Crónicas marcianas: vida y perseverancia

1. Verde mañana

Giovanni Virginio Schiaparelli apuntó hacia Marte con su telescopio rudimentario en 1877. Este astrónomo italiano observó en su superficie una serie de líneas extrañas y consideró se trataba de “canales”; obras hidráulicas artificiales análogas a las utilizadas en la Tierra para transportar agua.

El tiempo dejó mal parado a Schiaparelli. Sus “canales” resultaron ser meras ilusiones ópticas. Pero esta aclaración llegó tarde. La idea de los “canales” marcianos había abierto la puerta a una larga cadena de especulaciones sobre la posibilidad de que exista vida en Marte.

Las historias de los “pequeños hombres verdes”, parte de la cultura popular de la primera mitad del siglo XX, tienen un antecedente inmediato en las observaciones de Schiaparelli.

Probablemente debido a la imposibilidad de viajar a Marte, estas historias se centraron en la inminente visita de nuestros vecinos planetarios.

Los dos sentimientos principales generados por esta eventual visita fueron miedo o esperanza, dependiendo del tipo de la narrativa seleccionada.

Gracias al compositor cubano Rosendo Ruiz Quevedo, en 1955 Latinoamérica incluso estaba lista para recibirlos bailando “ricachá”. Pero la espera fue en balde. El chachachá pasó de moda y los marcianos nunca llegaron.

2. Las expediciones

Menos de diez años después, los seres humanos llegamos indirectamente al planeta rojo.

En 1964, la sonda Mariner 4 sobrevoló Marte y nos ofreció las primeras fotografías en close-up de un planeta distinto a la Tierra. Las imágenes de cráteres parecidos a los de la luna, algunos incluso escarchados, circularon y asombraron a millones. Pero las señales de organismos biológicos, incluyendo hombres verdes, no aparecieron por algún lado.

Gracias al Mariner 6 y al Mariner 7, en 1969 la atmósfera marciana fue analizada como nunca y quedó, de una vez y por todas, zanjado el debate abierto por Schiaparelli: en Marte no hay “canales”. El Mariner 9, lanzado en 1971, estuvo en la órbita marciana durante más de un año y nos regaló el primer “fotomapeo” de toda la superficie de ese planeta.

Los marineros fueron sucedidos por los vikingos. En 1976, el Viking 1 y el Viking 2 se convirtieron en los primeros artefactos humanos en tocar la superficie de Marte y aportaron más datos e imágenes impresionantes.

Uno de los objetivos de estos aparatos estáticos fue determinar con más precisión la existencia de posibles signos de vida. Pero no encontraron las evidencias suficientes para establecer que este es el caso. Lo que es peor, inicialmente generaron falsas expectativas gracias a unos experimentos mal realizados.

Para continuar leyendo: https://aristeguinoticias.com/2702/opinion/cronicas-marcianas-vida-y-perseverancia/

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