¿Queremos tanto a “El Chapo”?

Incluso para los particulares estándares de nuestro surrealismo nacional la fuga de “El Chapo” Guzmán resulta increíble.

La reacción de nuestras autoridades ante este gran escape ha sido lenta y las respuestas que han dado con el fin de evadir su evidente responsabilidad son contradictorias, titubeantes y tienen poco sentido. En tiempos recientes, quizás sólo las enclenques versiones oficiales de un puñado de casos le pueden hacer alguna competencia; entre ellos, el “suicidio” de la activista Digna Ochoa mediante dos disparos, el “secuestro” de policías federales a manos de tres mujeres indígenas en Querétaro y el “hallazgo” del cuerpo de la niña Paulette entre el colchón y la cabecera de su cama, cuando Enrique Peña Nieto fue Gobernador del Estado de México.

Hay, sin embargo, una importante diferencia entre la fuga de “El Chapo” y muchos casos trágicos similares a los anteriormente enlistados. En esta ocasión los más indignados ante la afrenta que este evento representa para el Estado no son la mayoría de los mexicanos sino nuestros gobernantes. No es para menos. A fin de cuentas, el capo “se los chingó” jugando su propio juego.

Para continuar leyendo:

http://www.sinembargo.mx/opinion/17-07-2015/36996

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