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¿Sin lugar para los débiles?

En las economías avanzadas, como en Japón, Alemania y Estados Unidos, el uso de robots se ha duplicado en la última década. Si no hemos notado su ascenso es porque este ha sido tan silencioso como vertiginoso. Desde sus orígenes las computadoras han duplicado su capacidad cada dieciocho meses y se estima que, de mantenerse esta tendencia, en un lapso menor a veinte años 47% de los trabajos en Estados Unidos estarán en riesgo de ser automatizados y en noventa años 70% de las ocupaciones actuales humanas serán desempeñadas por robots.

Es posible mirar este fenómeno al menos desde tres diferentes perspectivas

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http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/sin-lugar-para-los-debiles

¡Otra tierra!

Cualquiera que conozca la existencia de otros planetas seguramente ha imaginado la posibilidad de que exista vida fuera de la Tierra.  Las fantasías populares son inagotables y en ellas suelen aparecer seres extraterrestres con fenotipos diversos, integrando sociedades disímiles y habitando mundos de toda clase.

Si bien es cierto que la vida no tendría por que estar supeditada a la existencia de condiciones similares a las que han permitido su surgimiento en nuestro planeta, también lo es que si estas condiciones fueran encontradas en otro planeta, algún tipo de vida también podría estar presente en éste. Consecuentemente, muchos astrónomos se han dedicado a buscar insistentemente planetas similares a la Tierra fuera de nuestro sistema solar.

El avance tecnológico necesario para llevar a cabo esta empresa ha propiciado que la detección de exoplanetas sea relativamente reciente. Hace apenas veinte años los humanos obtuvimos registros del primero, pero sus características eran muy distintas a las de la Tierra . Desde entonces, el número de exoplanetas se han multiplicado al millar, aunque ninguno había mostrado las condiciones necesarias para la vida como la conocemos, mismas que están determinadas no sólo por las características del planeta en cuestión, sino por las de la estrella que éste orbita.

Pero esta historia dio un espectacular y maravilloso giro ayer cuando la NASA anunció eldescubierto de Kepler 452b, un planeta ubicado a 1, 400 años luz de nosotros, rocoso como el que habitamos, con una masa 1.6 veces superior a la de nuestra Tierra y que orbita a su sol cada 384 días terrestres; es decir, que está ubicado en una zona considerada por los científicos como “habitable” debido a las temperaturas que en ella se alcanzan.

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http://www.sinembargo.mx/opinion/24-07-2015/37222

Candidatos mercancías

Los partidos políticos han empezado una disputa por el voto de los mexicanos y es claro que el exhibicionismo publicitario será una de sus principales estrategias para convencer a aquellos electores aún indecisos.

Apenas han transcurrido dos semanas de campaña y el país ya está tapizado de espectaculares, de posters y de anuncios móviles que muestran caras, slogans y colores. La radio y la televisión, saturados de brevísimos spots en los que apenas alcanza a colarse alguna frase montada sobre la onda de melodías originales o piratas. Una foto del siempre sonriente candidato abrazando a alguno de sus “buenos amigos”, de preferencia una persona con alguna condición de vulnerabilidad -los políticos suelen encontrar su amistad particularmente estimulante-, un ritual coronado por un bailoteo populachero rodeado de los extáticos fans y gloriosos mítines controlados de principio a fin generan una imagen que se difundirá durante los próximos días para demostrar al público la cercanía del político con el pueblo en aras de sellar la venta del “producto”.

La publicidad política proyecta a los candidatos y a los partidos como mercancías –igual que cajas de cereal o papel higiénico- y asume que los votantes son potenciales clientes. Esta analogía mercantil no es del todo irracional. El capitalismo como la democracia comparten la base común de que seres humanos concebidos como libres pueden competir por obtener la preferencia de otros seres humanos igualmente libres. Este principio es válido para la dinámica de mercado implicada en cualquier actividad comercial y lo es también para la campaña de cualquier candidato.

Al menos en la teoría, tanto el capitalismo como la democracia tienen como uno de sus puntos más brillantes el presupuesto de que los seres humanos somos por nacimiento iguales y que nada nos debe impedir desarrollarnos libremente hasta donde queramos o podamos. A la dinámica deberían supervenir beneficios económicos y políticos adicionales para una sociedad. En el capitalismo la libre competencia debería significar que cualquiera que se esfuerce y se distinga por la calidad o por el precio de su producto terminará siendo premiado mediante el éxito económico. También los consumidores deben ganar al obtener buenos productos a precios bajos. En la democracia esta dinámica significa que los partidos han de competir presentado las mejores propuestas, a los candidatos con mejor perfil y trayectoria más confiable. Por su parte, los electores deberían obtener el beneficio de contar con los mejores gobernantes y los mejores proyectos.

Esta analogía se fractura, empero, cuando consideramos que las democracias modernas no están fundamentadas en la selección de un producto para consumo personal sino en el reconocimiento efectivo de la existencia del conflicto social o político, es decir, la manifestación del enfrentamiento entre demandas sociales-intereses contrapuestos procedentes de distintos actores políticos grupales. Estas demandas son llevadas a la arena electoral por los partidos políticos, quienes representan intereses, asumen demandas sociales e intermedian entre el sistema social y el sistema político (“La delimitación del concepto de partido político”, Trotta, 2012). Los partidos también deberían de racionalizar los conflictos sociales agrupando opiniones individuales en torno a un número limitado de opciones ideológicas.

En la presente contienda electoral los partidos políticos mexicanos deberían entonces, si pretenden ser útiles a la sociedad, racionalizar y explicitar nuestros conflictos sociales y no limitarse venderse, como los productos que pueblan las repisas de un supermercado, con base en empaques, caras, fotos o logos llamativos. Tampoco sirven a la democracia los eventos controlados repletos de clientelas sometidas; representaciones teatrales que fungen como las vitrinas del producto-candidato y que por tanto son inútiles para contraponer o enfrentar argumentos.

Estamos aún a muy buen tiempo de revindicar a dos formatos principales que pueden, contribuir a que, aunque sea mínimamente, los partidos políticos en campaña cumplan con su función como explicitadores y racionalizadores del conflicto sociopolítico. El primero de ellos son los debates –nótese la letra “s” final -. Cada debate debería de caracterizarse por una confrontación abierta y flexible que permita a los candidatos el tiempo suficiente para desarrollar sus propuestas y también para criticar las del adversario. En este sentido, la utilidad de los debates que organizarán los distintos organismos electorales dependerá en gran medida del formato que se termine pactando. Los candidatos no tendrían por qué rehuir a esquemas que permitan el rebate y la confrontación civilizada.

Además de la calidad de los debates, resulta de la mayor importancia su cantidad. No existe ningún motivo democrático para que los candidatos no acepten debatir en tantos foros como sean invitados. La prioridad de la campaña de un candidato genuinamente democrático –es decir, que no se considera un mero producto- no puede ser tomarse fotos abrazado de personas de la tercera edad, sino desarrollar sus propuestas y argumentos con tanto detalle como el tiempo se los permita. Se supone que a nuestros políticos no les motiva el dinero o el poder, sino la articulación de un proyecto. De cada enfrentamiento real de propuestas se debería de producir la mejora de las mismas y una audiencia mucho más informada.

Un segundo formato que contribuiría a explicitar el conflicto social son los foros con público organizados por universidades o medios independientes –esto excluye automáticamente a Televisa y a TV Azteca- donde los candidatos puedan exponer sus propuestas, pero donde también se puedan ver retados intelectualmente. De acuerdo a la más reciente Envud (2012) a mayor nivel educativo corresponde un mayor interés en asuntos políticos.  Las universiddes constituyen, por tanto, un ambiente ideal para este tipo de eventos,  al contar con audiencias más participativas, críticas e informadas que el promedio de los ciudadanos. Este tipo de esquema es particularmente valioso porque las respuestas a las preguntas del moderador y de audiencia pueden ser articuladas posteriormente como parte de proyectos integradores que permitirían al electorado, a través de su difusión en medios de comunicación indepedientes, comparar a profundidad todas las plataformas.

Si bien es cierto que las campañas políticas se montan en los mismas estrategias y en la misma estructura industrial mediática sobre la que se articulan las campañas promocionales de productos y servicios, mal haríamos en aceptar que esto legitima automáticamente que los partidos y los candidatos se transformen en mercancías. La actitud que cada candidato asuma durante la campaña nos revelará si estamos ante un ser humano dispuesto trabajar por la democracia o ante un producto empaquetado que pertenece más bien a la repisa de un supermercado y que, como tal, es inerte, igual a los de su serie de producción y desechable; es decir, ante un medio diseñado con el único fin de obtener nuestro dinero.

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¡Precaución! Partido tóxico para la democracia

Cada voto que reciba el Partido Verde contaminará más nuestra ya muy enferma democracia. Le cuento por qué.

 

Desde hace varias semanas el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ha emprendido una agresiva estrategia que incluye tácticas claramente ilegales. Mientras los demás partidos guardaron las formas y respetaron superficialmente la prohibición de contratar anuncios en momentos y formatos específicos, el Verde repartía tarjetas de “beneficios”, lentes o vales y tapizaba lo mismo ciudades , que salas de cine y frecuencias de televisión y radio.

 

La reacción del Instituto Nacional Electoral (INE) ante esta afrenta ha sido tan lenta y débil que esta situación ha pasado de lo ridículo a lo grotesco. El PVEM ha pagado cientos de millones de pesos en multas, pero ha desafiado abiertamente a la autoridad electoral al continuar replicando las mismas acciones por las que ha sido sancionado. El Verde ha entendido perfectamente que sus multas las paga con nuestros impuestos y que con ellas puede comprarse impunidad. La ecuación es muy sencilla: al final del día el PVEM está invirtiendo en el pago de un sobreprecio -multas- por el privilegio de anunciarse en exclusiva. Negocio redondo.

 

A la ilegalidad y mezquindad de la estrategia Verde es preciso sumar otros dos factores. Su publicidad consiste en una mezcla entre el uso de la imagen de estrellas de televisión como carta de presentación y narrativas sentimentaloides. Este formato está diseñado para encontrar eco en los segmentos del electorado menos informados. Así, este partido es capaz de mostrarse “fresco”, de atribuirse tramposamente méritos intrascendentes o de lanzar promesas populistas sin sustento.

 

Finalmente, a la ilegalidad de la campaña y a lo mezquino de la publicidad del PVEM, hay que agregar que el electorado mexicano, harto con justa razón de sus instituciones y en particular con su partidocracia, castigará en 2015 de forma más severa al PRI, al PAN y al PRD; los tres partidos con más posiciones ejecutivas y legislativas en México. Las encuestas más recientes revelan que el PVEM estará disputando, junto al PRD y MORENA, el puesto de tercera fuerza política del país.

 

Es un gravísimo error considerar al Partido Verde como una opción electoral para castigar a nuestro sistema de partidos. El principal problema del PVEM no es que tenga vicios que exhiben otros partidos; el problema es que en el Verde no se puede encontrar más sustancia que esos vicios. En realidad, este partido no es ni siquiera un partido político ya que no es una entidad de interés público, no contribuye a explicitar demandas sociales legítimas, ni busca prioritariamente obtener el poder. Tampoco es ecologista. Entre su filas militan cazadores o depredadores y ha apoyado causas desde propuestas anti ecologistas hasta la pena de muerte. El PVEM ha sido expulsado de la coalición de partidos verdes europea y no es reconocido por Greenpeace. ¿Qué es y para qué sirve entonces el Verde?

 

Es bien sabido que el PVEM es un negocio privado cuyo dueño es Jorge Emilio González Martínez, conocido como el “Niño Verde” porque heredó esta franquicia desde muy joven de manos de su padre. Entre los mexicanos más informados la reputación de este personaje está por los suelos. Dado que es él quien manda en este partido, vale la pena recordar brevemente un par de momentos representativos de su trayectoria.

 

Hace unos años González fue detenido en un retén en la ciudad de México, donde dio a los agentes un nombre falso. Posteriormente se resistió al arresto con la ayuda de sus guardaespaldas, que terminaron advirtiendo a los policías “no saben con quién se meten. es el Niño Verde”, y finalmente logró, amparado por su fuero, evadir la sanción. Al salir el caso a la luz pública, el “Niño Verde” se vio obligado a pedir una disculpa y a pagar las horas de detención que su afrenta ameritaba. Peor aún, González también fue captado en vídeo negociando, a cambio de un soborno de 20 millones de pesos, la gestoría de un permiso de construcción para un hotel en Quintana Roo. Cuando el vídeo fue difundido, el dueño del PVEM aseguró que lo “chamaquearon” y que en realidad era él quien le estaba poniendo una trampa al corrupto empresario para luego denunciarlo.

 

Recapitulemos: el PVEM no es partido, no es verde y es propiedad privada de un dueño corrupto. Sin embargo, por si eso no fuera suficiente, más lastimosa aún es la lógica con la que opera. Durante los primeros años de su existencia el Partido Verde buscaba desesperadamente mantener el porcentaje mínimo de votación para preservar el registro que le garantizara poder obtener, año con año, una jugosa tajada del presupuesto. Pero pronto aprendió que el verdadero negocio estaba en otro lado. Actualmente el Verde ha diversificado sus fuentes de ingresos y se ha convertido una verdadera comercializadora político-electoral.

 

Por principio de cuentas, el PVEM vende su apoyo electoral al partido que más ofrezca por éste. Algunos analistas políticos especializados en temas electorales han señalado que el PRI no hubiera ganado la elección de 2012 sin el apoyo del Verde. En segundo lugar, en vez de servir como vehículo para representar a los mexicanos, el PVEM ha entendido los beneficios de vender los espacios plurinominales a los que tendrá acceso a los grandes capitales que puedan pagar por ellos. Ejemplo de lo anterior es la candidatura de Ninfa Salinas Pliego, hermana del dueño de TV Azteca e integrante de la denominada “telebancada”. El Verde se renta al mejor postor como una suerte de vientre subrogado en el que se incuban los intereses de los poderes fácticos.

 

Finalmente, el PVEM goza también de los beneficios de haberse convertido en un partido satélite del PRI. Producto de la pésima gestión del actual ejecutivo federal este último partido ha estado perdiendo preferencias electorales mientras que el Verde las ha ido ganando. Es por ello que para algunos estamos ante la conformación de una “marca alterna” del PRI (Sinembargo.mx, 25/03/2015) que cumple con la doble función de presentarse ante el electorado con una imagen más fresca y de recibir las multas del árbitro electoral.

 

Los mexicanos estamos hartos de nuestra partidocracia. Es entendible que busquemos opciones nuevas y que no queramos saber absolutamente nada de los partidos tradicionales. Sin embargo, por las razones expuestas anteriormente, lo peor que podemos hacer es otorgar nuestro voto a un partido altamente tóxico para nuestra democracia. En futuras entregas de esta columna serán analizadas otras posibilidades. En cuanto al Partido Verde, me sumo por este medio a la propuesta que han hecho Denise Dresser y otros académicos: no tiene razón de existir y su registro como partido político debería ser anulado.- Mérida, Yucatán.

 

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#EndefensadeAristegui

Algo va muy mal cuando una empresa de telecomunicaciones emprende públicamente una feroz campaña con el fin de orillar a su periodista estelar a renunciar.

El pasado miércoles MVS tapizó los principales diarios del país e inundó sus espacios comerciales con un comunicado en el que advertía, con una rudeza desmesurada, que no permitiría ningún “abuso de confianza” por parte de sus colaboradores. No hacía falta incluir el nombre del destinatario de este mensaje. Las amenazas de MVS aludían directamente a la periodista Carmen Aristegui, quien horas antes había firmado, a título personal, pero presentándose como parte de la empresa para la cual trabaja, un convenio para echar a andar un portal para recibir denuncias ciudadanas anónimas denominado “Mexicoleaks”.

Al día siguiente MVS anunció el despido “por pérdida de confianza” de dos integrantes del equipo de Aristegui: el reportero Irving Huerta y el jefe de información Daniel Lizárraga. En su programa del viernes, la periodista hizo un llamado para que se reinstale inmediatamente a sus colaboradores. MVS respondió publicando los “nuevos lineamientos para sus noticieros”, entre los que figura de manera destacada la creación de un comité editorial que deberá dar su aprobación previa a todo trabajo de investigación realizado por los periodistas de esta empresa.

Es evidente que la reacción de MVS no obedece a una lógica comercial o periodística. De mantenerse dicha compañía en su postura, Aristegui probablemente terminará por renunciar (Actualización: Aristegui fue despedida por MVS el pasado 15 de marzo) y esta empresa, que en teoría obtiene sus ganancias de la venta de espacios comerciales en sus programas, estará sacrificando al noticiario de radio más escuchado del país y su “producto” más exitoso. Carmen Aristegui es la razón indiscutible por la que el público sintoniza la “primera emisión” de los noticiarios de esta cadena. Su audiencia se iría con ella.

El sentido de esta cruzada delirante de MVS contra su directora y más prestigiada colaboradora está en otro lado. Todos los eventos descritos anteriormente giran sobre el mismo eje. Tanto Huerta como Lizárraga estuvieron directamente involucrados en la investigación que reveló la existencia y los pormenores de la “casa blanca” de Enrique Peña Nieto. Muchos temas de enorme trascendencia para la vida nacional que la falta de espacio no permite enlistar, han sido dados a conocer originalmente o abordados con una profundidad sin paralelo en este programa. Los nuevos “lineamientos” de MVS están claramente encaminados a que nunca más pueda publicarse un reportaje con la independencia editorial plena que caracteriza a Aristegui. No más “casas blancas”.

Es claro que después de los años que Aristegui ha invertido en abrir y sostener un espacio libre y crítico, el medio para el que trabaja pretende ahora forzar su salida sin despedirla técnicamente. Un periodista independiente tiene dos líneas de defensa contra los embates del poder al que critica. Una de ellas es el medio en que publica. Mientras mayor sea el peso específico de la radiodifusora o espacio en cuestión, más probabilidades habrá de que el periodista pueda ser protegido. En un contexto autoritario, si el medio le da la espalda a su colaborador en conflicto con el poder, éste queda expuesto e inerme ante aquellos cuyos abusos denunció. Sin embargo, también hay un alto costo para el medio, que pierde la credibilidad en su interior, debilita la moral o calidad de sus trabajadores y termina, eventualmente, degradando su labor periodística.

Pero más allá del medio para el que publica su trabajo, hay una segunda barrera protectora para los periodistas independientes y críticos: su audiencia. En 2011, durante el sexenio de Felipe Calderón, MVS despidió a su periodista más influyente muy probablemente por presiones surgidas desde Los Pinos; pero terminó reinstalando a Carmen ante la presión popular en redes sociales y en las calles.

Gracias a su impecable trayectoria, Aristegui se ha llegado a convertir en un ícono del periodismo nacional cuyo nombre es asociado con integridad profesional, independencia periodística y espíritu crítico. Esta periodista, cuya contribución a la democracia mexicana es invaluable, encarna hoy ideales humanos fundamentales, como la valentía o la honestidad; bienes escasísimos en la radio o televisión nacionales. Muchísimos mexicanos lo saben y la prueba está en que sus muestras de apoyo en redes sociales han sido avasalladoras. En apenas un par de días, fueron recolectadas más de 130,000 firmas en apoyo a su causa y el hashtag -etiqueta de Twitter- #EndefensadeAristegui se reprodujo cientos de miles de veces. Aunado a ello, un importante número de reconocidos académicos y periodistas, de diversos orígenes e ideologías, han manifestado públicamente su solidaridad para con ella.

Hoy más que nunca es preciso defender los espacios de libertad ganados. Desde el regreso del PRI a Los Pinos, periódicos como los de Grupo Healy en Baja California han sido amenazados, portales independientes como Sinembargo.mx han sido atacados y otros medios, comunicadores y programas han sido sutilmente saboteados. Ante una presión de tal magnitud, algunos medios de comunicación han terminado por claudicar ante el gobierno. Con ellos, claudica también una parte de nuestras posibilidades de entender y de cambiar nuestro presente.

En un mensaje dado durante más reciente programa, Aristegui advirtió: “No tenemos derecho a aceptar lo que parece ser ya no un aroma sino un vendaval autoritario de regresiones… Hay hoy en México un clima sumamente preocupante y este panorama no lo podemos aceptar… Esta batalla, no lo dude nadie, es una batalla por nuestra libertad, es una batalla por el derecho a expresarnos, es una batalla por el derecho a saber, es en defensa de los periodistas y, por tanto, en defensa de la sociedad”.

Tiene razón. La circunstancia presente rebasa el ámbito privado o individual y se ha vuelto un asunto del mayor interés público. El programa de Carmen Aristegui es, sin duda, el espacio de crítica y deliberación más influyente de México. Más allá de sus enormes cualidades y de la admiración y respeto con que muchos desde hace años la miramos, Aristegui es una figura que representa hoy a todos aquellos periodistas y medios que día a día ejercen su derecho de libertad de expresión y que muestran a la sociedad la realidad nacional desmaquillada.

Si se le cierra la puerta a ella, se le puede cerrar a cualquiera y entonces sí que todos nos quedaremos afuera, al menos por un buen rato. La defensa de Carmen Aristegui contra la censura es la defensa de los muchos que queremos un país diferente contra los pocos que se esmeran en preservar lo actualmente existente; del interés colectivo contra los poderes fácticos; de los que sueñan con libertad e igualdad contra los que buscan resucitar, a cómo dé lugar, nuestra extinta “moral de siervo”.- Mérida, Yucatán.

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Los alfileres que nos sostienen

La violencia como medio es siempre, o fundadora de derecho o conservadora de derecho. En caso de no revindicar alguno de estos dos predicados, renuncia a toda validezWalter Benjamin, filósofo alemán


 

Resulta sumamente alentador que, tras recorrer un larguísimo y empedrado camino, en las sociedades occidentales más avanzadas un buen número de libertades -entre las que figuran notablemente las políticas, las sexuales y las religiosas- formen ya parte de un creciente catálogo de derechos humanos básicos que sólo a los reaccionarios más obcecados parecen incomodar.

 

Empero, si bien es cierto que el tamaño y el diseño estructura de derechos que nos hemos construido han mejorado con el tiempo,  tal parece que nuestra fijación con la seguridad, un derecho básico de todo ser humano y la principal razón de ser del Estado, se ha convertido en uno de los principales móviles para violar derechos humanos en nuestro país.

 

Vale la pena recordar que durante las últimas décadas el sobredimensionamiento, ya sea intencionado o por falta de entendimiento, de las verdaderas causas de amenazas para la seguridad individual o colectiva, como el consumo de drogas o el terrorismo, ha llevado a un buen número de naciones a emprender auténticas guerras con el pretexto de proteger a sus sociedades de estos peligros. Los mexicanos lo sabemos muy bien. En nuestro país el combate al terrorismo y al consumo y tráfico de sustancias ilícitas se mimetizan en la desastrosa “guerra contra el narco”. No es casualidad que la cantidad y la magnitud de las violaciones a derechos humanos se haya disparado en nuestro país desde que Felipe Calderón emprendiera su “guerra”.

 

El problema fundamental de las políticas públicas basadas en estrategias bélicas es que se suelen terminar violentando libertades fundamentales en aras de proteger a los ciudadanos de sí mismos o de amenazas poco probables. En el marco de cruzadas dogmáticas como la “guerra contra el terror” o su análoga “guerra contra las drogas”, algunos gobiernos han implementado medidas que van desde la pérdida de la privacidad en línea, producto del ciberespionaje preventivo, hasta el cambio de leyes fundamentales que garantizan libertades básicas o la militarización de los equipos y de las tácticas de policías civiles; acciones que son justificadas inicialmente como necesarias para proteger a los habitantes de una nación, pero que en realidad otorgan licencia a las autoridades para su permanente vigilancia, represión o para limitar el margen de su libertad de acción.

 

Un par de ejemplos ayudan a entender el tamaño de algunos de los “fuegos” que se pretende apagar con gasolina. ¿Tiene sentido  pagar los altísimos costos en términos de vidas, libertades o monetarios de la guerra iniciada por Felipe Calderón y continuada por Enrique Peña Nieto en nombre de la “protección” de 0.7% de los consumidores de drogas mexicanos han perdido su autonomía -es decir, son adictos- a alguna sustancia (ENA, 2012)? La probabilidad de que un estadounidense sea asesinado por un terrorista en Estados Unidos es de uno en 3.5 millones, por lo que la pregunta lógica es ¿cuánto están dispuestos a sacrificar los norteamericanos para reducir esta posibilidad a uno en 4.5 millones? (“LA Times”, 28/08/2011).

 

El título de uno de los informes de “Human Rights Watch” (2011) retrata a la perfección el saldo que la estrategia detrás de esta irracional cruzada ha dejando a su paso en nuestro país: “Ni seguridad, ni derechos”. México se ha convertido en una marca internacionalmente identificada como sinónimo de territorio en el que el Estado fomenta la violencia y viola impune y constantemente derechos humanos. Así se nos ve, con razón, desde afuera. Para terminar de ensombrecer el panorama, en medio de este río revuelto, en algunas partes del país lo mismo se atenta contra periodistas que contra activistas o luchadores sociales.

 

Ante la indiferencia o la sumisión al poder de muchas de las comisiones estatales de derechos humanos -entre las que se encuentra la Codhey-, en este contexto resplandece la importancia de organizaciones defensoras de derechos humanos internacionales con presencia en México como “Amnistía Internacional”, “Human Rights Watch” o “Artículo 19″o nacionales, como “Hermanos en el camino”, cuyo aporte es invaluable.

 

No es momento para escatimar nuestra solidaridad a aquellos que nos mantienen con vida muchos de los derechos humanos de los habitantes de nuestro país. Sería imperdonable darles la espalda ignorándolos o regateándoles nuestro apoyo. Este tipo de asociaciones, en mancuerna con la prensa libre e independiente, son dos de los alfileres que sostienen la posibilidad de que el momento presente sea superado y de que México pueda algún día ser reconstruido con los restos rescatables de su naufragio

 

 

@asalgadoborge

 

https://asalgadoborge.wordpress.com/

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

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Los alfileres que nos sostienen

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