Vacuna contra la conspiración contra la vacuna

Millones de mexicanas y mexicanos podrán acceder pronto a la vacuna contra el SARS-CoV-2. Sin embargo, es previsible que un número importante de personas termine optando por no vacunarse.

Quienes rechazarán la vacuna lo harán, en buena medida, porque se explican la pandemia a través de alguna narrativa conspiracionista. Alrededor del 45% de las personas que viven en nuestro país consideran que es probable o verdadero que el coronavirus SARS-CoV-2 haya sido planeado, creado y esparcido alrededor del mundo por intereses poderosos ocultos. Casi el 15% cree que es probable o verdadero que la Covid-19 sea un engaño planeado y difundido por poderosos intereses y, en consecuencia, consideran que esta enfermedad no existe realmente.

Para ambos grupos, la pandemia es una “plandemia”. Desde esta perspectiva vacunarse puede resultar inconsecuente o incluso peligroso.

No contamos actualmente con una cura contra éstas y otras lecturas conspiracionistas de la pandemia. Por desgracia, distintos estudios muestran que, una vez que una persona cree en alguna teoría de conspiración, resulta muy complicado que esa persona abandone su creencia en esa teoría. Esto se debe al sesgo de confirmación -la tendencia a buscar sólo información que confirme lo que se cree- y al carácter no falsificable de las teorías conspirativas.

También es un hecho bien documentado que el conspiracionismo es una condición que suele agravarse. Debido al ecosistema cerrado donde se esparcen a través de internet -normalmente Reddit o grupos de Telegram, Whastapp o Faceboook-, una teoría de conspiración sirve de “puerta” hacia una larga cadena de conspiraciones que pretenden explicar otros eventos.

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Esto significa que es casi imposible “curar” a quienes ya creen firmemente en la “plandemia” y evitar así su descenso a la realidad alternativa conspiracionista. La buena noticia es que existen formas de proteger o “vacunar” a las personas antes de que sean infectadas por el pensamiento conspirativo.

Para ver cómo es posible generar y distribuir esta “vacuna”, empecemos notando que las personas propensas a aceptar la “plandemia” creen que están en posesión de información que ha escapado al resto de la población. Esto no sólo les hace sentir en control de una situación realmente descontrolada, sino que les brinda un sentido de autoconfort y de autoimportancia que se refleja en las siguientes actitudes:

(1) Suelen considerar que, debido su grado de originalidad o novedad, su postura no es compartida por otras personas. Bajo esta óptica la gente “común y corriente” no acepta las historias de la “plandemia” porque éstas no tienen precedentes.

(2) Normalmente se autoperciben como razonadores profundos y reflexivos. Es debido a su superior poder de razón que puedan atar cabos y entender lo que otros apenas pueden empezar a ver.

(3) Con frecuencia afirman que su postura desafía a las élites. Si las mayorías no ven la verdad, es porque aceptan lo que dicen universidades, prensa y otras instituciones colonizadas por la élite dominante.

La identificación de estas actitudes es relevante, pues permite construir narrativas para prevenir su desarrollo. Revisemos cómo es esto posible para cada una de las actitudes mencionadas.

1. La “plandemia” tiene muy poco de original

La primera narrativa consiste en notar que es un hecho bien documentado que, a lo largo de la historia, las pandemias o enfermedades contagiosas han sido un caldo de cultivo perfecto para las teorías de conspiración. Desde luego, actualmente estas enfermedades tienen explicaciones científicas, curas y vacunas. La aparición de explicaciones basadas en conspiraciones alrededor de la Covid-19 no es sorprendente. Quienes las aceptan se están colocando del lado incorrecto de la historia.

Tampoco son novedosas las principales historias detrás de la “plandemia”. En realidad, estamos ante ideas recicladas. Por ejemplo, en 2015 surgió la teoría de que el Zika, en ese entonces una enfermedad desconocida y riesgosa para parte de la población, había sido producida por la modificación genética de mosquitos en laboratorios ordenada secretamente por gobiernos, con el fin de convertirlos en armas. ¿Suena familiar?

En 1890, durante la expansión de la primera irrupción global de la influenza llamada “Gripe Rusa”, parte del público aceptó la idea de que esta enfermedad había sido causada por una nueva tecnología, la energía eléctrica, y que los beneficiarios de este desarrollo lo sabían perfectamente. En aquel entonces no había torres de 5G, pero sí torres de energía eléctrica.

Esto no es todo. Culpables favoritos como los “Illuminati” o los judíos han estado presentes desde hace siglos. Por ejemplo, la fiebre amarilla de finales de los 1700 fue achacada al primer grupo. A mediados del año 1340, un buen número de personas explicó la Peste Negra postulando que había sido causada por judíos que envenenaron pozos. Cientos fueron quemados vivos en represalia.

Nadie en su sano juico cree actualmente que alguno de los eventos anteriores haya sido causado intencionalmente por poderes ocultos. Un poco de perspectiva histórica es suficiente para notar lo ridículo que suena repetir, literalmente, las mismas historias probadas falsas y sin sentido en pleno siglo XXI.

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2. Creer en la “plandemia” no muestra gran capacidad de razón. Lo contrario es cierto.

Teorías como la “plandemia” aceptan la explicación más superficial de un fenómeno cuya magnitud no se alcanza a dimensionar. Esto se debe, en buena medida, a la ausencia de conocimiento del recorrido de la historia de las ideas y de la ciencia. Es decir, al intento de sacar conclusiones sin recursos intelectuales sólidos.

El ejemplo más claro es que las teorías de conspiración atribuyen la causa de eventos a la intención o voluntad oculta de un grupo poderoso. La idea de fondo es el sesgo de proporcionalidad: los fenómenos poderosos no se explican sin un grupo poderoso operando tras bambalinas.

Pero creer en la intención de algo detrás de toda causa -es decir, en causas finales- implica regresar al menos 400 años en el tiempo. Desde Aristóteles hasta el inicio de la modernidad se pensó que los objetos tenían causas finales. Con la introducción del mecanicismo en los 1600 estas causas fueron desterradas. Dado que todo el mundo material era explicable por los choques e interacciones de partículas, no había espacio para oscuras “intenciones” en los objetos ni era necesario recurrir a ellas para explicar su comportamiento.

Es evidente que, para un ser humano promedio, el mecanicismo es mucho más complicado de entender que los movimientos de átomos invisibles sin instrumentos o su interacción. Esto es, a medida que las explicaciones se volvieron cada vez más sofisticadas -y correctas- éstas resultaron incompresibles para más personas. En consecuencia, la modernidad trajo consigo la expansión de teorías de conspiración en voz de quienes buscaban explicar todo a través de las fácilmente entendibles causas finales, aunque sea fuera de los objetos.

Del mismo modo, para quienes no conocen de historia y encuentran incomprensibles las explicaciones técnicas dadas desde distintos ámbitos de la academia, es más fácil y reconfortante apelar a causas finales ocultas que a la posibilidad, por ejemplo, de una mutación genética producto de cadenas causales en un murciélago o en un pangolín que, como consecuencia de otras cadenas causales, ha terminado expandiéndose por todo el mundo en los seres humanos.

Cuartoscuro

3. Creer en la “plandemia” no desafía a las élites que mueven al mundo.

Quienes creen en la “plandemia” aciertan al afirmar que existen grandes intereses en el mundo. También dan en el clavo cuando apuntan que, en muchos sentidos, la ideología suele permear desde las élites hasta los estratos socioeconómicos más bajos.

El problema es que su falta de equipaje intelectual hace que esta premisa básica de la teoría crítica se convierta en un dardo que no alcanza a pegar en el blanco. Y es que resulta de un simplismo grotesco colocar a todas las instituciones, incluidas a todas las universidades y toda la prensa, como peones de las élites.

Consideremos, por ejemplo, el caso de The Guardian. Para quienes creen en la “plandemia” este periódico británico sería un instrumento de las élites que han planeado la pandemia. Pero The Guardian ha publicado los reportajes más demoledores en contra de élites globales, como el espionaje masivo de la NSA Estados Unidos o una lista de las personas -incluidos algunos de los más grandes capitalistas- que evaden impuestos en paraísos fiscales. Este tipo de periodismo es, por ende, una de las más auténticas y valientes críticas contra las élites.

Suponer que The Guardian, un medio que se ha ganado la credibilidad y respeto con base en su rigor y su independencia, opera a favor de un grupo secreto, o que está manejado por individuos alienados o desinformados, implica no haber leído nunca ese periódico o no conocer mínimamente su trayectoria y las de quienes lo hacen posible. Lo mismo aplica para otras instituciones que, aunque imperfectas, no son tontas ni serviles. Es más, buena parte de las críticas más importante contras las élites han surgido de personas que trabajan para estas instituciones.

La ideología es un fenómeno real y hay grandes intereses intentando mover al mundo. Pero el simplismo de historias como la “plandemia” termina siendo instrumental para los intereses contra las élites a las que supuestamente se está desafiando, pues desvía la atención de su poder y de sus muy reales mecanismos de opresión para colocarla en un espantapájaros. Más funcional para las élites, imposible.

Conclusión

La “plandemia” está bien asentada en México. Una parte importante de quienes viven en nuestro país no se vacunarán por creer que la pandemia ha sido planeada por intereses ocultos. Por desgracia, no existe cura contra el conspiracionismo.

La buena noticia es que sí existe una “vacuna” contra el pensamiento conspirativo implicado en la “plandemia”. Para ello, es necesario llegar a las personas con una narrativa informativa capaz de blindarles de ese pensamiento.

En este artículo he revisado, con base en las características de quienes suelen creer en teorías de conspiración, tres elementos que pueden ayudar en este sentido: mostrar que creer en la “plandemia” no es original, que no implica una capacidad de razón sofisticada y que no desafía a las élites.

Fcebook: Antonio Salgado Borge
Twitter: @asalgadoborge

Fuentes:

1. https://docs.cdn.yougov.com/msvke1lg9d/Globalism2020%20Guardian%20Conspiracy%20Theories.pdf 
2. https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2020/12/campaign-against-vaccines-already-under-way/617443/?fbclid=IwAR16HNiDTWtVolK7ZqdrPQU-e61c0CeyOATwsS6ZX1a37vZ8Sq92qgjK0lQ 
3. https://www.theguardian.com/world/2020/oct/26/survey-uncovers-widespread-belief-dangerous-covid-conspiracy-theories 
4. https://www.newyorker.com/culture/cultural-comment/pandemics-go-hand-in-hand-with-conspiracy-theories 
5. https://www.newstatesman.com/science-tech/coronavirus/2020/04/why-pandemics-create-conspiracy-theories 
6. https://www.dw.com/en/latest-conspiracy-theories-repeat-old-stories/a-53603358 
7. https://www.forbes.com/sites/alexknapp/2020/05/15/the-original-plandemic-unmasking-the-eerily-parallel-conspiracy-theories-behind-the-russian-flu-of-1889/?sh=6c9c3f7750d5 
8. https://theconversation.com/coronavirus-and-conspiracies-how-the-far-right-is-exploiting-the-pandemic-145968 
9. https://www.theguardian.com/media/2020/jun/01/covid-19-misinformation-pro-trump-and-qanon-twitter-bots-found-to-be-worst-culprits

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