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Gobiernos ante la crítica

Diario de Yucatán, 30-08-2020

Es común concebir a la democracia como el hecho de poder elegir libremente y a través de elecciones justas a quienes nos gobiernan. Esta concepción es, en parte, cierta. Las elecciones libres y justas son un elemento necesario para constituir una democracia. Esto es, la ausencia de este elemento es un indicador claro de que no estamos ante un contexto democrático.

Sin embargo, la celebración de elecciones libres y justas no es un elemento suficiente para constituir una democracia. Para que este se el caso se requiere, adicionalmente, que exista (a) respeto a los derechos humanos, (b) libertad de asociación, (c) libertad de expresión, (d) acceso al poder, (e) un sistema plural de partidos, (f) la separación de poderes, (g) independencia del poder judicial, (h) transparencia y rendición de cuentas e (i) una prensa libre, plural e independiente (https://www.un.org/en/sections/issues-depth/democracy/)

En lo individual, ninguno de los anteriores elementos es suficiente para constituir una democracia, pero cada uno es necesario para que este sea el caso. Esto es, sólo un sitio donde la colección de estos elementos está presente puede ser llamado una democracia. En consecuencia, para ser congruente, cualquier gobernante que se diga respetuoso de las prácticas democráticas tendría que defender todos y cada uno de los puntos anteriores.

En este artículo me enfocaré en el último de estos puntos: (i) la existencia de una prensa libre, plural e independiente. Argumentaré que hay evidencias que sugieren que, siguiendo distintas vías, tanto el presidente de México como el gobernador de Yucatán se resisten a aceptar este elemento.

El presidente

Es un hecho sobradamente conocido que AMLO descalifica sistemáticamente a sus críticos durante sus conferencias mañaneras. Este recurso suele ser celebrado por los fanáticos más empedernidos del presidente. El sentido de la descalificación presidencial suele reverberar a través de dos palabras popularizadas en este sexenio: “fifí” y “chayotero”.

Mientras que la primera se refiere al carácter elitista de la persona crítica, la segunda implica que quien critica lo hace porque o bien ante la salida de la derecha del poder ha dejado de recibir dinero del gobierno para alabarlo o porque actualmente recibe dinero de los opositores al presidente. “Chayotero” es entonces quien besa o pega porque se le paga.

En un sentido, el presidente tiene razón: en México decenas o cientos de medios de comunicación recibían cuantiosos recursos del gobierno federal. En algunos casos, la línea acrítica de estos medios a gobiernos anteriores, y su actual criticismo al gobierno actual están directamente correlacionados con este fenómeno.

Un problema evidente con esta estrategia es su inconsistencia. Del hecho de que lo que describe el presidente o sus seguidores sea real no se sigue necesariamente que todos los medios que recibían publicidad del gobierno se dedicaban a lustrarle las botas. Por ejemplo, tanto el gobierno de Enrique Peña Nieto como el del propio AMLO se han anunciado en Diario de Yucatán, pero este medio ha sido crítico con ambos. Esto es, generalizar implica caer en imprecisiones.

Sin embargo, el problema más grande de esta estrategia tiene que ver con su naturaleza y sus efectos. La idea de dividir entre “nosotros y ellos”, “conmigo o contra mí”, es uno de los recursos más evidentes en el “manual” del populista del siglo XXI. A esta idea pertenecen las descalificaciones generalizadas a la prensa tradicional. Esto es lo que hace Donald Trump cuando llama fake fews -noticias falsas- o corruptos a todos y cada uno de los medios o periodistas que le cuestionan. Algo similar hace Jair Bolsonaro, en Brasil.

Este escenario es funcional para los gobernantes que lo promueven. Por una parte, contribuye a polarizar a la población y a confirmar así el apoyo de su base más dura -por ejemplo, busca reelegirse montando en este caballo-. Por otra, complica la vida a los medios, organizaciones o periodistas que buscan ejercer su función de forma crítica e independiente. Estas personas no pueden satisfacer a los fanáticos que pertenecen a alguno de los dos bandos en disputas y, por ende, se convierten en enemigos de ambos.

Esto es lo que ocurrí cuando el presidente calificó a Proceso como un medio “amarillista” por criticarlo en una portada. A este simple señalamiento, siguieron acusaciones de los fanáticos del presidente llamando a Proceso “chayotero”. Poco cuentan las décadas de periodismo crítico y el hecho de que basta con revisar las últimas diez portadas de este semanario para notar que su línea sigue documentando y criticando sin distinción de partido. Para ser claro, Proceso sigue ejerciendo el periodismo independiente y crítico a pesar de que hay un gobierno con el que parece tener afinidades ideológicas.

La pregunta es, como diría el clásico: ¿y qué querían que hiciera Proceso? ¿Renunciar a su independencia y crítica para dedicarse a aplaudir al gobierno actual?

Algo similar sucede con las organizaciones de la sociedad civil (OSC). Apenas esta semana, el presidente asoció los recursos recibidos por OSC, como Indignación en Yucatán, con la oposición de estas organizaciones al proyecto del Tren Maya.

Indignación es un referente en materia de derechos humanos y ha defendido al pueblo maya y construido capital social positivo durante décadas. Si acaso, tuviera que haber una afinidad ideológica entre esta organización y un gobierno que se dice antineoliberal. Sin embargo, ahora Indignación ha sido puesta en el reflector por un gobierno de izquierda y su nombre ha quedado manchado ante los seguidores acríticos del presidente. Aunque claramente Indignación no es prensa, las dinámicas de ambos casos son claramente paralelas.

El gobierno de AMLO lidia con la existencia de una prensa libre, plural e independiente descalificándola. Para ello, aprovecha la polarización y la alimenta. Con ello, además de mostrar su rechazo a uno de los elementos necesarios para la democracia, el actual presidente complica la labor de las personas que le critican y las pone en riesgo.

El gobernador

El gobernador de Yucatán no descalifica en público a sus críticos. Su gobierno rechaza a la prensa crítica e independiente de otra forma: marginándola o ignorándola.

En las conferencias de prensa del gobernador, a diferencia de las de AMLO, todo transcurre sin mayores sobresaltos. El gobernador no enfrenta preguntas críticas. Si este es el caso, es, en buena medida, por el entorno controlado en que estas conferencias se desarrollan. De acuerdo con algunos periodistas, el gobierno del estado ha “confiscado” momentáneamente teléfonos celulares antes de llevar a cabo reuniones con medios de comunicación o con empresarios.

A ello hay que sumar la nula disposición del gobierno del estado a abordar públicamente los aspectos que se le critican en la prensa. Como ya he comentado antes en este mismo espacio, la estrategia en este sentido parece ser apostar a que la sinfonía de medios incondicionales al gobierno terminen acallando las voces de quienes le critican.

La pluralidad siempre debe notarse o sonar para manifestarse. Pero el gobierno local busca borrar la pluralidad subiéndole el volumen a la unidad que, por los motivos que uno quiera, le aplaude incondicionalmente.

Finalmente, el gobierno de Mauricio Vila suele ignorar a la prensa crítica negándole la oportunidad de hacer cuestionamientos al gobernador o a los funcionarios de su gobierno. Por ejemplo, hace unas semanas el Diario invitó a Mauricio Díaz Montalvo, director de Cultur, para debatir en uno de sus foros de discusión. El tema de este foro era “Por un Chichén Mejor”. Era de esperarse que en este foro se abordarían temas complejos, como el problema del ambulantaje en esta zona arqueológica. De otra forma, el foro hubiese resultado trivial o irrelevante.

Pero el director de Cultur rechazó participar en este evento y, con ello, negó a la ciudadanía la posibilidad de enterarse de la forma en que su gobierno argumenta y explica su posición sobre un tema relevante al enfrentarse a preguntas complejas. Días después, el Diario buscó nuevamente a Díaz Montalvo para preguntarle sobre un plan de control de asistencia en zonas arqueológicas, pero el funcionario no tomó la llamada.

Lo anterior retrata de cuerpo completo la posición del gobierno local ante la prensa. Si al medio más antiguo e influyente del estado se le ignora, es fácil ver que con mayor facilidad se puede ignorar a medios independientes o críticos con menor alcance o solidez.

Para efectos de este artículo, lo importante es que el gobierno local ignora o desprecia consistentemente a la prensa cuando ésta le resulta incómoda; esto es, que la prensa sólo es buscada por la actual administración cuando se requieren reflectores y fotografías perfectamente curadas que encapsulen la visión surgida desde el gobierno del estado.

Desde luego, el gobierno de Mauricio Vila no inventó esta estrategia. En realidad, ésta forma parte de las muchas prácticas antidemocráticas promovidas por el PRI durante décadas. Si en el caso de AMLO llama la atención que un gobernante de izquierda adopte estrategias de populistas de derecha, en el caso de Vila resulta notable que un gobernante de un partido que se proclama como defensor de la democracia adopte prácticas abiertamente antidemocráticas.

Conclusión

La existencia de una prensa libre, plural e independiente es un elemento necesario o indispensable en una democracia: quienes rechazan este elemento, no aceptan plenamente la democracia. En este artículo he argumentado que tanto AMLO como Vila buscan limitar la libertad de la prensa, su pluralidad o su independencia. Mientras que el presidente lo hace descalificando y polarizando, el gobernador lo hace silenciando o ignorando. Y de ello se sigue que estamos ante gobernantes que, más allá de sus éxitos o fracasos, no terminan de aceptar la democracia.

Gobierno dando el avión

Diario de Yucatán, 23-08-2020

El concepto “dar el avión” se utiliza para representar el hecho de que una persona escucha lo que dice otra, pero decide contestarle con una respuesta que demuestra falta de interés o de atención en lo que se ha escuchado. Es decir, “dar el avión” implica fingir ante una persona que lo que ésta dice resulta importante, y responderle con una respuesta vacía con el único fin de seguirle la corriente.

Para un gobernante, “dar el avión” a los cuestionamientos que se le hacen es un recurso para evadir responder a las críticas. Desde luego, no es el único. Otra opción es ignorarlas o no inmutarse. Este es el caso de prácticamente todos los presidentes priistas -“ni los veo, ni los oigo”- o de los recientes ex gobernadores de Yucatán Rolando Zapata o Ivonne Ortega. Una posibilidad más es responder frontalmente, pero sin apego a hechos o con frases provocadoras, como lo hacen, siguiendo el manual populista, Donald Trump o Andrés Manuel López Obrador.

A estas alturas, es posible afirmar que la opción de “dar el avión” es el recurso empleado por default por el gobierno de Mauricio Vila cuando se trata de enfrentar cuestionamientos complicados. En este artículo sustentaré esta afirmación y argumentaré que, para terminar con este estado de cosas, es necesario reclamar no sólo al gobierno del estado, sino también a otros actores.

TRES CASOS

Empecemos identificando tres casos dónde el gobierno de Mauricio Vila ha dado el avión a sus gobernados. Si bien éstos no son los únicos, me parece que son representativos.

(1) El primer caso tiene que ver con los feminicidos en Yucatán. Apenas esta semana, por quinta vez en lo que va del año, una mujer -Fernanda- fue asesinada por el hecho de ser mujer en nuestro estado. La violencia de género es un problema serio y estructural. A los feminicidios tenemos que sumar otras instancias de violencia de género -incluyendo todo tipo de violencia contra las mujeres y violencia contra la comunidad LGBTI-  

Es decir, estamos ante una crisis que demanda no sólo la atención del gobierno estatal, sino también una respuesta institucional en distintos niveles que conduzcan a atajar las causas del problema, como la discriminación por motivos de género o la inequidad de acceso a oportunidades laborales igualmente remuneradas.

Sin embargo, ante cada feminicidio el gobierno de Yucatán reacciona con respuestas ofensivas por vacías. Por ejemplo, tras el feminicidio de Fernanda, la SSP Yucatán reaccionó con un comunicado informando de este hecho. Pero este comunicado se tituló “Discusión de pareja termina en tragedia”, a pesar de que el mismo texto se dice que fue un hombre quien asesinó a una mujer para luego suicidarse.  Esta respuesta retrata de cuerpo completo el enfoque institucional que el gobierno local ha dado a este problema.

El PAN ha exigido al gobierno federal que de prioridad a los femincidios, pero en Yucatán un gobierno emanado de ese mismo partido opta por “dar el avión” a las activistas y organizaciones de la sociedad civil que reclaman, con toda razón, una respuesta seria e institucional ante este problema.

(2) El segundo caso tiene que ver con la opacidad. Hace unas semanas, el Diario reportó que Mauricio Vila viajó a una reunión de gobernadores del PAN en una avioneta privada. Una vez que esto se dio a conocer, al gobierno no le quedó más remedio que formular una respuesta: el costo del vuelo no se pagó con recursos públicos, pues la avioneta fue prestada al gobernador por un empresario.

Esto es, desde luego, una respuesta. Pero es obvio que con esta respuesta el gobierno estatal está dando el avión al Diario y a quienes han criticado este evento – si se quiere, el gobierno de Yucatán está “dando el avión” sobre quién dio el avión- . Y es que hasta el día de hoy no sabemos qué empresario prestó al gobernador la aeronave y si sus empresas tienen algún tipo de relación con el gobierno del estado. Al señalarse este hecho, el gobierno del estado decidió dejar de “dar el avión” para acomodarse en el silencio que tanto defendieron Rolando Zapata e Ivonne Ortega.

(3) El tercer caso a revisar es el manejo del escándalo originado por el anuncio de una lista de empresas que serían beneficiadas por un préstamo promovido como propio por el gobierno del estado. Recordemos que en esta lista figuraban varias razones sociales estrechamente vinculadas con integrantes de la administración estatal.

La primera respuesta del gobierno del estado consistió en un claro “avionazo”. A las críticas, la administración estatal respondió que sólo había jugado un rol “facilitador” en ese proceso. De nuevo, estamos ante una respuesta: el gobierno escuchó las críticas y salió a comentar al respecto. Sin embargo, esta respuesta no puede ser considerada satisfactoria o acorde a la seriedad de la pregunta. Y es que a la pregunta obvia de “¿en qué consistió ese rol y quién seleccionó a las empresas y con qué criterios?” el gobierno estatal respondió con silencio.

LOS MOTIVOS

Los tres casos anteriores son representativos de una dinámica bien establecida. El gobierno del estado suele “dar el avión” cuando se le formulan preguntas incómodas o que deben ser respondidas con explicaciones convincentes.

Pero “dar el avión” no sólo implica el hecho de no tomar con seriedad una pregunta o a la persona que la formula. “Dar el avión” implica también el conocimiento o la suposición de que o bien esta falta de seriedad no tendrá consecuencias o estas consecuencias serán menos graves que los efectos que tendría responder directamente.

Hay al menos tres motivos por los que el gobierno estatal podría pensar que este es el caso.

(1) La sinfonía mediática. Son pocos los medios de comunicación locales que cumplen con la función crítica que por naturaleza corresponde al periodismo. Los medios audiovisuales suelen reproducir boletines y entrevistas a funcionarios con preguntas a modo -lo que ocurre en la radio y la televisión es francamente vergonzoso-. Las recientes entrevistas que ha dado el gobernador son evidencia en este sentido.

En los medios impresos o escritos digitales hay excepciones, pero, desde sexenios anteriores, buena parte de ellos se dedican a tocar la melodía que dicta el gobierno del estado. En este contexto, la apuesta podría ser que las voces de los pocos medios que formulan preguntas pasarán desapercibidas.

(2) La falta de autocrítica. El PAN solía ser el partido más autocrítico de Yucatán. Claramente este ya no es el caso. Las críticas sólidas que algunos integrantes o simpatizantes de la actual administración lanzan públicamente al gobierno federal por la forma en que evade preguntas, en este caso con la retórica populista del presidente, son en ocasiones válidas.

Pero para ser mínimamente congruentes estas personas tendrían que aceptar y ejercer la crítica pública a la administración estatal. Es fácil ver por qué. Imaginemos que un individuo X apoya a un gobierno del PAN sin criticar públicamente sus errores o los casos de corrupción porque este gobierno le ofrece un sueldo u otro tipo de ganancias económicas. Ahora imaginemos que X se muestra públicamente como un fiero crítico cuando se trata de la corrupción del PRI o de Morena.

La congruencia no es necesaria para criticar; sin embargo, es indispensable para tener un mínimo de credibilidad al momento de hacerlo. ¿Cuál es la diferencia entre X y los simpatizantes acríticos del PRI o de Morena? Por mucho que le duela a X, ninguna. X no puede pretender no sonar ridículo o ser una voz digna de ser tomada en cuenta cuando se trata de analizar o criticar la realidad política. Para efectos de este artículo lo que importa es que, por mucho que X quiera aparentar lo contrario, su voz no ayuda en lo más mínimo a evitar que el gobierno estatal siga dando el avión a propios y extraños. La credibilidad de la crítica es algo que sólo se gana mostrando consistentemente independencia.

(3) La oposición. En Yucatán el PRI y Morena no han querido o no han podido siquiera intentar ser un contrapeso al gobierno del estado. Las principales críticas y cuestionamientos -algunos malintencionados- se registran en la prensa y en foros de discusión en redes sociales. La pobreza en este sentido es lamentable. Los más naturales candidatos a jugar el rol de contrapeso son los diputados y diputadas locales, pero no es posible identificar a una sola persona entre nuestros representantes que levante la mano para asumir este rol de forma seria y responsable.

Los tres casos anteriores nos muestran que si el gobierno estatal puede actualmente “dar el avión” a las yucatecas y a los yucatecos es, en buena medida, porque algunos de los actores que tendrían que reclamar los “avionazos” no están cumpliendo adecuadamente con su papel. Eso implica que si bien es necesario seguir cuestionando y exigiendo respuestas serias al gobierno de Maricio Vila, esto no será suficiente si no reclamamos a los medios, a los militantes y funcionarios panistas y a la oposición que jueguen con dignidad el rol que les corresponde.

CONCLUSIÓN

El gobierno de Yucatán regularmente “da el avión” a los cuestionamientos más complicados que se le hacen. No estamos ante ocurrencias o respuestas aisladas. En este artículo he mostrado al menos tres instancias en que esto ha ocurrido con el fin de mostrar que ésta es una estrategia que el gobierno de Mauricio Vila utiliza cotidianamente.

Sin embargo, también he señalado que si esto es posible es porque en nuestro estado hay todavía una sinfonía mediática afín al gobierno del estado, porque hay nula autocrítica en dentro del partido en el gobierno y porque la oposición es un fantasma.

 A las personas independientes que queremos ver un Yucatán democrático nos corresponde por tanto seguir cuestionando al gobierno estatal; pero también cuestionar con la misma intensidad a quienes han permitido que actualmente nos responda con “avionazos”.

Veneno Vil

Diario de Yucatán. 16 de agosto de 2020.

El Congreso de Oaxaca aprobó prohibir la venta de alimentos chatarra a menores de edad en ese estado. Organismos internacionales como la Unicef y la FAO celebraron inmediatamente esta medida.

No es para menos. Los alimentos con alto contenido calórico, como refrescos azucarados, pastelitos y frituras, representan un comprobado riesgo para la salud de las niñas y los niños. Diversas enfermedades crónicas, como la diabetes, pueden desarrollarse a causa del consumo de estos productos. Estas enfermedades no sólo generan sufrimiento de miles de seres humanos, también representan una enorme carga financiera y operativa para los servicios de salud pública. Bajo el esquema actual, para los menores de edad la comida chatarra es veneno vil.

Aunque México ha llegado tarde a enfrentar este problema, la buena noticia es que hay signos promisorios en el ambiente. La decisión del Congreso oaxaqueño ha seguido los anuncios de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y del gobernador de Tabasco, así como los de diputadas y diputados de Morena en Colima, Coahuila, Nuevo León e Hidalgo, de que buscarán impulsar medidas similares. Más importantes todavía resultan las dos iniciativas que serían presentadas por senadores para hacer esta prohibición extensiva en todo el país (“Aristegui Noticias”, 10/08/2020).

En este artículo defenderé que no hay algún argumento presentable pera que el Congreso de Yucatán deje de hacer lo proprio.

EL ARGUMENTO DE LA EDUCACIÓN

Las diputadas y diputados locales podrían argumentar que enseñar a las niñas y niños a no adquirir comida chatarra es suficiente para terminar con los problemas derivados del exceso de su consumo. Por ende, no es necesaria la prohibición de estos productos a menores de edad en México. Hay al menos dos problemas con este argumento.

(1) El primero es que asume que las niñas y niños tienen la autonomía para tomar decisiones complejas independientemente. Pero esto claramente es falso y es asumido como tal cotidianamente. Por ejemplo, a los menores se les restringe la venta de alcohol. También se les prohíbe conducir un automóvil o realizar transacciones bancarias.

El principio detrás de todas estas prohibiciones a niños es uno y el mismo: la falta de desarrollo de su capacidad de decidir informadamente y de su autonomía. ¿Por qué pensar que este principio no aplica para el caso de productos cuyo consumo puede lesionar permanentemente sus vidas?

Antes de continuar, es necesario plantear una aclaración importante. Las industrias chatarreras suelen colgarse del argumento de la educación para alegar que el consumo moderado de los productos que venden no impacta necesariamente en la salud de las niñas y niños que los consumen. Este alegato no aplica contra la regulación de la venta de chatarra a menores por una razón muy simple: lo que se está prohibiendo no es que los menores consuman estos productos, sino que los adquieran directa y discrecionalmente; es decir, sin la supervisión de adultos.

(2) El segundo problema con este argumento es que asume que no hay relación entre la legislación y la educación. Pero esto es falso. Por ejemplo, en materia de derechos humanos la historia nos muestra que un cambio en las leyes antecede a un cambio en la cultura. Estos derechos no están sujetos a la voluntad popular, y la introducción de leyes contribuye a que el público los entienda y acepte gradualmente. Este fue el caso con el reconocimiento legal de la igualdad entre blancos y negros en Estados Unidos o de la igualdad entre mujeres y hombres en otras partes del mundo. En el mismo sentido, la prohibición de la venta de comida chatarra a las niñas y a los niños puede ser una poderosa herramienta para que tanto ellas y ellos como sus madres y padres aprendan a reconocer sus efectos.

EL ARGUMENTO DE LAS DROGAS

Este argumento postula que es un sinsentido prohibir la venta de comida chatarra a niñas y niños cuando el mundo avanza en el sentido regular la venta de drogas como la mariguana. El error de fondo en este argumento -un error por desgracia común- es que parte de la base de un mal manejo de la argumentación analógica.

Esto es claro cuando consideramos que, como ya hemos revisado antes, dado que niñas y niños no tienen todavía autonomía suficiente, distintas actividades deben serles prohibidas. Estas actividades incluyen la compra de alcohol y otras drogas. Al menos que yo sepa, nadie en su sano juicio ha defendido públicamente lo contrario. Por ende, al menos en este sentido, la analogía entre las drogas y la comida chatarra no se sostiene.

Alguien podría replicar, siguiendo con la analogía de las drogas, que la prohibición generaría un “mercado negro” en la venta de comida chatarra a menores de edad. Este punto puede ser desarmado fácilmente.

Siguiendo esta lógica, la venta de todo tipo de productos y servicios tendría que ser universalmente permitida. Para ser consistente quien postule lo anterior tendría que aceptar, por ejemplo, que ya no se requiera receta para la venta de cierto tipo de medicamentos altamente adictivos o que no se requiera de prueba de manejo para expedición de licencias de conducir, pues estos requisitos abren la puerta a mercados negros de medicinas o licencias.

Es obvio que esto no tiene sentido: los mercados negros deben ser atajados por las autoridades; pero de su existencia no se sigue que toda regulación deba ser desechada.

Además, la réplica de los “mercados negros” también pierde de vista que la prohibición que analiza el senado mexicano sólo aplica para niñas y niños. Es decir, para personas que no cuentan con los recursos económicos o de movilidad para generar grandes “mercados negros”.

EL ARGUMENTO DE LA INSUFICIENCIA

El último argumento que me interesa revisar aquí parte de la base de que la prohibición de la venta de comida chatarra a niñas y niños no es suficiente para acabar con los problemas que de ello se derivan; es decir, que esta prohibición no basta para terminar con el problema de la obesidad en México o para erradicar las enfermedades derivadas del consumo de este tipo de productos.

Este argumento confunde dos condiciones modales distintas: la necesidad y la suficiencia. El oxigeno es necesario para la formación de una molécula de agua, pero no es suficiente -para ello se requiere también de hidrógeno. Para ser claro, ni oxigeno ni hidrógeno, considerados por separado, son suficientes para formar una molécula de H2O; pero ambos son necesarios.

En el mismo sentido, la prohibición de venta de chatarra a menores parte de la base de que esta medida es necesaria para terminar con los problemas descritos arriba. Que yo sepa, nadie ha argumentado que esta prohibición sea suficiente para terminar con esta crisis. Lo que se ha dicho es que esta prohibición es un elemento necesario para ello.

CONCLUSIÓN

Yucatán vive una crisis de obesidad que deriva en enfermedades crónicas padecidas por miles de personas. Muchos de estos casos inician en la infancia, con el consumo de comida chatarra como bebidas azucaradas, pastelillos y frituras. Esta crisis cuesta cantidades millonarias al estado, contribuye a saturar los servicios de salud y, tal como el Covid ha demostrado, hace vulnerables a miles de personas.

Si el Congreso de Yucatán verdaderamente está interesado en la salud física de las yucatecas y yucatecos y en la salud económica del estado, tendría que prohibir la venta de comida chatarra a menores de edad. En este artículo he revisado tres posibles objeciones a esta prohibición y he demostrado que ninguna se sostiene. El congreso local no tiene entonces pretexto presentable para no sumarse al movimiento antichatarra empujado en el senado y en otros estados.

¿Buenos por naturaleza?

Publicado en Diario de Yucatán.

Una de las grandes preguntas en filosofía política y ética es si el ser humano es bueno o malo por naturaleza. En “Human Kind” (“Bondad Humana”), su más reciente libro, el historiador holandés Rutger Bregman, pone en tela de juicio algunas de nuestras intuiciones más arraigadas y responde a esta pregunta, especialmente relevante en tiempos oscuros, con una historia de esperanza.

LA FALSA PREMISA

El eje central de “Bondad Humana” es que la civilización está construida, al menos en parte, sobre una falsa premisa: la idea de que los seres humanos mostramos una cubierta decorativa de civilidad que, ante la amenaza más pequeña, puede resquebrajarse para revelar nuestra naturaleza egoísta e individualista. En este sentido, el Estado, como antes la religión, operarían como un mecanismo para mantenernos en jaque y contener el surgimiento de nuestra “verdadera naturaleza”.

Si usted piensa que esta narrativa es evidentemente verdadera, no está sola. Confieso que antes de leer el libro de Bregman yo también consideraba plausible esta historia. ¿De dónde proviene nuestra aceptación de esta historia? Apelar a experiencias personales aleatorias para justificarla implicaría cometer un error básico. Como bien se dice, “hecho” no es el plural de “anécdota”.

En nuestra defensa, ésta es la historia estándar que absorbemos, directa o indirectamente, a lo largo de nuestras vidas.  Por principio de cuentas, las principales teorías económicas suelen aceptar irreflexivamente la idea de que las personas buscan fundamentalmente maximizar sus beneficios. Esto no es todo. La teoría de la evolución, un hecho científicamente probado, parece apuntar a que un individuo opera, principalmente, con el fin de garantizar su supervivencia. A lo anterior tenemos que sumar las historias de seres humanos que abundan en la cultura popular, desde Hollywood hasta la academia nos “recuerdan” constantemente los terribles casos de seres humanos pierden su coraza de civilidad para convertirse en bestias agresivas.

Gracias al rigor propio de las personas dedicadas a estudiar profesionalmente la historia, y tras una exhaustiva investigación académica, Bregman nos muestra una y otra vez, pruebas en mano, que la“narrativa estándar” está mal fundada y que no corresponde con la realidad. No alcanzaría el espacio para abordar todos los casos discutidos en “Bondad Humana” o para hacerle justicia al libro. Sin embargo, vale la pena presentar tres ejemplos destacables que desafían esta narrativa.

(A)  EL HOMO CACHORRO

El Homo sapiens convivió durante miles de años con el Homo neanderthalensis. A pesar de que el segundo era más voluminoso, más fuerte y que tenía un cerebro más grande, los neandertales se extinguieron y los humanos, al menos por el momento, no. ¿Cómo explicar esta diferencia en términos evolutivos?

Hace más de cincuenta años, un científico ruso pidió fondos al gobierno de su país para estudiar cualidades físicas de una especie de zorros en una locación remota. En realidad, el proyecto era una fachada. En aquel entonces el gobierno ruso prohibía estudios de genética evolutiva y este científico quería saber si era posible convertir, a través de generaciones de cruzas seleccionadas, a zorros salvajes en animales tan amigables como perros. La idea era seleccionar para su reproducción exclusivamente a los zorros que fueran más “amigables” con los seres humanos.

El primer avance se produjo después de algunas generaciones cuando algunos zorros empezaron a mover la cola cuando la científica o el científico a cargo del experimento se les acercaban. Algunas generaciones después, algunos zorros empezaron a llorar cuando los humanos les dejaban solos. Con el paso de más generaciones los zorros se convirtieron en animales cariñosos, amigables y capaces de “leer” a los seres humanos.

Esto no es todo. Las personas a cargo del estudio notaron que mientras más amigables eran los zorros, sus rasgos físicos eran más parecidos a los de un cachorro: menos pelo y menor tamaño. Estas características hacen más débil al individuo, pero están correlacionadas en distintos animales con la capacidad de colaborar y solidarizarse con otros. Esta es la diferencia entre los seres humanos y los neandertales.

Los logros de los seres humanos no se basan, por ende, en nuestra fuerza o en nuestro poder cognitivo bruto, sino en que hemos evolucionado y prosperado con base en la cooperación y la empatía. Un chimpancé tiene mayor potencial cognitivo que un bebé humano. La diferencia es que el bebé humano está equipado para empatizar y y colaborar con otras personas. Los mecanismos de control y coerción social no construyen esta base.

(B) LOS ESTUDIOS DUDOSOS

Probablemente la lectora o el lector haya leído alguna vez sobre el famoso “estudio de la prisión” elaborado en la Universidad de Stanford. Supuestamente, un grupo de estudiantes fue dividido en guardias y prisioneros para simular la vida dentro de una prisión. De acuerdo con Philip Zimbardo, el autor de este estudio, al poco tiempo los guardias comenzaron a hacer sus reglas. Entre éstas estaban maltratar a los prisioneros, numerarlos para despersonalizarlos, encadenarlos y someterlos a castigos corporales. La conclusión: cuando no hay “control institucional” las personas se convierten en bestias.

Bregman presenta evidencias y registros que muestran que esta conclusión no se sigue de lo que realmente ocurrió en el estudio. El estudio fue una gran farsa. Las personas a cargo del estudio dieron explícitamente instrucciones a los guardias de cómo tratar a los prisioneros. Los guardias fueron tratados como asistentes para estudiar a los prisioneros, y nunca fueron considerados sujetos de estudio. Pero esto no impidió a Zimbardo alterar su reporte y salir a los medios a publicitar su “gran hallazgo”. Bregman muestra cómo otros experimentos que llegan a conclusiones similares están viciados de origen.

En realidad, cuando se ha intentado replicar con profesionalismo experimentos semejantes lo que ocurre es lo opuesto. Los guardias terminan jugando cartas con los prisioneros, se vuelven amigos y salen a tomar cervezas juntos. La reacción común no es maltratar o abusar, sino intentar socializar. Lo mismo ocurre cuando esta dinámica se ha reproducido en otros escenarios, como campamentos de verano.

Es más, Bregman muestra con evidencias que durante siglos la mayoría de los soldados en guerras no disparaban sus armas. Tuvieron que diseñarse entrenamientos especiales, mecanismos para despersonalizar al enemigo y armas para atacar a distancia para que la mayoría de las personas implicadas en una guerra se animase a asesinar a otras. Esto es, es extremadamente complicado llevar a un ser humano a matar o agredir a otro.

(C) EL SEÑOR DE LAS MOSCAS

¿Qué pasaría si se deja a un grupo de adolescentes solos en una isla desierta durante meses? De acuerdo con la popular novela “El señor de las moscas” de William Golding, los jóvenes primero se sentirían felices; per luego se volverían unos contra los otros, terminarían generando bandos en conflicto, agrediéndose y viviendo en anarquía.  Esta es historia, que ha sido llevada al cine y ha influido profundamente en la cultura popular, es también falsa.

“El señor de las moscas” es una historia de ficción. Sin embargo, por fortuna tenemos un caso que muestra lo que realmente sucedería en un escenario semejante. Hace algunos años, un grupo de adolescentes terminó varado en una isla desierta cerca de Oceanía por más de un año. Cuando un barco australiano los encontró, los jóvenes habían construido una especie asentamiento perfectamente organizado. Se dividían el trabajo en equipo; cuando alguien enfermaba y se convertía en una carga los demás no le abandonaban: le cuidaban y hacían su trabajo por él; cuando algún conflicto surgía todos cooperaban para encontrar una rápida solución dialogada. Hoy algunos de los jóvenes náufragos son mejores amigos.

Bregman muestra que el mismo espíritu de cooperación suele surgir en las peores tragedias. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial Londres o Berlín fueron bombardeados y aislados por sus enemigos pensando que esta situación terminaría derivando en caos y agresiones entre sus habitantes. Pero la gente no se volvió egoísta o agresiva, como esperaron sus atacantes. Lo contrario fue cierto: las personas se solidarizaron y procuraron ayudar a otras personas en el momento complicado.

Lo mismo ocurrió en Estados Unidos tras el paso del Huracán Katrina en Nueva Orleáns. Inicialmente la prensa reportó vandalismo generalizado, violaciones y asesinatos. Sin embargo, uno a uno los casos sensacionalistas fueron probados falsos. Lo que sí se multiplicó fueron las muestras de solidaridad y apoyo entre la población.

EFECTO PIGMALIÓN

Los anteriores ejemplos son apenas versiones comprimidas de algunos de los muchos casos que Rutger Bregman describe con lujo de detalle en su libro. La colección de casos es importante, pues uno de los argumentos centrales de este historiador holandés es que reconocer que nuestras intuiciones están equivocadas es crucial para mejorar nuestra vida en sociedad.

Cuando la sociedad, el sistema económico -capitalista, socialista o comunista- y la cultura presuponen una versión del ser humano egoísta, individualista o agresivo, estas características terminan por volverse reales. Es decir, se genera una suerte de efecto Pigmalión. Es fácil ver por qué. Quienes viven a la defensiva esperando la próxima agresión y desconfiando de otros pueden encontrar tentador dar el primer golpe a manera de defensa preventiva. Y, cuando todos actuamos así, terminamos por ver nuestra profecía autocumplida.

Reelección complicada

De acuerdo con una encuesta dada a conocer por el periódico The Wall Street Journal esta semana, si hoy fueran las elecciones, Donald Trump perdería la presidencia de Estados Unidos

En este artículo argumentaré que la campaña de Donald Trump tendría que dar un giro extraodinario para ser reelegido presidente. Y que este giro, al menos por ahora, no parece estar en el horizonte.

LOS RESULTADOS

Empecemos revisando los principales resultados de la encuesta de The Wall Street Journal. 51% de las personas encuestadas aseguran que votarán por Joe Biden, mientras que 40% dijeron que lo harían por Trump. Como es bien sabido, en Estados Unidos no necesariamente gana la presidencia la persona que obtenga el triunfo en el voto popular, sino la que resulte ganadora en el Colegio Electoral. Por ejemplo, hace cuatro años Trump perdió en el voto popular contra Hilary Clinton; pero, gracias a la fórmula que constituye al Colegio Electoral, terminó como presidente.

Es tentador, por ende, hacer a un lado todo cálculo en términos porcentuales alegando que es irrelevante cuántos votos tenga cada candidata o candidato. Sin embargo, esto sería un error. En 2016 Trump perdió el voto popular por 2%; este año lo perdería por 10%. Aunque la correlación no es exacta y la fórmula de asignación es compleja, no es cierto que el voto popular no tenga relación alguna con lo que ocurre en el Colegio Electoral. Así, si hoy fueran las elecciones, Trump tendría 182 votos en el Colegio Electoral y Biden tendría 352 (“The Economist”, 18/07/2020).

A ello hay que sumar que expertos han postulado que el hecho de perder el voto popular y ganar el Colegio Electoral es una anomalía: sólo ha ocurrido en tres ocasiones: 1888, 2000 y 2016. Por ende, la probabilidad de que vuelva a ocurrir este año es minúscula (“The Guardian”, 12/01/2020). Además, Donald Trump está abajo en seis estados clave para ganar la elección presidencial. En Estados Unidos se considera que hay estados “rojos” -es decir, que casi siempre votan por el Partido Republicano- y estados “azules” -que suelen votar por el Partido Demócrata-. Tan marcada es esta tendencia que algunos candidatos ni siquiera hacen campaña en estados que consideran perdidos de antemano.

Pero también hay estados “púrpura” o “columpio”; estados donde nada está definido. Estos fueron clave en la victoria de Trump en 2016. De acuerdo con una encuesta de The New York Times, Trump está entre 6 y 11 puntos porcentuales debajo de Biden en seis estados cruciales: Michigan, Wisconsin, Pensilvania, Florida, Arizona, y Carolina del Norte (“The New York Times” 25/06/2020).

Alguien podría alegar que las encuestas no son buenos referentes, pues éstas fallaron radicalmente en 2016. A ello se puede responder que hace cuatro años nos encontrábamos ante un escenario sin precedente. La combinación de factores como el discurso de odio explícito, las fake news, los bots, la intervención rusa y la figura del candidato “antisistema” eran todas novedosas. También es cierto que las encuestadoras fallaron al momento de actualizar sus métodos a los tiempos.

Pero este año distintos medios y encuestas han hecho la tarea con la antelación y la seriedad que el caso amerita.Por ejemplo, The Economist cuenta este año con un innovador modelo de predicción estadística que, aplicado retroactivamente, resulta destacablemente exitoso. Este modelo otorga este año 10% de posibilidades de triunfo al republicano en el Colegio Electoral; en términos del voto popular, Biden tiene 99% de chance de ganar. En términos del Colegio Electoral, el demócrata tiene 93%. Es decir, lo más probable es la elección sea todo menos competida (The Economist actualiza constantemente su indicador, que puede ser consultado en el siguiente sitio: https://projects.economist.com/us-2020-forecast/president).

Finalmente, el periodista Frank Bruni ha hecho notar que, aunque los presidentes estadounidenses suelen ser reelegidos, los que no han logrado la reelección, como Jimmy Carter o George Bush, han tenido una aprobación menor del 40% a estas alturas del año. Esta es justamente la aprobación actual de Trump. Entonces, si la historia sirve de guía, Trump estaría liquidado (“The New York Times”, 01/07/2020).

LA REACCIÓN

Los números son dramáticos para Donald Trump. Tan complicado se antoja el panorama, que esta semana ese presidente tuvo que reemplazar a su coordinador de campaña.

La estrategia de Trump ha consistido en redoblar su apuesta y empujar la idea de una división “nosotros contra ellos” con el fin de mantener a su base radicalizada. En ello, hay poco de novedoso. Lo que es inédito es que en 2020 “ellos” no serán principalmente los inmigrantes -como en 2016-, sino otros individuos estadounidenses; principalmente las personas negras o las identificadas con la lucha contra la opresión racial.

Por ejemplo, Trump hizo pública su inconformidad por el retiro de la bandera confederada de los eventos del Nascar -un circuito automovilístico popular en las zonas rurales de Estados Unidos. La bandera confederada representa al lado esclavista de la revolución estadounidense, y actualmente es un ícono de los grupos nacionalistas blancos en ese país. Es decir, en plena ola antirracista, Trump apuesta a que el racismo, particularmente contra las personas negras, le ayudará a mantenerle en la presidencia.

Otro elemento clave es la idea de que las personas simpatizantes de la izquierda buscan imponer su discurso limitando la “libertad de expresión” de los conservadores o que intentan, ayudados por alguna conspiración, imponer ideologías contrarias a los valores de la civilización occidental. Estos dichos no tienen sentido. En primer lugar, parten de la base de una idea de libertad de expresión errada por ilimitada. En segundo lugar, recurren a teorías conspiratorias sin sustento en los hechos y a añoranzas trasnochadas -algo similar a la famosa “ideología de género” que tanto excita a los ultra conservadores mexicanos-.

Un último elemento para considerar es que Trump ha empezado a cortejar al electorado latino. Estos cortejos incluyen desde la “invitación” a AMLO hasta su reciente comentario de que las personas de origen latino son “un tesoro” para Estados Unidos o su dicho de que estas personas están supuestamente en contra de Black Lives Matter (“The New York Times”, 09/07/2020). Es decir, la idea sería convencer al electorado latino que ellos no son parte de la “muchedumbre violenta” conformada por las personas negras y sus aliadas y que, por ende, deben votar por el presidente para enfrentarla.

EL RIESGO

El riesgo para Donald Trump es que su estrategia parte de la base de que la elección de este año será reñida y cerrada, como la de 2016. En este escenario, su base dura y unos cuantos indecisos podrían serle suficientes para ganar estados clave y para repetir su triunfo en el Colegio Electoral. Pero, como hemos visto, la base de esta calculación es, por decir lo menos, endeble.

Además, la encuesta de The Wall Street Journal revela con claridad que cuatro grupos fundamentales le han dado la espalda rotundamente. El primero está conformado por las mujeres. Tan sólo 3 de cada 10 mujeres votarían para reelegir al actual presidente estadounidense. El segundo son las personas jóvenes: dos de cada diez votarían por Trump. El tercero son las personas negras: sólo 5% dicen que votarían por el actual presidente. El cuarto son las personas hispanas: apenas 20% dicen apoyarlo. En contraparte, casi 50% de las personas blancas y de los hombres afirman que votarían para reelegir a su presidente.

Finalmente, la idea de Trump de enfocarse en el odio racial probablemente busque desviar la atención del pésimo manejo de la pandemia que ha tenido ese presidente. Pero este manejo ha sido tan negativo que 60% de las personas estadounidenses lo rechazan. Incluso gobernadores de su partido han decidido pintar su raya en este sentido. Estos números podrían continuar creciendo, dado que partes del sur de Estados Unidos tienen ahora rebrotes que no han podido ser controlados. Por ende, la idea del odio racial podría pasar este año a segundo plano.

CONCLUSIÓN

Los resultados de las encuestas más recientes y serias señalan que la campaña de Donald Trump tendría que dar un giro extraodinario para que éste resulte reelegido presidente. La estrategia seguida por Trump parece encaminada a redoblar su apuesta por el odio racial. Pero hay elementos para afirmar que esta estrategia no sólo no será suficiente para al actual presidente estadounidense, sino que terminará por pronuciar su declive en las encuestas. Y es que todo parece indicar que las mujeres, las personas jóvenes y las minorías estadounidenses recatarán este año a su país. Y, de paso, le estarán haciendo también un enorme favor al mundo.  -Edimburgo, Reino Unido.

Presidencia Compleja

Diario de Yucatán, 05-07-2020

Hace dos años Andrés Manuel López Obrador logró un triunfo histórico. El candidato de Morena se convirtió en el primer presidente mexicano en ser democráticamente elegido por más de la mitad de las personas que votaron, y en el primero en ser postulado por un partido de izquierda en llegar al poder.

El aniversario del triunfo de AMLO en las urnas ofrece un buen motivo para analizar lo positivo y lo negativo del primer año y medio de su gobierno. Dado que estamos sumergidos en un contexto altamente polarizado, cualquier evaluación al desempeño de AMLO tiene que navegar entre dos grupos fanáticos: quienes se consideran indisputablemente “fieles” al presidente y quienes son carcomidos por un odio obsesivo hacia su persona.

Mi intención en este artículo es navegar entre ambos grupos presentando elementos que, a mi juicio, constituyen errores y aciertos del actual presidente. Estoy convencido de que una forma resistirse a este entorno nacional polarizado es a través de formas y tonos ajenos a los bandos en disputa. Dos aclaraciones iniciales son importantes. La primera es que sin duda la lista que aquí presento no es exhaustiva; no hay forma de plantear semejante lista en un texto periodístico. La segunda es que la división simétrica entre aciertos y errores que aquí presento no implica una equivalencia de valor entre los puntos comentados.

Lo negativo

(1) Manejo de la pandemia. A diferencia de lo que ha ocurrido en otros países, el gobierno de AMLO ha decidido no apoyar durante la actual emergencia a las micro, pequeñas y medianas empresas. El argumento del presidente para no hacerlo es que en gobiernos anteriores se rescataba a los ricos o a las grandes compañías, y que su gobierno se está enfocando principalmente a los pobres.

Aunque AMLO tiene razón en sus críticas a gobiernos anteriores y en que las personas más pobres merecen atención prioritaria, esto no implica, de ninguna forma, que las pequeñas empresas hayan sido rescatadas o que hayan abusado de otros gobiernos. Lo contrario es cierto, el apoyo a las grandes empresas es injusto y puede ser nocivo para las pequeñas, que luego tienen que absorber en forma de impuestos de competencia desleal las consecuencias del rescate a los privilegiados.

Además, es evidente que las personas dueñas de estas empresas suelen estar muy lejos de ser millonarias o de tener la vida resuelta. ¿Por qué no apoyarles? El presidente ha dicho que no quiere endeudar al país y eso es entendible. Pero su visión en este sentido termina replicando la de los gobernantes neoliberales a los que tanto critica. Como los gobernantes progresistas saben muy bien, el endeudamiento, bien planeado y utilizado, puede ser un mecanismo para el desarrollo social y el crecimiento económico a largo plazo.

(2) Seguridad. Desde que Felipe Calderón lanzó su “guerra” contra el narco, la violencia en México está descontrolada. AMLO prometió que el pacificaría al país con una nueva estrategia. Pero nada de esto no ha ocurrido.

Por principio de cuentas, salvo una excepción que mencionaré abajo, en esta materia es difícil distinguir la diferencia entre la estrategia del actual gobierno y la de gobiernos anteriores. Ejemplo de ello es la idea de involucrar al ejército en estas tareas, sin presentar un programa claro que explique por qué en un futuro cercano esto dejará de ser necesario.

Pero, sobre todo, la violencia en nuestro país continúa su marcha ascendente. Ni siquiera la pandemia, con cuarentena incluida, ha ayudado a frenar esta tendencia. No es ninguna sorpresa entonces que 53% de la población encuesta por El País considere que la gestión de este gobierno en seguridad pública ha sido “pésima”.

(3) Alianzas impresentables. Uno de los grandes ejes temáticos del discurso de AMLO-candidato fue el combate a la corrupción, incluyendo la de otros partidos políticos y la de grandes capitales.

En este sentido, no hay forma decente de justificar posiciones o alianzas de Morena -por ejemplo, con el Partido Verde. Lo mismo ocurre con figuras que han encontrado cabida en Morena, como Miguel Barbosa, Manuel Bartlett, o Jaime Bonilla. En cuanto a la corrupción empresarial, AMLO no ha dudado en cobijar a Ricardo Salinas Pliego, un individuo con una trayectoria tan conocida como cuestionable. Tal como ha escrito el doctor Sergio Aguayo en estas páginas, estas y otras acciones pueden ser interpretadas como una “capitulación”.

(4) Retórica populista. Las descalificaciones a la prensa, el uso repetitivo de frases acartonadas, el antagonismo hacia la ciencia y, sobre todo, la idea de aprovechar la polarización o exacerbarla son todos elementos del “manual” populista del siglo XXI. Esta fórmula ha sido empleada lo mismo por Donald Trump, por Boris Johnson y por Jair Bolsonaro, todos populistas de derecha. Si bien AMLO llegó al poder postulado por un partido de izquierda, nuestro presidente también repite constantemente estos tropos.

El “manual” populista es profundamente dañino para la institucionalidad. Si las instituciones son concebidas como parte de los “enemigos”, entonces éstas deben ser eliminadas. Aunque en México las instituciones nunca han funcionado adecuadamente, es evidente que la solución es depurarlas y hacerlas funcionar, y no eliminarlas. También es nocivo para la prensa y para las personas dedicadas al periodismo, quienes automáticamente son vilificados por un bando o por el otro.

Lo positivo

(1) Combate a la evasión fiscal. El primer aspecto para destacar es la aparente decisión con que el gobierno federal ha buscado cobrar impuestos a las grandes corporaciones. La administración de AMLO ha logrado cobrar ¡$30 mil 328 millones! que algunas gigantes debían al SAT (Sinembargo.mx, 17/06/2020).

Uno tiene que preguntarse qué hubiera pasado con estos recursos si el presidente hubiese sido de otro partido. Es un hecho documentado que durante los dos sexenios anteriores los “perdones” fiscales o los “arreglos” a favor de las empresas y en contra del gobierno eran habituales. Además, el gobierno ha prometido revelar un fraude masivo orquestado por una red de empresas que actualmente privan al SAT de ¡30%! de sus ingresos. Es necesario, sin embargo, establecer mecanismos para que sin importar quién esté en el poder, de ahora en adelante los impuestos sean bien cobrados.

(2) Unidad de inteligencia Financiera. Otro éxito importante de la 4T es la labor de la unidad de inteligencia financiera (UIF). Esta unidad ha congelado cuentas de cárteles importantes, de políticos acusados de corrupción -como Emilio Lozoya- y de lavado de dinero. Nada semejante ocurrió durante los gobiernos de Enrique Peña Nieto o de Felipe Calderón -y uno tendría que preguntarse por qué- Sin embargo, queda pendiente un trabajo coordinado entre la UIF y la Fiscalía General de la República.

(3) Transferencias masivas. Tal como ha señalado el escritor y periodista Jorge Zepeda Patterson, el gobierno de AMLO se ha caracterizado por transferencias masivas de recursos a los sectores más desprotegidos. Esto es algo repudiado desde algunos sectores de la derecha, pero en realidad, como a documentado el historiador Rutger Bregman, este esquema suele ser muy efectivo para sacar a personas de la pobreza y a largo plazo resulta autosustentable. Me parece que lo criticable es que la 4T se ha quedado corta al no haber empujado una renta básica universal.

(4) Rectificaciones y admisiones. Aunque a AMLO se le suele asociar con unilateralismo y con terquedad, también es cierto que, en los hechos y más allá de su discurso, el presidente mostrado voluntad para aceptar y corregir ante las críticas. El reconocido analista yucateco Eduardo Huchim lo puso así en una entrevista para la BBC: [AMLO] retrocede y rectifica cuando es necesario, lo cual se traduce en una nueva relación entre el presidente y el resto de los poderes”. Entre los ejemplos de rectificaciones se encuentran el gasto a las universidades, el despido de funcionarios acusados de corrupción o la corrección de algunos errores operativos. Entre los ejemplos de admisiones están las de fallas en atención a víctimas de violencia de género, del poco éxito en la estrategia para reducir la violencia, o del control de aduanas.

Conclusión

El gobierno de AMLO ha cometido importantes errores que, con razón, deben ser criticados. El pésimo manejo económico de la pandemia, el fracaso en materia de seguridad, las alianzas impresentables y la retórica populista empleada por el presidente deben de ser condenados. Pero este gobierno también ha tenido aciertos importantes. El combate real a la evasión fiscal, el fortalecimiento de la UIF, las transferencias masivas a quienes más lo necesitan y, a pesar del discurso, la voluntad para corregir o rectificar pueden ser incluidos dentro de esta canasta.

A dos años del triunfo de AMLO en las urnas, esta evaluación ha buscado revelar que nos encontramos ante una presidencia compleja. Un gobierno que va más allá de la caricatura que divide a los fanáticos pro-AMO de los fanáticos anti-AMLO. -Edimburgo, Reino Unido.

Estatuas impresentables

Diario de Yucatán, 21-06-2020

Esta semana tuve la oportunidad de participar en un interesante foro organizado por Luis Herrera Albertos, empresario y columnista del periódico El Financiero. El titulo del evento: “¿Derribar o no a los Montejo”? En este artículo respondo a dos preguntas fundamentales surgidas en este foro.

¿Por qué remover?

Para responder a esta pregunta, es importante iniciar reconociendo una característica fundamental de algunas estatuas. Me refiero al hecho de que hay estatuas que son colocadas en espacios públicos con la intención de honrar u homenajear a ciertos personajes por sus acciones. Uno puede cuestionar si las contribuciones de estos personajes ameritan el homenaje, pero lo cierto es que dedicarles una estatua pretende exaltarlos y reconocerles. Así, en Estagira se ha colocado una estatua de Aristóteles por la titánica contribución de este filósofo en distintas áreas, en Washington una de Franklin D. Roosvelt, presidente que sacó a Estados Unidos de una de sus peores crisis, o en Pretoria una de Nelson Mandela, el hombre que terminó en Sudáfrica con el terrible Apartheid.

Alguien podría alegar que no todas las estatuas son levantadas para homenajear a personas. Esto, claro está, es cierto. Hay estatuas que son manifestaciones artísticas ajenas a la representación de un personaje y otras representan a figuras míticas o individuos que no existieron. Pero lo importante para efectos de esta discusión es que hay algunas estatuas, como las mencionadas arriba, que son construidas para homenajear a personajes por lo que se percibe como sus contribuciones a la sociedad y presentarlos como referentes.

La estatua de los Montejo es uno de estos casos. Esto se ve magnificado por un elemento discutido por el doctor Rodrigo Llanes en su artículo de la semana pasada: esta estatua está “uno de los sitios más emblemáticos de Mérida… las acciones que se realizan en esos lugares, así como los monumentos que se levantan en ellos, resultan más relevantes, adquieren significados más importantes, envían mensajes más contundentes.”

La característica de las estatuas que he señalado hasta ahora no es controvertida. Sin embargo, ésta suele ser ignorada en el debate. Pero esta característica cobra relevancia cuando se considera que, por su naturaleza, una estatua representa a un personaje completo. Por ende, no puede contextualizar o separar los aspectos positivos de los negativos del personaje. Por ende, si una estatua ha sido levantada para honrar a una persona o institución por sus acciones, y si esa estatua representa a una persona o institución que ejerció la opresión racial, entonces estatua estaría honrando también la opresión ejercida por esa persona o institución. En una sociedad que condena el racismo, un personaje que ejerció la opresión racial no puede caer en este supuesto.

Mucho se ha dicho sobre lo poco claro que es el término “opresión racial”. Hay varias maneras de definir este término, pero lo que no es negociable es que la “opresión racial” incluye, como mínimo, instancias de asesinato, de violación, de tortura o de esclavización de una persona o grupo de personas por motivos de raza. Por ende, si una persona asesinó, o violó, o torturó, o esclavizó por motivos de raza, esta persona es claramente un opresor racial. Con base en esta definición, la conquista fue uno de los actos de opresión racial más claros de la historia. Tal como dijo Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad, “la Conquista, que fue…una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias”.

Alguien podría alegar que hay que mirar hacia delante, y que la estatua de los Montejo debe ser dejada pues éstos son nuestros “fundadores”; que retirarla implica negar o desconocer nuestro origen. Pero esta objeción es débil. Un ser humano que ha nacido como producto de una violación pude conocer el acto que le ha brindado su existencia e identificar a la figura del padre que le ha constituido biológica y socialmente, sin poner sus fotografías en la sala de su casa o mirarlo con admiración.

De la misma forma, los países colonizados debemos tener presente la historia de nuestra colonización e identificar a sus perpetradores sin homenajearlos y colocarlos en pedestales. Tal como ha escrito el reconocido historiados David Olusaga, retirar estas estatuas “no es un ataque a la historia. Retirarlas es historia. Este es uno de esos momentos históricos cuya llegada significa que las cosas no pueden regresar nunca a cómo fueron antes (The Guardian, 08/06/2020).

¿Cómo saber qué remover?

Para saber qué estatuas debemos remover, es preciso empezar por definir un criterio. Aquí he sugerido que tomemos provisionalmente opresión racial, entendida en el sentido mínimo presentado arriba, como este criterio. Si un personaje asesinó, torturó, violó o esclavizó a una persona o grupo de personas por motivos de la supuesta inferioridad de su supuesta raza, este personaje es un opresor racial, y su estatua debe ser retirada.

Los Montejo esclavizaron, asesinaron y torturaron mayas. Por ende, “x ejerció opresión racial” puede ser perfectamente leída como “los Montejo ejercieron opresión racial”. Dado que a aceptamos que “si una estatua ha sido levantada en un lugar público en honor a un personaje que ejerció opresión racial, esa estatua debe ser eliminada”, entonces la estatua de los Montejo debe ser eliminada.

Alguien podría objetar que terminaremos removiendo estatuas de personajes que tuvieron también impactos positivos. Pero por la naturaleza de las estatuas, no hay impacto positivo que justifique poner arriba de un pedestal a un opresor racial. Por ejemplo, para Bélgica, Leopoldo II fue un personaje positivo. El bienestar actual de las personas que habitan aquel país no se explica sin las riquezas que se acumularon durante su reinado. Su estatua lleva 150 años homenajeándolo. Es decir, es un hecho que este rey benefició a algunas personas y generó prosperidad dentro de su país. Sin embargo, lo hizo ejecutando acciones de opresión racial terribles, e inadmisibles desde cualquier óptica, que no pueden ser disociadas de su persona. Por ende, su estatua cae en nuestro supuesto.

Las estatuas de los colonizadores en América, empezando por el propio Cristóbal Colón, caen, con mayor razón en nuestro supuesto. En su más reciente libro, el historiador Rutger Bregman explica que Colón, cuando legó a las Bahamas se sorprendió de lo pacíficos que eran sus habitantes. En su diario, Colón escribió: “no llevan armas, no las conocen siquiera”. Entonces le vino una “genial” idea: “serían excelentes sirvientes… con cincuenta hombres podríamos someterlos a todos y obligarlos a hacer lo que se nos venga en gana”. Al año siguiente, regresó con 500 hombres e inició el comercio trasatlántico de esclavos. Cincuenta años después, sólo 1 % de la población original de estas islas permanecía en ellas’ (Humankind, 2020).

Hay quienes objetan que quitar estatuas implica “borrar nuestra memoria histórica”. Esto es falso. La memoria histórica puede ser conservada a través de libros de texto y museos dedicados a presentar información contextualizada. Por ejemplo, en Alemania no hay estatuas de Hitler, pero sus acciones se enseñan en escuelas y existen museos dedicados a recordar sus terribles actos de opresión racial. Las personas que son educadas en Alemania saben perfectamente lo que esto implicó, se avergüenzan de ello y concientizan a nuevas generaciones. Y todo ello sin levantar estatuas de Hitler en plazas públicas (Sinembargo, 19/06/2020). ¿Qué hacer con las estatuas de opresores raciales que sean retiradas? Diversos historiadores han sugerido enviarlas a museos. Ahí pueden ser preservadas, exhibidas y contextualizadas para fines pedagógicos.

Hay quienes han argumentado que si quitamos estatuas, entonces también debemos destruir haciendas o iglesias. Este argumento está basado en un pobre uso de la argumentación analógica. Una estatua sirve exclusivamente para honrar o enaltecer a alguien que vemos como referente. Los edificios como haciendas o iglesias fueron construidos con motivos funcionales en mente -las iglesias incluso son actualmente capital social positivo.

También hay quienes alegan que no es cierto que las estatuas han sido levantadas para honrar a opresores raciales. Esta objeción comete el error de confundir (a) “haber sido levantado para honrar a personajes que fueron opresores raciales ” con (b) “haber sido levantado para honrar a personajes por opresores raciales”. Lo primero no implica lo segundo. Pero es suficiente para retirar las estatuas.

Finalmente, algunas personas han objetado que quitar las estatuas de opresores raciales no terminará con la opresión racial. Nada de lo que aquí he dicho implica que este es el caso. Esto es, aquí NO he dicho que retirar monumentos a opresores raciales es suficiente para eliminar la opresión racial. Lo que sí he argumentado es que esas estatuas no tienen razón de ser y que son un símbolo nuestro poco entendimiento de la opresión.

Conclusión

La estatua de los Montejo, y toda estatua que represente a alguien que haya ejecutado asesinato, violación, tortura o esclavización de una persona o grupo de personas por motivos de raza, debe ser removida y enviada a un museo. Para decidir si las estatuas que representen otro tipo de acciones negativas deben ser retiradas, más análisis será necesario. Pero las de opresores raciales deben irse. Y es que no podemos cambiar las partes horribles de nuestra historia, pero sí podemos elegir a qué personas queremos enaltecer cómo nuestros referentes.

Derrumbando estatuas: tiempo de retirar a “los Montejo”

Imagen tomada de Wikipedia

Diario de Yucatán, 14-06-2020

Las estatuas de algunos personajes históricos están siendo derrumbadas o removidas como consecuencia de la impresionante ola antirracista que recorre el planeta.  Esta ola, integrada notablemente por personas jóvenes, ha llevado a distintas sociedades en el mundo a mirarse en el espejo y a enfrentarse al contexto histórico de su discriminación racial. Los personajes representados en las estatuas retiradas promovieron, en distintas formas y época, la opresión y discriminación de seres humanos por motivos de raza.

En este artículo argumentaré que las yucatecas y los yucatecos tendríamos que aprovechar este momento para deshacernos de los símbolos de nuestro racismo. En particular, defenderé la idea de que es necesario empezar exigiendo al gobierno municipal, actualmente encabezado por Renán Barrera, que retire la estatua de los Montejo -el más visible símbolo de todos los símbolos racistas en forma de estatua en el estado-.

Retirar la Estatua

En Bélgica, la estatua Leopoldo II que llevaba más de 150 años en el centro de la ciudad de Ambares, fue removida la semana pasada. En Nueva Zelandia, la ciudad de Wellington ordenó guardar la estatua de John Hamilton, un comandante británico del siglo 19. En Bristol, Reino Unido, manifestantes utilizaron una cuerda para bajar la estatua de Edward Colston, un mercader del siglo 17, y posteriormente la arrojaron al agua. En Estados Unidos, estatuas de comandantes confederados están siendo destruidas o removidas. Algunas estatuas de Cristóbal Colón han corrido la misma suerte. Y todo esto en menos de una semana.

Hay dos argumentos principales para retirar estas estatuas.

(1) El primero y más obvio es que una sociedad que condena al racismo no puede tener monumentos dedicados a personas claramente racistas. En palabras del profesor de la universidad de Birmingham, “estos monumentos fueron colocados para reverenciar a esas figuras; si decimos que queremos una sociedad no racista, desde luego que tenemos que deshacernos de ellos (“NY Times”, 08/06/2020).

No hace falta ser una persona negra para notar el mensaje que manda a esta comunidad el hecho de que el gobierno belga dedique un espacio público a una estatua de un rey que, con el pretexto de “civilizar” o evangelizar a individuos considerados subhumanos, se apoderó de una zona de África. Una vez instalados, los soldados de Leopoldo II explotaron, torturaron, cortaron miles o millones de manos y violaron a millones de personas. Los belgas tienen razón en no querer rendir homenaje a un racista genocida.

Aunque el paralelo no es exacto, la idea misma de la Conquista está fundada, al menos en parte, en la noción de que quienes habitaban América eran seres salvajes e inferiores que debían ser civilizados y evangelizados. También el saqueo de recursos utilizando al pueblo dominado como mano de obra e, incluso, como “servicios personales” -un eufemismo para referirse a una suerte de esclavitud- Este fue uno de los motivos principales por los que se procedió a despojar, atacar, torturar, someter y reducir a una virtual esclavitud a las personas mayas.

Los Montejo encarnaron esta visión y sobre de ella edificaron una sociedad en Yucatán. Si los países colonialistas retiran las estatuas de sus racistas que agredieron y discriminaron a gente de otros orígenes, con mayor razón tendrían que hacerlo las ciudades o países colonizados. Particularmente intolerable resulta mantener un monumento este tipo en una región donde la opresión racial permanece a pesar de que prácticamente la mitad de la población se identifica como maya.

(2)  El segundo argumento para retirar o derribar la estatua de los Montejo es que el racismo implica un extenso, duro y autoanalítico proceso de reevaluación histórica. Por ejemplo, Reino Unido la remoción de estatuas de personajes racistas está relacionada con la obligación que el racismo actual impone a confrontar un pasado colonial y a reconocer que su racismo, presente y pasado, no se explica sin el colonialismo. De esta forma, al mirar al pasado y al aceptarlo, algunas personas en ese país buscan atajar la persistencia de estructuras racistas y desarticularlas. Para ser claro, En Reino Unido las peticiones de retirar estatuas de racistas llevan años gestándose; pero ha sido el contexto actual lo que ha terminado por inclinar la balanza a favor de la posición antirracista

Por el contrario, dejar las estatuas en pie equivale a continuar evadiendo la confrontación con un tema que cotidianamente lastima a miles de personas. Aquellos que lamentan la pérdida de una estatua de este tipo tendrían que confrontarse a dos importantes preguntas del reconocido historiador David Olusoga que aquí tomo prestadas: ¿Piensan honestamente que Mérida sería un lugar peor sin la estatua de dos opresores raciales? ¿En serio no pueden entender por qué algunas personas, particularmente las descendientes de las víctimas de los Montejo, pueden sentirse indignadas por su presencia? (“The Guardian” 07/07/2020). A Yucatán le urge reconocer y discutir los orígenes y manifestaciones de su racismo. Retirar la estatua de los Montejo sería una señal de que ese proceso avanza por buen camino. Y la ola antirracista es el motivo perfecto para dar este paso.

Mantener la Estatua

(1) Alguien podría argumentar que la estatua no debe ser retirada porque los Montejo no eran racistas. Pero este argumento se derrumba más rápido que la estatua de un racista. Como ya he comentado, la Conquista en sí misma implicó distintas manifestaciones de racismo. Además, si hiciera falta más pruebas basta con considerar que los colonizadores se apoyaban en ocasiones en esclavos traídos de África. En este sentido, la victoria de Montejo es el triunfo de lo que hoy llamaríamos supremacismo blanco.

Sirve de poco apelar a que los Montejo tenían virtudes o eran “hombres de su tiempo”. Y es que también los personajes mencionados arriba eran “hombres de su tiempo”. Más allá de si lo que hicieron era legal o moral en su época, lo que ha movido a la destrucción o remoción de sus estatuas es que las personas que habitamos el mundo en el siglo XXI no queremos reverenciar a quienes representan una visión de ser humano actualmente intolerable. Las estatuas en lugares públicos tendrían estar dedicadas a quienes representan lo que aspiramos a ser, y no a quienes encarnan aquello de lo que nos queremos deshacer.

(2) Otro posible argumento para mantener la estatua de los Montejo pasa por apelar a que estos hombres fueron figuras clave en la historia de Mérida y, sin ellos, la ciudad no sería lo que es hoy en día. Este argumento, sin embargo, es engañoso. Una sociedad puede estudiar y reconocer el impacto histórico de un personaje, por muy fundacional que sea, sin rendirle homenaje en un sitio público. Entiendo lo complicado que puede resultar reconocer esto para algunas personas; aceptar que el origen de una actualidad que veneramos es incómodo o impresentable requiere una fuerte dosis de sinceridad y un sentido profundo de autocrítica.

El caso de la estatua de Edward Colston muestra cómo se ven la sinceridad y la autocrítica. Este mercader del siglo 17, fue prácticamente figura fundacional de de la importante ciudad británica de Bristol. La ciudad no se explica sin los recursos generados por este personaje. Pero este dinero, como el de muchos otros comerciantes “fundadores” de esa ciudad provino del tráfico y explotación de decenas de miles de esclavos; personas que eran secuestradas en África, encadenadas, torturadas, achocadas en barcos y comercializadas en todo el mundo como ganado. Para Bristol ha sido un hecho doloroso tener que aceptar el origen de su prosperidad. Tirar la estatua de Coltson al agua representa un repudio a ese pasado y la muestra del deseo de un futuro distinto.

(3) También se puede alegar que se debe mantener la estatua de los Montejo porque las estatuas en lugares públicos, al ser retratos de la historia, no deben ser removidas de su sitio. Pero un poco de congruencia basta para notar que este no es un buen argumento. Por principio de cuentas, es preciso admitir que no es difícil aceptar que algunas estatuas deben ser removidas sin importar su carga histórica.  Por ejemplo, la ex Unión Soviética tiró entre celebraciones globales las estatuas de Stalin e Iraq hizo lo propio con las de Sadam Hussein.

En todo caso, una posibilidad atractiva es retirar las estatuas y colocarlas en museos dedicados a explicar el pasado opresivo de un sitio. Exhibidas y conceptualizadas en ese marco, las estatuas de personajes fundacionales que hoy son impresentables se resignifican y se convierten en herramientas pedagógicas. Además, cualquiera puede aceptar el movimiento de obras en un museo o incluso entre museos de distintos países, ¿por qué tratar a las estatuas de forma distinta?

Más importante aún resulta el hecho de que el argumento de “la historia” implica un muy pobre entendimiento de la historia. Tal como ha comentado la historiadora Anoosh Chakelian, implica entender a la historia como pasado monolítico, en lugar de comprenderla como la relación entre el presente y el pasado (“The New Statesman”, 09/07/2020) En este sentido, el hecho de tirar una estatua es un hecho histórico.

Conclusión

Ni el tiempo en que vivieron los Montejo, ni su relevancia fundacional son argumentos válidos para mantener su estatua. Tampoco sirve argumentar que esta estatua es un “tributo histórico”. Una sociedad que condena al racismo y que busca reconocer su origen no puede tolerar estatuas de personajes que promovieron la opresión racial. Su presencia en áreas públicas las vuelve auténticos monumentos al racismo. La estatua dedicada a los Montejo es uno de estos monumentos. Por ende, debe ser inmediatamente retirada o derrumbada.

Discriminaciones Cotidianas

Diario de Yucatán, 07-06-2020

En Yucatán se discrimina. Si bien rara vez hablamos de este problema, eventos recientes, como el caso de las protestas raciales en Estados Unidos, nos han recordado la necesidad de aceptar con honestidad nuestro contexto discriminatorio. Y la pregunta obligada en este sentido es qué podemos hacer como sociedad para cambiar este contexto. En este artículo presentaré tres posibles vías de acción complementarias.

Una aclaración inicial es importante. En este artículo utilizaré el término “discriminar” para referirme a la noción de “dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental, etc.”. Dos aspectos de esta definición son importantes: (a) discriminar implica siempre una acción con relación a otras personas, y (b) esta acción consiste en tratar a uno o más individuos como inferiores o menos dignos por cualquiera de las razones mencionadas.

Primera Vía: Las Voces Discriminadas

La primera vía de acción tiene que ver con las voces discriminadas. La escritora británica Laura Bates notó que compartía con muchas mujeres con las que pudo platicar experiencias de discriminación -incluido acoso en espacios públicos o violencia-. También compartía con ellas el hecho de no hablar frecuentemente de estas experiencias. Bates intuyó que este podría ser un problema generalizado.

Para conocer más sobre el tema, esta escritora creó un sitio de internet con el fin de recopilar historias de mujeres víctimas del sexismo. Esperaba contar con algunas decenas de testimonios, pero lo que obtuvo en su lugar fueron decenas de miles. El proyecto de Bates se llama “Sexismo Diario” -Everyday Sexism- y actualmente da voz a mujeres en distintos países del mundo.

La historia de “Sexismo Diario” nos deja dos lecciones principales que vale la pena aterrizar en Yucatán.

(1) El hecho de que no se hable de una forma de discriminación no significa que ésta no exista. Muchas de las mujeres que dieron su testimonio dijeron que pensaban que vivir con miedo y esperando sufrir agresiones sexistas era “normal”. Otras pensaron que simplemente tenían “mala suerte” o que algo estaban haciendo mal.  Y pensaron lo anterior porque desde adolescentes o niñas habían sufrido las consecuencias de estos actos discriminatorios.

Del mismo modo, pensando que es lo “normal”, asumiendo que tienen “mala suerte” o pensando que son “culpables”, mujeres, personas mayas e individuos LGBTI en Yucatán podrían estar callando sus experiencias de discriminación. También puede parecer “normal” a la población maya ser pobre, tener acceso a los peores trabajos contar con menos oportunidades de adquirir bienes o servicios de lujo.

(2) El caso de “Sexismo Diario” nos enseña también que compartir, en primera persona, experiencias con otros individuos que comparten los elementos por los que uno es discriminado es una gran herramienta para notar que lo extendido que puede ser un problema y para comenzar a atajarlo de forma organizada.

En este sentido, la creación de canales para articular y compartir experiencias es un paso fundamental para combatir la discriminación en Yucatán. Si bien el los últimos años han habido avances gracia a la presencia y fortalecimiento de organizaciones feministas y proderechos LGBTI, el caso de las personas mayas parece no contar con los mismos espacios dedicados. De esta forma, el silencio garantiza el sufrimiento de miles de personas y el mantenimiento de un estado de cosas opresivo.

Segunda Vía: Las Voces Discriminadoras

La segunda vía de acción es la de las voces discriminadoras. Para dejar de discriminar es indispensable aceptar que todos empezamos, en algún sentido, siendo discriminadores. Entiendo perfectamente que esta frase puede parecer dura y que hay quienes pueden pensar tajantemente que éste no es su caso. Pero a ello se puede responder que para discriminar no hace falta intención ni consciencia de la discriminación que se comente. Es decir, que es preciso admitir que buena parte de las personas que discriminan lo hacen sin percatarse de ello.  En el extremo, personas que evidentemente son homofóbicas, clasistas o racistas pueden llegar a jurar no tienen nada en contra de personas a los que, en los hechos, no reconocen como iguales.

A lo anterior hay que agregar que las personas no nacemos en un vacío, sino aparecemos en un contexto determinado repleto de prejuicios. Esto es importante, pues cuando cobramos consciencia de nuestra existencia ya contamos con un sólido bagaje de creencias, procesos subconscientes y conexiones neuronales. Así, alguien que nació en un contexto “x” puede concebir a las personas que integran un grupo “y” como inferiores o, aún si este no no las concibe conscientemente así, puede actuar contra esas personas movido por prejuicios inconscientes. Por ejemplo, alguien que nació y creció en un nivel socioeconómico alto con poca presencia de personas mayas puede haberse habituado a justificar su opresión o simplemente a ignorarlas. En ambos casos, este individuo estaría actuando en contra de las personas mayas.

Pero para aceptarnos plenamente como discriminadores no es suficiente con reconocer que lo somos por default. Una vez reconocido nuestro contexto, es necesario retarnos y cuestionar actitudes o creencias que creíamos libres de discriminación.

Un caso que puede ayudar a ejemplificar cómo se vería este proceso es el del presidente Andrés Manuel López Obrador. AMLO tiene decenas de aspectos por los que tendría que ser duramente cuestionado -desde su discurso contra la prensa hasta sus recortes indiscriminados, su manejo de la pandemia o su desprecio por la cultura o la ciencia-. Pero para un grupo de las clases altas o medias-altas mexicanas la crítica contra el presidente se centra en su persona.  Para este grupo AMLO es “tonto”, “ignorante”, “impresentable” o “comunista”. Por ejemplo, en una entrevista de radio Pedro Ferríz criticó la presentación presidente -incluidos sus zapatos- y dijo, en pocas palabras, que se trataba de un asunto de educación o de presentación.

Tal como comentó el periodista Jorge Zepeda Patterson, a Ferríz le faltó aceptar que lo que básicamente estaba diciendo es que es un asunto de clase. La pregunta obligada es qué tanto de estos calificativos obedecen al origen humilde, aspecto físico y modo de hablar del presidente. La respuesta inmediata, la automática, es “nada”. Y quizás sea verdad en para algunas personas. Pero lo que me interesa señalar aquí es que no lo será en otros y que para saber si éste es o no el caso se requiere un serio ejercicio mental y comparativo.

Tercera Vía: Las Voces Autodiscriminadoras

La tercera y última vía es terminar es la de las voces autodiscriminadoras. Y es que una posibilidad real y no poco frecuente es que una voz discriminadora se termine discriminando a sí misma. Al igual que en el caso anterior, la respuesta inmediata puede ser que “eso es imposible” o que “claramente no es mi caso”. Y es que aceptar esta posibilidad requiere de un análisis tan retador como profundo.

Un primer paso es notar si uno tiene alguna de las características que suelen ser motivo de discriminación en nuestra sociedad o en los medios. Por ejemplo, una persona LGBTI yucateca adulta que acepta plenamente su sexualidad ha nacido y crecido en un contexto altamente homofóbico. Una niña o niño en 2020 seguramente desarrollará sus conexiones neuronales y creencias en medio de discriminación contra la comunidad LGTBI que se manifiesta en la escuela, en la calle, en el Congreso del estado, en el silencio del gobierno local o en la presencia de grupos antiderechos como el FNF.

Esto significa que esa persona, aunque sea de forma inconsciente, tiene posibilidades reales de juzgarse con estas medidas y, por ende, de sufrir las consecuencias de ejecutar acciones que van desde privarse de vivir una vida plena hasta permitir discriminación de otros o convalidar a autoridades que le desprecian o no reconocen sus derechos. Lo mismo puede aplicar con base en el color de la piel, el nivel socioeconómico u otros factores.

Conclusión

Yucatán discrimina. Lo hace, particularmente, contra las personas mayas, las mujeres y los individuos LGBTI. Si queremos que este deje de ser el caso es necesario que las voces discriminadas se enlacen y magnifiquen, que aceptemos que todos nacemos en un contexto que nos hace discriminadores y que este contexto puede incluso llevarnos a autodiscriminarnos. Nuestra capacidad de abordar estos problemas parte, en buena medida, de un ejercicio de autocrítica honesto y profundo. Un proceso que sólo el miedo o la complicidad convenenciera pueden echar abajo.

Excurso

Diario de Yucatán ha cumplido sus primeros 95 años. Y lo ha hecho alzando la mano como la voz crítica e independiente que tiene que ser el periodismo libre y con vocación genuina. En un entorno local donde estas cualidades son escasas, la cabal salud del Diario es digna de celebrarse. Mi felicitación sincera a quienes hacen posible este periódico. -Edimburgo, Reino Unido.

George Floyd en Yucatán: asfixias paralelas

Diario de Yucatán, 31-05-2020.

Un agente de la policía de Minneapolis, Estados Unidos, asesinó esta semana, a la vista de todos, a George Floyd, un ciudadano afroamericano sometido y desarmado. El hecho fue grabado en video por distintas personas que pasaban por el sitio. Este evento producido protestas masivas en Minneapolis y en otras ciudades de nuestro vecino del norte. También ha generado, con razón, rabia e indignación en todo el mundo, Yucatán incluido. En este artículo revisaré el caso de George Floyd y propondré que mirarlo en paralelo a casos locales pueden revelarnos importantes asfixias en nuestro estado.

Paralelo 1: las asfixias de George y de Gaspar Avelino

(1) Estados Unidos. George Floyd pagó en una tienda de conveniencia con un billete falso de $20 dólares. El encargado de la tienda intentó obtener los cigarros de vuelta, pero no tuvo éxito. Siguiendo el protocolo, llamó a la policía. Poco después agentes llegaron al lugar para encontrar a Floyd dentro de su automóvil y aparentemente bajo los efectos del alcohol. Según los agentes Floyd no quiso salir voluntariamente de su vehículo.

Lo que siguió es demoledor. Los policías esposaron a Floyd y lo sometieron en el suelo. Uno de ellos, Derek Chauvin, se inclinó y presionó, usando toda su fuerza, el cuello del hombre afroamericano con su rodilla. Floyd, claramente desesperado y al borde de la asfixia, sollozó por su madre, suplicó y dijo en repetidas ocasiones que no podía respirar. Seis minutos después, Floyd perdió el conocimiento. Pero ni así retiró Chauvin su rodilla del cuello del hombre inerte acostado en el pavimento. Chauvin siguió presionando su cuello durante casi tres minutos después de que el hombre había dejado de moverse.

(2) Yucatán. Gaspar Avelino Sulub Cimé fue detenido por policías locales. Gaspar Avelino se negó a la detención, “pero lo sometieron a golpes y después lo subieron a una patrulla y lo trasladaron a Mérida, horas después oficiales de la SSP informaron que murió por infarto.” (Diario de Yucatán, 26/02/2020).

Tras las protestas de la familia y tras la cobertura mediática al caso, la Fiscalía del Estado tuvo que reconocer que Gaspar Avelino falleció de asfixia mecánica por broncoaspiración -una accidental de líquidos por las vías respiratorias-. De acuerdo con la autopsia, el hombre fue torturado, molido a golpes y sufrió un traumatismo craneoencefálico (Diario de Yucatán, 04/03/2020).

La comparación de estos dos casos ayuda a notar que eventos muy similares al ocurrido en Estados Unidos y que ha indignado a muchas personas en Yucatán, ocurren con claridad y contundencia en nuestro estado. Sin embargo, el tamaño de la reacción en redes sociales no es proporcional; pareciera que, por algún motivo, los casos locales son menos llamativos. Aclaro que de ninguna forma estoy criticando la molestia e indignación en Yucatán por el caso de Floyd. Lo único que pretendo señalar aquí es que es importante revisar qué nos ha llevado a esta asimetría.

Una posible explicación pasa por notar el hecho de que el asesinato de George Floyd haya sido grabado en video, mientras que el de Gaspar Avelino no fue registrado en ese formato. Otra explicación podría ser el contraste entre la abundancia de medios independientes en Estados Unidos y su escasez Yucatán. Finalmente, también podría haber personas que por algún motivo creen que la población maya es más invisible o menos digna de ser defendida que la población afroamericana. Dejo estas opciones sobre la mesa. Lo importante aquí es reconocer que estamos ante herramientas reales en las que tendríamos que poner atención y trabajo.

Paralelo 2: asfixias institucionales

(1) Estados Unidos. La indignación y protestas que se han desatado a partir del caso de George Floyd no se explican si no se considera la notable violencia que sistemáticamente ejerce la policía en ese país contra su población afroamericana. El sesgo y el racismo policiaco en aquel país están perfectamente documentados y en buena parte de los casos los policías implicados quedan impunes. Por increíble que parezca, a pesar de la evidencia, el policía que asfixio a Floyd inicialmente fue meramente “separado” de su cargo. Fue sólo después de las protestas que el hombre fue arrestado.

La magnitud de las protestas no se entiende si no se considera este contexto. Y es que el uso excesivo de violencia de las policías en Estados Unidos contra la comunidad afroamericana, incluidos los asesinatos a personas desarmadas, suele quedar impune. Además, la repetida súplica de Floyd sobre su imposibilidad de respirar trajo de vuelta la memoria del caso de Eric Garner, un afroamericano asesinado por la policía de Nueva York en 2014 cuyas últimas palabras fueron justamente “no puedo respirar”. La frase se ha convertido en una metáfora para la forma en que las policías en aquel país asfixian con su comportamiento sesgado y racista a la población afroamericana-.

Pero también de la forma en que las instituciones en general impiden a esa comunidad otras formas de respiración. Por ejemplo, la población afroamericana está subrepresentada en las universidades y escuelas y en puestos directivos. Lo que es peor, desde 1980 no hay una tendencia positiva en ese sentido. Además, esta población tiene altos índices de marginación y pobreza, lo que hace que la Covid-19 le esté afectando desproporcionalmente. Es decir, Estados Unidos no ha podido o no ha querido cerrar esta brecha y saldar su deuda histórica con las personas negras.

(2) Yucatán. Por desgracia, el caso de que Gaspar Avelino no es único. De acurdo con un informe reciente de DDHH Elementa” en colaboración con el Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Uady, en Yucatán la tortura policial es “institucionalizada”; es decir, es habitual, permitida y alentada. 

La internacionalmente reconocida organización local “Indignación” ha denunciado y reportado detalladamente estas prácticas. Pero también organizaciones globales también han dado cuenta de ello. Por ejemplo, Amnistía Internacional ha reportado detenciones arbitrarias, golpes y amedrentamiento que fueron denunciados ante la Fiscalía del estado, sin avances en su investigación (Diario de Yucatán, 24/10/2019). La mayoría de las víctimas de estas prácticas son personas de origen maya o que viven en la marginación y en la pobreza. Es decir, análogamente a lo que ocurre en Estados Unidos, en Yucatán la policía “sofoca” o “asfixia” a las personas mayas o más pobres.

Esto no es todo. La “asfixia” institucional se extiende, como ocurre con los afroamericanos, a subrepresentación dolorosa que a los gobiernos parece tenerles sin cuidado. En nuestro estado, alrededor de la mitad de la población es maya; pero esto no se ve reflejado en instituciones, universidades, puestos directivos o en la arena política.  Tampoco hay políticas bien planeadas y decididas para corregir esta injusticia. En este sentido, lo que ocurre a los mayas en Yucatán es más grave que lo que ocurre a los afroamericanos en Estados Unidos: en nuestro estado el tema ni siquiera es abordado directamente por las personas que dicen representar los intereses de la mayoría.

Paralelo 3: asfixias sociales.

(1) Estados Unidos. La población afroamericana ha sido históricamente discriminada y marginada. El racismo persiste en algunos sectores y algunos grupos ultraconservadores, como los nacionalistas blancos o la alt-right, se refieren explícitamente a esta población   con desprecio. Sin embargo, las protestas masivas muestran que esta situación podría haber alcanzado su punto de quiebre. Personas de todas las edades y origenes han salido a las calles a exigir, con toda la fuerza que el caso amerita, el fin de la asfixia institucional las personas negras. Con ello, la sociedad ha inyectado oxígeno invaluable a la población afroamericana.

(2) Yucatán. Por desgracia, nada similar está ocurriendo en Yucatán con la población maya. En términos generales, nuestra sociedad sigue sin reconocer que consciente o inconscientemente sofoca cotidianamente a estas personas. Y lo hace, para ser exactos, principalmente por la vía de la inacción; esto es, volviéndolas invisibles, dejando de ofrecerles su solidaridad irrestricta o despreciando su legítimo derecho a estar furiosos y a reclamar abiertamente, con toda la fuerza necesaria, a las autoridades que tendrían que corregir las asimetrías. No es ninguna casualidad que mientras más se baje en la escalera socioeconómica más proporción de mayas se encuentren. Tampoco lo es que las profesiones peor pagadas o las que implican más sacrificio sean las más ocupadas por personas mayas. Por ponerlo en términos más claros, pensar que la población maya tiene una “natural vocación de servicio” a la población no maya es contribuir a su asfixia.

Conclusión.

A muchas personas yucatecas, el caso de George Floyd ha abierto, de par en par una ventana por la que se puede mirar las formas en que Estados Unidos asfixia a su población afroamericana. La indignación que esto ha generado es encomiable y entendible. En este artículo he propuesto que esa misma ventana, por la vía de la analogía, puede ser utilizada para notar la forma en que Yucatán asfixia a su población maya. Y que no hay motivo para no reaccionar con la misma energía ante un estado que asfixia cotidianamente a la mitad de sus habitantes. -Edimburgo, Reino Unido,

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