Vila ante la pandemia

Diario de Yucatán, 26-04-2020.

El gobierno de Yucatán ha establecido medidas claras para atender los efectos del Covid-19 en nuestro estado. Este artículo estará dedicado a analizar lo positivo y lo negativo de estas medidas, poniéndolas en contexto y comparándolas con lo que se ha hecho en otros lugares.

Lo positivo

Al gobierno de Mauricio Vila hay que reconocerle que desde el primer minuto ha aceptado la amenaza que el Covid-19 representa. Esto es positivo en dos sentidos.

(1) El gobierno del estado no ha titubeado en público y su mensaje ha sido claro: este coronavirus es peligroso y las evidencias científicas indican que es preciso aplicar cuarentenas para contener su avance. Además, el discurso del gobernador, sobrio e institucional, ha mandado el mensaje de que tenemos un gobierno que se está haciendo responsable de atender la emergencia.

Alguien podría objetar que lo anterior no tiene efectos concretos; que lo verdaderamente relevante son las políticas que el gobierno aplique y su efectividad. A ello se puede responder que el reconocimiento de la seriedad del problema, y la respuesta seria ante esta seriedad, son condiciones necesarias, aunque no suficientes, para que se apliquen las medidas más eficientes.

Además, aunque la seriedad y la institucionalidad tendrían que ser la norma, esto claramente no ha sido el caso en algunos lugares. Si algo se le puede criticar al gobierno de Vila en este sentido es que Yucatán es uno de los estados más opacos al informar sobre la evolución de casos de Covid-19 en el ámbito municipal (“El Universal”, 15/04/2020).

(2) En otro sentido, el reconocimiento serio de la amenaza que el Covid-19 representa es positivo porque ello ha permitido planear acciones como la habilitación de espacios, las compras de equipo o los apoyos económicos.

Pongo entre paréntesis la evaluación del resultado de estas previsiones. Lo único que me interesa señalar aquí es que el gobierno de Mauricio Vila ha sido proactivo y ha intentado contener los estragos de la pandemia.

Dos lugares donde la seriedad y la previsión no han sido el caso ayudan a entender su importancia. En Estados Unidos, Donald Trump, llevando la contra a toda la evidencia científica y a las opiniones de expertos, primero llamó al virus una “farsa” e insinuó que era parte de una teoría de conspiración, luego dijo que era real pero que ya quería abrir la economía y apenas hace unos días sugirió que inyectarse desinfectantes caseros —de los que se venden en supermercados— podría ser una forma de curarse (“The New York Times”, 24/04/2020).

En Brasil, la respuesta de Jair Bolsonaro ha sido aún peor. Este presidente dijo que sus compatriotas eran “inmunes al virus” y ha insistido en que la gente debe volver al trabajo como si nada estuviera pasando. Esto ha generado caos, confusión y respuestas desarticuladas de la sociedad para hacer frente a la crisis (“The Guardian”, 01/04/2020).

En ambos casos, Estados Unidos y Brasil, presidentes populistas, de derecha y anti-ciencia han hecho lo posible por convencer a la gente de que no pasa nada. El discurso que sale de sus gobiernos deja un vacío enorme. Y, desde luego, justifica su inacción o su indiferencia. Esto se ha traducido en una total falta de dirección institucional y en la ausencia de medidas escalonadas y bien pensadas para cada fase del problema.

El resultado está a la vista: Estados Unidos y Brasil son naciones desbordadas por el Covid-19.

En este contexto, que el gobierno de Yucatán haya reconocido la gravedad del problema desde un inicio y que haya actuado institucionalmente es digno de subrayarse. Y, me parece, esto le ha valido, con justicia, comentarios positivos al gobierno del estado.

Lo negativo

Al gobierno del estado debe criticársele enérgicamente el enfoque autoritario de algunas de las medidas que ha establecido. Me refiero particularmente a medidas coercitivas, como amenazar con arrestar a la gente, limitar el libre tránsito o prohibir que más de una persona viaje en cada automóvil. Este tipo de determinaciones no sólo no son inocuas, sino que resultan profundamente problemáticas en al menos dos sentidos.

(1) En primer lugar, porque se trata de medidas francamente antidemocráticas, ilegales y arbitrarias. En palabras de Carlos Luis Escoffié Duarte, director del Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey y articulista de Animal Político, “el gobierno de Yucatán anuncia sanciones ‘establecidas en la ley’ para quien no use cubrebocas (sin aclarar qué ley) y más restricciones a la movilidad. Constitucionalmente, no está facultado para hacerlo. Menos cuando no hay suspensión de derechos conforme al artículo 29 constitucional”.

Alguien afín al gobierno del estado podría alegar que el fin justifica los medios y que una situación extraordinaria amerita respuestas extraordinarias. Pero esta afirmación es simplista y no puede ser aceptada a la ligera.

Para empezar, un ejercicio de honestidad intelectual es suficiente para notar que si hubiese sido el presidente López Obrador quien hubiera decretado las medidas decretadas por Mauricio Vila, el partido del gobernador ya estaría rasgándose las vestiduras calificando a AMLO como dictador o anunciando la inminente venezolanización de México. Esto es, no es válido ni congruente aceptar el autoritarismo de un lado y rechazar el del otro.

Además, la aceptación de medidas extraordinarias no implica validar que todo deba ser permitido. Cuando se ha abierto la puerta a estas medidas, es difícil cerrarla. ¿Quién va a determinar donde “empieza” y donde “termina” la situación extraordinaria? Si ya se hizo una vez, ¿por qué no repetirlo?

Vale la pena leer lo que está ocurriendo en países como Hungría, China o Tailandia. “The Washington Post” dio a conocer un audio en que un influyente asesor de Donald Trump habla de mantener algunas de las restricciones de viaje aplicadas por el Covid-19 para disminuir la inmigración (“WP”, 24/04/2020).

Yucatán no es una isla, y es importante reconocer que la aplicación de medidas arbitrarias que violan derechos o constituciones en nuestro estado se insertan en un contexto en que “autócratas sin escrúpulos están utilizando la pandemia para hacer lo que siempre hacen: atrapar el poder a expensas de la gente a la que gobiernan” (“The Economist”, 23/04/2020).

(2) En segundo lugar, incluso si ponemos entre paréntesis su ilegalidad o su naturaleza antidemocrática, no hay correlación entre la coercitividad de las medidas y su éxito. Meter hasta la cocina al “Estado Policía” no es una medida recomendada por ninguna persona experta ni algo que haya probado ser la mejor alternativa.

Casos como los de Nueva Zelandia, Dinamarca o Taiwán —todos gobernados por mujeres, por cierto— muestran la estrategia que realmente funciona e implican una combinación que por lo general incluye un sistema de “tests” o pruebas, un mapeo y monitoreo de todas las personas que han estado en contacto con cada individuo enfermo y una interacción transparente, horizontal y abierta con la ciudadanía. No hay que ser experto en física cuántica para construir un sistema de esta naturaleza.

La construcción de este marco es crucial, pues es un error pensar que sólo habrá una cuarentena o un período de “sana distancia”. Personas científicas expertas han avisado que esto tendrá que repetirse, en mayor o menor medida, hasta que no haya una vacuna (“The New York Times”, 20/04/2020).

Esto significa que, si aceptamos medidas ilegales o arbitrarias, tendremos que lidiar con ellas durante mucho más tiempo que unas pocas semanas. Es evidente que lo óptimo sería cancelarlas y reemplazar el garrote cavernícola por un enfoque científico y apegado a derechos humanos.

Conclusión

Al gobierno de Yucatán hay que reconocerle la seriedad e institucionalidad de su mensaje. También hay que aplaudirle su intención de prepararse para atender un problema que desde un inicio reconoció como serio y grave. Es bueno saber que contamos con un gobierno dispuesto a asumir sus responsabilidades.

Pero a este gobierno también hay criticarle su aplicación arbitraria de medidas claramente inconstitucionales, de alto riesgo e ineficaces a largo plazo. La pandemia está siendo utilizada en otras partes como excusa para fortalecer a los miembros del club de gobiernos autoritarios. Una membresía que pocas personas en Yucatán pueden querer para nuestro estado.— Edimburgo, Reino Unido.

 

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