Caballeros (y damas) del zodiaco

SinEmbargo,

Algunas prácticas que parecían estar al borde de la extinción, como la astrología, la magia, el tarot o la angelología, han iniciado la segunda década del segundo milenio de nuestra era con fuerza renovada.[1]

Las evidencias de esta tendencia saltan a la vista lo mismo en charlas informales que en la multiplicación de espacios dedicados a reunir a la gente interesada en estos temas. El mundo digital también da cuenta de ello. Por ejemplo, el tráfico en aplicaciones o sitios construidos para generar narrativas asociadas a los signos del zodiaco se ha incrementado exponencialmente. Algo similar ocurre con las secciones de medios tradicionales que incluyen contenidos relacionados con la astrología.[2]

Si creencias como las mencionadas arriba parecían ir de salida es, en buena medida, porque éstas conflictúan con hechos o evidencias científicas que la mayoría reconoce como verdaderos.

En este sentido, uno de los aspectos que llaman más la atención en su reemergencia es el puente que se ha construido entre ciencias y pseudociencias. Y es que parte de las personas que buscan entenderse a través de sus perfiles zodiacales o cartas astrales, o que están convencidas de la compañía de ángeles en sus vidas, no considera problemático la combinación entre estas creencias y las evidencias científicas que, de ser plenamente aceptadas, vuelven a estas creencias insostenibles.

Así, hay quienes aceptan hechos astronómicos -como que la Tierra gira alrededor del Sol o que la gravedad es una fuerza real- y, al mismo tiempo, suscriben esoterismos que no tienen cabida en una descripción científica del universo -como las cartas astrales-. O hay quienes creen en su existencia en el espacio-tiempo, pero piensan que seres inmateriales, que por definición están fuera del espacio-tiempo y que no tienen cualidades materiales, les siguen en su movimiento en el espacio, en el transcurso de sus vidas o interactúan con ellos.

Otro aspecto recurrente en las instancias de este fenómeno es el tomar un hecho científicamente probado como punto de partida para luego construir, con este hecho como base, inferencias sin respaldo.

De esta forma, del hecho de que buena parte de nuestro cuerpo es agua y del hecho de que la luna afecta las mareas se supone que se sigue que las posiciones de los astros en general determinan, en el momento mismo en que nacemos, nuestra personalidad y, a través de nuestra vida, la forma como nos comportamos. Y del hecho de que existen fuerzas en el universo -la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil- y del hecho que estas fuerzas se manifiestan incluso en nuestros cuerpos se infiere que uno puede transmitir ‘fuerza positiva’ a otras personas porque ‘finalmente todos somos fuerza’.

Para seguir leyendo: https://www.sinembargo.mx/03-01-2020/3705659

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