han “mostrado la misma ira”? Con el fin de responder a esta pregunta, en este artículo revisaré algunos aspectos análogos y otros aspectos que no lo son entre el caso de las personas negras en Estados Unidos y el de las personas mayas en Yucatán

Semejanzas

Una forma de responder a la pregunta pasa por argumentar que no hay analogía entre la opresión que sufren las personas mayas en Yucatán y las personas negras en Estados Unidos. Esto es, que las personas mayas no muestran su “ira” como las afroamericanas porque no han sido víctimas de una opresión análoga. Pero hay tres semejanzas que nos ayudan a entender que esta respuesta no es sólida.

(1) Empecemos notando que ambos grupos han sido víctima de opresión, que por naturaleza es siempre histórica. En los dos casos esta opresión inició cuando un poder colonial se apoderó de otro por la fuerza, les despojó de sus bienes, se apoderó de los recursos naturales de la zona, esclavizó, explotó y asesinó a su población. En el caso de los individuos negros esclavizados en Estados Unidos, estos fueron literalmente secuestrados de territorios colonizados en África y traídos a este continente. En el caso de los mayas, éstos fueron esclavizados en su propio territorio.

(2) En ambos casos los colonizadores construyeron una estructura social que reflejaba su dominio sobre los colonizados. Así, en términos generales tanto a las personas negras en Estados Unidos como a las mayas e Yucatán se les intentó borrar del mapa su cultura, no se les reconocieron los mismos derechos, se les excluyó de participar en posiciones de poder y se les privó de los beneficios de actividades económicas En ambos casos, este estado de cosas se perpetuó por siglos y sus rastros siguen siendo claramente visibles en la forma actual de nuestra sociedad.

Lo añejo de este esquema y su influencia en las estructuras mismas de la sociedad norteamericana y de la sociedad yucateca ayudan a explicar en parte por qué a tanta gente no le parece extraño que ser afroamericano o maya esté correlacionado con pobreza, desnutrición, trabajos mal pagados, o servidumbre. Por ejemplo, mientras 9% de los blancos en Estado Unidos vive en pobreza, 22% de los afroamericanos son pobres. Es decir, en términos de puntos porcentuales, la diferencia es del doble. Lo mismo ocurre en Yucatán. Mientras 30% de la población no indígena vive en pobreza, 60% de la población indígena es pobre. Hace unos años circuló en redes sociales la foto de un niño rubio y blanco pidiendo limosna en un crucero. El texto que acompañaba a la foto decía, a grandes rasgos: “Me encontré a este niño pidiendo caridad, ¿alguien conoce a sus papás?” Lo que llamó la atención de las personas que compartieron esta publicación es el fenotipo del niño, pues éste correlacionado con clase social y estatus. Así, surgieron teorías de que el pequeño estaba perdido o de que se había escapado de casa. Es difícil pensar que alguien subiría una foto semejante a sus redes si el niño hubiese sido maya.

(3) Para entender la magnitud de este fenómeno, bien podrías tomar prestado el escenario retratado por la escritora Malorie Blackman en su famoso libro “Cruces y Ceros”. Esta novela se desarrolla en Londres actual, pero la estructura de la sociedad es radicalmente distinta. Y lo es porque en lugar de ser un territorio colonizado, África fue in territorio colonizador. En la historia de Blackman este continente se apoderó de Europa. Tras siglos de opresión, las personas blancas ya son técnicamente libres; pero, a pesar de ser mayoría, siguen ocupando los peores trabajos, son reprimidos por la policía y son discriminados o ignorados cotidianamente por parte de la población negra. La cultura africana -ropas, música, religión, etcétera- es la cultura nacional de Reino Unido, incluyendo a su población blanca.

Hagamos ahora el siguiente ejercicio. Imaginemos que algo similar aplica en Yucatán, pero con las personas mayas en lugar de con personas africanas. ¿Cómo se vería nuestra sociedad? Este experimento mental ayuda a subrayar el origen histórico y lo poco “natural” de las cosas que nos hemos habituado a ver como normal. Y lo ridículo que resulta no concebirlo como problemático y buscar corregir estas asimetrías injustas.

Desemejanzas

Hemos visto que hay importantes analogías entre la opresión a las personas mayas en Yucatán y a opresión a las personas negras en Estados Unidos. Pero entonces, ¿por qué los individuos mayas contemporáneos no han “mostrado la misma ira” que los afroamericanos? Una opción es que la opresión estructural o, por ponerlo en términos de la ola antirracista, menos asfixiante que la que sufren las personas negras en Estados Unidos. Esto es, que las voces de las personas mayas no resuenen con la misma fuerza porque no están igualmente enojadas.

Me parece que esta respuesta no es sólida. En primer lugar, es evidente que del hecho de que alguien no se muestre furioso no se sigue necesariamente que esta persona no lo esté. En segundo lugar, hay evidencias concretas de que en algunos sentidos la población maya sufre más opresión que la afroamericana. Me parece que estas evidencias son importantes pistas que podrían ayudar responder a nuestra pregunta.

(1) Para ver por qué, empecemos considerando una importante desemejanza entre ambas poblaciones. Mientras que menos de 15% de la población estadounidense es negra (Black Demographics, 2018), según los resultados de la encuesta intercensal del INEGI, 65% de la población yucateca se considera maya. Alguien podría alegar que este porcentaje probablemente incluye a algunas personas mestizas. Pero lo cierto es que es difícil pensar que una persona se considera maya si no tiene apellidos mayas o habla maya. Tal como ha comentado en un artículo académico Violeta Guzmán Medina, “la prevalencia de los apellidos de origen maya…vinculados al uso cotidiano de la lengua maya, nos sugieren la pertenencia a un colectivo étnico que tiene una historia y un origen común…que les ha permitido su continuidad étnica y cultural.”

En este sentido, de acuerdo con el artículo citado 50% de la población del estado tiene algún apellido maya. Además, de acuerdo con la encuesta intercensal del INEGI entre 25 y 30% de la población habla maya y entre 7 y 17% al menos la entiende; es decir, como mínimo una tercera parte de las personas que habitan en Yucatán exhibe un importante indicador de su pertenencia a la población maya. Por ende, es evidente que la población maya representa en Yucatán un porcentaje de la población muy superior al que representa la población afroamericana en Estados Unidos.

(2) Otra disimilitud, directamente derivada de la anterior, tiene que ver con la representación de estos porcentajes. En Estados Unidos, actualmente 52 de las 435 personas que ocupan su “cámara de diputados” son personas negras. Esto coincide, a grandes rasgos, con el porcentaje de población afroamericana. Pero en Yucatán, a pesar de que alrededor de 50% de la población del estado tiene algún apellido maya, menos de 10% de las personas que integran el congreso tienen estos apellidos. El gabinete de Mauricio Vila tiene 0% de integrantes con apellidos mayas. Incluso ¡Donald Trump! se vio obligado a nombrar a un integrante de su gabinete afroamericano -Ben Carson, Secretario de Desarrollo Urbano-.

(3) Finalmente, en Estados Unidos alrededor de 20% de la población negra tiene un título universitario, mientras que 5% de la población maya tiene estudios de licenciatura, (INEE, 2018). Esto es importante, pues los ingresos y el acceso a posiciones directivas en el sector privado suele estar directamente relacionado con el nivel educativo alcanzado. Esta asimetría puede verse en las cámaras empresariales, en la poca presencia de personas mayas en los medios de comunicación o en su virtual ausencia de los espacios usualmente reservados para las élites económicas.

Las personas negras en Estados Unidos tienen actualmente más oportunidades de ascenso social, de participar en la vida política, en el ámbito empresarial y en medios de comunicación las personas mayas en Yucatán. Eso podría explicar por qué las voces de las primeras pueden retumbar y cimbrar a una sociedad, mientras que las voces de las segundas no encuentran estos espacios.

Alguien podría objetar que Yucatán ya tuvo un gobernador maya y enlistar casos de personas mayas que se ubican en posiciones de poder. Pero a ello se puede responder con una frase famosa por cierta: el plural de “anécdota” no es “datos”. Esto es, que es un error fundamental considerar que las evidencias en forma de anécdota son suficientes para probar un punto o, peor aún, que tiene el mismo valor epistémico que las evidencias en forma de datos representativos recopilados científicamente.

Conclusión

En este artículo he intentado responder a la pregunta de por qué las personas mayas en Yucatán no “mostrado la misma ira” que las afroamericanas, si ambas son igualmente oprimidas. La respuesta a esta pregunta no es, como algunos suponen, que su “silencio” muestra que esta opresión no es comparable. Por el contrario, es justamente porque en algunos sentidos esa opresión es mayor que las voces de sus víctimas suelen no encuentran los canales para ser magnificadas y escuchadas.

¿Sin lugar para los débiles?

En las economías avanzadas, como en Japón, Alemania y Estados Unidos, el uso de robots se ha duplicado en la última década. Si no hemos notado su ascenso es porque este ha sido tan silencioso como vertiginoso. Desde sus orígenes las computadoras han duplicado su capacidad cada dieciocho meses y se estima que, de mantenerse esta tendencia, en un lapso menor a veinte años 47% de los trabajos en Estados Unidos estarán en riesgo de ser automatizados y en noventa años 70% de las ocupaciones actuales humanas serán desempeñadas por robots.

Es posible mirar este fenómeno al menos desde tres diferentes perspectivas

Para continuar leyendo:

http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/sin-lugar-para-los-debiles

¡Otra tierra!

Cualquiera que conozca la existencia de otros planetas seguramente ha imaginado la posibilidad de que exista vida fuera de la Tierra.  Las fantasías populares son inagotables y en ellas suelen aparecer seres extraterrestres con fenotipos diversos, integrando sociedades disímiles y habitando mundos de toda clase.

Si bien es cierto que la vida no tendría por que estar supeditada a la existencia de condiciones similares a las que han permitido su surgimiento en nuestro planeta, también lo es que si estas condiciones fueran encontradas en otro planeta, algún tipo de vida también podría estar presente en éste. Consecuentemente, muchos astrónomos se han dedicado a buscar insistentemente planetas similares a la Tierra fuera de nuestro sistema solar.

El avance tecnológico necesario para llevar a cabo esta empresa ha propiciado que la detección de exoplanetas sea relativamente reciente. Hace apenas veinte años los humanos obtuvimos registros del primero, pero sus características eran muy distintas a las de la Tierra . Desde entonces, el número de exoplanetas se han multiplicado al millar, aunque ninguno había mostrado las condiciones necesarias para la vida como la conocemos, mismas que están determinadas no sólo por las características del planeta en cuestión, sino por las de la estrella que éste orbita.

Pero esta historia dio un espectacular y maravilloso giro ayer cuando la NASA anunció eldescubierto de Kepler 452b, un planeta ubicado a 1, 400 años luz de nosotros, rocoso como el que habitamos, con una masa 1.6 veces superior a la de nuestra Tierra y que orbita a su sol cada 384 días terrestres; es decir, que está ubicado en una zona considerada por los científicos como “habitable” debido a las temperaturas que en ella se alcanzan.

Para continuar leyendo:

http://www.sinembargo.mx/opinion/24-07-2015/37222

Candidatos mercancías

Los partidos políticos han empezado una disputa por el voto de los mexicanos y es claro que el exhibicionismo publicitario será una de sus principales estrategias para convencer a aquellos electores aún indecisos.

Apenas han transcurrido dos semanas de campaña y el país ya está tapizado de espectaculares, de posters y de anuncios móviles que muestran caras, slogans y colores. La radio y la televisión, saturados de brevísimos spots en los que apenas alcanza a colarse alguna frase montada sobre la onda de melodías originales o piratas. Una foto del siempre sonriente candidato abrazando a alguno de sus “buenos amigos”, de preferencia una persona con alguna condición de vulnerabilidad -los políticos suelen encontrar su amistad particularmente estimulante-, un ritual coronado por un bailoteo populachero rodeado de los extáticos fans y gloriosos mítines controlados de principio a fin generan una imagen que se difundirá durante los próximos días para demostrar al público la cercanía del político con el pueblo en aras de sellar la venta del “producto”.

La publicidad política proyecta a los candidatos y a los partidos como mercancías –igual que cajas de cereal o papel higiénico- y asume que los votantes son potenciales clientes. Esta analogía mercantil no es del todo irracional. El capitalismo como la democracia comparten la base común de que seres humanos concebidos como libres pueden competir por obtener la preferencia de otros seres humanos igualmente libres. Este principio es válido para la dinámica de mercado implicada en cualquier actividad comercial y lo es también para la campaña de cualquier candidato.

Al menos en la teoría, tanto el capitalismo como la democracia tienen como uno de sus puntos más brillantes el presupuesto de que los seres humanos somos por nacimiento iguales y que nada nos debe impedir desarrollarnos libremente hasta donde queramos o podamos. A la dinámica deberían supervenir beneficios económicos y políticos adicionales para una sociedad. En el capitalismo la libre competencia debería significar que cualquiera que se esfuerce y se distinga por la calidad o por el precio de su producto terminará siendo premiado mediante el éxito económico. También los consumidores deben ganar al obtener buenos productos a precios bajos. En la democracia esta dinámica significa que los partidos han de competir presentado las mejores propuestas, a los candidatos con mejor perfil y trayectoria más confiable. Por su parte, los electores deberían obtener el beneficio de contar con los mejores gobernantes y los mejores proyectos.

Esta analogía se fractura, empero, cuando consideramos que las democracias modernas no están fundamentadas en la selección de un producto para consumo personal sino en el reconocimiento efectivo de la existencia del conflicto social o político, es decir, la manifestación del enfrentamiento entre demandas sociales-intereses contrapuestos procedentes de distintos actores políticos grupales. Estas demandas son llevadas a la arena electoral por los partidos políticos, quienes representan intereses, asumen demandas sociales e intermedian entre el sistema social y el sistema político (“La delimitación del concepto de partido político”, Trotta, 2012). Los partidos también deberían de racionalizar los conflictos sociales agrupando opiniones individuales en torno a un número limitado de opciones ideológicas.

En la presente contienda electoral los partidos políticos mexicanos deberían entonces, si pretenden ser útiles a la sociedad, racionalizar y explicitar nuestros conflictos sociales y no limitarse venderse, como los productos que pueblan las repisas de un supermercado, con base en empaques, caras, fotos o logos llamativos. Tampoco sirven a la democracia los eventos controlados repletos de clientelas sometidas; representaciones teatrales que fungen como las vitrinas del producto-candidato y que por tanto son inútiles para contraponer o enfrentar argumentos.

Estamos aún a muy buen tiempo de revindicar a dos formatos principales que pueden, contribuir a que, aunque sea mínimamente, los partidos políticos en campaña cumplan con su función como explicitadores y racionalizadores del conflicto sociopolítico. El primero de ellos son los debates –nótese la letra “s” final -. Cada debate debería de caracterizarse por una confrontación abierta y flexible que permita a los candidatos el tiempo suficiente para desarrollar sus propuestas y también para criticar las del adversario. En este sentido, la utilidad de los debates que organizarán los distintos organismos electorales dependerá en gran medida del formato que se termine pactando. Los candidatos no tendrían por qué rehuir a esquemas que permitan el rebate y la confrontación civilizada.

Además de la calidad de los debates, resulta de la mayor importancia su cantidad. No existe ningún motivo democrático para que los candidatos no acepten debatir en tantos foros como sean invitados. La prioridad de la campaña de un candidato genuinamente democrático –es decir, que no se considera un mero producto- no puede ser tomarse fotos abrazado de personas de la tercera edad, sino desarrollar sus propuestas y argumentos con tanto detalle como el tiempo se los permita. Se supone que a nuestros políticos no les motiva el dinero o el poder, sino la articulación de un proyecto. De cada enfrentamiento real de propuestas se debería de producir la mejora de las mismas y una audiencia mucho más informada.

Un segundo formato que contribuiría a explicitar el conflicto social son los foros con público organizados por universidades o medios independientes –esto excluye automáticamente a Televisa y a TV Azteca- donde los candidatos puedan exponer sus propuestas, pero donde también se puedan ver retados intelectualmente. De acuerdo a la más reciente Envud (2012) a mayor nivel educativo corresponde un mayor interés en asuntos políticos.  Las universiddes constituyen, por tanto, un ambiente ideal para este tipo de eventos,  al contar con audiencias más participativas, críticas e informadas que el promedio de los ciudadanos. Este tipo de esquema es particularmente valioso porque las respuestas a las preguntas del moderador y de audiencia pueden ser articuladas posteriormente como parte de proyectos integradores que permitirían al electorado, a través de su difusión en medios de comunicación indepedientes, comparar a profundidad todas las plataformas.

Si bien es cierto que las campañas políticas se montan en los mismas estrategias y en la misma estructura industrial mediática sobre la que se articulan las campañas promocionales de productos y servicios, mal haríamos en aceptar que esto legitima automáticamente que los partidos y los candidatos se transformen en mercancías. La actitud que cada candidato asuma durante la campaña nos revelará si estamos ante un ser humano dispuesto trabajar por la democracia o ante un producto empaquetado que pertenece más bien a la repisa de un supermercado y que, como tal, es inerte, igual a los de su serie de producción y desechable; es decir, ante un medio diseñado con el único fin de obtener nuestro dinero.

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¡Precaución! Partido tóxico para la democracia

Cada voto que reciba el Partido Verde contaminará más nuestra ya muy enferma democracia. Le cuento por qué.

 

Desde hace varias semanas el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ha emprendido una agresiva estrategia que incluye tácticas claramente ilegales. Mientras los demás partidos guardaron las formas y respetaron superficialmente la prohibición de contratar anuncios en momentos y formatos específicos, el Verde repartía tarjetas de “beneficios”, lentes o vales y tapizaba lo mismo ciudades , que salas de cine y frecuencias de televisión y radio.

 

La reacción del Instituto Nacional Electoral (INE) ante esta afrenta ha sido tan lenta y débil que esta situación ha pasado de lo ridículo a lo grotesco. El PVEM ha pagado cientos de millones de pesos en multas, pero ha desafiado abiertamente a la autoridad electoral al continuar replicando las mismas acciones por las que ha sido sancionado. El Verde ha entendido perfectamente que sus multas las paga con nuestros impuestos y que con ellas puede comprarse impunidad. La ecuación es muy sencilla: al final del día el PVEM está invirtiendo en el pago de un sobreprecio -multas- por el privilegio de anunciarse en exclusiva. Negocio redondo.

 

A la ilegalidad y mezquindad de la estrategia Verde es preciso sumar otros dos factores. Su publicidad consiste en una mezcla entre el uso de la imagen de estrellas de televisión como carta de presentación y narrativas sentimentaloides. Este formato está diseñado para encontrar eco en los segmentos del electorado menos informados. Así, este partido es capaz de mostrarse “fresco”, de atribuirse tramposamente méritos intrascendentes o de lanzar promesas populistas sin sustento.

 

Finalmente, a la ilegalidad de la campaña y a lo mezquino de la publicidad del PVEM, hay que agregar que el electorado mexicano, harto con justa razón de sus instituciones y en particular con su partidocracia, castigará en 2015 de forma más severa al PRI, al PAN y al PRD; los tres partidos con más posiciones ejecutivas y legislativas en México. Las encuestas más recientes revelan que el PVEM estará disputando, junto al PRD y MORENA, el puesto de tercera fuerza política del país.

 

Es un gravísimo error considerar al Partido Verde como una opción electoral para castigar a nuestro sistema de partidos. El principal problema del PVEM no es que tenga vicios que exhiben otros partidos; el problema es que en el Verde no se puede encontrar más sustancia que esos vicios. En realidad, este partido no es ni siquiera un partido político ya que no es una entidad de interés público, no contribuye a explicitar demandas sociales legítimas, ni busca prioritariamente obtener el poder. Tampoco es ecologista. Entre su filas militan cazadores o depredadores y ha apoyado causas desde propuestas anti ecologistas hasta la pena de muerte. El PVEM ha sido expulsado de la coalición de partidos verdes europea y no es reconocido por Greenpeace. ¿Qué es y para qué sirve entonces el Verde?

 

Es bien sabido que el PVEM es un negocio privado cuyo dueño es Jorge Emilio González Martínez, conocido como el “Niño Verde” porque heredó esta franquicia desde muy joven de manos de su padre. Entre los mexicanos más informados la reputación de este personaje está por los suelos. Dado que es él quien manda en este partido, vale la pena recordar brevemente un par de momentos representativos de su trayectoria.

 

Hace unos años González fue detenido en un retén en la ciudad de México, donde dio a los agentes un nombre falso. Posteriormente se resistió al arresto con la ayuda de sus guardaespaldas, que terminaron advirtiendo a los policías “no saben con quién se meten. es el Niño Verde”, y finalmente logró, amparado por su fuero, evadir la sanción. Al salir el caso a la luz pública, el “Niño Verde” se vio obligado a pedir una disculpa y a pagar las horas de detención que su afrenta ameritaba. Peor aún, González también fue captado en vídeo negociando, a cambio de un soborno de 20 millones de pesos, la gestoría de un permiso de construcción para un hotel en Quintana Roo. Cuando el vídeo fue difundido, el dueño del PVEM aseguró que lo “chamaquearon” y que en realidad era él quien le estaba poniendo una trampa al corrupto empresario para luego denunciarlo.

 

Recapitulemos: el PVEM no es partido, no es verde y es propiedad privada de un dueño corrupto. Sin embargo, por si eso no fuera suficiente, más lastimosa aún es la lógica con la que opera. Durante los primeros años de su existencia el Partido Verde buscaba desesperadamente mantener el porcentaje mínimo de votación para preservar el registro que le garantizara poder obtener, año con año, una jugosa tajada del presupuesto. Pero pronto aprendió que el verdadero negocio estaba en otro lado. Actualmente el Verde ha diversificado sus fuentes de ingresos y se ha convertido una verdadera comercializadora político-electoral.

 

Por principio de cuentas, el PVEM vende su apoyo electoral al partido que más ofrezca por éste. Algunos analistas políticos especializados en temas electorales han señalado que el PRI no hubiera ganado la elección de 2012 sin el apoyo del Verde. En segundo lugar, en vez de servir como vehículo para representar a los mexicanos, el PVEM ha entendido los beneficios de vender los espacios plurinominales a los que tendrá acceso a los grandes capitales que puedan pagar por ellos. Ejemplo de lo anterior es la candidatura de Ninfa Salinas Pliego, hermana del dueño de TV Azteca e integrante de la denominada “telebancada”. El Verde se renta al mejor postor como una suerte de vientre subrogado en el que se incuban los intereses de los poderes fácticos.

 

Finalmente, el PVEM goza también de los beneficios de haberse convertido en un partido satélite del PRI. Producto de la pésima gestión del actual ejecutivo federal este último partido ha estado perdiendo preferencias electorales mientras que el Verde las ha ido ganando. Es por ello que para algunos estamos ante la conformación de una “marca alterna” del PRI (Sinembargo.mx, 25/03/2015) que cumple con la doble función de presentarse ante el electorado con una imagen más fresca y de recibir las multas del árbitro electoral.

 

Los mexicanos estamos hartos de nuestra partidocracia. Es entendible que busquemos opciones nuevas y que no queramos saber absolutamente nada de los partidos tradicionales. Sin embargo, por las razones expuestas anteriormente, lo peor que podemos hacer es otorgar nuestro voto a un partido altamente tóxico para nuestra democracia. En futuras entregas de esta columna serán analizadas otras posibilidades. En cuanto al Partido Verde, me sumo por este medio a la propuesta que han hecho Denise Dresser y otros académicos: no tiene razón de existir y su registro como partido político debería ser anulado.- Mérida, Yucatán.

 

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#EndefensadeAristegui

Algo va muy mal cuando una empresa de telecomunicaciones emprende públicamente una feroz campaña con el fin de orillar a su periodista estelar a renunciar.

El pasado miércoles MVS tapizó los principales diarios del país e inundó sus espacios comerciales con un comunicado en el que advertía, con una rudeza desmesurada, que no permitiría ningún “abuso de confianza” por parte de sus colaboradores. No hacía falta incluir el nombre del destinatario de este mensaje. Las amenazas de MVS aludían directamente a la periodista Carmen Aristegui, quien horas antes había firmado, a título personal, pero presentándose como parte de la empresa para la cual trabaja, un convenio para echar a andar un portal para recibir denuncias ciudadanas anónimas denominado “Mexicoleaks”.

Al día siguiente MVS anunció el despido “por pérdida de confianza” de dos integrantes del equipo de Aristegui: el reportero Irving Huerta y el jefe de información Daniel Lizárraga. En su programa del viernes, la periodista hizo un llamado para que se reinstale inmediatamente a sus colaboradores. MVS respondió publicando los “nuevos lineamientos para sus noticieros”, entre los que figura de manera destacada la creación de un comité editorial que deberá dar su aprobación previa a todo trabajo de investigación realizado por los periodistas de esta empresa.

Es evidente que la reacción de MVS no obedece a una lógica comercial o periodística. De mantenerse dicha compañía en su postura, Aristegui probablemente terminará por renunciar (Actualización: Aristegui fue despedida por MVS el pasado 15 de marzo) y esta empresa, que en teoría obtiene sus ganancias de la venta de espacios comerciales en sus programas, estará sacrificando al noticiario de radio más escuchado del país y su “producto” más exitoso. Carmen Aristegui es la razón indiscutible por la que el público sintoniza la “primera emisión” de los noticiarios de esta cadena. Su audiencia se iría con ella.

El sentido de esta cruzada delirante de MVS contra su directora y más prestigiada colaboradora está en otro lado. Todos los eventos descritos anteriormente giran sobre el mismo eje. Tanto Huerta como Lizárraga estuvieron directamente involucrados en la investigación que reveló la existencia y los pormenores de la “casa blanca” de Enrique Peña Nieto. Muchos temas de enorme trascendencia para la vida nacional que la falta de espacio no permite enlistar, han sido dados a conocer originalmente o abordados con una profundidad sin paralelo en este programa. Los nuevos “lineamientos” de MVS están claramente encaminados a que nunca más pueda publicarse un reportaje con la independencia editorial plena que caracteriza a Aristegui. No más “casas blancas”.

Es claro que después de los años que Aristegui ha invertido en abrir y sostener un espacio libre y crítico, el medio para el que trabaja pretende ahora forzar su salida sin despedirla técnicamente. Un periodista independiente tiene dos líneas de defensa contra los embates del poder al que critica. Una de ellas es el medio en que publica. Mientras mayor sea el peso específico de la radiodifusora o espacio en cuestión, más probabilidades habrá de que el periodista pueda ser protegido. En un contexto autoritario, si el medio le da la espalda a su colaborador en conflicto con el poder, éste queda expuesto e inerme ante aquellos cuyos abusos denunció. Sin embargo, también hay un alto costo para el medio, que pierde la credibilidad en su interior, debilita la moral o calidad de sus trabajadores y termina, eventualmente, degradando su labor periodística.

Pero más allá del medio para el que publica su trabajo, hay una segunda barrera protectora para los periodistas independientes y críticos: su audiencia. En 2011, durante el sexenio de Felipe Calderón, MVS despidió a su periodista más influyente muy probablemente por presiones surgidas desde Los Pinos; pero terminó reinstalando a Carmen ante la presión popular en redes sociales y en las calles.

Gracias a su impecable trayectoria, Aristegui se ha llegado a convertir en un ícono del periodismo nacional cuyo nombre es asociado con integridad profesional, independencia periodística y espíritu crítico. Esta periodista, cuya contribución a la democracia mexicana es invaluable, encarna hoy ideales humanos fundamentales, como la valentía o la honestidad; bienes escasísimos en la radio o televisión nacionales. Muchísimos mexicanos lo saben y la prueba está en que sus muestras de apoyo en redes sociales han sido avasalladoras. En apenas un par de días, fueron recolectadas más de 130,000 firmas en apoyo a su causa y el hashtag -etiqueta de Twitter- #EndefensadeAristegui se reprodujo cientos de miles de veces. Aunado a ello, un importante número de reconocidos académicos y periodistas, de diversos orígenes e ideologías, han manifestado públicamente su solidaridad para con ella.

Hoy más que nunca es preciso defender los espacios de libertad ganados. Desde el regreso del PRI a Los Pinos, periódicos como los de Grupo Healy en Baja California han sido amenazados, portales independientes como Sinembargo.mx han sido atacados y otros medios, comunicadores y programas han sido sutilmente saboteados. Ante una presión de tal magnitud, algunos medios de comunicación han terminado por claudicar ante el gobierno. Con ellos, claudica también una parte de nuestras posibilidades de entender y de cambiar nuestro presente.

En un mensaje dado durante más reciente programa, Aristegui advirtió: “No tenemos derecho a aceptar lo que parece ser ya no un aroma sino un vendaval autoritario de regresiones… Hay hoy en México un clima sumamente preocupante y este panorama no lo podemos aceptar… Esta batalla, no lo dude nadie, es una batalla por nuestra libertad, es una batalla por el derecho a expresarnos, es una batalla por el derecho a saber, es en defensa de los periodistas y, por tanto, en defensa de la sociedad”.

Tiene razón. La circunstancia presente rebasa el ámbito privado o individual y se ha vuelto un asunto del mayor interés público. El programa de Carmen Aristegui es, sin duda, el espacio de crítica y deliberación más influyente de México. Más allá de sus enormes cualidades y de la admiración y respeto con que muchos desde hace años la miramos, Aristegui es una figura que representa hoy a todos aquellos periodistas y medios que día a día ejercen su derecho de libertad de expresión y que muestran a la sociedad la realidad nacional desmaquillada.

Si se le cierra la puerta a ella, se le puede cerrar a cualquiera y entonces sí que todos nos quedaremos afuera, al menos por un buen rato. La defensa de Carmen Aristegui contra la censura es la defensa de los muchos que queremos un país diferente contra los pocos que se esmeran en preservar lo actualmente existente; del interés colectivo contra los poderes fácticos; de los que sueñan con libertad e igualdad contra los que buscan resucitar, a cómo dé lugar, nuestra extinta “moral de siervo”.- Mérida, Yucatán.

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Los alfileres que nos sostienen

La violencia como medio es siempre, o fundadora de derecho o conservadora de derecho. En caso de no revindicar alguno de estos dos predicados, renuncia a toda validezWalter Benjamin, filósofo alemán


 

Resulta sumamente alentador que, tras recorrer un larguísimo y empedrado camino, en las sociedades occidentales más avanzadas un buen número de libertades -entre las que figuran notablemente las políticas, las sexuales y las religiosas- formen ya parte de un creciente catálogo de derechos humanos básicos que sólo a los reaccionarios más obcecados parecen incomodar.

 

Empero, si bien es cierto que el tamaño y el diseño estructura de derechos que nos hemos construido han mejorado con el tiempo,  tal parece que nuestra fijación con la seguridad, un derecho básico de todo ser humano y la principal razón de ser del Estado, se ha convertido en uno de los principales móviles para violar derechos humanos en nuestro país.

 

Vale la pena recordar que durante las últimas décadas el sobredimensionamiento, ya sea intencionado o por falta de entendimiento, de las verdaderas causas de amenazas para la seguridad individual o colectiva, como el consumo de drogas o el terrorismo, ha llevado a un buen número de naciones a emprender auténticas guerras con el pretexto de proteger a sus sociedades de estos peligros. Los mexicanos lo sabemos muy bien. En nuestro país el combate al terrorismo y al consumo y tráfico de sustancias ilícitas se mimetizan en la desastrosa “guerra contra el narco”. No es casualidad que la cantidad y la magnitud de las violaciones a derechos humanos se haya disparado en nuestro país desde que Felipe Calderón emprendiera su “guerra”.

 

El problema fundamental de las políticas públicas basadas en estrategias bélicas es que se suelen terminar violentando libertades fundamentales en aras de proteger a los ciudadanos de sí mismos o de amenazas poco probables. En el marco de cruzadas dogmáticas como la “guerra contra el terror” o su análoga “guerra contra las drogas”, algunos gobiernos han implementado medidas que van desde la pérdida de la privacidad en línea, producto del ciberespionaje preventivo, hasta el cambio de leyes fundamentales que garantizan libertades básicas o la militarización de los equipos y de las tácticas de policías civiles; acciones que son justificadas inicialmente como necesarias para proteger a los habitantes de una nación, pero que en realidad otorgan licencia a las autoridades para su permanente vigilancia, represión o para limitar el margen de su libertad de acción.

 

Un par de ejemplos ayudan a entender el tamaño de algunos de los “fuegos” que se pretende apagar con gasolina. ¿Tiene sentido  pagar los altísimos costos en términos de vidas, libertades o monetarios de la guerra iniciada por Felipe Calderón y continuada por Enrique Peña Nieto en nombre de la “protección” de 0.7% de los consumidores de drogas mexicanos han perdido su autonomía -es decir, son adictos- a alguna sustancia (ENA, 2012)? La probabilidad de que un estadounidense sea asesinado por un terrorista en Estados Unidos es de uno en 3.5 millones, por lo que la pregunta lógica es ¿cuánto están dispuestos a sacrificar los norteamericanos para reducir esta posibilidad a uno en 4.5 millones? (“LA Times”, 28/08/2011).

 

El título de uno de los informes de “Human Rights Watch” (2011) retrata a la perfección el saldo que la estrategia detrás de esta irracional cruzada ha dejando a su paso en nuestro país: “Ni seguridad, ni derechos”. México se ha convertido en una marca internacionalmente identificada como sinónimo de territorio en el que el Estado fomenta la violencia y viola impune y constantemente derechos humanos. Así se nos ve, con razón, desde afuera. Para terminar de ensombrecer el panorama, en medio de este río revuelto, en algunas partes del país lo mismo se atenta contra periodistas que contra activistas o luchadores sociales.

 

Ante la indiferencia o la sumisión al poder de muchas de las comisiones estatales de derechos humanos -entre las que se encuentra la Codhey-, en este contexto resplandece la importancia de organizaciones defensoras de derechos humanos internacionales con presencia en México como “Amnistía Internacional”, “Human Rights Watch” o “Artículo 19″o nacionales, como “Hermanos en el camino”, cuyo aporte es invaluable.

 

No es momento para escatimar nuestra solidaridad a aquellos que nos mantienen con vida muchos de los derechos humanos de los habitantes de nuestro país. Sería imperdonable darles la espalda ignorándolos o regateándoles nuestro apoyo. Este tipo de asociaciones, en mancuerna con la prensa libre e independiente, son dos de los alfileres que sostienen la posibilidad de que el momento presente sea superado y de que México pueda algún día ser reconstruido con los restos rescatables de su naufragio

 

 

@asalgadoborge

 

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

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Los alfileres que nos sostienen

Un oasis qué preservar

El progreso es incapaz de reciclar sus propios desechosManuel Reyes-Mate, filósofo español


Al menos por ahora, Yucatán es de los estados más seguros de México. Sin embargo, la actitud bipolar con que el gobierno estatal afronta el tema de la seguridad, uno de los que más preocupan a la sociedad en nuestro país, podría alterar el tranquilo estado de cosas que muchos yucatecos aún disfrutamos.

 

Es preciso comenzar este análisis aclarando que difícilmente en nuestro estado llegaremos a ver la violencia relacionada con el tráfico de drogas que inunda buena parte del territorio nacional. En su más reciente visita a la Universidad Marista de Mérida a invitación de la Escuela de Administración, Turismo y Mercadotecnia, el doctor Sergio Aguayo Quezada afirmó que un cambio en las rutas de tráfico de drogas ocurrido hace varios años fue fundamental para que se dibujara el complicado escenario que hoy todos conocemos. En su informe “El problema de las drogas en las américas” (2013), la OEA explica que la violencia relativa al narcotráfico es producida por enfrentamientos entre cárteles por controlar las rutas, por lo que está focalizada en las regiones de tránsito y no en las de consumo. Es justamente por su ubicación que Yucatán podría no ser una ruta atractiva para el tránsito de drogas, y por tanto, que no experimente la violencia que origina su tránsito.

 

Aún si se pone entre paréntesis la anterior coyuntura, es posible afirmar que el trabajo policiaco en Yucatán es mucho más eficiente que el del resto del país. Entre 2013 y 2014 se registró un decremento en el porcentaje de yucatecos que dicen tener poca o ninguna confianza en su policía, situación que contrasta notablemente con una tendencia nacional en sentido opuesto. La policía en este estado ha obtenido una confianza difícil de encontrar en el resto del país, mérito que no debe dejar de ser reconocido. Esta circunstancia es notable, aunque no excluye, desde luego, que existan importantes oportunidades de mejora, como lo es el campo de los derechos humanos.

 

Los esfuerzos en ofrecer una mejor capacitación al personal policiaco y la adquisición de equipo de punta para prevenir o detectar crímenes podrían contribuir a que la seguridad de la que los yucatecos gozamos se mantenga a corto plazo. Sin embargo, al mismo tiempo que genera las condiciones necesarias para preservar la seguridad actual, el gobierno de Yucatán incuba las circunstancias propicias para que esta seguridad resulte insostenible a mediano plazo. La hipótesis que motiva este texto es que en la desigualdad y en el mal manejo de la economía yucateca se cultiva un caldo del que están surgiendo cada más seres humanos desesperados convertidos en delincuentes.

 

La economía yucateca ha crecido en los últimos años a tasas inferiores que los ya de por sí raquíticos e insuficientes incrementos nacionales. Estamos experimentando un importante incremento poblacional que no está siendo debidamente acompañado de oportunidades de inclusión equitativas. A ello hay que sumar que en las últimas décadas el bienestar de los mexicanos ha recibido duros golpes como la pérdida de beneficios sociales básicos, entre los que destacan el desmantelamiento de la seguridad social vía una reciente reforma laboral, los efectos presentes de la contrarreforma agraria impulsada por Carlos Salinas y una pronunciada pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo.

 

El gobierno que encabeza Rolando Zapata Bello ha respondido a esta coyuntura con el crecimiento de programas sociales clientelares —tinacos, pinturas, pollitos…— que sólo contribuyen a disimular unas cuantas de las manifestaciones de la miseria de los más necesitados. Paliativos de este tipo resultan claramente insuficientes ya que no contribuyen en lo más mínimo a generar las condiciones necesarias para que miles de seres humanos hoy marginados encuentren oportunidades de incorporarse a la economía formal con condiciones laborales suficientes para autodeterminarse o vivir una vida digna.

 

Las repercusiones del mal manejo económico en la seguridad de los yucatecos podrían estar ya a la vista. A pesar de que el porcentaje de personas que dicen sentirse seguras sigue siendo más alto en Yucatán que en cualquier estado de la república, este indicador ha disminuido 10 puntos porcentuales en los últimos 2 años. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública de 2014 (Envipe) en 2012, 81% de los yucatecos afirmaba sentirse seguro en su estado, mientras que en 2014 71% contestó en el mismo sentido. Según la misma medición, el número de delitos —incidencia delictiva— y la cantidad de personas que sufrieron algún delito —prevalencia delictiva— en nuestro estado se incrementó durante el mismo período.

 

A lo anterior es preciso agregar fenómenos focalizados como el incremento en el número de pandillas en el sur de nuestro estado y los robos a casa habitación en colonias específicas de Mérida, que podrían diluirse si sólo se considera en el buen estado general de seguridad del que aún disfrutamos buena parte de los yucatecos. Tal como ha señalado la organización México Evalúa “dentro de un estado se pueden registrar marcadas diferencias entre regiones, municipios, o incluso colonias y calles… la violencia y la delincuencia no impactan de la misma forma a toda la población de determinada entidad: es decir, hay zonas más inseguras que otras”.

 

Una tarea pendiente para la sociedad yucateca es elaborar un análisis más detallado y profundo de los fenómenos revelados por la Envipe mencionados en este texto. Nos hemos habituado a vivir en un oasis que la eficiente tarea policiaca ha podido preservar hasta el día de hoy. Empero, por los motivos expuestos anteriormente, a mediano plazo podría no haber, por eficiente y bien intencionada que pueda ser, estrategia policiaca que baste para contener al creciente ejército de individuos desesperados que el gobierno de Yucatán está fabricando.— Mérida, Yucatán.

 

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM)

 

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Crónica de un fracaso anunciado

Reconocerse como hombre muerto permite luchar por mantenerse vivo por tanto tiempo como sea posibleGeorge Orwell, escritor británico


Decepcionados de la democracia y asfixiados en la estrechez de nuestro desempeño económico, a estas alturas es claro que estamos muy lejos de soñar algo parecido al sueño mexicano.

 

Los diagnósticos para nuestra presente enfermedad están a la orden del día y muchos de éstos ofrecen elementos realmente clarificadores que ayudan a entender algunos de los principales obstáculos impiden el desarrollo de nuestro país. Corrupción, impunidad, violencia, modelo económico fallido, pobreza, ignorancia… son todos males que inciden en mayor o menor medida en nuestro trágico estado de cosas actual. Sin embargo, poco suele hablarse de un escenario, aparentemente irracional, pero no por ello menos real: la posibilidad de el desastre que vivimos haya sido producido y sea sostenido a propósito.

 

Ésta es precisamente la tesis que defienden Daron Acemoglu y James Robinson en su aclamado libro “Por qué fracasan las naciones” (“Crítica”, 2012). Quizás el argumento más contraintuitivo contenido en este texto es que a las élites les conviene mantener sistemas extractivos -aquellos sistemas cuyo objetivo es la extracción de rentas y riqueza de una parte de la sociedad para beneficiar a otra de sus partes-, por lo que bloquean toda la posibilidad de surgimiento de nuevos escenarios que pondrían en riesgo su poder. Se trata de la lógica del colonialismo.

 

Acemoglu y Robinson parten de la base de la relación de doble vía existente entre poder político y poder económico y postulan que quienes logran hacerse del primero pueden determinar la estructura del segundo que más convenga a sus intereses, y postulan que los beneficiarios del régimen extractivo no tienen ningún incentivo para poner en riesgo el poder que detentan. El ejemplo más claro de este fenómeno es la vida que llevan algunos dictadores africanos que, a pesar de la miseria de sus pueblos, poseen aviones de lujo, castillos repletos de oro o aeropuertos particulares. No es difícil ver la relación entre este estilo de vida y el de algunos de los integrantes de la clase política o de la oligarquía mexicanas. Tampoco resulta complicado aceptar, como los mismos autores mencionan, que México es un país que ha estado, salvo por brevísimos lapsos, dominado desde la colonia por élites extractivas.

 

El crecimiento de la clase media detona el crecimiento económico de un país y suele venir acompañado por un incremento en la conciencia social de quienes la integran, circunstancia que pone en riesgo el estado de cosas del que se benefician las élites extractivas. Esta tesis puede ser respaldada adicionalmente con uno de los principales planteamientos esgrimidos por Thomas Piketty en su libro “El capital en el sigo XXI” (FCE, 2014), quien demuestra que el crecimiento económico rápido merma el porcentaje de participación del capital en la generación de la riqueza de una sociedad.

 

Contrario a lo que ocurre con los sistemas extractivos, las instituciones inclusivas permiten las libertades necesarias para la innovación y la competencia, generando la posibilidad de “destrucciones creativas” que no sólo alteran la distribución económica, sino que incoan cambios políticos. Ejemplo de éstas son la revolución industrial o la revolución digital. Es por tanto un error dejarse llevar por el sentido común y suponer que a los beneficiarios del actual sistema les convenga que se genere desarrollo económico. Es este uno de los principales motivos por los que las élites económicas en sistemas extractivos suelen ser profundamente conservadoras.

 

En este contexto no sería casualidad que desde hace 30 años México siga un modelo económico, aplaudido por buena parte de las élites económicas y políticas, que genera tasas de crecimiento muy por debajo de lo que se necesita para incorporar a millones de personas a la economía formal.  A pesar de que desde el inicio de nuestra historia los mexicanos no hemos conocido más que regímenes extractivos, en este momento nos enfrentamos a una de las peores crisis de nuestra historia reciente. El caos presente crea una coyuntura que obligará a que se produzca algún cambio. Ante esta circunstancia, se abren dos posibles escenarios:

 

El primero es que las instituciones extractivas sean reemplazadas por otro tipo de instituciones extractivas -algo muy similar a lo que ocurrió después de la independencia o después de la revolución-. El segundo es que la flaqueza del actual modelo termine por desbaratarlo y que la sociedad mexicana, más participativa y crítica que nunca, logre tener la fuerza suficiente como para sentar las bases de instituciones inclusivas que permitan que todos los seres humanos de este país tengan la oportunidad de ser educados y de desarrollarse libremente. Lo que ocurrirá depende en gran parte de la participación de la sociedad en lo público y de un raigambre de factores políticos impredecible. Y también de la suerte.

 

“Por qué fracasan los países” ha sido aclamado a nivel mundial y un buen número de analistas lo consideran ya un libro fundamental para entender los orígenes de la desigualdad y de la pobreza en el mundo. Los mexicanos nos asombramos cómo, en medio de este caos, seguimos siendo un país de pobres con multimillonarios y políticos ricos. Consecuentemente solemos preguntarnos cómo es posible que nuestras autoridades cometan errores económicos infantiles, que se condonen miles de millones de pesos en impuestos a los grandes contribuyentes o que no se entienda que, mientras no tengamos salarios dignos que permitan la construcción de un mercado interno sólido, no podremos crecer económicamente.

 

La respuesta que nos dan Acemoglu y Robinson es contundente: “No lo hacen bien no porque se equivoquen o por su ignorancia, sino a propósito”. Sólo en la medida en que tomemos en serio esta tesis podremos entender sus alcances y evitar que continúe definiendo el rumbo de nuestro actual fracaso.- Mérida, Yucatán.

 

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

 

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Crónica de un fracaso anunciado

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