A través del multiverso

Mi vida se extiende mucho más allá de las limitaciones de mi yoDavid Mitchell, escritor inglés


Las celebraciones de fin de año son un inmejorable pretexto para desear a nuestros seres queridos un próspero año nuevo y para extenderles nuestros mejores deseos. También son motivo perfecto para reflexionar sobre el estado presente de nuestras vidas y para soñar, aunque sea secretamente, con un futuro más promisorio, lleno de éxitos y de metas cumplidas.

 

Pocas cosas son tan humanas como anhelar lo mejor para nosotros y para los nuestros. De alguna forma todos intuimos que los eventos en nuestras vidas siempre se pueden materializar en mejores o peores versiones de la forma en la que se nos presentan.

 

Gracias a nuestra capacidad de imaginar somos capaces de trascender el tiempo y el espacio actual para soñar con ilimitadas posibilidades. De esta forma nos llenamos de esperanzas y de temores, y podemos planear las medidas necesarias para intentar incidir en nuestro incierto destino de acuerdo con el escenario que nos resulte más atractivo.

 

Sin embargo, existe una revolucionaria teoría científica, una que ha venido ganando importante aceptación en años recientes, que genera una serie de interrogantes trascendentales y que exige una revisión radical de nuestro sentido de la esperanza, de nuestra libertad y de la responsabilidad que se deriva de nuestras acciones.

 

Como es bien sabido, todo lo que existe en el universo está compuesto fundamentalmente por partículas cuánticas, invisibles a simple vista y mucho más pequeñas que los átomos, cuya naturaleza incluye propiedades increíbles como poder estar en más de un lugar al mismo tiempo.

 

La posible ubicación de cada una de estas partículas es, literalmente, infinita; pero más increíble aún resulta su cualidad de adquirir una posición fija cuando son medidas -vistas- por el ser humano.

 

Dado que la realidad que conocemos está irrevocablemente compuesta por este tipo de partículas, lo anterior significa que el orden de cosas en el mundo actual es tan sólo una de las versiones posibles de una serie de combinaciones virtualmente ilimitadas ocurriendo todas al mismo tiempo. De ahí que esta teoría de universos paralelos se conozca también como teoría del multiverso.

 

El ser humano, desde luego, está compuesto por las mismas partículas fundamentales que el resto del universo, por lo que además de la actual versión de nuestra propia vida existirían universos paralelos en los que nuestra versión actualmente existente sería distinta y en los que, por ejemplo, este artículo no ha sido escrito o está siendo publicado en sábado en lugar de domingo, o en los que el lector ejerce una profesión diferente a la que actualmente desempeña.

 

Para complejizar aún más el panorama, las implicaciones de este tipo de multiverso distan mucho de ser rígidas y cobran especial relevancia para la libertad implícita en nuestra existencia humana.

 

Si bien es cierto que hay quienes consideran que esta teoría vuelve nuestras vidas aún más insignificantes ante el universo y que estamos ante un nuevo baño de humildad para el ser humano -siguiendo una secuencia de cubetazos que incluye los descubrimientos de Galileo y de Darwin-, también es posible, como postula Rowan Hooper en un texto publicado en la revista “New Scientist” (27-09-2014) afirmar que junto con los alcances del universo se han ampliado los alcances del ser humano.

 

En un multiverso como el descrito cada acción que ejercemos abriría una nueva serie de posibilidades que tendrían repercusiones para nuestros “yos” en universos paralelos.

 

Por ejemplo, si un individuo fumador -supongamos que se llama Pedro- decidiera dejar este vicio el día de hoy, crearía una nueva ramificación en el multiverso con todas las versiones posibles para su vida como no fumador. De esta forma, su decisión tendría consecuencias trascendentales no sólo para su persona y para su familia en este universo, sino para otros “Pedros” actualmente existentes en universos paralelos, por lo que Pedro debería evitar dañarles de la misma forma en que evita dañar a otras personas.

 

Otra repercusión que se deriva del multiverso es la muerte del sentido de esperanza. En el contexto descrito cada acción abre una serie de posibilidades paralelas, pero la suerte no tendría nada que ver en ellas; si acaso, como postulara Baruch Spinoza, el aura de misterio e incertidumbre ante lo futuro que de acuerdo con este filósofo holandés genera tanto el miedo como la esperanza se derivaría de nuestra incapacidad de conocer todas las posibilidades que se seguirían necesariamente de la acción ejecutada.

 

En un escenario de esta naturaleza ya no hay lugar para la pasividad derivada de la falsa esperanza o desesperanza. Por el contrario, lejos de imponer la pesada losa del inmovilizante fatalismo sobre nuestras espaldas, el concepto de multiverso reivindica la acción y destila trascendencia. Y es que a través de las infinitas ramificaciones causales del multiverso, la actividad humana derivada de la imaginación que busca transformar las condiciones materiales e intelectuales de nuestra existencia cobra un nuevo e infinitamente más extenso sentido.-  San Francisco, California.

 

asalgadoborge@gmail.com

 

@asalgadoborge

 

asalgadoborge.wordpress.com

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

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