El diluvio que viene

Un funcionario más decidió usar bienes públicos para sus fines particulares. David Korenfeld, entonces titular de la Conagua, fue fotografiado justo cuando abordaba junto con su familia, maletas en mano, un helicóptero de la dependencia que encabezaba. Korenfeld se disponía a iniciar sus vacaciones, pero no contaba con que un vecino suyo, indignado por lo que veía, capturaría y subiría a internet las imágenes de este penoso momento.

Las críticas en redes sociales no se hicieron esperar. Korenfeld intentó esbozar una explicación y se disculpó admitiendo su culpa. Así, el ex funcionario justificó su uso de la aeronave estatal por una supuesta lesión en su rodilla. La indignación arreció ante lo inverosímil de sus argumentos y ante las versiones de su posible destino vacacional. Korenfeld, promotor y operador de una peligrosa ley que pretende privatizar el suministro de agua en México, finalmente tuvo que admitir que mintió y se vio forzado a pedir su renuncia. Gracias al escándalo generado también se ha hecho del conocimiento público que desde 2013 el gobierno federal no reporta quiénes usan helicópteros y aviones y para qué los usan (Sinembargo.mx, 07/04/2015).

El caso de Korenfeld ha servido de pretexto para reabrir el debate sobre los alcances de la presión ejercida por los mexicanos en redes sociales sobre nuestros gobernantes: ¿es su renuncia un gran triunfo ciudadano o se trata simplemente de un insignificante caso que se diluirá entre los miles que diariamente son denunciados y que no obtienen respuesta alguna? En realidad, reducir el debate a esta dicotomía impide analizar un escenario que es mucho más complejo que eso.

El poder de las redes sociales no funciona como un interruptor binario. Esta fuerza viene en grados y depende de diversos factores coyunturales que interactúan todos a la vez. En este sentido, es de particular relevancia para los mexicaos inventariar y analizar los elementos que llevaron a que la cabeza de Korenfeld, un funcionario cercano al presidente de la república, sea ofrecida al público en charola de plata.

Por principio de cuentas, es preciso recordar que nos encontramos en plena campaña electoral. Las denuncias y las críticas ciudadanas son particularmente efectivas cuando éstas pueden tener un efecto directo en las urnas. Desgraciadamente, nuestra memoria es corta y cuando un caso se presenta lejano a las elecciones la probabilidad de que el electorado se olvide de éste es grande. Las vísperas electorales también tienen la característica de que los partidos opositores suelen denunciar con mayor dureza los deslices del partido en el poder.

Otro factor que debemos incluir en este análisis es la fortaleza del gobernante al que responde el funcionario denunciado. Enrique Peña Nieto se encuentra en su más bajo nivel de aprobación desde que asumió la presidencia del país. En gran parte esto se debe a los escándalos derivados de reportajes en medios independientes –entre los que destaca el de Carmen Aristegui- que se han venido difundiendo continuamente en las propias redes sociales. De acuerdo a la más reciente encuesta del periódico Reforma (26/03/2015) 57% de los ciudadanos, 78% de los universitarios y 82% de los líderes mexicanos le reprueba al presidente. Un presidente, gobernador o alcalde al que le llueve sobre mojado tiene muchas mas posibilidades de ceder ante la opinión pública que uno que goza de la confianza ciudadana.

Un tercer elemento a considerar es que las redes sociales se nutren de una dinámica de información cruzada entre internautas críticos y medios de comunicación independientes. Desde el momento en que Vizcaino hizo públicas sus fotografías diversos medios independientes nacionales y locales –como el Diario de Yucatán– empezaron a replicarlas junto con las mentirosas declaraciones iniciales de Korenfeld y las opiniones de analistas sobre el caso.

También surgieron medios que intentaron defender lo indefendible con alabanzas al funcionario o con matices sobre la gravedad de su falta. En el extremo está un texto de Carlos Mota en El Financiero (08/04/2015) donde el autor asegura que la indignación por lo ocurrido trae “un hedor a complejo de inferioridad sin igual” de mexicanos acomplejados porque no pueden viajar en helicóptero. Sin embargo, ante la evidencia gráfica y la calidad y prestigio de los medios independientes que aún tenemos en México, la opinión pública pudo reconocer con claridad lo evidente.

El caso de Korenfeld llegó a internet gracias a que su vecino Ignacio Vizcaino Tapia, un ciudadano que (a) hasta donde se sabe no tiene vínculo con ningún partido político, (b) consciente de lo que estaba mirando,  (c) decidió registrar el momento por medio de su cámara y (d) generar una denuncia pública en redes sociales. La respuesta de Vizcaino al ser cuestionado por el periódico digital Sinembargo.mx sobre lo que le movió ese día a actuar cómo lo hizo es una verdadera joya de ciudadanía: “Es muy indignante. Da mucho coraje que estas personas usen recursos de la Nación para beneficio propio cuando hay tantas necesidades en el país. Yo soy así. Creo que todos los mexicanos deberíamos denunciar cuando vemos abusos. Yo creo que si los mexicanos no nos dejáramos, nuestra realidad sería otra. Eso les he inculcado a mis hijos, a no dejarse, a no agacharse.”

También es importante no perder que el  volumen de la masa de ciudadanos críticos es también un factor determinante. Las redes sociales permiten conocer información de manos de gente en la que se confía y esto le da particular valor a lo que en ella se lee. Los mexicanos que cuentan con acceso a internet son cada día más y esta cifra tan sólo continuará creciendo. Esto significa que el efecto de las información y de la crítica en ellas podría convertirse en un verdadero diluvio para nuestros gobernantes. Los teléfonos inteligentes y las tabletas pueden ser adquiridos a precios mucho más accesibles que las computadoras. No es lo mismo 20% de mexicanos con acceso a internet a que 50%.

Finalmente, la narrativa o la forma en que se pueden contar la historia es también un elemento de peso. El caso de Korenfeld es mucho menos grave que muchas de los casos de corrupción que son denunciados por medios independientes o ciudadanos en redes sociales, pero éste apela más a la emoción que a la razón. El funcionario mintió e hizo uso, para fines recreativos, de un bien público tangible que, a diferencia de los contratos amañados o los desvíos de recursos, es también fotografiable. En el imaginario colectivo, las imágenes y la historia son más poderosos que los números.

En conclusión, el argumento de que los alcances limitados del poder de las redes sociales las vuelven una herramienta inútil es insostenible. Las redes sociales funcionan como herramienta para empoderar a los ciudadanos, aunque aún no con la eficiencia o con las frecuencia que todos quisiéramos. Sin embargo, la semilla está plantada y el retoño empieza a tomar forma. Mal haríamos en arrancarlo o despreciarlo en lugar de regarlo y cuidarlo tan sólo porque aún no es el frondoso árbol que muchos esperamos.

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