COVID-19: ¿Vive y deja morir?

SinEmbargo,

 

El COVID-19 ha abierto para gobiernos en todo el mundo lo que aparenta ser el dilema moral por excelencia.

Primer cuerno del dilema.

Por una parte, hay quienes consideran que es un deber fundamental evitar todas las muertes humanas que sean evitables, sin importar el costo que ello implique. La idea central es que la vida humana es un principio moral innegociable; es decir, que no hay nada que justifique el sacrificio de aquellas personas que respiran. Si este enfoque implica altos costos económicos o sociales, que así sea. Luego habrá tiempo de lidiar con las consecuencias de las medidas adoptadas.

En lo individual, probablemente la voz más notable en este sentido hasta el momento es la del Gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. Recientemente este Demócrata lo puso así: “Mi madre no es sacrificable. No vamos a aceptar la premisa de que la vida humana es desechable. Y no vamos a poner una cifra en dólares a la vida humana.”[1] Nueva York ha adoptado, consecuentemente, políticas “de cierre” mucho más agresivas que las sugeridas por el Gobierno de Donald Trump. En lo colectivo, la comunidad médica y científica ha exigido, casi unánimemente aplicar este enfoque, pues es el único que probadamente ha frenado, al menos en el corto plazo, las muertes por COVID-19.

Pero no es necesario negar que la vida humana no tiene precio para dejar de ver que este enfoque enfrenta un problema evidente: la posibilidad de su aplicación exitosa depende del contexto. Por ejemplo, la gente en Reino Unido puede permanecer en casa unas cuantas semanas, y vivir con sus ahorros o con sueldo pagado al 80 por ciento por su Gobierno. En esos lugares, el “cierre” por pandemia se vive de forma análoga a como lo hacen las clases altas de México.

Es fácil exigir el “cierre total” instalados en la comodidad de una sala listos para “binge-watchear” Netflix o para disfrutar de todas esas lecturas pendientes con la alacena retacada de provisiones. Pero en países como el nuestro, donde el Gobierno no cuenta con recursos suficientes, donde la mayoría de las empresas no tienen recursos para pagar nóminas estando paradas, y donde la economía informal y vivir al día son la norma, pedir “cierre total” puede representar, literalmente, dejar morir de hambre a muchas personas.

Continuar leyendo: https://www.sinembargo.mx/27-03-2020/3755579

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