Discriminaciones Cotidianas

Diario de Yucatán, 07-06-2020

En Yucatán se discrimina. Si bien rara vez hablamos de este problema, eventos recientes, como el caso de las protestas raciales en Estados Unidos, nos han recordado la necesidad de aceptar con honestidad nuestro contexto discriminatorio. Y la pregunta obligada en este sentido es qué podemos hacer como sociedad para cambiar este contexto. En este artículo presentaré tres posibles vías de acción complementarias.

Una aclaración inicial es importante. En este artículo utilizaré el término “discriminar” para referirme a la noción de “dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental, etc.”. Dos aspectos de esta definición son importantes: (a) discriminar implica siempre una acción con relación a otras personas, y (b) esta acción consiste en tratar a uno o más individuos como inferiores o menos dignos por cualquiera de las razones mencionadas.

Primera Vía: Las Voces Discriminadas

La primera vía de acción tiene que ver con las voces discriminadas. La escritora británica Laura Bates notó que compartía con muchas mujeres con las que pudo platicar experiencias de discriminación -incluido acoso en espacios públicos o violencia-. También compartía con ellas el hecho de no hablar frecuentemente de estas experiencias. Bates intuyó que este podría ser un problema generalizado.

Para conocer más sobre el tema, esta escritora creó un sitio de internet con el fin de recopilar historias de mujeres víctimas del sexismo. Esperaba contar con algunas decenas de testimonios, pero lo que obtuvo en su lugar fueron decenas de miles. El proyecto de Bates se llama “Sexismo Diario” -Everyday Sexism- y actualmente da voz a mujeres en distintos países del mundo.

La historia de “Sexismo Diario” nos deja dos lecciones principales que vale la pena aterrizar en Yucatán.

(1) El hecho de que no se hable de una forma de discriminación no significa que ésta no exista. Muchas de las mujeres que dieron su testimonio dijeron que pensaban que vivir con miedo y esperando sufrir agresiones sexistas era “normal”. Otras pensaron que simplemente tenían “mala suerte” o que algo estaban haciendo mal.  Y pensaron lo anterior porque desde adolescentes o niñas habían sufrido las consecuencias de estos actos discriminatorios.

Del mismo modo, pensando que es lo “normal”, asumiendo que tienen “mala suerte” o pensando que son “culpables”, mujeres, personas mayas e individuos LGBTI en Yucatán podrían estar callando sus experiencias de discriminación. También puede parecer “normal” a la población maya ser pobre, tener acceso a los peores trabajos contar con menos oportunidades de adquirir bienes o servicios de lujo.

(2) El caso de “Sexismo Diario” nos enseña también que compartir, en primera persona, experiencias con otros individuos que comparten los elementos por los que uno es discriminado es una gran herramienta para notar que lo extendido que puede ser un problema y para comenzar a atajarlo de forma organizada.

En este sentido, la creación de canales para articular y compartir experiencias es un paso fundamental para combatir la discriminación en Yucatán. Si bien el los últimos años han habido avances gracia a la presencia y fortalecimiento de organizaciones feministas y proderechos LGBTI, el caso de las personas mayas parece no contar con los mismos espacios dedicados. De esta forma, el silencio garantiza el sufrimiento de miles de personas y el mantenimiento de un estado de cosas opresivo.

Segunda Vía: Las Voces Discriminadoras

La segunda vía de acción es la de las voces discriminadoras. Para dejar de discriminar es indispensable aceptar que todos empezamos, en algún sentido, siendo discriminadores. Entiendo perfectamente que esta frase puede parecer dura y que hay quienes pueden pensar tajantemente que éste no es su caso. Pero a ello se puede responder que para discriminar no hace falta intención ni consciencia de la discriminación que se comente. Es decir, que es preciso admitir que buena parte de las personas que discriminan lo hacen sin percatarse de ello.  En el extremo, personas que evidentemente son homofóbicas, clasistas o racistas pueden llegar a jurar no tienen nada en contra de personas a los que, en los hechos, no reconocen como iguales.

A lo anterior hay que agregar que las personas no nacemos en un vacío, sino aparecemos en un contexto determinado repleto de prejuicios. Esto es importante, pues cuando cobramos consciencia de nuestra existencia ya contamos con un sólido bagaje de creencias, procesos subconscientes y conexiones neuronales. Así, alguien que nació en un contexto “x” puede concebir a las personas que integran un grupo “y” como inferiores o, aún si este no no las concibe conscientemente así, puede actuar contra esas personas movido por prejuicios inconscientes. Por ejemplo, alguien que nació y creció en un nivel socioeconómico alto con poca presencia de personas mayas puede haberse habituado a justificar su opresión o simplemente a ignorarlas. En ambos casos, este individuo estaría actuando en contra de las personas mayas.

Pero para aceptarnos plenamente como discriminadores no es suficiente con reconocer que lo somos por default. Una vez reconocido nuestro contexto, es necesario retarnos y cuestionar actitudes o creencias que creíamos libres de discriminación.

Un caso que puede ayudar a ejemplificar cómo se vería este proceso es el del presidente Andrés Manuel López Obrador. AMLO tiene decenas de aspectos por los que tendría que ser duramente cuestionado -desde su discurso contra la prensa hasta sus recortes indiscriminados, su manejo de la pandemia o su desprecio por la cultura o la ciencia-. Pero para un grupo de las clases altas o medias-altas mexicanas la crítica contra el presidente se centra en su persona.  Para este grupo AMLO es “tonto”, “ignorante”, “impresentable” o “comunista”. Por ejemplo, en una entrevista de radio Pedro Ferríz criticó la presentación presidente -incluidos sus zapatos- y dijo, en pocas palabras, que se trataba de un asunto de educación o de presentación.

Tal como comentó el periodista Jorge Zepeda Patterson, a Ferríz le faltó aceptar que lo que básicamente estaba diciendo es que es un asunto de clase. La pregunta obligada es qué tanto de estos calificativos obedecen al origen humilde, aspecto físico y modo de hablar del presidente. La respuesta inmediata, la automática, es “nada”. Y quizás sea verdad en para algunas personas. Pero lo que me interesa señalar aquí es que no lo será en otros y que para saber si éste es o no el caso se requiere un serio ejercicio mental y comparativo.

Tercera Vía: Las Voces Autodiscriminadoras

La tercera y última vía es terminar es la de las voces autodiscriminadoras. Y es que una posibilidad real y no poco frecuente es que una voz discriminadora se termine discriminando a sí misma. Al igual que en el caso anterior, la respuesta inmediata puede ser que “eso es imposible” o que “claramente no es mi caso”. Y es que aceptar esta posibilidad requiere de un análisis tan retador como profundo.

Un primer paso es notar si uno tiene alguna de las características que suelen ser motivo de discriminación en nuestra sociedad o en los medios. Por ejemplo, una persona LGBTI yucateca adulta que acepta plenamente su sexualidad ha nacido y crecido en un contexto altamente homofóbico. Una niña o niño en 2020 seguramente desarrollará sus conexiones neuronales y creencias en medio de discriminación contra la comunidad LGTBI que se manifiesta en la escuela, en la calle, en el Congreso del estado, en el silencio del gobierno local o en la presencia de grupos antiderechos como el FNF.

Esto significa que esa persona, aunque sea de forma inconsciente, tiene posibilidades reales de juzgarse con estas medidas y, por ende, de sufrir las consecuencias de ejecutar acciones que van desde privarse de vivir una vida plena hasta permitir discriminación de otros o convalidar a autoridades que le desprecian o no reconocen sus derechos. Lo mismo puede aplicar con base en el color de la piel, el nivel socioeconómico u otros factores.

Conclusión

Yucatán discrimina. Lo hace, particularmente, contra las personas mayas, las mujeres y los individuos LGBTI. Si queremos que este deje de ser el caso es necesario que las voces discriminadas se enlacen y magnifiquen, que aceptemos que todos nacemos en un contexto que nos hace discriminadores y que este contexto puede incluso llevarnos a autodiscriminarnos. Nuestra capacidad de abordar estos problemas parte, en buena medida, de un ejercicio de autocrítica honesto y profundo. Un proceso que sólo el miedo o la complicidad convenenciera pueden echar abajo.

Excurso

Diario de Yucatán ha cumplido sus primeros 95 años. Y lo ha hecho alzando la mano como la voz crítica e independiente que tiene que ser el periodismo libre y con vocación genuina. En un entorno local donde estas cualidades son escasas, la cabal salud del Diario es digna de celebrarse. Mi felicitación sincera a quienes hacen posible este periódico. -Edimburgo, Reino Unido.

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