Beneficios colaterales

Es más fácil convencer a la gente de que la ciencia es perversa que convencerla de que es falsa –L.W.H Hull, historiador inglés.


 

Es bien sabido que un argumento pretende defender la verdad acerca de un asunto determinado, tarea para la cual se postula una conclusión que es sustentada mediante el planteamiento de un conjunto de razones (Weston, 2011). Cuando un argumento es erróneo o engañoso –es decir, cuando las razones que le deberían soportar no se sostienen-, éste entra a la categoría de argumentos inválidos denominados falacias.

 

Existen diversos tipos de falacias. Sin duda una de las más comunes es la que se conoce como ad hominem, consistente en una descalificación de la persona que se traduce en el rechazo a sus ideas. En realidad, el refrán popular que invita a “tomar las cosas que quien vienen” constituye una colosal equivocación: por desacreditado que pueda resultar un emisario, sus razones pueden ser –aunque sea accidentalmente- válidas. Dos y dos suman cuatro, incluso si es Adolf Hitler quien lo afirma.

 

Es claro que, a pesar de constituir uno de los vicios argumentativos más evidentes, la falacia ad hominem, edificada casi siempre sobre viles prejuicios, es una de las más difíciles de desterrar. Ciertamente este tipo de falacia continúa siendo una de las preferidas por buena parte de los actores políticos locales.

 

En días recientes Acciones Líderes, una asociación civil, cuestionó públicamente el manejo de recursos del Isstey durante la anterior administración estatal (Diario de Yucatán, 15/04/2014). La respuesta de algunos priistas ha sido desacreditar los dichos de esta agrupación calificándola de panista. Sin embargo, resulta paradójico –y sintomático- que sea la propia asociación civil la que intente desvincularse o minimizar el grado de su relación con el PAN. Las fotografías exhibidas, la selectividad de sus causas y las filias de sus principales dirigentes visibles llevan a pensar que, en efecto, Acciones Líderes podría tener una simpatía por Acción Nacional.

 

La existencia de asociaciones identificadas con algún partido político no es nueva en Yucatán y tampoco es exclusiva de nuestro estado. Ante el creciente desprestigio que se han ganado los partidos políticos, aquellas han incrementado su protagonismo dentro del conjunto de actores pertenecientes a la arena política local, entre los que destacan los propios partidos, los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil que buscan contribuir al bien común mediante la defensa de causas específicas.

 

La diferencia entre este último tipo de asociaciones y aquellas con afinidades partidistas estriba en que mientras que las primeras no pretenden beneficiar a un determinado partido –aunque lo podrían terminar haciéndolo accidentalmente-, las segundas tienen como fin principal sumar a una causa partidista; lo que no imposibilita que sus acciones terminen siendo benéficas para la sociedad en su conjunto.

 

No pretendo, de ninguna forma, equiparar el valor que tienen las organizaciones de la sociedad civil independientes con el que puedan tener aquellas ligadas con partidos políticos. Las independientes no sólo suelen encarnar algunas de las causas humanas más nobles, sino que son vehículos fundamentales para despertar conciencia sobre las injusticias, limitar las acciones abusivas de los poderosos, construir tejido social y fortalecer la posición ciudadana ante el sistema político en su conjunto.

 

Lo anterior, empero, no le resta relevancia al aporte de las organizaciones civiles no independientes cuyo pretexto de existencia es incidir en mejores prácticas y políticas gubernamentales. En esta especie no se encuentran, claro está, aquellas asociaciones dedicadas a reproducir prácticas clientelares o a promover la imagen de determinado suspirante, sino las que pretenden incidir, con evidencias y con argumentos razonados, en un área específica de la vida pública.

 

Es evidente que si un grupo de personas con simpatías por el partido X trabaja conjuntamente en la asociación Y para denunciar, empleando argumentos válidos y convincentes, cualquier corruptela del partido Z, independientemente de los beneficios o perjuicios para X para Y o para Z, los ciudadanos salimos ganando: hemos obtenido información que de otra forma no hubiera sido de nuestro conocimiento.

 

Sin embargo, cuando organizaciones de esta naturaleza niegan sus nexos con el poder pretendiendo presentarse como algo que no son, el efecto que de ello se sigue puede ser negativo, tanto para la sociedad como para la propia organización. Aunque la primera parte puede no interesar mucho a las asociaciones con simpatías partidistas, es importante subrayar que su falta de definición puede provocar que las organizaciones independientes pierdan la confianza del ciudadano promedio. Incluso las mejores intenciones pierden atractivo ante la posibilidad de que éstas oculten algún interés particular.

 

Es precisamente el temor a perder una autoridad moral imaginaria lo que lleva a las organizaciones civiles con vínculos partidistas a luchar, obsesivamente, por disimular su fin último, tan legítimo como egoísta, sin darse cuenta que, por neutrales que se quieran presentar, el tiempo se encargará de exhibir la estructura de su ADN. Es por ello que ante la pregunta “¿por qué, asociación Y sólo me denuncias a mí, partido, Z y no al partido X?”, la mejor respuesta sería “porque mi razón de ser es colaborar con el partido X para evidenciar tus acciones ilegales y aquí están las pruebas de éstas, partido Z”.

 

Los intentos disimuladores sólo son sostenibles a corto plazo, y, lejos de fortalecer a las asociaciones de la sociedad civil que incurren en ellos, abren la puerta para que la descalificación ad hominem de sus adversarios parezca lógica para parte importante de los espectadores. Y es que una vez descubierta la relación partidista negada y escondida por una organización, ésta pierde credibilidad y corre el riesgo de que sus argumentos y sus evidencias, por sólidos que sean, pasen a segundo plano.

 

asalgadoborge@gmail.com @asalgadoborge

 

*Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida.

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