No estamos listos para las deepfakes

Las fakes o falsificaciones en forma de imágenes, videos y audios son actualmente un grave problema. Pero éstas podrían resultar un juego de niños comparadas con sus sucesoras. Las falsificaciones profundas o deepfakes ya están aquí. Aunque hoy aparecen a cuentagotas y en sectores específicos, cuando su llave termine de abrirse, fluirán a borbotones. Y no estamos preparados para el tamaño o para las características del problema que se nos vendrá encima.

Aunque obvios, es necesario poner sobre la mesa los dos elementos esenciales de las deepfakes si queremos entender sus implicaciones.

El primero es su “falsedad”. En un sentido trivial, las deepfakes son verdaderas en el sentido de que son cosas existentes. Sin embargo, son “falsas” en el sentido de que no se trata de capturas de una cámara o micrófono, como pretenden representar.

El segundo es su “profundidad”. Lo deep o “profundo” de las deepfakes proviene de la forma en que éstas son construidas. A diferencia de una fake normal, las deepfakes involucran el aprendizaje profundo y los algoritmos de la Inteligencia Artificial. El resultado: para un ser humano es imposible distinguir una imagen, audio o video fabricada mediante un proceso de esta naturaleza de aquellos que capturen estados de cosas actuales en el mundo.

Muchas deepfakes son inofensivas o no maliciosas. Por ejemplo, éstas ya son empleadas en la industria del entretenimiento y por las grandes empresas de publicidad. Gracias a esta tecnología ha sido posible recrear escenas, rostros, o individuos que de otra forma sería imposible ver en una pantalla. La tendencia actual anticipa que cada vez será más común la inclusión de artistas “rejuvenecidos”, “resucitados” o, de plano, “inventados”.

Lo accesible de la tecnología ha permitido que incluso los fabricadores de memes puedan surgir con sus propias falsificaciones profundas. Tutoriales sobre cómo construir una deepfake pueden ser encontrados en internet con relativa facilidad. La mayoría de las falsificaciones profundas que surgen en esta esfera son inofensivas y, como las de Hollywood, buscan entretener y generar ganancias.

El problema

Pero los riesgos de los deepfakes exceden por mucho sus beneficios. Estas falsificaciones están siendo utilizadas principalmente para degradar a cientos de miles de mujeres. Este fenómeno incluye a la industria pornográfica -parte del sector del entretenimiento-, que busca vender películas o fotografías que incluyen las imágenes fabricadas de mujeres reales, normalmente personas famosas o reconocidas, en escenas sexuales.

Esto claramente tiene el doble problema de lucrar con la imagen de una persona y de exponerla a situaciones indeseadas. Aunque la imagen de una mujer “x” en una escena sexual sea un deepfake, es evidente que “x” puede preferir, por los motivos que uno quiera, no ser visualizada o concebida en cierto tipo de actos representados con ese nivel de realismo.

Para continuar leyendo: https://aristeguinoticias.com/0512/opinion/no-estamos-listos-para-las-deepfakes-articulo/

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