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¿Quién quiso aniquilar a Carmen Aristegui?

Con excepción de Estados Unidos, Liberia y Myanmar, cuando se trata de medir longitudes todo el mundo utiliza el sistema métrico. Pero este no fue siempre el caso. El metro fue introducido como unidad de medida universal en Francia hace poco más de 200 años.

Originalmente, el metro fue definido como la diezmillonésima parte de la distancia que separa el polo norte de la línea del ecuador pasando a través de Paris. Si esto suena complicado es porque lo es.

En consecuencia, para fines prácticos, el metro fue representado a través de una barra metálica; una suerte de “metro estándar” que sirvió como referencia para replicar esta medida sin necesidad de hacer cálculos complejos. A su vez, réplicas del “metro estándar” fueron instaladas en distintos puntos de París para que la gente pudiese comparar extensiones familiares a través de la nueva medida.

Así como el metro estándar tenía la función de medir y comparar longitudes, el mundo cuenta con un puñado de “periodistas estándar” que logran representar el sentido de su profesión y convertirse en puntos de comparación y referencia. El de Carmen Aristegui es, sin duda, el caso más conocido e incontrovertible del siglo XXI en México.

Ni el grotesco intento de aniquilamiento del que Aristegui fue víctima esta semana en redes sociales ni el resultado de este intento se explican sin este contexto.

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Toxicidad robotizada: los bots mexicanos y sus conexiones

Cualquiera que utilice redes sociales se ha topado con bots, cuentas automatizadas que, gracias a la permisividad de Facebook y de Twitter, infiltran, saturan y contaminan la discusión pública.

Probablemente los bots más conocidos son los que hacen todo lo anterior con el fin de favorecer a un candidato o partido político. No es causalidad que este sea el caso. Los bots saltaron a la fama en México a partir del uso intensivo que Enrique Peña Nieto hizo de este mecanismo a partir de 2012, los llamados “peñabots”.

Desde entonces, el uso de bots por las principales fuerzas políticas en México se ha extendido y sofisticado. Tal como Carlos Páez ha documentado en Aristegui Noticias, todas las fuerzas políticas de México los utilizan como parte de su estrategia en redes sociales. En consecuencia, los bots se han multiplicado al punto de que actualmente la mitad de las cuentas que interactúan en discusiones políticas en Twitter son automatismos.

Este fenómeno es reflejado con más claridad en la presencia de bots pro-AMLO y bots anti-AMLO, cuentas que aparecen para sembrar memes o comentarios lo mismo en publicaciones sobre política que en noticias relacionadas con ciencia o deportes.

Sin embargo, los bots partidistas no son los únicos en nuestro vecindario.

En los últimos años las mexicanas y los mexicanos hemos sido testigos de la multiplicación de automatismos que brincan para defender a líderes internacionales, como Donald Trump o Vladimir Putin. Aunque fue más evidente durante la campaña presidencial en Estados Unidos el año pasado, los bots pro-Trump o pro-Putin continúan en activo

También hemos visto a hordas de bots que irrumpen en los comentarios a notas sobre violencia contra las mujeres para revictimizar o para agredir a feministas, haciendo abierta apología del sexismo y de las agresiones físicas en su contra. Esta lógica, es importante aclarar, está presente desde antes de los desaires del actual gobierno al movimiento feminista y va mucho más allá de ese desencuentro.

Finalmente, cuentas automatizadas o semiautomatizadas aparecen cada vez que se comparten publicaciones sobre derechos de la comunidad LGBT. El discurso de odio, tanto el dirigido hacia grupos de la diversidad sexual como el enfocado en individuos por su pertenencia a alguno de estos grupos, se manifiesta particularmente cuando los contenidos hacen alusión al matrimonio igualitario o a crímenes de odio.

Antes de continuar, dos aclaraciones son importantes. Al identificar los anteriores fenómenos no pretendo insinuar que todas las cuentas que apoyan a Trump o a Putin, o que publican contenidos sexistas o difunden contenido de odio contra la comunidad LGBT son bots o cyborgs. Mi única intención es subrayar que un buen número de automatismos o semiautomatismos exhiben este tipo de comportamiento.

Tampoco pretendo que la lista de fenómenos mencionados arriba sea exhaustiva. Me parece, eso sí, que este listado puede ser representativo.

La pregunta obligada es, ¿existe alguna conexión entre estos fenómenos? Me parece que al intentar responder a esta pegunta existen al menos tres opciones relevantes sobre la mesa.

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Derechos LGBT y la generación Z: adiós al molde binario

Que las personas puedan contraer matrimonio con quien deseen sin distinción de sexo o género es un derecho humano. No hay rabieta o pataleta que pueda cambiar este hecho.

Tampoco es disputable que en nuestro país el matrimonio igualitario es constitucional; esto ya ha sido decidido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) desde 2015. Cualquier discusión sobre este tema es un grito en el desierto.

A pesar de la contundencia de estas premisas, en México los derechos de las personas LGBT no han terminado de ser plenamente reconocidos en los hechos. Ello podría estar por cambiar radicalmente en los próximos días. Dos anuncios hacen pensar que este puede ser el caso.

El primero es la aprobación en la Cámara de Diputados de un dictamen que pretende reformar 27 artículos de la Constitución y que incluye la prohibición explícita a discriminar por motivos de identidad, expresión de género u orientación sexual.

En ese documento, aprobado en comisiones, se señala explícitamente que la igualdad de todas las personas ante la ley “protegerá́ y garantizará en igualdad de derechos la organización y el desarrollo de todas las estructuras, manifestaciones y formas de comunidad familiar, incluyendo a las integradas por parejas del mismo sexo, con o sin hijas e hijos, que estén bajo la figura de matrimonio, concubinato o alguna otra unión civil”.

El segundo es que la SCJN, después de haber pospuesto la votación, podría decidir esta semana si defiende su propia jurisprudencia de 2015.

Si la SCJN acepta un amparo promovido contra el Congreso de Yucatán por resistirse a reformar leyes locales para permitir el matrimonio igualitario en ese estado, no sólo obligaría a modificar las leyes en Yucatán, sino que se traduciría en amparos similares en forma y resultados en otras entidades.

El impacto de decisiones de esta naturaleza podría ser mucho más amplio de lo esperado. Para ver por qué, empecemos considerando los resultados de una encuesta reciente dada a conocer por Gallup en Estados Unidos.

De acuerdo con Gallup, uno de cada seis estadounidenses de la generación Z o “zoomers” son LGBT. Estos números probablemente se incrementarán significativamente, pues la encuesta sólo consideró a la fracción de los “zoomers” mayores de 18 años, cuando esa generación está constituida por personas que actualmente tienen entre 23 y 9 años.

Para dimensionar la importancia de estos números, vale la pena poner a la generación Z en perspectiva. Mientras que 15.9% de los “zoomers” estadounidenses se identifican como LGBT, el 9.1% de los millennials o generación Y -personas que nacieron entre inicios de los 80 y mediados de los 90-, el 3.8% de la generación X -personas nacidas entre los 1965 y 1980- y el 2% de los “baby boomers” -nacidos entre 1946 y 1964- se identifican de la misma manera.

La diferencia entre la generación Z y la generación Y se debe en buena medida al aumento en las personas bisexuales. Es notable que el 72% de los “zoomers” LGBT se considere bisexual, mientras que la mitad de los “millennials” afirman lo mismo.

Este es el primer ejercicio detallado por generaciones y perfiles LGBT realizado por Gallup. Hasta donde conozco no existe un ejercicio semejante en México. Esto podría estar por cambiar, pues el INEGI confirmó recientemente que este año se levantará una encuesta para recopilar datos de la población LGBT. Colaborarán en este ejercicio la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

Para efectos de este análisis, lo importante es que es previsible que, como en Estados Unidos, las y los “zoomers” en nuestro país serán, por mucho, la generación que más se identifique como LGBT. También es esperable que, en consecuencia, el número de personas LGBT en México se incremente significativamente en los próximos años.

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El PRI y el PAN merecen perder este año

El PRI y el PAN llegarán a las elecciones de este año montados sobre una narrativa simplista y fatalista: la idea de que el país se está cayendo en pedazos y que, para evitar que el derrumbe sea total, es indispensable votar por ellos y contra Morena. Lo demás es lo de menos.

Mientras sus discursos y sus acciones sigan girando alrededor de esta narrativa simplista-fatalista, ni los priistas ni los panistas, juntos o separados, merecerán ganar elecciones.

Thank you for watching

Para ver por qué, empecemos reconociendo que sólo una de dos opciones puede ser cierta. O bien (a) el país no se está cayendo en pedazos -en esta categoría entrarían lo mismo escenarios donde nos va “de maravilla” que escenarios donde los resultados son mediocres- o (b) el país sí se está cayendo en pedazos, como afirman priistas y panistas.

Tomemos primero la opción (a); es decir, aceptemos, para fines del argumento, que el país no se está cayendo en pedazos.

Si la oposición acepta que este es el caso, entonces tendría que reconocer que su discurso no correspondería con la realidad. Y , por ende, que su narrativa sería falsa y que actualmente está predicando en el desierto.

Es fácil ver que esta lectura sería compatible con el hecho de que, si hoy fueran las elecciones, Morena obtendría 44% de los votos para diputados federales (de acuerdo con una encuesta de Alejandro Moreno publicada en El Financiero) y con el hecho de que, tal como se dio a conocer en Aristegui Noticias, 66% de las personas que viven en nuestro país aprueba el desempeño de AMLO (según una encuesta elaborada por De las Heras Demotecnia).

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Crónicas marcianas: vida y perseverancia

1. Verde mañana

Giovanni Virginio Schiaparelli apuntó hacia Marte con su telescopio rudimentario en 1877. Este astrónomo italiano observó en su superficie una serie de líneas extrañas y consideró se trataba de “canales”; obras hidráulicas artificiales análogas a las utilizadas en la Tierra para transportar agua.

El tiempo dejó mal parado a Schiaparelli. Sus “canales” resultaron ser meras ilusiones ópticas. Pero esta aclaración llegó tarde. La idea de los “canales” marcianos había abierto la puerta a una larga cadena de especulaciones sobre la posibilidad de que exista vida en Marte.

Las historias de los “pequeños hombres verdes”, parte de la cultura popular de la primera mitad del siglo XX, tienen un antecedente inmediato en las observaciones de Schiaparelli.

Probablemente debido a la imposibilidad de viajar a Marte, estas historias se centraron en la inminente visita de nuestros vecinos planetarios.

Los dos sentimientos principales generados por esta eventual visita fueron miedo o esperanza, dependiendo del tipo de la narrativa seleccionada.

Gracias al compositor cubano Rosendo Ruiz Quevedo, en 1955 Latinoamérica incluso estaba lista para recibirlos bailando “ricachá”. Pero la espera fue en balde. El chachachá pasó de moda y los marcianos nunca llegaron.

2. Las expediciones

Menos de diez años después, los seres humanos llegamos indirectamente al planeta rojo.

En 1964, la sonda Mariner 4 sobrevoló Marte y nos ofreció las primeras fotografías en close-up de un planeta distinto a la Tierra. Las imágenes de cráteres parecidos a los de la luna, algunos incluso escarchados, circularon y asombraron a millones. Pero las señales de organismos biológicos, incluyendo hombres verdes, no aparecieron por algún lado.

Gracias al Mariner 6 y al Mariner 7, en 1969 la atmósfera marciana fue analizada como nunca y quedó, de una vez y por todas, zanjado el debate abierto por Schiaparelli: en Marte no hay “canales”. El Mariner 9, lanzado en 1971, estuvo en la órbita marciana durante más de un año y nos regaló el primer “fotomapeo” de toda la superficie de ese planeta.

Los marineros fueron sucedidos por los vikingos. En 1976, el Viking 1 y el Viking 2 se convirtieron en los primeros artefactos humanos en tocar la superficie de Marte y aportaron más datos e imágenes impresionantes.

Uno de los objetivos de estos aparatos estáticos fue determinar con más precisión la existencia de posibles signos de vida. Pero no encontraron las evidencias suficientes para establecer que este es el caso. Lo que es peor, inicialmente generaron falsas expectativas gracias a unos experimentos mal realizados.

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La Suprema Corte se planta (o retrocede)

La Suprema Corte de Justicia de la Nación está por tomar una decisión sobre un asunto que en apariencia es local, pero que tendría repercusiones nacionales reales y de largo alcance.

El asunto que aparenta ser meramente local es un amparo interpuesto contra el Congreso de Yucatán por rechazar modificar las leyes en ese estado para permitir el matrimonio igualitario. El próximo miércoles, la Suprema Corte resolverá si el legislativo yucateco está obligado a reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Las repercusiones de esta decisión podrían ser de largo alcance. Si fallase a favor de conceder el amparo, la SCJN estaría reconfigurando las fronteras geográficas que hoy constriñen inconstitucionalmente el reconocimiento de un derecho. Con ello, la Corte estaría también redefiniendo las fronteras legales que actualmente amenazan con trivializar sus jurisprudencias.

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Por qué Donald Trump es culpable del asalto al Capitolio

Con el voto de toda la bancada del Partido Demócrata y un puñado de integrantes del Partido Republicano, el Senado de Estados Unidos aprobó esta semana que el presidente saliente puede ser sometido a juicio político. En consecuencia, Donald Trump está siendo juzgado.

Pero los demócratas se enfrentan ahora al reto de convencer al menos a 17 senadores republicanos de declarar a Trump culpable del principal cargo que se le imputa; es decir, de llamar a una turba a cometer actos de insurrección el 6 de enero pasado.

Para demostrar que este es el caso, los demócratas edificaron una estrategia consistente en dos argumentos que se intersecan. El primero es que culpar a Trump por lo que dijo en el evento que derivó en el asalto al Capitolio no constituye una violación a la libertad de expresión de ese expresidente. El segundo es que Trump intencionalmente, y con conocimiento de causa, llamó a la turba a cometer la insurrección a la que se hace referencia.

En ambos casos, los argumentos presentados son tan poderosos como convincentes. Esto no significa que los senadores republicanos vayan a votar en contra de la figura más influyente de su partido. Pero sí deja en claro a generaciones presentes y futuras que cualquier juzgado serio no dudaría en condenar al expresidente estadounidense. Vale la pena revisar ambos argumentos.

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Vacuna contra la conspiración contra la vacuna

Millones de mexicanas y mexicanos podrán acceder pronto a la vacuna contra el SARS-CoV-2. Sin embargo, es previsible que un número importante de personas termine optando por no vacunarse.

Quienes rechazarán la vacuna lo harán, en buena medida, porque se explican la pandemia a través de alguna narrativa conspiracionista. Alrededor del 45% de las personas que viven en nuestro país consideran que es probable o verdadero que el coronavirus SARS-CoV-2 haya sido planeado, creado y esparcido alrededor del mundo por intereses poderosos ocultos. Casi el 15% cree que es probable o verdadero que la Covid-19 sea un engaño planeado y difundido por poderosos intereses y, en consecuencia, consideran que esta enfermedad no existe realmente.

Para ambos grupos, la pandemia es una “plandemia”. Desde esta perspectiva vacunarse puede resultar inconsecuente o incluso peligroso.

No contamos actualmente con una cura contra éstas y otras lecturas conspiracionistas de la pandemia. Por desgracia, distintos estudios muestran que, una vez que una persona cree en alguna teoría de conspiración, resulta muy complicado que esa persona abandone su creencia en esa teoría. Esto se debe al sesgo de confirmación -la tendencia a buscar sólo información que confirme lo que se cree- y al carácter no falsificable de las teorías conspirativas.

También es un hecho bien documentado que el conspiracionismo es una condición que suele agravarse. Debido al ecosistema cerrado donde se esparcen a través de internet -normalmente Reddit o grupos de Telegram, Whastapp o Faceboook-, una teoría de conspiración sirve de “puerta” hacia una larga cadena de conspiraciones que pretenden explicar otros eventos.

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Esto significa que es casi imposible “curar” a quienes ya creen firmemente en la “plandemia” y evitar así su descenso a la realidad alternativa conspiracionista. La buena noticia es que existen formas de proteger o “vacunar” a las personas antes de que sean infectadas por el pensamiento conspirativo.

Para ver cómo es posible generar y distribuir esta “vacuna”, empecemos notando que las personas propensas a aceptar la “plandemia” creen que están en posesión de información que ha escapado al resto de la población. Esto no sólo les hace sentir en control de una situación realmente descontrolada, sino que les brinda un sentido de autoconfort y de autoimportancia que se refleja en las siguientes actitudes:

(1) Suelen considerar que, debido su grado de originalidad o novedad, su postura no es compartida por otras personas. Bajo esta óptica la gente “común y corriente” no acepta las historias de la “plandemia” porque éstas no tienen precedentes.

(2) Normalmente se autoperciben como razonadores profundos y reflexivos. Es debido a su superior poder de razón que puedan atar cabos y entender lo que otros apenas pueden empezar a ver.

(3) Con frecuencia afirman que su postura desafía a las élites. Si las mayorías no ven la verdad, es porque aceptan lo que dicen universidades, prensa y otras instituciones colonizadas por la élite dominante.

La identificación de estas actitudes es relevante, pues permite construir narrativas para prevenir su desarrollo. Revisemos cómo es esto posible para cada una de las actitudes mencionadas.

1. La “plandemia” tiene muy poco de original

La primera narrativa consiste en notar que es un hecho bien documentado que, a lo largo de la historia, las pandemias o enfermedades contagiosas han sido un caldo de cultivo perfecto para las teorías de conspiración. Desde luego, actualmente estas enfermedades tienen explicaciones científicas, curas y vacunas. La aparición de explicaciones basadas en conspiraciones alrededor de la Covid-19 no es sorprendente. Quienes las aceptan se están colocando del lado incorrecto de la historia.

Tampoco son novedosas las principales historias detrás de la “plandemia”. En realidad, estamos ante ideas recicladas. Por ejemplo, en 2015 surgió la teoría de que el Zika, en ese entonces una enfermedad desconocida y riesgosa para parte de la población, había sido producida por la modificación genética de mosquitos en laboratorios ordenada secretamente por gobiernos, con el fin de convertirlos en armas. ¿Suena familiar?

En 1890, durante la expansión de la primera irrupción global de la influenza llamada “Gripe Rusa”, parte del público aceptó la idea de que esta enfermedad había sido causada por una nueva tecnología, la energía eléctrica, y que los beneficiarios de este desarrollo lo sabían perfectamente. En aquel entonces no había torres de 5G, pero sí torres de energía eléctrica.

Esto no es todo. Culpables favoritos como los “Illuminati” o los judíos han estado presentes desde hace siglos. Por ejemplo, la fiebre amarilla de finales de los 1700 fue achacada al primer grupo. A mediados del año 1340, un buen número de personas explicó la Peste Negra postulando que había sido causada por judíos que envenenaron pozos. Cientos fueron quemados vivos en represalia.

Nadie en su sano juico cree actualmente que alguno de los eventos anteriores haya sido causado intencionalmente por poderes ocultos. Un poco de perspectiva histórica es suficiente para notar lo ridículo que suena repetir, literalmente, las mismas historias probadas falsas y sin sentido en pleno siglo XXI.

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2. Creer en la “plandemia” no muestra gran capacidad de razón. Lo contrario es cierto.

Teorías como la “plandemia” aceptan la explicación más superficial de un fenómeno cuya magnitud no se alcanza a dimensionar. Esto se debe, en buena medida, a la ausencia de conocimiento del recorrido de la historia de las ideas y de la ciencia. Es decir, al intento de sacar conclusiones sin recursos intelectuales sólidos.

El ejemplo más claro es que las teorías de conspiración atribuyen la causa de eventos a la intención o voluntad oculta de un grupo poderoso. La idea de fondo es el sesgo de proporcionalidad: los fenómenos poderosos no se explican sin un grupo poderoso operando tras bambalinas.

Pero creer en la intención de algo detrás de toda causa -es decir, en causas finales- implica regresar al menos 400 años en el tiempo. Desde Aristóteles hasta el inicio de la modernidad se pensó que los objetos tenían causas finales. Con la introducción del mecanicismo en los 1600 estas causas fueron desterradas. Dado que todo el mundo material era explicable por los choques e interacciones de partículas, no había espacio para oscuras “intenciones” en los objetos ni era necesario recurrir a ellas para explicar su comportamiento.

Es evidente que, para un ser humano promedio, el mecanicismo es mucho más complicado de entender que los movimientos de átomos invisibles sin instrumentos o su interacción. Esto es, a medida que las explicaciones se volvieron cada vez más sofisticadas -y correctas- éstas resultaron incompresibles para más personas. En consecuencia, la modernidad trajo consigo la expansión de teorías de conspiración en voz de quienes buscaban explicar todo a través de las fácilmente entendibles causas finales, aunque sea fuera de los objetos.

Del mismo modo, para quienes no conocen de historia y encuentran incomprensibles las explicaciones técnicas dadas desde distintos ámbitos de la academia, es más fácil y reconfortante apelar a causas finales ocultas que a la posibilidad, por ejemplo, de una mutación genética producto de cadenas causales en un murciélago o en un pangolín que, como consecuencia de otras cadenas causales, ha terminado expandiéndose por todo el mundo en los seres humanos.

Cuartoscuro

3. Creer en la “plandemia” no desafía a las élites que mueven al mundo.

Quienes creen en la “plandemia” aciertan al afirmar que existen grandes intereses en el mundo. También dan en el clavo cuando apuntan que, en muchos sentidos, la ideología suele permear desde las élites hasta los estratos socioeconómicos más bajos.

El problema es que su falta de equipaje intelectual hace que esta premisa básica de la teoría crítica se convierta en un dardo que no alcanza a pegar en el blanco. Y es que resulta de un simplismo grotesco colocar a todas las instituciones, incluidas a todas las universidades y toda la prensa, como peones de las élites.

Consideremos, por ejemplo, el caso de The Guardian. Para quienes creen en la “plandemia” este periódico británico sería un instrumento de las élites que han planeado la pandemia. Pero The Guardian ha publicado los reportajes más demoledores en contra de élites globales, como el espionaje masivo de la NSA Estados Unidos o una lista de las personas -incluidos algunos de los más grandes capitalistas- que evaden impuestos en paraísos fiscales. Este tipo de periodismo es, por ende, una de las más auténticas y valientes críticas contra las élites.

Suponer que The Guardian, un medio que se ha ganado la credibilidad y respeto con base en su rigor y su independencia, opera a favor de un grupo secreto, o que está manejado por individuos alienados o desinformados, implica no haber leído nunca ese periódico o no conocer mínimamente su trayectoria y las de quienes lo hacen posible. Lo mismo aplica para otras instituciones que, aunque imperfectas, no son tontas ni serviles. Es más, buena parte de las críticas más importante contras las élites han surgido de personas que trabajan para estas instituciones.

La ideología es un fenómeno real y hay grandes intereses intentando mover al mundo. Pero el simplismo de historias como la “plandemia” termina siendo instrumental para los intereses contra las élites a las que supuestamente se está desafiando, pues desvía la atención de su poder y de sus muy reales mecanismos de opresión para colocarla en un espantapájaros. Más funcional para las élites, imposible.

Conclusión

La “plandemia” está bien asentada en México. Una parte importante de quienes viven en nuestro país no se vacunarán por creer que la pandemia ha sido planeada por intereses ocultos. Por desgracia, no existe cura contra el conspiracionismo.

La buena noticia es que sí existe una “vacuna” contra el pensamiento conspirativo implicado en la “plandemia”. Para ello, es necesario llegar a las personas con una narrativa informativa capaz de blindarles de ese pensamiento.

En este artículo he revisado, con base en las características de quienes suelen creer en teorías de conspiración, tres elementos que pueden ayudar en este sentido: mostrar que creer en la “plandemia” no es original, que no implica una capacidad de razón sofisticada y que no desafía a las élites.

Fcebook: Antonio Salgado Borge
Twitter: @asalgadoborge

Fuentes:

1. https://docs.cdn.yougov.com/msvke1lg9d/Globalism2020%20Guardian%20Conspiracy%20Theories.pdf 
2. https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2020/12/campaign-against-vaccines-already-under-way/617443/?fbclid=IwAR16HNiDTWtVolK7ZqdrPQU-e61c0CeyOATwsS6ZX1a37vZ8Sq92qgjK0lQ 
3. https://www.theguardian.com/world/2020/oct/26/survey-uncovers-widespread-belief-dangerous-covid-conspiracy-theories 
4. https://www.newyorker.com/culture/cultural-comment/pandemics-go-hand-in-hand-with-conspiracy-theories 
5. https://www.newstatesman.com/science-tech/coronavirus/2020/04/why-pandemics-create-conspiracy-theories 
6. https://www.dw.com/en/latest-conspiracy-theories-repeat-old-stories/a-53603358 
7. https://www.forbes.com/sites/alexknapp/2020/05/15/the-original-plandemic-unmasking-the-eerily-parallel-conspiracy-theories-behind-the-russian-flu-of-1889/?sh=6c9c3f7750d5 
8. https://theconversation.com/coronavirus-and-conspiracies-how-the-far-right-is-exploiting-the-pandemic-145968 
9. https://www.theguardian.com/media/2020/jun/01/covid-19-misinformation-pro-trump-and-qanon-twitter-bots-found-to-be-worst-culprits

PornHub: la otra “red social” también necesita ser regulada

La semana pasada, PornHub contaba con 13 millones de videos. Actualmente, “apenas” 4 millones están disponibles en su plataforma. ¿Qué llevó a este sitio pornográfico a eliminar, de un plumazo, 8 millones de videos?

La respuesta a esta pregunta conduce a un reportaje de Nicholas Kristoff en The New York Times. El texto de Kristoff, titulado “Los niños de PornHub”, da cuenta, con lujo de detalle, de la cantidad impresionante de contenido ilegal que estaba disponible en PornHub.

Por ejemplo, este sitio solía tolerar videos de personas menores de edad -algunas no rebasaban los catorce años-. También albergaba filmaciones de violaciones que, en muchos casos, mostraban a mujeres completamente inconscientes. Además, una buena parte de los videos disponibles habían sido grabados sin el consentimiento de las personas que en ellos aparecían.

En este escenario, una mujer violada se podía encontrar en PornHub un video del acto criminal del que fue víctima, o una joven que compartió imágenes con otra persona podía toparse con que el mundo entero podía acceder a contenidos que estaban destinados a un solo individuo en quien había depositado su confianza.

Reuters

La forma como PornHub ha operado es claramente ilegal e inaceptable. Desde hace tiempo activistas y medios habían advertido sobre asuntos similares a los reportados por Kristoff. Sin embargo, el peso del medio, del periodista y la calidad de la pieza de Kristoff terminaron por doblar la resistencia de este sitio.

Es tentador ver al caso PornHub, al final del día una empresa pornográfica, como irrelevante en términos sociales. Pero a ello se debe responder que al menos en este caso, el tamaño sí importa. PornHub es la marca más conocida de un gigantesco corporativo llamado MindGeek. De acuerdo con el reportaje de Kristoff, este conglomerado incluye ¡100 sitios pornográficos distintos! Con más de 3,500 millones visitas al mes, PornHub es el sitio porno más popular en el planeta y, en consecuencia, la marca emblema de este corporativo – por cierto, en el ranking de visitas a PornHub  por países, México ocupa el décimo lugar en el mundo-.

Debido al excesivo puritanismo, PornHub no figura en las conversaciones cotidianas, como otros sitios populares aceptados socialmente. Sin embargo, el que sus tentáculos sean subterráneos no los hace menos existentes. Se hable de ello o no, PornHub tiene más visitas mensuales que Netflix o que Amazon.  Por ende, lo que ocurra a PornHub tiene el potencial para generar una reacción en cadena y para afectar decididamente a una de las industrias más lucrativas e influyentes en internet.

Además, la influencia de PornHub también es cualitativa. Ante la combinación de un mundo conservador donde se insiste en privar a niñas, niños y adolescentes de educación sexual seria y la conexión permanente a internet de la generación Z, los sitios pornográficos terminan siendo, en muchas ocasiones, el primer encuentro de millones de personas con el sexo.

Esto significa que la forma en que un buen número de seres humanos conciben el sexo se configura a través de lo que ven en internet. Por ende, si el sitio pornográfico más influyente “invita” a grabar a mujeres sin su consentimiento y a la violencia sexual no consensuada, acciones de este corte pueden ser registrados como dignas de ser erotizadas o celebradas por millones de personas

Otra forma de restar importancia al caso PornHub, en cierto sentido opuesta a la anterior, pasa por afirmar que escandalizarse ante videos que muestran algún tipo de violencia sexual o a personas jóvenes implica una visión conservadora o moralina del sexo.

Para esta objeción tampoco se sostiene. Para ver por qué, empecemos con el caso de la violencia sexual. Es controvertido si videos que retraten actos de violencia -como el BDSM o fantasías de juego de roles- deben ser permitidos. Mucho se ha discutido sobre este asunto a nivel sociológico y filosófico.

No es mi intención entrar aquí en ese debate. Lo que me importa señalar para fines de responder a la objeción planteada arriba es que ésta confunde la violencia consensuada de la violencia no consensuada. Es indisputable que un video de violencia sexual no consensuada debe ser retirado de inmediato y que los culpables en cada paso de la cadena que lo origina deben ser castigados con todo el peso de la ley. Esto es independiente de fantasías consensuadas o recreaciones eróticas disfrutadas por algunas personas

Tampoco implica una actitud moralina exigir el retiro de cualquier material que incluya a personas que no hayan dado su consentimiento para su difusión masiva. Tal como se ha comentado con acierto, la difusión de estos contenidos es una nueva forma de traficar a personas a través de sus imágenes. Por ende, retirarlas es una acción necesaria, aunque insuficiente.

PornHub es socialmente relevante y la crítica a la forma en que opera no está construida sobre premisas moralinas. Con el panorama despejado, es posible ver con mayor claridad la seriedad que implica la proliferación de contenido ilegal en PornHub.

¿Cómo explicar este fenómeno? Parte del problema es que, hasta hace una semana, la mayoría de los videos disponibles en PornHub habían sido “subidos” por usuarios -algo similar a lo que ocurre en YouTube. De este formato abierto se deriva una necesidad de moderación análoga a la que requieren Facebook y otras redes sociales. Pero, tal como ocurre con las redes sociales, la moderación no ha aparecido o ha llegado tarde por cuatro razones principales:

(1) Moderar y detectar contenidos implica un esfuerzo mayúsculo para el que estas compañías nunca han estado completamente preparadas.

(2) Es controvertido si a estas empresas realmente les interesa moderar; más bien parece que la moderación obedece a la presión externa. Esto se confirma por el hecho de que, con el fin de evitar tomar medidas de moderación adecuadas, durante mucho tiempo, PornHub quiso esconderse tras una ley que quita responsabilidad a las redes sociales por lo que publican sus usuarios.

(3) Existen complicaciones técnicas que no son fácilmente solucionables. Hay casos de gran impacto en que las redes sociales tienen que determinar urgentemente qué es “fake news” sin evidencias contundentes. Algo análogo ocurre con los sitios como PornHub: establecer con base en su apariencia si una persona es mayor de edad o si una agresión sexual es simulada o consensuada puede resultar complicado.

(4) Finalmente, tal como ocurre con redes sociales como Facebook o Twitter, PornHub permitía descargar sus contenidos. Esto significa que, aunque éstos fuesen borrados en algún momento, siempre quedaba alguna persona dispuesta a subirlos de vuelta a la plataforma. En consecuencia, ninguna mujer podía estar segura de que, una vez eliminadas, sus imágenes no remergiesen como si nada.

Ante la presión generada por el reportaje de The New York Times, PornHub eliminó contenidos que no provienen de estudios o productoras conocidas y reconocidas por esta empresa. Esto es, de alguna forma, PornHub está confiando en que las empresas profesionales son capaces de establecer controles y medidas que, evidentemente, los videos cargados por usuarios no han cumplido.

Esto es positivo pues, como hemos visto, es un sinsentido suponer que un moderador de PornHub podrá distinguir, por ejemplo, la edad de una persona a simple vista, o que podrá distinguir violencia sexual representada y consensuada de la violencia ilegal. En contraste, las empresas productoras claramente pueden establecer estos controles en sus instalaciones. Aunque ha habido escándalos de empresas que han fallado en este sentido, la dimensión de este problema es infinitamente menor que del formato seguido hasta ahora por algunos sitios pornográficos.

Un criterio de esta naturaleza ha sido sencillo de implementar y promete ser efectivo. Sin embargo, tal como ocurre con las redes sociales, sería insensato apostar a la autorregulación y dejar la implementación de controles a la buena voluntad de las empresas que administran los sitios pornográficos. Para atajar el problema de fondo en la industria pornográfica en internet se requieren mecanismos de regulación y vigilancia.

Las características de esta regulación merecen una discusión independiente. Para fines de este análisis, lo importante es que el ejemplo anterior ayuda a ver que hay reglas sencillas y estrictas que podrían ser establecidas de inmediato para propiciar que la industria pornográfica empiece a limpiar la casa.

Para ello, es necesario sacar a PornHub y a la industria del porno en internet de las sombras y darles toda la seriedad que merecen; reconocer que la lucha porque PornHub y similares sean controlados y, en su caso, sancionados no es irrelevante ni implica necesariamente actitudes moralinas. Los contenidos ilegales e inaceptables difundidos por PornHub y otros sitios de internet afectan las vidas de millones de personas, tanto de aquellas cuyas imágenes son traficadas, como de aquellas que consumen sus videos. Regularlos y vigilarlos es, en consecuencia, tan urgente como necesario.

https://aristeguinoticias.com/1912/opinion/pornhub-la-otra-red-social-tambien-necesita-ser-regulada-articulo/

Fuentes:

  1. https://www.nytimes.com/2020/12/04/opinion/sunday/pornhub-rape-trafficking.html
  2. https://www.theguardian.com/technology/2020/dec/14/pornhub-purge-removes-unverified-videos-investigation-child-abuse
  3. https://www.pornhub.com/insights/2019-year-in-review
  4. https://www.nytimes.com/2018/02/07/magazine/teenagers-learning-online-porn-literacy-sex-education.html
  5. https://www.independent.co.uk/news/world/americas/pornhub-lawsuit-girlsdoporn-sex-trafficking-b1775259.html

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No estamos listos para las deepfakes

Las fakes o falsificaciones en forma de imágenes, videos y audios son actualmente un grave problema. Pero éstas podrían resultar un juego de niños comparadas con sus sucesoras. Las falsificaciones profundas o deepfakes ya están aquí. Aunque hoy aparecen a cuentagotas y en sectores específicos, cuando su llave termine de abrirse, fluirán a borbotones. Y no estamos preparados para el tamaño o para las características del problema que se nos vendrá encima.

Aunque obvios, es necesario poner sobre la mesa los dos elementos esenciales de las deepfakes si queremos entender sus implicaciones.

El primero es su “falsedad”. En un sentido trivial, las deepfakes son verdaderas en el sentido de que son cosas existentes. Sin embargo, son “falsas” en el sentido de que no se trata de capturas de una cámara o micrófono, como pretenden representar.

El segundo es su “profundidad”. Lo deep o “profundo” de las deepfakes proviene de la forma en que éstas son construidas. A diferencia de una fake normal, las deepfakes involucran el aprendizaje profundo y los algoritmos de la Inteligencia Artificial. El resultado: para un ser humano es imposible distinguir una imagen, audio o video fabricada mediante un proceso de esta naturaleza de aquellos que capturen estados de cosas actuales en el mundo.

Muchas deepfakes son inofensivas o no maliciosas. Por ejemplo, éstas ya son empleadas en la industria del entretenimiento y por las grandes empresas de publicidad. Gracias a esta tecnología ha sido posible recrear escenas, rostros, o individuos que de otra forma sería imposible ver en una pantalla. La tendencia actual anticipa que cada vez será más común la inclusión de artistas “rejuvenecidos”, “resucitados” o, de plano, “inventados”.

Lo accesible de la tecnología ha permitido que incluso los fabricadores de memes puedan surgir con sus propias falsificaciones profundas. Tutoriales sobre cómo construir una deepfake pueden ser encontrados en internet con relativa facilidad. La mayoría de las falsificaciones profundas que surgen en esta esfera son inofensivas y, como las de Hollywood, buscan entretener y generar ganancias.

El problema

Pero los riesgos de los deepfakes exceden por mucho sus beneficios. Estas falsificaciones están siendo utilizadas principalmente para degradar a cientos de miles de mujeres. Este fenómeno incluye a la industria pornográfica -parte del sector del entretenimiento-, que busca vender películas o fotografías que incluyen las imágenes fabricadas de mujeres reales, normalmente personas famosas o reconocidas, en escenas sexuales.

Esto claramente tiene el doble problema de lucrar con la imagen de una persona y de exponerla a situaciones indeseadas. Aunque la imagen de una mujer “x” en una escena sexual sea un deepfake, es evidente que “x” puede preferir, por los motivos que uno quiera, no ser visualizada o concebida en cierto tipo de actos representados con ese nivel de realismo.

Para continuar leyendo: https://aristeguinoticias.com/0512/opinion/no-estamos-listos-para-las-deepfakes-articulo/

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