Reelección complicada

De acuerdo con una encuesta dada a conocer por el periódico The Wall Street Journal esta semana, si hoy fueran las elecciones, Donald Trump perdería la presidencia de Estados Unidos

En este artículo argumentaré que la campaña de Donald Trump tendría que dar un giro extraodinario para ser reelegido presidente. Y que este giro, al menos por ahora, no parece estar en el horizonte.

LOS RESULTADOS

Empecemos revisando los principales resultados de la encuesta de The Wall Street Journal. 51% de las personas encuestadas aseguran que votarán por Joe Biden, mientras que 40% dijeron que lo harían por Trump. Como es bien sabido, en Estados Unidos no necesariamente gana la presidencia la persona que obtenga el triunfo en el voto popular, sino la que resulte ganadora en el Colegio Electoral. Por ejemplo, hace cuatro años Trump perdió en el voto popular contra Hilary Clinton; pero, gracias a la fórmula que constituye al Colegio Electoral, terminó como presidente.

Es tentador, por ende, hacer a un lado todo cálculo en términos porcentuales alegando que es irrelevante cuántos votos tenga cada candidata o candidato. Sin embargo, esto sería un error. En 2016 Trump perdió el voto popular por 2%; este año lo perdería por 10%. Aunque la correlación no es exacta y la fórmula de asignación es compleja, no es cierto que el voto popular no tenga relación alguna con lo que ocurre en el Colegio Electoral. Así, si hoy fueran las elecciones, Trump tendría 182 votos en el Colegio Electoral y Biden tendría 352 (“The Economist”, 18/07/2020).

A ello hay que sumar que expertos han postulado que el hecho de perder el voto popular y ganar el Colegio Electoral es una anomalía: sólo ha ocurrido en tres ocasiones: 1888, 2000 y 2016. Por ende, la probabilidad de que vuelva a ocurrir este año es minúscula (“The Guardian”, 12/01/2020). Además, Donald Trump está abajo en seis estados clave para ganar la elección presidencial. En Estados Unidos se considera que hay estados “rojos” -es decir, que casi siempre votan por el Partido Republicano- y estados “azules” -que suelen votar por el Partido Demócrata-. Tan marcada es esta tendencia que algunos candidatos ni siquiera hacen campaña en estados que consideran perdidos de antemano.

Pero también hay estados “púrpura” o “columpio”; estados donde nada está definido. Estos fueron clave en la victoria de Trump en 2016. De acuerdo con una encuesta de The New York Times, Trump está entre 6 y 11 puntos porcentuales debajo de Biden en seis estados cruciales: Michigan, Wisconsin, Pensilvania, Florida, Arizona, y Carolina del Norte (“The New York Times” 25/06/2020).

Alguien podría alegar que las encuestas no son buenos referentes, pues éstas fallaron radicalmente en 2016. A ello se puede responder que hace cuatro años nos encontrábamos ante un escenario sin precedente. La combinación de factores como el discurso de odio explícito, las fake news, los bots, la intervención rusa y la figura del candidato “antisistema” eran todas novedosas. También es cierto que las encuestadoras fallaron al momento de actualizar sus métodos a los tiempos.

Pero este año distintos medios y encuestas han hecho la tarea con la antelación y la seriedad que el caso amerita.Por ejemplo, The Economist cuenta este año con un innovador modelo de predicción estadística que, aplicado retroactivamente, resulta destacablemente exitoso. Este modelo otorga este año 10% de posibilidades de triunfo al republicano en el Colegio Electoral; en términos del voto popular, Biden tiene 99% de chance de ganar. En términos del Colegio Electoral, el demócrata tiene 93%. Es decir, lo más probable es la elección sea todo menos competida (The Economist actualiza constantemente su indicador, que puede ser consultado en el siguiente sitio: https://projects.economist.com/us-2020-forecast/president).

Finalmente, el periodista Frank Bruni ha hecho notar que, aunque los presidentes estadounidenses suelen ser reelegidos, los que no han logrado la reelección, como Jimmy Carter o George Bush, han tenido una aprobación menor del 40% a estas alturas del año. Esta es justamente la aprobación actual de Trump. Entonces, si la historia sirve de guía, Trump estaría liquidado (“The New York Times”, 01/07/2020).

LA REACCIÓN

Los números son dramáticos para Donald Trump. Tan complicado se antoja el panorama, que esta semana ese presidente tuvo que reemplazar a su coordinador de campaña.

La estrategia de Trump ha consistido en redoblar su apuesta y empujar la idea de una división “nosotros contra ellos” con el fin de mantener a su base radicalizada. En ello, hay poco de novedoso. Lo que es inédito es que en 2020 “ellos” no serán principalmente los inmigrantes -como en 2016-, sino otros individuos estadounidenses; principalmente las personas negras o las identificadas con la lucha contra la opresión racial.

Por ejemplo, Trump hizo pública su inconformidad por el retiro de la bandera confederada de los eventos del Nascar -un circuito automovilístico popular en las zonas rurales de Estados Unidos. La bandera confederada representa al lado esclavista de la revolución estadounidense, y actualmente es un ícono de los grupos nacionalistas blancos en ese país. Es decir, en plena ola antirracista, Trump apuesta a que el racismo, particularmente contra las personas negras, le ayudará a mantenerle en la presidencia.

Otro elemento clave es la idea de que las personas simpatizantes de la izquierda buscan imponer su discurso limitando la “libertad de expresión” de los conservadores o que intentan, ayudados por alguna conspiración, imponer ideologías contrarias a los valores de la civilización occidental. Estos dichos no tienen sentido. En primer lugar, parten de la base de una idea de libertad de expresión errada por ilimitada. En segundo lugar, recurren a teorías conspiratorias sin sustento en los hechos y a añoranzas trasnochadas -algo similar a la famosa “ideología de género” que tanto excita a los ultra conservadores mexicanos-.

Un último elemento para considerar es que Trump ha empezado a cortejar al electorado latino. Estos cortejos incluyen desde la “invitación” a AMLO hasta su reciente comentario de que las personas de origen latino son “un tesoro” para Estados Unidos o su dicho de que estas personas están supuestamente en contra de Black Lives Matter (“The New York Times”, 09/07/2020). Es decir, la idea sería convencer al electorado latino que ellos no son parte de la “muchedumbre violenta” conformada por las personas negras y sus aliadas y que, por ende, deben votar por el presidente para enfrentarla.

EL RIESGO

El riesgo para Donald Trump es que su estrategia parte de la base de que la elección de este año será reñida y cerrada, como la de 2016. En este escenario, su base dura y unos cuantos indecisos podrían serle suficientes para ganar estados clave y para repetir su triunfo en el Colegio Electoral. Pero, como hemos visto, la base de esta calculación es, por decir lo menos, endeble.

Además, la encuesta de The Wall Street Journal revela con claridad que cuatro grupos fundamentales le han dado la espalda rotundamente. El primero está conformado por las mujeres. Tan sólo 3 de cada 10 mujeres votarían para reelegir al actual presidente estadounidense. El segundo son las personas jóvenes: dos de cada diez votarían por Trump. El tercero son las personas negras: sólo 5% dicen que votarían por el actual presidente. El cuarto son las personas hispanas: apenas 20% dicen apoyarlo. En contraparte, casi 50% de las personas blancas y de los hombres afirman que votarían para reelegir a su presidente.

Finalmente, la idea de Trump de enfocarse en el odio racial probablemente busque desviar la atención del pésimo manejo de la pandemia que ha tenido ese presidente. Pero este manejo ha sido tan negativo que 60% de las personas estadounidenses lo rechazan. Incluso gobernadores de su partido han decidido pintar su raya en este sentido. Estos números podrían continuar creciendo, dado que partes del sur de Estados Unidos tienen ahora rebrotes que no han podido ser controlados. Por ende, la idea del odio racial podría pasar este año a segundo plano.

CONCLUSIÓN

Los resultados de las encuestas más recientes y serias señalan que la campaña de Donald Trump tendría que dar un giro extraodinario para que éste resulte reelegido presidente. La estrategia seguida por Trump parece encaminada a redoblar su apuesta por el odio racial. Pero hay elementos para afirmar que esta estrategia no sólo no será suficiente para al actual presidente estadounidense, sino que terminará por pronuciar su declive en las encuestas. Y es que todo parece indicar que las mujeres, las personas jóvenes y las minorías estadounidenses recatarán este año a su país. Y, de paso, le estarán haciendo también un enorme favor al mundo.  -Edimburgo, Reino Unido.

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